(Turba molesta por la espera ¬¬)

Ro: Créanme, esto no es nada comparado con lo que Ann suele tardar xDDD

Ann: oO… por favor no me ayudes ¬¬, además iba a actualizar antes TT-TT, pero un malvado balón de básquet me ataco sin aviso TT-TT

Ro: Esos son los riesgos del deporte u¬uUU

Ann: Eso creo xDU, sin embargo mis dos deditos fueron los que pagaron, así que psss no podía escribir o.o. Lo cual en realidad fue trágico porque ni el mouse podía usar TT-TT

Ro: De acuerdo xD, el Fic tiene una pequeñas menciones del manga oO, pero no es nada particularmente importante n-n.

Ok, Ao No Exorcist no nos pertenece bla, bla, bla, no ganamos ni un peso con esto, y bueno todas esas cosas que siempre toca repetir -.-

Homo fóbicos ¡HUYAN! Advertencia incesto YukioxRin, luego no digan que no se los advertí ¬¬

CAPITULO TRES: TAKE ME ON THE FLOOR (The Veronicas)

Era una noche calurosa que tenia el mismo aire pegajoso, que posiblemente anunciaría una tormenta; aunque Yukio no estaba tan seguro si ese calor hacia parte del ambiente, o sólo se lo estaba imaginando. Molesto chasqueó la lengua. Ahora se sentía casi mareado, tanto que debió aflojar la corbata y desbotonar los primeros tres botones de la camisa, para luego acomodar la gabardina que sostenía bajo el brazo.

Que no él llevara apropiadamente el uniforme de exorcista era inusual, así que maldijo por lo bajo y siguió caminando hacia los dormitorios. Por dentro se sentía aturdido y cansado, como si estuviera enfermo.

—Maldita Shura- masculló al llevarse una mano a la cabeza debido al molesto dolor de cabeza, que parecía aumentar con cada paso. Quizás no sabía porque ella tenia la culpa de la situación, pero era lo único que se le ocurría. Después de todo habían estado entrenando, y a la mujer se le cayó accidentalmente uno de sus estuches.

"¿Por qué no eres un caballero y lo recoges?"

Repitió en su mente, y a cambio gruñó entre dientes. Porque fue tan estúpido que le hizo caso, y cuando se irguió, un extraño polvo le cayó en el brazo. Su primera reacción fue abrir el estuche, pero adentro vio varios frasquitos sin etiquetas que se habían abierto y terminaron mezclados. Cuando miró a la exorcista, ella se encogió de hombros para restarle importancia al asunto, y pronunciar un despreocupado "Jamás llevo nada peligroso ahí"

Por precaución, Yukio se tomó algunos antídotos base (de esos que sirven para casi cualquier cosa) pero aparentemente no estaban funcionando, porque sentía esa mezcla indecisa de frio y calor que comenzaba a fastidiarle.

—Hn- áspero de mala gana, una vez abrió la puerta de los dormitorios- Tadaima (ya llegue)

Okaerinasai (Bienvenido)-sonó desde la cocina así que arrastró los pies hacia ella, como comenzaba a ser la costumbre- Ya casi esta la cena.

La última misión fue hace una semana, Nii-san había vuelto a la normalidad como había previsto, aunque no encontraron rastros de los monjes, ni de quienes intentaron sellar sus poderes. Además, no ocurrió nada anormal después de eso, no hubo más atentados, ni siquiera tuvieron que pelear una segunda vez. Por lo que volvieron al colegio con las manos vacías.

Mephisto abandonó el tema casi de inmediato, lo cual fue algo extraño pero no particularmente anormal. Claro que en un principio sintió como si hubiera perdido su tiempo, y lo único que consiguió fue que un loco casi sellara a su gemelo; tal vez por eso fue comprensible que estuviera de mal humor los primeros días.

Con un suspiro decidió olvidar el asunto, porque ahora en verdad no era el momento para pensar en ello. Por eso, entró en la cocina donde Rin lo miró un momento, antes de volver su atención en las ollas.

Le había sonreído mientras Yukio dejó la maleta y la gabardina en un asiento de la mesa; sin embargo hubo algo curioso, algo que no parecía ir del todo bien. Quizás por eso apenas giró, sintió un "Click" (como el de toda buena madre cuando presiente que algo le sucede a su hijo) Aunque no pudo dar la vuelta, ya que un par de brazos rodearon su cintura por detrás.

—¿Yukio?- llamó cuando su espalda quedo contra el pecho ajeno, y el rostro de su hermano terminó en la curvatura del cuello y el hombro- Tienes fiebre.

—No te muevas- dijo el castaño de mala gana una vez lo estrechó un poco más fuerte.

Por el momento no sabia muy bien lo que estaba haciendo, el menor se sentía desorientado y tan cansado que cuando vio a Nii-san, sólo quiso acercarse. Rin tenia un delantal rosa, y su cola demoniaca se había estado meciendo hasta que lo abrazó. Sin embargo nada de eso importo, porque se maravillo con ese cuerpo tibio que tenía tan cerca.

Ahí reparo en la respiración lenta y calmada, y en ese delicioso aroma que lo erizó sin razón aparente.

—Yukio…-repitió Rin en cuanto pudo girar entre sus brazos. El castaño no se movió, de hecho volvió a apoyar el rostro en su cuello. Y eso le facilito sentir su temperatura.

El peliazul parecía más ocupado en querer ver a su hermano, que en la posición en que se encontraban. Lucia ajeno al par de brazos que lo sujetaron, y se cerraron de manera casi hermética alrededor su cintura, o a las piernas que se deslizaron entre las propias, para crear ese tipo abrazo íntimo donde podía sentir plenamente el cuerpo contrario.

Por otro lado, a Yukio le pareció delicioso el sutil roce en sus muslos, en especial cuando respiró sobre la piel descubierta de su cuello, y a cambio lo sintió estremecerse. El detalle sencillamente subió de nivel, cuando las manos que descansaban en sus hombros lo apretaron con más fuera. Fue la única respuesta que obtuvo de Rin, ya que alcanzó su cola demoniaca con la propia, y creo una leve presión. Al principio apenas y se tocaban, pero luego se enredaron de tal manera, que las piernas de su Nii-san temblaron.

—No actúes como un niño- regañó el mayor con el ceño fruncido, en un intento por concentrarse en lo realmente importante: la fiebre. Y no en la extraña manera como estaban- Déjame verte.

—Hn.

Yukio no quería, se sentía tan cálido y agradable que no tenía deseos de soltarlo, ni de moverse mas de lo necesario. Pero su gemelo, terco como sólo él puede ser, lo empujó de los hombros hasta que ambas miradas se encontraron.

