Ann: o.o
Ro: oO
(Turba enfurecida por los meses—¿años? —de espera): ¬¬
Ann: Ok….entonces….¿qué hacen n-nUU?
Ro: TT^TT
(Turba enfurecida por los meses—¿años? —de espera): ¬¬XXXXXXX
Ann: De acuerdo ….ehhh, considerando todas las dificultades que tuve para subir el capitulo, por las confabulaciones entre mi malvado trabajo y el fantasma-de-las-no-actualizaciones oO, sólo me queda decir algo u.u…. "Sorry, sorry, sorry, sorry" (bailando, sorry, sorry de Super Junior)
Ro: ¡¿Qué demonios haces ÒÓ?! (Arroja el capitulo) ¡CORRE TT-TT!
Ann: oÔ…. ¡KYA TT-TT!
Transmisión interrumpida.
De acuerdo esto tiene una pequeñas menciones del manga oO, pero no es nada particularmente importante n-n.
Ok, Ao No Exorcist no nos pertenece bla, bla, bla, no ganamos ni un peso con esto, y bueno todas esas cosas que siempre toca repetir -.-
Homo fóbicos ¡HUYAN! Advertencia incesto YukioxRin, este capítulo contiene Lime casi Lemon oO, luego no digan que no se los advertí ¬¬
CAPITULO NUEVE: LOCKED OUT OF HEAVEN (Bruno Mars)
Tener un demonio enojado es…
…bueno, no es la cosa más recomendable del mundo. Aunque Shura bien podía escribir una guía práctica sobre cómo evitar y mantenerse a salvo de los demonios. Paso número uno, estar fuera del rango de alcance de Yukio Okumura. Paso número dos, correr. Paso número tres, nunca hacerlo enojar (todo en ese orden)
Por fortuna, esta vez el megame estaba muy centrado en los MOG'S que aparecieron, como para reparar en los pobres exorcistas que le abrían paso, ya que no querían que les dispararan por accidente. Lo cual seguramente ocurriría porque aunque Yukio tenía a precisión envidiable de un francotirador, era muy capaz de lastimar al primer idiota que lo moleste.
—Nh— resopló la rubia al encogerse de hombros, para luego ver de reojo a los demás.
Podía llamar a su guía "10 pasos estúpidos para demonios estúpidos" o "Consejos prácticos para su demonio mascota" también "Guía de demonios para Dummys" aunque creía que el último ya existía. Como sea, Shura podía divagar toda la mañana sobre nombres ingeniosos, pero eventualmente iba a tener intervenir, porque aunque los demás exorcistas evitaban al menor de los Okumura, la verdad es que cinco de las siete personas del grupo estaban a punto de ir a un rincón oscuro a abrazarse, mientras lloriqueaban como niñas de cinco años.
—Vayan a buscar a alguien de limpieza— ordenó por quienes incluso se escondieron tras su espalda. No precisamente a tres pasos, pero el rango era el adecuado, como si ella fuera algún tipo de barrera contra el demonio, o tal vez era la única lo suficientemente estúpida como para permanecer cerca de él— ¡Vayan!
BANG
Claro que hubo un chillido colectivo, cuando Yukio tardo en dispararle al MOG. La criatura se infló como siempre, por lo que al final explotó. Parte de la sustancia viscosa salpicó parcialmente al grupo más lejano, pero Shura no salió tan bien librada cuando todo el costado derecho terminó manchado, además el menor de los Okumura…bueno, él ahora sólo era un bulto amorfo, llenó de algo muy parecido a salsa de limón.
Por eso bastó con una expresión de pánico, para salir corriendo con la excusa de ir a cumplir la orden. Porque en verdad no querían averiguar cómo reaccionaría el megame ahora que estaba cubierto del MOG.
—…
Shura mantuvo una aburrida expresión en cuanto volvió a mirar al demonio. No le importo los pobres idiotas que salieron apenas vieron su oportunidad, porque no es como si pudiera culparlos. Si ella pudiera también estaría en cualquier otra parte. Lastimosamente el destino se empeñaba en amarrarla a estas situaciones, que francamente comenzaban a ser predecibles.
—¿Problemas con Rin?— dijo sin moverse, ni descruzar los brazos.
—No— áspero Yukio en la mitad de un gruñido y un acido sonido.
—Nh— suspiró— Pensé que todo estaba bien entre ustedes, considerando que finalmente hablaron.