—Estas enfermo- dijo al tocar su frente y las mejillas que estaban enrojecidas- No sabia que a los demonios les daba gripa.

—Es culpa de Shura- insistió Yukio, sin molestarle haberla llamado por su nombre- ¿Uh?

Aunque por la expresión que puso Rin, supuso que no debía estar tan bien como para olvidar los modismos que usualmente empleaba. Mas, como ese era el menor de sus problemas, se acercó otra vez. La diferencia radico en la repentina presión que obligó al más bajito a irse hacia atrás, hasta que cualquier soporte desapareció y sólo un doloroso golpe en la cabeza lo llevo al suelo.

—Itai (duele)- musitó Rin con los ojos cerrados. La posición no era precisamente la más cómoda, ya que su hermano todavía lo estaba abrazando por la cintura, así que las extremidades curvaron ligeramente su espalda- Yuki…

—No deberías cocinar con el uniforme puesto- interrumpió una vez susurró las palabras en su oído.

—Yukio muévete- ordenó. Pero cuando tocó sus brazos, unas pequeñas llamas cubrieron el cuerpo del castaño, así que debió soltarlo-…vamos arriba para que descanses.

—Me gusta estar así. Nii-san es cálido y se siente bien.

—Pero tienes fiebre- insistió Rin sin saber muy bien donde colocar las manos. Si lo tocaba comenzaba a incendiarse, y lo que menos quería, era que quemara la cocina porque no tenían dinero para repararla.

—No me importa- dijo Yukio por lo bajo, mientras se acomodó mejor sobre el cuerpo que tenia encerrado bajo el suyo. Ahí sus labios rozaron el cuello expuesto, y a cambio obtuvo un leve temblorcito que le pareció sencillamente interesante.

—Coopera conmigo, es mejor si subimos.

En este momento el peliazul sentía un incomodo cosquilleo, uno que aumentaba conforme los labios contrarios subían por su cuello sin tocarlo. Por ello, un tenue rubor cubrió sus pálidas mejillas debido a las piernas de Yukio resbalaron entre las suyas, y se deslizaron lentamente hacia su entrepierna.

—Yukio enserio, no podemos quedarnos toda la noche en el suelo. Vas a empeorar, y la cena se va a quemar, además… ¡Deja de respirarme en el cuello!- reclamó luego de erizarse como un gato. Él quizás frunció el ceño, pero era difícil tomarlo enserio si su rostro tenia ese encantador tinte carmín.

—Lo siento Nii-san- dijo algo ronco antes de alzarse un poco para mirarlo. Él definitivamente no quería que se enojara.

—Esta bien, no pasa nada- dijo una vez pudo ver el rostro sonrojado, y los ojos entrecerrados por la congestión.

Rin no podía hacer gran cosa si su hermano menor lucia tan cansado, y necesitado. Por eso Yukio sonrió; Nii-san siempre había sido muy permisivo, aunque en esta situación eso no sonaba tan bien como debería. No cuando se sentía tan aturdido, y por cierto estaba encima de él, muchas gracias.

Esto comenzaba a ser estúpido, incluso verlo sonreír a pesar de la extraña situación sacudió su corazón. Además, la agradable presión lo hizo sonrojar; por suerte tenia fiebre o de lo contrario el otro se daría cuenta.

—¿Estas bien?- preguntó Rin con las manos a cada lado de la cabeza, ya que fue el único lugar que se le ocurrió colocarlas para no causar un incendio.

—Cansado- susurró una vez apoyó la frente contra la suya. Al final sencillamente deslizó las manos por la estrecha cintura, y las acomodo a cada lado de la cabeza contraria. De esa manera cerró los ojos, y respiró hondo.

—Tienes mucha fiebre ¿Vamos arriba?

—No lo digas así.

no con ese tono de voz, donde su mente lo hacia sonar como alguna proposición indecente.

—¿De que estas…?

Tal vez por eso se inclino sólo un poco, no necesito moverse mucho de todas maneras, ya que la cercanía le permitió alcanzar sus labios sin ningún problema. Fue una suave presión, donde esos delgados contornos parecían hechos para los suyos. También eran blandos y calientes, así que no dudo en apresarlos con suavidad.

El peliazul por otro lado, abrió grande los ojos por la sorpresa, y se estremeció apenas sintió la delicada presión. Una corriente viajó por su espalda, y se sonrojo violentamente cuando una húmeda intrusa lo lamio.

Claro que apretó con fuerza los ojos, cuando su gemelo mordió su labio inferior para luego lamerlo a modo de disculpa. Además, Yukio se movió quizás en busca de una posición más cómoda, pero a cambio una de sus piernas presionó descaradamente su entrepierna. Y antes de poder objetar, una manó se colocó en su frente, para que llevara la cabeza hacia atrás. Fue un gesto simple y delicado, pero se volvió húmedo y obsceno cuando el más alto siguió el movimiento, y su cuerpo volvió a frotarse contra el suyo.

A Yukio no le importaba admitir que se aprovechó del aturdimiento de Nii-san para deslizarse entres esos labios, que estaban deliciosamente entreabiertos.

—Nhhh- gimió Rin con la respiración desecha. La manera como su lengua lo acaricio, hizo saltar su corazón con tanta fuerza, que se sintió desorientado. Porque era inusual y extraño, pero por alguna razón no podía moverse, era como si estuviera encadenado al suelo. Eso sin mencionar que sentía un hormigueo en el pecho, mientras su boca seguía ocupada —Ahh…

Jadeó una vez se separaron, y un furioso rubor cubrió su rostro por el delgado hilo de saliva que resbalo por la comisura de los labios. Ahí, el menor le dedico una profunda mirada, y agitado como estaba, Rin sólo pudo temblar por la sexy expresión que rozaba la oscuridad natural de Yukio.

No obstante, hubo algo que estuvo mal cuando el castaño se lamio los labios, y él se encontró siguiendo el movimiento. Lo cual empeoró cuando su hermano volvo a acercarse, así que terminó tensándose.

—Yukio…-gimoteo suavecito, sin saber muy bien que hacer- Yukio…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

…demonios, su hombre sonaba caliente en esta situación, pero había algo que no cuadraba. Y ¿desde hace cuanto estaba acostado de lado? Sin dudar abrió los ojos, aunque no estaba muy seguro del momento en que los cerró.

Dudoso, se encontró sobre un agradable colchón. Sin embargo, identificar el lugar como su habitación le tomó más tiempo del debido. En especial cuando lo único que llamó su atención era el cálido cuerpo que descansaba junto al suyo. Rin estaba completamente dormido, y estaba tan cerca que casi podían respirar el mismo aire.

"¡Wwwwaaaaaaaaa!"

Por dentro gritó, ya que estaba abrazando a su Nii-san por la cintura. La presión era descarada, lo suficiente como para no poder decir nada en voz alta, además su primera reacción fue sentarse completamente asustado, y buscar algo de espacio. No sabía porque estaban en la misma cama, así que lo único que pudo hacer saltar contra la pared.

Ahí noto que sus manos estaban juntas, mas no pudo pensar mucho en ello, ya que Rin abrió lentamente los ojos para luego sentarse con parsimonia. El bajito tenía ese tipo de sensual adormecimiento, que forzó a Yukio a pegarse a la pared como si intentara escapar o fundirse con ella.

—¿N…Nii-san?- masculló en cuanto el otro comenzó a acercarse cada vez mas, tanto así que pudo verse reflejado en sus ojos.

El mayor lucia medio dormido, así que el castaño sintió el corazón descontrolado. Y como si respirar fuera difícil, se quedo sin aire una vez terminaron lo suficientemente cerca como para besarse. Por eso, lo único que pudo hacer fue apretar su mano con fuerza. Aunque luego su mirada se suavizo, quizás porque se sintió hipnotizado de los escasos centímetros que lo separaban para reclamar su boca.

—Ya no tienes fiebre- dijo Rin con sus frentes juntas, y ya un poco mas despierto que antes- Eso es bueno, ¿Te sientes mejor?

Y así sin más, se alejó con una sonrisa que dejó aun sonrojado y aturdido exorcista, que no entendía que acaba de ocurrir. También se sentía algo desilusionado, pero no iba a entrar en detalles ni pensaría en eso otra vez. Así que olvidemos que siquiera lo contemplo. Gracias.

—¿Qué haces en mi cama Nii-san?- preguntó luego de dar un segundo reconocimiento del espacio.

—Debí quedarme dormido- dijo Rin con poco interés. Por el momento se veía contento, incluso su cola se movió de un lado a otro, acorde a su estado de animo- Estuviste enfermo toda la noche.

—No me acuerdo de eso- admitió Yukio antes de pasarse una mano por el cabello. También soltó disimuladamente la mano que aun tenía prisionera. Fue un gesto sencillo y delicado, donde sus dedos se rozaron una última vez antes de alejarse por completo.

—¿Enserio? Oh bueno, no importa. Supongo que es normal, estuviste inconsciente la mayor parte del tiempo.

—¿Cuánto tiempo?- indagó sin que se notaran mucho las ganas de saber. Después de todo, el recuerdo de ese beso lo golpeó con tanta fuerza, que sentía que se estaba sonrojando de nuevo.

—Apenas pisaste la puerta del dormitorio te desmayaste.

¿Entonces fue un sueño? Bueno, considerando la manera como se estaban apretando mientras dormían…. Nononononono, de ninguna manera estaba aceptando que tuvo un sueño húmedo con su gemelo ¡Porque definitivamente no era así! Y… Demonios, necesitaba una almohada.

Avergonzado, y más descolocado que al principio, el menor debió colocarse algo sobre el regazo, mientras Rin se bajó de la cama.

—Estas rojo- señaló con una desenvoltura que tensó a Yukio. Porque pensar en el motivo, únicamente lo empeoraba todo- ¿Tienes fiebre otra vez?

—Estoy bien Nii-san- aseguró cuando debió atrapar las manos que pretendían revisar su temperatura- Voy a bañarme, luego…

—¡Te acompaño!

—…

Decir que se sonrojo desmeritaría el violento rubor que lo golpeó sin aviso. Porque imaginarse en semejante situación definitivamente rompió su calma. Y ahí, mientras estaba sentado en el borde de la cama, miró a su gemelo como si le hubiera hablado en otro idioma, o fuera la primera vez que lo veía.

—¿Qué?- masculló una vez pudo coordinar palabras. Por dentro se felicito porque su voz no se rompiera, pero por fuera lucho para mantenerse tan serio como pudiera, lo cual en realidad no fue mucho.

—Te desmayaste ayer- dijo Rin con determinación, y la misma seriedad que mostraba frente a temas en los que no iba a ceder- ¿Qué pasa si te desmayas de nuevo?

—Eso no va a ocurrir. Ya me siento mejor, además no somos niños no podemos bañarnos juntos.

—Claro que podemos- insistió terco. Incluso frunció ligeramente el ceño, sin comprender porque se resistía a algo que en verdad era muy simple.

—Además necesito que hagas algo por mí.

Eso detuvo el breve forcejeo, donde Rin intentaba soltar sus manos para revisarlo.

Sinceramente este no era el mejor momento para que su hermano lo tocara. Sin embargo, el peliazul lo observó primero curioso, y luego algo dudoso, pero no se alejó así que sus manos seguían juntas.

—¿Enserio, qué es?

—Ve a la tienda de Shiemi y tráeme unas cosas ¿si?

—¡Seguro!

Serle útil era agradable, así que su sonrisa podía ser casi contagiosa. Aunque eso hizo que Yukio se sintiera mal por mentirle. Claro que era por su bien, en verdad no quería bañarse con él, si lo hacia probablemente se desmayaría de nuevo. Lo cual reafirmaba su terquedad al no querer buscar explicaciones.

—Ve a cambiarte. Te hare una lista.

—…

Oh, en ese instante el mayor dudo. Fue como si se diera cuenta que debería dejarlo solo, y aunque Yukio era un demonio y estaría bien por su cuenta, no pudo evitar actuar como cuando eran niños y el menor se enfermaba. Sin embargo, el detalle lo erizó, porque mentirle ahora en verdad no se sentía bien.

—Estaré bien- aseguró con una leve sonrisa, donde le apretó ligeramente las manos para convencerlo.

—De acuerdo ¿Qué necesitas?

Preguntó Rin una vez dio media vuelta para quitarse la camisa, y buscar otra con la que pudiera salir. Yukio fingió indiferencia de la piel desnuda, pero primero se aseguró que podía quitarse la almohada del regazo (por mas vergonzosos que sonara) y luego se puso de pie. En el escritorio tomó papel, y pensó en lo que podría necesitar; al final escribió algunas cosas que si bien le hacían falta, no eran tan importantes como para salir en ese preciso momento.

—¿Para que es todo esto?- indagó Rin una vez se acercó- ¿Te ayudara a sentirte mejor?

—Aquí tienes.

Mentir por omisión es tan malo como una mentira regular, por lo que prefirió no responder la pregunta. Por fortuna Nii-san tenía la misma confianza ciega de siempre, y eso era una ventaja.

—De acuerdo- dijo cuando tomó la lista- No tardo. Acuéstate otra vez, hare el desayuno cuando vuelva.