Porque ella sabía, lo noto por la manera como comenzaron a actuar, así que bastó con presionar un poco al cuatro ojos para que escupiera la verdad. La rubia se rio durante horas por el fingido mal genio de Yukio, y el rubor cuando lo obligó a hablar.
—No es nada— gruñó Yukio mientras intentó limpiarse de mala gana— Todo está bien. Perfecto.
Prosiguió tras hacer gestos bruscos al quitarse los restos del MOG de la cara, Shura rodó los ojos, pero se quedo donde estaba mientras el castaño siguió dándole la espalda.
—Se nota— ironizó— Porque no vas a descansar, nosotros nos haremos cargo desde aquí. Un buen baño te vendría bien.
—Hn— "dijo" Yukio al alejarse.
—¡Descansa!— exclamó Shura una vez lo vio lo suficientemente lejos— Lo necesitas.
Concluyó al chasquear la lengua, mientras el demonio desapareció tras una puerta. No sólo Yukio necesitaba descansar, ella también lo haría. Un buen baño y dormir 12 horas sería un buen comienzo.
Pero ajeno a la exorcista, el menor de los Okumura rodó los ojos algo impaciente, porque esto comenzaba a ser ridículo. No es como si las cosas con su hermano estuvieran mal, en realidad estaban igual.
Absoluta y positivamente igual.
Claro, ha habido muchos besos y abrazos, pero eso era todo. Y no es como si quisiera presionarlo, pero…
¿A quién engañaba? Él quería algo más, porque al fin y al cabo estaba estúpida y perdidamente enamorado, y si se besaba las cosas se complicaban. Pero el problema no eran la manera como Rin lo descontrolaba, o como sus hormonas se removían violentamente frente a la persona que quería, si no que Yukio no sabía porque no avanzaban.
¿Acaso no quería que lo tocara? Nii-san es muy simple y aun cuando había dicho que también sentía lo mismo, a veces dudaba. Rin no jugaría ni le mentiría con algo como eso, pero no sabía si los apéndices felinos fueron los que actuaron en ese momento y ahora su hermano no quería herir sus sentimientos.
Yukio recuerda que sus propias orejas casi lo enloquecen, sintió tanto de Nii-san que quería todo de él. Incluso creyó que si no lo tomaba ahí mismo iba a morir, o peor, se convertiría en un asesino en serie si alguien más lo hacía.
Sin embargo eso no quería decir que su gemelo experimento los mismos efectos, al principio le pareció que si lo hizo por la manera como se besaron, pero desde entonces el peliazul no se ha dejado tocar de esa manera.
—Hn— gruñó al abrir la puerta de los viejos dormitorios. Además de eso, no dijo nada más porque no esperaba ningún tipo de respuesta del interior. A esta hora no había nadie, ya que todavía era demasiado temprano y las clases no han terminado.
Por eso resopló al cerrar la puerta, mientras arrastró los pies una vez subió por las escaleras. Tras sus pasos dejó un camino viscoso, que únicamente logró que se quejara al saber que tendría que limpiar luego. Pero por el momento desecho el pensamiento, ya que tenía cosas más importantes que tratar.
La verdad quería preguntarle a Nii-san que sucedía, porque siempre que el enojo pasaba sólo quedaba un molesto desasosiego y la sensación de estar a punto de perder algo, que ni siquiera sabía si le perteneció desde un principio. Porque él quería a su gemelo y estaba seguro que pelearía por él costara lo que costara, aun si eso implicaba dispararle al mismísimo Satán. Más, también es cierto que no quería forzarlo a nada que no quisiera.
Eso sin mencionar que estaba aterrado de la respuesta, mucho más que cuando estuvo luchando contra sus sentimientos. Porque si antes hubiera sido rechazado no sabría de lo que se estaba perdiendo, pero ya había probado el calor de sus besos, los apretados abrazos y las suaves caricias. Incluso conocía la manera tímida como Rin se sonrojada y luego fruncía el ceño, para fingir tan fuerte como podía que su rostro no estaba rojo.
Yukio hubiera sonreído, pero ahora estaba muy ocupado quitándose la ropa que tiró en el baño. Luego se metió a la ducha, y agachó la cabeza mientras dejó que el agua lo limpiara. Pensar en lo avergonzado que Nii-san lucia, o como fingía que no estaba acalorado cuando sus besos subían de tono, estrujó su corazón y logró que gruñera entre dientes en una mezcla de frustración y deseo.