Sin decir nada, dejó que el bajito tomara su mano y lo guiara de nuevo a la cama. Después el peliazul lo hizo acostarse, le colocó la cobija encima, y tomó su temperatura un par de veces para asegurarse que estaba bien.

—No me demoro- repitió al caminar hacia la puerta, y dedicarle una bonita sonrisa antes de irse.

—Hai (si)

Parecía que su gemelo era feliz cuidándolo, así que dejaría que lo hiciera. Sin embargo, cuando el demonio se fue, Yukio se permitió soltar todo el aire que estuvo conteniendo desde que despertó. Realmente se sentía tenso y cansado, por lo que bañarse sonaba casi refrescante.

—Hn.

No sabía que estaba tan agotado hasta que se sentó, y se llevo una mano a la cara. No podía creer que estuviera enfermo, y mucho menos que se hubiera desmayado; y ese sueño… Dios, ese sueño. Se estremeció al recordar como esa húmeda boca estuvo a su entera disposición, y como lo sintió temblar bajo su cuerpo en cuanto lo lamio.

¿Si lo besaba, reaccionaria de la misma manera?

—Tks.

Incomodo, negó un par de veces la cabeza, y maldijo antes de quitarse la cobija de encima.

—¿Uh?

Claro que hubo algo que llamó su atención. Tenía algo en la mano que lo forzó a alzarla. Ahí vio un hilo rojo amarrado en su meñique; era tan largo que lo siguió con la mirada hasta que salió por la puerta. Luego hubo un denso silencio, semejante a ese tipo de fuerzas extrañas que se roban el color sin aviso ni anticipación, porque Yukio estaba tieso como una tabla, y ahora se veía igual a un fantasma.

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Dormir para ella, era uno de esos placeres que vale la pena prolongar. No importaba que el despertador sonara tres veces porque siempre lo apagaba. Incluso lo escondió en el cajón de la cómoda para seguir durmiendo. La tranquilidad que le siguió, logro que respirara hondo mientras se acurrucó en su puesto con una sonrisa felina.

—¡Shura!

…hasta que ese grito la hizo saltar en la cama. Asustada en un principio, entrecerró los ojos con la espada en la mano, mientras intentó acostumbrarse al cambio de luz proporcionado por la puerta abierta.

—¿Qué…?- masculló adormilada. Tardo un momento en identificar a ese muchacho de gafas que se acercó corriendo.

—¿Qué es esto?– preguntó Yukio al tomarla de la camisa. Era lo único que la rubia tenia puesto, una enorme camisa que le cubría casi hasta las rodillas, pero a él no pareció importarle el detalle, ya que se subió en el colchón.

Shura debió ponerle orden a la situación, así que lo primero que hizo fue apartar la espada que desapareció casi sin dudar. Luego parpadeó un par de veces como si eso ayudara.

—¿Acaso esto es una declaración?- dijo con sueño, y mas despeinada de lo que podría ser atractivo. En verdad no entendía porque le mostraba la mano, en especial el dedo meñique.

—¡¿Ves esto?

—¿La declaración de amor?- bostezó.

—¡No! ¡Esto!- insistió al mostrarle algo aparentemente imaginario- ¡El hilo!

—¿Del amor?

Viendo que ya no había manera de seguir durmiendo, se acomodó mejor en la cama. Por lo que el otro debió soltarla.

—¿No lo ves?- preguntó Yukio con el ceño fruncido, y un deje de duda en la voz.

—¿Ver que?

—¡Esto!

—Me rindo, si no es una declaración de amor, no sé de que me estas hablando- dijo despreocupada- Sinceramente pensé que te gustaba alguien mas. Y en verdad lamento desilusionarte, pero no me gustan los hombres menores.

—Tks, de ninguna manera me enamoraría de ti, no digas tonterías- áspero el castaño al sentarse mejor en la cama.

—¿Entonces porque me estas mostrando la…?

A la exorcista no le importaba ese tipo de agresividad, estaba acostumbrada y no se lo tomaba enserio. Después de todo su relación siempre había sido así, y no podía culparlo cuando fue ella la que empezó a molestarlo desde niño.

—Oh…-silbó la mujer en entendimiento, así que sonrió y saltó en el colchón con entusiasmo- ¡¿Puedes ver la línea roja del amor?

Según la creencia japonesa, el destino conectaba a dos personas mediante un hilo rojo atado al meñique. Así ambos amantes se encontrarían, porque estaban predestinados a estar juntos. Sin embargo, cuando el menor de los Okumura no respondió, su sonrisa se ensancho.

—¿Tengo una línea?- preguntó una vez alzó la mano.

—Si, pero…

Bastó con una mirada para responder, mas el gritico femenino le hizo fruncir el ceño. A veces olvidaba que era una chica, quizás por que lo único que hacia Shura era fastidiarle la vida…como ahora.

—¿Quieres callarte?- gruñó de mala gana- No se lo que estoy viendo, ¿Cómo demonios voy a saber lo que significa esta línea?

—Cierto, necesitamos pruebas. Oh ya se ¡Vamos a buscar una pareja!

—No vamos a ninguna parte. ¿Acaso no te parece extraño que este viendo cosas que no debería ver?

—Bueno…

—¡Esto es tú culpa! Esto empezó cuando recogí ese estúpido estuche.

Esta vez Shura lo miró pensativa, como si en verdad intentara recordar algo, pero al final se encogió de hombros y se sentó en posición india.

—No tengo nada en mis estuches que hagan esto. Te lo puedo asegurar ¿Quizás es algo relacionado a tú lado demoniaco?

Yukio arrugó la nariz en un gracioso gesto de disgusto, porque sabía que tenía razón. Él mismo había leído cientos de libros, y numerosos componentes que le ayudaban como el doctor que era, y ninguno de ellos explicaba los síntomas. La fiebre y el cansancio parecían tener sentido si consideraba que algo influencio su lado demoniaco, pero pensar que la línea representaba el amor era difícil. Después de todo, nada que tuviera que ver con ese lado podía ser tan inocente y puro.

—De acuerdo, me alisto y vamos a buscar a una pareja- sonrió Shura luego de un corto silencio. Con desenvoltura saltó de la cama, tomó ropa limpia y se metió al baño. En el proceso se quitó la camisa, y la lanzó en alguna parte del suelo.

—Hn.

Pero indiferente a cualquier cosa, Yukio resopló y se bajó del colchón. No se sentó en ninguna parte, porque se sentía inquieto. Era sábado, y aunque tenía clases (como alumno normal, y no exorcista) no iba a ir a ninguna parte hasta solucionar este problema.

Enfurruñado, observó su propia línea roja. No podía significar que estaba enamorado. Ni siquiera le gustaba alguien. Pero como fuera, cuando sonó su celular contestó de mala gana sin ni siquiera ver el identificador.

—Okumura.

¡¿Yukio, donde estas?

—Nii-san…- dijo fuera de lugar. Incluso su enojo se desvaneció, porque se había olvidado por completo de su hermano, y ahora sólo pudo maldecir mentalmente-… lo siento, algo surgió y tuve que salir.

¿Una misión?- preguntó el peliazul. Su voz sonaba molesta, pero parecía que intentaba ser comprensivo- Estas enfermo, no se supone que te esfuerces.

—No es una misión- suspiró Yukio- Y enserio me siento bien, volveré mas tarde ¿De acuerdo?

—…

—¿Nii-san?

Hubo un breve silencio, que hizo que el castaño mirara su celular como si quisiera asegurarse que seguía funcionando. Cuando vio que si, lo colocó de nuevo en la oreja y esperó.

De acuerdo- resopló Rin- Nos vemos luego, no te esfuerces demasiado.

—No lo hare.

Eso dio por terminada la llamada, sin embargo Yukio observó el aparato durante un largo minuto. Porque había algo extraño con la pausa, aunque no sabia que era, así que al final sólo pudo guardarlo en el bolsillo trasero del pantalón. Ese día no traía el uniforme de exorcista porque no tenia trabajo, así que le bastó con unos vaqueros gastados y una camisa azul.

—¿Era Rin?- preguntó Shura tras de su espalda, mientras se secaba el cabello con la toalla.

—Si- respondió apático antes de girar.

—Me sorprende que no viniera contigo. Ayer me llamó preocupado- dijo al sentarse en la cama, donde arrastró las botas consigo para ponérsela. Claro que el menor la observó con curiosidad una vez enarcó una ceja, y dio un par de pasos mas cerca- Aunque es comprensible si lo piensas, yo tampoco había escuchado de un demonio con gripa.

Había enfermedades propias de los demonios, pero la gripa no era una de ellas, así que fue fácil que el mayor de los Okumura se inquietara. Rin no hubiera podido llamar a los doctores del colegio sin saber si harían algo que podría poner en peligro a su hermano. Después de todo, el vaticano sólo necesitaba una excusa para colocarlos en aislamiento, o en el peor de los casos: matarlos.

Y Mephisto…bueno, Mephisto es Mephisto, y eso no inspira mucha confianza.

—Si tiene que ver con tú nueva habilidad, es razonable que te enfermaras. Cuando llegue Shiemi ya estaba con él, y en verdad nos distes muchos problemas. Sólo nos fuimos al amanecer cuando ya estabas mejor.

—Hn…gracias.

—De nada. Ahora vamos- sonrió Shura en cuanto lo empujó fuera de la habitación.

El más alto se dejó hacer sin decir nada. Hasta ahora no había pensado en lo que ocurrió la noche anterior, o en el trabajo que debió pasar Nii-san para cuidarlo. Después de todo, hacerse cargo de un demonio no es lo mismo que con un humano, y eso significaba que si no podía controlarse, las llamas azules se saldrían de control.

—¿Lastime a alguien?

La rubia se detuvo justo cuando llegaron al patio del colegio. La zona verde era transitada por algunos alumnos que tenían clases, y otros se reunían para ir a la biblioteca, sin embargo ella sonrió con simpatía.

—Para nada, Rin se encargo de todo. Nosotras sólo lo guiábamos.

Esa en realidad no era una respuesta. Él pudo haber lastimado a su hermano, y no lo sabría porque los demonios sanaban rápido. Sin embargo, antes de poder indagar en el asunto, fue jalado hacia unos arbustos.

—De acuerdo, que dices de ellos ¿tiene un hilo que los une?

—Nh…No- respondió Yukio, luego de observar a una pareja que se abrazaba bajo un árbol.

—¿No?- repitió dudosa al mirarlos fijamente- Uh bueno, supongo que encontrar el amor verdadero es difícil.

—¿Cómo puedes saber que esto es sobre el amor?- insistió mientras se sentó en el suelo. Estar espiado detrás de unos matorrales no le hacia mucha gracia, en especial cuando las ramas lo estaban chuzando.

—Si lo piensas tiene sentido, eres un demonio, y atacar donde más duele es el objetivo ¿no?

Bueno, tenia que darle crédito, pero eso no evito que rodara los ojos mientras ella se acercó con una enorme sonrisa que lo obligó a retroceder.

—Tengo otra idea, sigamos tú línea.

—¿Qué? ¿Por qué la mía?- preguntó incomodo de su entusiasmo, y el pícaro brillo en los ojos.

—No vas a esperar que yo lo haga ¿cierto?

—¿Por qué no?

—Las chicas no vamos por ahí persiguiendo hombres- dijo con fingida vergüenza , una que hizo que el muchacho frunciera el ceño, ya que esa falsa inocencia no le gustaba.

—Tú puedes ha…

…debió adivinar que lo golpearía, pero no pudo quejarse una vez fue forzado a incorporarse.

—¡Vamos!

—No- dijo serio y determinado, antes de alejarse- Esto es estúpido, me voy.

—Que no te de pena saber quien será tú amante.

—No me interesa saberlo, y tú estas loca.

La rubia resopló, pero sin interés en ello, Yukio dio media vuelta. Claro que antes de poder ir muy lejos, la exorcista se le lanzó por la espalda y lo abrazó por el cuello. De esa manera sentía la presión del pecho femenino, lo cual no era precisamente cómodo así que se removió inquieto.

—Ya entiendo- sonrió cínica. Porque ella no se había levantado a las ocho de la mañana para ser abandona; mucho menos cuando se acostó a la madrugada por culpa de ese exorcista-cuatro-ojos—Ya sabes quien es ¿no es así?

—No sé de que hablas- dijo Yukio sin mirarla- ¡Quítate!

—No quiero- se rio con los brazos fuertemente asidos. Era difícil no ahorcarlo, ya que estaba de puntitas debido a la diferencia de estaturas, pero eso la tuvo sin cuidado.

—Ejem.

Quizás lo único que detuvo el infantil forcejeo fue ese sonido, después de todo provenía de una voz conocida, donde lo único que pudieron hacer fue mirar a esos tres exorcistas, de los cuales dos los observaban algo avergonzados por la escena.

—Pensamos que estaba enfermo Okumura-sensei- dijo Shima con una sonrisa divertida. Bon y Konekomaru no compartían su buen humor, de hecho lucían incomodos.

—Íbamos a verlo- dijo el monje más bajito, en cuanto alzó un paquete de lo que parecía algo de comer.

—Estoy bien- dijo Yukio luego de soltarse.