Cada vez que Rin se encontraba en esa situación, lo empujaba suavecito y balbuceaba cosas sin sentido, por lo que Yukio no entendía muy bien que sucedía. No sabía si estaba nervioso, o solamente no quería que lo tocara, y es que cuando sus avances son rechazados tantas veces es difícil de distinguir esa delgada línea.
—Maldición— masculló al apoyar las manos en la fría baldosa.
Cuando el agua acarició su cuerpo, cerró los ojos. Había pasado tanto tiempo intentando descifrar todo el estúpido asunto, que estaba enojado, perdido y tan, pero tan mosqueado que resultaba fácil desquitarse con los demonios que exterminaba.
Porque esto no debería ser así, él no debería estar en esta situación. Sin embargo se sintió tan feliz y tranquilo al ser aceptado, que no tocó el tema cuando las orejas felinas desaparecieron. No lo hizo ni siquiera cuando una parte le advirtió que debía asegurarse que todo fuera real, y no algo creado por esos sexys apéndices de gato.
¿Por qué no se escuchó?
Ah sí, porque sus besos lo embriagaron hasta el punto en que envió todo sentido racional de vacaciones. Además, estar con su gemelo es mucho mejor que estar sin él.
Demonios, se estaba volviendo descuidado y esa era una de las muchas razones por las que estaba de mal humor. Ese molesto muchacho volvía su mundo de cabeza, incluso le hacía olvidar su entrenamiento, porque debió tomar cartas en el asunto apenas tuvo la oportunidad.
Por eso ahora debía enfrentar un posible rechazo.
Y como si eso no fuera poco, también tenía que pensar en los últimos ataques que por cierto fueron reduciéndose de manera gradual, hasta casi desaparecer por completo. La infrecuencia en el patrón, podía ponerlo paranoico siempre que iban a una misión juntos. Casi podía jurar que Mephisto estaba involucrado, pero como ya había mencionado antes, tenía un 50% de probabilidad que no fuera así. No importaba que el director digiera un par de cínicos comentarios sobre ello, ya que su naturaleza siempre había sido truculenta.
Shura le estaba ayudando a investigar, pero considerando que todo volvió a la normalidad, no había mucho que hacer. La exorcista le dijo que seguramente fue una de las estúpidas pruebas del director, para medir el control de su lado demoníaco. El blanco fue Rin porque… bueno, ¿Qué otra cosa descontrolaría a Yukio? En especial cuando estaban surgiendo sentimientos poco fraternales hacia él.
No iba a mentir, los sentimientos siempre estuvieron ahí, es sólo que cuando despertó ese lado oscuro las emociones salieron a flor de piel. Porque cuando su humanidad desparecía se volvía impulsivo, agresivo y ridículamente posesivo, como un animal salvaje. Uno que se pondría violento si alguien quería quitarle a Rin.
No es como si todavía no fuera a reaccionar de la misma manera si veía que su hermano estaba en peligro, es sólo que ahora podía controlarlo mejor y no se perdía en la oscuridad. O al menos no ha ocurrido, y esperaba no llegar a una situación donde ocurriera.
Sin embargo lo curioso del asunto, fue que el patrón de los ataques apareció precisamente en ese estúpido y molesto momento. La idea que Mephisto supiera que estaba en una crisis existencial de alguna manera sonaba desagradable, y hasta escalofriante. También tenía sentido en muchos niveles, porque si quería probar su poder no había nada mejor que un punto de quiebre. Lo mismo ocurrió con Nii-san, pero en ninguno de los dos casos tenía pruebas, sólo especulaciones y meras suposiciones.
—Hn.
Pero como fuera, no iba a encontrar la respuesta ahora, por lo que con un suspiro cerró la llave. El agua se escurrió por su cabello con suavidad y durante un eterno minuto no se movió, ni siquiera cuando su cuerpo empezó a enfriarse. Claro que al final rodó los ojos y chasqueó la lengua.
Admitía que se sentía mejor luego del baño, pero eso no evitó que tomara la toalla y se secara con más fuerza de la necesaria. Cuando salió, lo hizo con la toalla amarrada en la cadera y la ropa mojada bajo el brazo. Primero fue a la lavadora a dejar las prendas, después fue a su habitación donde se vistió sin ganas, hasta que escuchó pasos. Para este punto tenía una sudadera negra y una camisa azul que le quedaba algo grande, pero mientras esperaba, se dejó caer sin gracia en la silla de su escritorio.