El rudo gesto no fue tomado en cuenta por Shura, que dio un saltito hacia atrás y se llevo las manos a la cadera para adoptar una postura fresca y despreocupada. El demonio por otro lado, mostro una expresión seria una vez miró de reojo a los Exwire. Ellos tenia sus respectivos hilos rojos, pero ninguno iba a los dormitorios. De hecho la línea de Konekomaru iba en dirección opuesta a la de sus amigos, mientras que la de Shima y Bon seguía de frente, hasta perderse detrás de la espalda de Yukio. Y eso, por alguna razón lo hizo sentir tranquilo.

…claro que antes de poder decir algo, la tierra tembló, y con ella vino un fuerte golpe que se escuchó tras la espalda. De inmediato el castaño giró sobre los talones, donde el único incentivo que necesito para corre fue ver un destello azul en la distancia.

Los demás pensaron igual, porque antes de advertirlo, todos lo siguieron.

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Una nube de polvo lo hizo toser por lo bajo, y aunque no podía ver bien, logro moverse a tiempo. Después intentó limpiarse los ojos pero en cuanto saltó lejos, apenas y pudo ver que lo atacaba, lo que en realidad no sabia que era.

Ese es el problema con Rin, como no presta atención en clase difícilmente recuerda los nombres de los demonios. Este en particular era similar a los del tipo necrófago: deforme, y con dos cabezas. Él no sabia exactamente de donde salió, aunque parecía el menor de sus problemas cuando otros tres aparecieron de la nada.

El primogénito de los Okumura salió de los dormitorios porque necesitaba cosas que le faltaban para la comida, de hecho las bolsas habían quedado en alguna parte de la zona verde, y algunos de los ingredientes terminaron esparcidos por el lugar. Al principio creyó que alguien lo había empujado, pero en medio de la confusión no pudo asegurarlo. Por ahora se concentro en alejarse, aunque no fue muy lejos porque comenzó a toser. Además se sintió tan torpe y cansado, que su visión se distorsiono.

—¡Nii-san!

Al llamado de Yukio se le sumaron el de los demás, pero lo siguiente que Rin sintió, fue un duro golpe que lo lanzó dolorosamente contra un árbol. Luego, lo que suponía era Ghoul se acercó para estrellarlo contra el suelo, así que tosió falto de aire.

Yukio entrecerró los ojos. Todavía estaba lejos porque por alguna razón, su gemelo estaba fuera de la barrera que rodeaba el colegio. Algo debió llevarlo ahí, porque las bolsas de compras estaban del lado seguro, y Nii-san no era tan tonto como para no saber que no debía salir sin motivos.

—Hn.

Por el momento el detalle pareció pobre en insignificante, ya que vio al peliazul en el suelo con un Ghoul encima, sujetándolo por el cuello y los brazos. Por la forma como lo vio apretar los dientes, supo que el bastardo le iba a romper algo. Así que gruñó hasta que uno de sus colmillos sobresalió por la comisura de los labios.

Tal vez por eso no necesito de otra cosa para correr más rápido que los demás. Después llevo una mano a la base de la espalda y sacó las pistolas. Sin embargo oír a Rin gritar, fue lo único que necesito para encender sus llamas azules. Y antes que alguien siquiera pudiera ayudar, ya había derrotado a los cuatro demonios. Donde los disparos volaron certeros, y su agilidad lo llevo cerca de su hermano.

Ahí apretó con fuerza las armas por verlo limpiarse la sangre de la boca. Además, como sus ojos estaban llorosos por el polvo, se vio obligado a afilar la mirada. Claro que al final, Yukio sacudió la cabeza para intentar calmarse.

—¿Estas bien Nii-san?- dijo en cuanto guardo las pistolas, y se arrodillo a su lado.

—Vaya, eso fue… ¿asombroso?- tanteó Konekomaru.

—Fue rápido- apoyó Shima tras guardar su báculo.

—¿Qué sucedió Okumura?- preguntó Bon, que siguió a su sensei para acercarse al peliazul.

—No estoy seguro- dijo Rin. Cada cierto tiempo tosía, y eso se estaba convirtiendo en una situación molesta- Salieron de la nada.

—¿Por qué estabas fuera de la barrera del colegio?- dijo Shura, mientras el bajito se puso de pie.

—¿Eh?

Por su cara de confusión, fue fácil adivinar que no sabia de lo que le hablaban. Así que lo atribuyeron a un error, debido a su despistada naturaleza.

—¿Qué estabas haciendo Nii-san? Es peligroso salirse de la barrera.

—Necesitaba comprar unas cosas- áspero Rin.

—Eso no es una excusa. No puedes ser tan irresponsable como para no pensar en las consecuencias ¿Qué pasa si Amaimon te embosca?

—Pues no fue así, además no cometí ningún error. Alguien me empujo.

—¿Quién?- presionó Yukio.

En este punto no sabían exactamente porque empezaron a discutir, pero cada vez sus voces subían de nivel, y eso frenó a los demás que habían comenzado a recoger las bolsas. El único que apenas y se había movido era Bon, porque no sabia que hacer estando en la mitad de ambos.

Los gemelos se habían enojado sin razón aparente, así que no entendía de qué iba el asunto ¿Tal vez esta era la manera en que Okumura-sensei se mostraba preocupado?

—No vi quien era, pero…- se interrumpió cuando el más alto rodo los ojos, como si no le creyera mucho- ¡No estoy mintiendo! ¡Algo me empujo!

—O te caíste- intervino Shura.

—Yo sabría si me caí. No soy tan torpe.

—Si lo eres- dijo Bon- Te caíste ayer en educación física.

—¡Eso fue porque una araña me perseguía!- reclamó- ¡Además su telaraña me inmovilizo!

—Excusas, excusas- recitó el monje, mientras se alejó para ayudar con los víveres.

—No son excusas ¡Tú también te caíste!

Y así sin más, su hermano siguió a Bon, por lo que Yukio chasqueó la lengua en fastidio. Pero mientras los vio recoger las cosas, analizó con sumo cuidado el extraño contexto. A juzgar por el rastro dejado por las bolsas, el lugar donde terminó Rin, y el punto exacto donde había eliminado a los demonios, podía decir que si se había caído pero no sabía si fue por accidente, o alguien en verdad lo empujo. De ser así, debía ser alguien del colegio.

—Yukio.

Sin embargo la voz femenina lo distrajo. Ver a Shura a un palmo de distancia hizo que se alejara por acto reflejo; pero antes de poder ir muy lejos, ella colocó un brazo sobre sus hombros en una actitud cómplice, que únicamente le auspicio una mirada dudosa.

—Se me ocurrió que podrías mirar las líneas de ellos, quizás hay algo interesante.

Si giraba, vería los hilos rojos que hasta ahora había omitido. Pero quieto como estaba, el castaño se demoró mas de la cuenta en hacerlo; porque había pasado por alto algo que era importante, y ahora sintió una molesta sensación en la boca del estomago, que creció de manera alarmante cuando vio a Rin de reojo.

A su lado estaban los otros tres, pero el detalle le hizo abrir grandes los ojos al comprobar que la única línea que iba en dirección contraria era la de Konekomaru, las de Bon y Shima permanecían ahí, pero Yukio alzó la mirada y se negó a ver el final. Además ni que le interesara ver con quien se entrelazaban los hilos.

—Hn.

Quizás por eso gruñó enojado, y dio media vuelta para irse. Shura lo miró curiosa, pero terminó sonriendo. Él podía fingir todo lo que quisiera, pero sabía que cualquier cosa relacionada con Rin le afectaba en un nivel muy diferente al fraternal.

—¡Yukio espera!- exclamó el peliazul antes de tomar todas las bolsas que sus amigos le ayudaron a acomodar- Gracias, los veo luego.

Sin nada más que decir, salió corriendo. Bon y Shima hicieron el amague de querer seguirlo, pero la rubia se interpuso en su camino.

—Es mejor dejarlos. Como están las cosas, tal vez Yukio nos dispare.

—¿Enserio?- preguntó Konekomaru que al igual que los otros dos, palideció con la idea.

Su sensei siempre podía asustarlos, porque él sabía ser escalofriante cuando quería. Así que por el momento decidieron quedarse donde estaban. Porque recibir un disparo, no es tan atractivo como parece.

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Ese era un bonito día, el sol brillaba en lo alto de un cielo azul, donde la temperatura era perfecta para salir a dar un paseo, y disfrutar de es buen humor que se esparcía en el clima. Pero si acaso veía alegres conejitos saltando al final de un arcoíris, juraba que le partiría la cara al primer infeliz que se cruzara en su camino.

—¡Espera!

Yukio tampoco respondió a los llamados de su hermano. Ni siquiera cuando llegaron a los viejos dormitorios, y Rin debió correr a la cocina para dejar todo en la mesa. Después subió las escaleras de dos en dos hacia la habitación, donde el menor se encerró.

—¿Por qué estas enojado?- preguntó una vez cerró la puerta - Si es por lo de ahora, ya te dije que no fue mi culpa, yo…

—No estoy enojado- interrumpió Yukio con aparente calma. Pero con un tinte de fastidio en los ojos.

—Si lo estas.

De seguir así, se iba a enojar más de lo que estaba. Pero antes de poder refutar algo, Yukio se calmo de golpe cuando reparo en la desaliñada apariencia del más bajito. No se había dado cuenta de los golpes que surcaban la pálida piel, hasta que vio las marcas de manos en el cuello, y los brazos.

—Tks- molesto chasqueó la lengua, y maldijo por lo bajo- Quítate la camisa.

—¿Qué?- dijo Rin, y por primera vez retrocedió. Eso fue extraño, por lo que el otro enarcó una ceja.

—Voy a revisarte, quítate la camisa.

—No es necesario, estoy bien- aseguró al retroceder de nuevo.

—Nii-san, o te quitas la camisa, o te la quito yo.

—…

Como si hubiera dicho que Satán estaba en la habitación, el peliazul dio media vuelta con la intención de salir corriendo, pero antes de poder abrir bien la puerta, una mano volvió a cerrarla. Por eso quedo atrapado entre ella, y el cuerpo del menor.

—¿Qué demonios te pasa?- reclamó Yukio sin moverse, ya que no quería darle el espacio suficiente para que huyera.

—¡Te digo que estoy bien!

—¡Entonces déjame ver!

Ambos podían ser tan incoherentes y tercos cuando querían, en especial cuando comenzaban a discutir sin ningún motivo en particular. Por eso no fue tan extraño que comenzaran a forcejear cuando Rin dio media vuelta.

PUM

Antes de siquiera poder adivinarlo, ya estaban en el suelo. Rin lucia descolocado por el rápido movimiento, donde Yukio acomodo las piernas a cada lado de su cadera, y le alzó la camisa sin que pudiera hacer algo.

—…

Había marcas de la batalla reciente, golpes que sanaban rápido, pero lo que sumió la habitación en un denso silencio fue la venda en el torso, y los pequeños parches que cubrían la piel cada cierto tiempo. Fue entonces que recordó lo que dijo Shura, así que sólo pudo irse hacia atrás para quedar sentado en su regazo. Nii-san fue quien contuvo sus llamas mientras estuvo enfermo…así que fue a quien lastimo.

—Yo hice esto.

—No fue tú culpa- dijo Rin. Sin dudar se sentó y acuno su rostro en las manos, para observarlo con esa seriedad que rara vez mostraba- En serio no fue tú culpa- repitió- Además estoy bien. Tú estabas enfermo, y no sabias lo que hacías.

—Lo siento.

—Idiota, no tienes por qué disculparte- aseguró una vez lo jaló mas cerca, para apoyar ambas frentes juntas.

Puede que él no recordara nada de lo sucedido, pero eso no hizo que se sintiera mejor. Después de todo, lastimar a su Nii-san no estaba dentro de sus planes. Así que sin pensar, lo envolvió en un apretado abrazo, donde escondió la cabeza en su hombro.

Su gemelo se dejo hacer, y se sentía tan cálido y tranquilo que Yukio pronto comenzó a relajarse. Claro que sólo durante un momento, porque cuando sintió al otro responder el abrazo, su corazón saltó sin aviso. Lo cual empeoro en cuanto escucho la suave risita de Rin.

—Sigues siendo un niño- dijo el peliazul antes de acariciarle el cabello. Porque para él era divertido ver a Yukio mover la cola, en lo que parecía ser alegría, así que no le presto mucha atención al par de brazos que lo sujetaron con fuerza.

El menor también ignoró el comentario, pero sonrió cuando su nariz rozó casualmente el camino sanguíneo del cuello, y a cambio su hermano tembló.

—¿Qué quieres almorzar?- preguntó Rin al empujarlo suavemente de los hombros. De esa manera encontró esos profundos ojos azules, que de alguna manera eran diferentes a los suyos.

—Lo que sea esta bien Nii-san- dijo sin oponer resistencia al cuerpo que se alejaba. Una parte de su mente reclamó por perder la cálida presión, pero decidió ignorarla.

—Bien, no tardo.

Cuando iba a incorporarse, una mano sujetó la suya, así que extrañado lo observó fijamente. Yukio no lo miraba, parecía concentrado en su mano prisionera y eso sólo parecía más raro de lo que en realidad era.