—¿Yukio?— llamó una voz antes de abrir la puerta.
Rin entró en su campo de visión casi de inmediato. Tenía esa bonita sonrisa que únicamente lo exasperó, porque como al principio, al parecer era el único afectado por la situación. Claro que por fuera se mostró igual de indiferente que siempre, mientras Nii-san colocó su mochila en la cama y se acercó despreocupado.
—Me dijeron que volviste antes— señaló al pararse al frente— ¿Cómo te fue?
El cabello castaño seguía goteando, por lo que tomó la toalla que el otro dejó alrededor del cuello y comenzó a secarlo. Yukio gruñó, pero no hizo otra cosa, así que le permitió hacer lo que quisiera.
Rin casi pudo suspirar complacido por la aceptación, porque el megame parecía diferente últimamente, más distante y gruñón de lo acostumbrado. Y él no entendía porque. Quería preguntarle, pero ni siquiera sabía que decir. Probablemente era su culpa, porque Yukio se enoja con facilidad si está involucrado de alguna manera, pero eso no ayuda cuando no sabe cuál es el problema.
Sin embargo, fue precisamente esa confusión la que hizo que arrugara la nariz en un gracioso mohín de disgusto, en el que apenas y reparo en los brazos que lo envolvieron por la cintura, y lo acercaron hasta que el castaño apoyó la cabeza en su pecho.
—¿Todo salió bien?— intentó el mayor otra vez.
—Hai (si)— musitó Yukio al apretarlo con fuerza, por lo que Nii-san se acomodo entre sus piernas.
—¿Quieres descansar? Iré a preparar algo de comer.
—Nh— resopló casi adormecido. Porque su hermano seguía secándole el cabello, pero cada vez con menos fuerza.
Así que sin ganas de romper la cálida sensación ni la comodidad que de repente los envolvió, Yukio apretó la estrecha cintura renuente a dejarlo ir. Lo cual estuvo bien durante unos cinco minutos, hasta que Rin habló, porque además de torpe y estúpido, ese demonio también era espontaneo y curioso, tanto así, que la mayoría del tiempo hacia comentario inapropiados.
—¿Qué te sucede? Has estado actuando extraño.
Y si, esta es su manera de abordar algo que ha estado enloqueciendo a Yukio durante casi un mes.
—Hn— gruñó el menor una vez se alejó un poco para mirarlo— ¿Por qué no dejas que te toque?
Dos podían jugar este juego, en especial ahora que el megame empezó a enojarse. Y como los gemelos que eran, ambos podían soltar comentarios de la peor manera y en el momento menos oportuno. Aunque Yukio también era consciente que pudo haber sido más delicado al preguntar, ya que había pasado mucho tiempo pensando cual era la mejor manera de tocar el tema, pero parece que hoy es tan buen día como cualquier otro.
Por otro lado, Rin enarcó una ceja porque tal vez no estaba en su naturaleza evadir problemas, pero nunca había estado en una relación con alguien, así que toda esta dinámica podía confundirlo. Sin embargo la incertidumbre únicamente lo hizo sentir ansioso e incomodo, por lo que antes de siquiera saberlo abrió la boca para saber que ocurría.
—¿Eh?
Pero siendo honesto como era, no esperó ese tipo de respuesta. Así que parpadeó un par de veces en incomprensión, donde su gemelo afiló la mirada y se puso de pie sin soltarlo. La posición fue incomoda y torpe, porque el peliazul no sabía cómo acomodarse, así que tropezó hasta que fue prácticamente puesto contra el borde del escritorio.
Ahí el menor colocó las manos a cada lado de su cadera, así que Rin debió colocar las propias contra el escritorio, o el repentino impulso lo hubiera mandado contra la venta. Después de eso no pudo pensar en nada, ya que la oscura expresión del otro logro que frunciera el ceño. Quizás porque la injustificada agresividad lo mosqueaba, además ¡¿Qué demonios le estaba reclamando?!
Molesto, Rin gruñó y miró a otro lado. Sentía el rostro un poco más caliente de lo normal, pero eso no evitó que murmurara entre dientes. A cambio Yukio lo observó atento y aunque estuvo a punto de alejarse, la expresión incierta y ligeramente sonrojada de Nii-san lo detuvieron. Él todavía lucia enojado, incluso parece que iba a empujarlo como siempre que se sentía presionado, o en el peor de los casos: lo golpearía.