—¿Ocurre algo?- tanteó Rin confundido por el repentino silencio.

—No…no es nada- aseguró una vez lo soltó.

Había sido un impulso, pero mientras el peliazul se tomó un par de segundos para convencerse que no era nada importante, él mostro una tranquilidad que en realidad no sentía. La cual finalmente se rompió cuando el bajito salió del cuarto.

—Hn.

En ese momento resopló cansado, ya que sus ojos habían buscado sin titubear el hilo rojo que debería tener Nii-san. Su sorpresa sencillamente creció para golpearlo en la cara, cuando no lo encontró; y ahora mientras miraba su propia mano, se preguntó si eso significaba que el efecto de-lo-que-sea-que-tenia había terminado, porque su línea también desapareció. Como fuera, lo único que experimento fue una molesta ansiedad.

No había podido ver con quien se unía el hilo de Rin, así que gruñó entre dientes. Le hubiera gustado decir que el sentimiento desapareció con el transcurso del día, pero en cuanto llego la noche parecía a punto de acribillar a alguien.

El mayor no dio señales de haberlo notado, quizás por ser victima del cansancio y el agotamiento físico. Aunque es mas fácil pensar que Yukio es bueno escondiendo sus sentimientos. Después de todo, él podía lucir tranquilo y neutro, mientras intenta conquistar el mundo y esclavizar a la humanidad, pero Nii-san sólo se daría cuenta cuando fuera muy tarde. Y eso por alguna razón lo hacia sentir tranquilo, aunque al mismo tiempo una incomoda ansiedad lo mosqueaba sin razón aparente.

—Hn.

Hacia poco había anochecido, y a pesar de su inusual e inexplicable fastidio, el día fue bastante calmado, casi aburrido. Había empezado a estudiar hace no más de dos horas, pero el peliazul se quedo dormido en algún punto de la tarde.

No estaba seguro del momento exacto, porque estuvo tan enfrascado en sus pensamientos, que sencillamente no lo noto. Más, ahora lo observó de reojo, con el rostro apoyado en una mano y el codo descansando en el escritorio. Pasados unos minutos se puso de pie, se acercó a la cama, y aguardo en silencio.

Yukio no entendía que sucedía. Había pasado años perfeccionando el arte de controlar sus sentimientos, y ahora de un momento a otro sencillamente se salieron de control. Sabia que todo estaba relacionado con el otro, pero no sabia de que manera.

Bueno, siendo honesto, Rin siempre lo había sacado de quicio. Podía decir que él era la única persona que lo alteraba de una manera totalmente diferente a como lo harían Mephisto, Shura, su abuelo, o cualquier otro. Lo que Nii-san hacia era sacudir sus emociones y producir una diversa gama de sensaciones, que aunque siempre había sentido, ahora eran diferentes. Porque esto lo hacia sentir confundido, inquieto, y sobre todo…tan endemoniadamente bien, que no tenia sentido. En serio, esto era maldita y jodidamente agradable, así que básicamente se estaba enojando.

—Tks.

De pie a la cama de su gemelo, miró su apacible rostro. Rin como siempre dormía desparramado entre las sabanas, y tal vez por eso lo observó durante un largo momento, si ninguna expresión en particular. Después, sólo se movió un poco para apoyar una rodilla en el colchón, con la intención de inclinarse despacio.

El leve crujido de la cama no fue tomado en cuenta. Además su hermano no se movió, ni siquiera cuando unos amables dedos apartaron algunos mechones rebeldes de cabello, y delinearon lentamente su perfil. Pronto Yukio se perdió en el amable tacto, y en la suave piel que sentía bajo las yemas de los dedos. Claro que sentir el corazón en los oídos, y el intenso calorcito en las mejillas únicamente lo puso nervioso. Porque si no sabia porque hacia esto, muchos menos sabia que hacer a continuación.

—Nhh.

Aunque, oírlo suspirar logro que sonriera. Por lo que tal vez eso hizo que todo fuera mucho mas claro, y ya sin dudar le dio un gentil besito en la frente.

PUM

…hasta que ese golpe casi le da un infarto. La reacción mas lógica fue quedarse quieto como una tabla antes de irse hacia atrás. La ventana se había azotado con el viento, pero logro que los parpados de Rin comenzaran a temblar hasta que se abrieron ligeramente.

Los adormilados ojos azules dieron un perezoso vistazo, sin encontrar nada ni nadie en la habitación. Tal vez el menor fue al baño o por algo de comer, en realidad no sabía y por el momento no se molesto en averiguarlo. Porque mas dormido que despierto, quería volver a sentir el gentil toque.

CONTINUARA:

Ann: ¡Soy feliz como lombriz xD! Sencillamente adoro el YukioxRin °¬°

Ro: Este capitulo esta mas largo en comparación a los anteriores :3, así que esperamos lo disfruten Ne n—n.

Ann: ¡YukioxRin Rulez °¬°!

Ro: xDD…Oks, si no ocurre ningún otro accidente con el "malvado" balón, esperamos actualizar pronto n-n.

Ann: ¡Wiiiiii °¬°!

Ro: De acuerdo, por ahora nos despedimos n¬n.

Como hay una estúpida norma en el FanFiction que impide contestar los Reviewer en el Fic ¬¬XXX, lo hare en mi profile n-n.

Para llegar al profile sólo tienen que ir a la parte superior donde dice Autor: Ann Saotomo. O si prefieren ir a esta dirección que viene siendo lo mismo o.o: h t t p / w wwf a n f i c t i o n. n e t / u / 4 8 88 2 3 /

Al final no hay necesidad de colocar "punto com." así no más como está la dirección n-n, bueno, ya saben PERSONAS ENCANTADORAS QUE SE TOMARON LA MOLESTIA EN ESCRIBIRME VALLAN A MI PROFILE PARA VER SUS RESPUESTAS n-n

NOTA: QUIENES ESTAN REGISTRADOS EN EL FANFICTION, LES ENVIE LAS RESPUESTAS A SUS RESPECTIVAS CUENTAS oO, SI ALGUIEN NO LA RECIBIÓ POR FAVOR AVISAR! (Aunque si tienen bloqueada la opción para enviar mensajes o.o, entonces lo pongo en mi profil)

Para dejarme un Reviewer presionan donde dice: "Reviewer this histoy/chapter" no hay necesidad de estar registrado en el Fanfiction, para hacerlo u.u, o si prefieren me escriben a mis e-mails los cuales encontraran en mi Profile, donde dice "Ann Saotomo" en la parte de arriba y ahí les sale n-n

Se despiden:

Ann: ¿Vamos a jugar básquet :3?

Ro: Paso xDDD