—Uh…— masculló Rin con un gracioso mohín de fastidio—…esto sigue siendo nuevo para mí. Es normal que te empuje si me tomas desprevenido.
Ahí estaba la respuesta de la que el peliazul se sentía avergonzado, pero consiguió que Yukio alzara una ceja mientras intentó ignorar el palpitar acelerado de su corazón. Porque debía concentrarse y no dejarse arrastrar por la más mínima y pequeña posibilidad de permanecer juntos. Así que con nada más que un pequeño rubor y una expresión seria, se acercó a su hermano hasta obligarlo a sentarse mejor en el escritorio.
Las mejillas de Rin obtuvieron ese tono sonrosado que tanto le gustaba, aunque seguía pareciendo como un gato enfurruñado.
—Pensé que aceptaste salir conmigo sólo porque si.
—¿De qué estás hablando?— preguntó Rin con un deje de duda en la voz, y la misma expresión molesta que se negaba a abandonar su rostro.
—Nii-san es despistado y simple. Sueles aceptar cosas sin entender lo que significan.
—Me estas llamando idiota ¿cierto?
—De alguna manera— respondió Yukio un poco más relajado.
—Tks, que estúpido— farfulló, sin embargo no le importó demasiado cuando unas manos subieron despacio por su cintura y lo rodearon por la espalda.
Fue un gesto suave, lento y lo suficientemente cuidadoso como para no alterarlo. En todo caso, era para calmar su volátil temperamento luego de ser insultado. Además, los abrazos comenzaban a ser tan normales entre ambos, que aun cuando Rin afiló la mirada, lo hizo sólo para hacerle saber que no estaba feliz con la situación.
—Sé que soy despistado, pero cuando dijiste que saliéramos no pude pensar en ningún motivo para decir que no.
Encantador ¿cierto? Estúpida y ridículamente lindo, sin embargo Yukio se mordió los labios para intentar mantener un poco más el control. Porque sabía de sobra que había muchos motivos para rechazarlo, ambos eran hermanos, demonios, hijos de Satán, y no olvidemos el montón de defectos que tienen cada uno, pero de alguna manera los dos se acoplan con una extraña facilidad. Y si esto no funcionaba, iban a perder a la única persona que les importaba en todo el mundo.
Por eso, aun cuando todo lo que quería hacer era inclinarse y besarlo, respiró hondo para una última pregunta. La ultima que desentrañaría todo ese asunto de locos, y daría por terminado el problema.
—¿Qué pasa entonces con las orejas de gato?
—Oh.
¿Oh?
Yukio lo miró con duda por esa expresión que de pronto parecía cohibida, porque incluso sus ojos rehuyeron los suyos. Y es que aunque ya le había preguntado por los apéndices felinos, todavía no había conseguido una respuesta que le gustara.
—Ya te lo había dicho— musitó Rin de repente muy bajito, y con el ceño fruncido—No es muy normal sentirse así con tú hermano, sólo quería estar seguro.
—Hay maneras más seguras, algunas no implican poner tú vida en peligro.
—Todo estaba bajo control.
—Dime que sentiste con las orejas— interrumpió.
La expresión de terror que invadió a Rin, fue casi graciosa si no estuviera en esta tensa situación, incluso se hubiera sentido satisfecho cuando su rostro adoptó un rojo brillante, si su propio estado no estuviera a punto de derrumbarse con la respuesta.
Nii-san balbuceó algunas cosas, de hecho distinguió algunas maldiciones y en un gesto inconsciente, colocó una mano en su hombro quizás para ganar algo de distancia, aunque el megame no se movió ni un milímetro.
—Todo— dijo al final. Frustrado se mordió los labios, pero Yukio ya estaba muy perdido mirando los delgados contornos, como para comprender lo que quiso decir.
—¿Qué?
—Sentía todo— repitió Rin un poco más alto, ahora de verdad enojado por encontrarse en una posición tan vergonzosa— Era embriagante. Sentía demasiado de ti.
Esta vez fue Yukio quien se ahogó con la respuesta, pero a cambio sonrió mientras sintió que se estaba sonrojado. La euforia que lo golpeó y la sensación de haberse quitado un peso de encima fue tanta, que se rio suavecito.
—Eres tan idiota— regañó el peliazul tras resoplar, pero no pudo evitar esa sonrisa que tiró de sus labios.
—Mira quién habla— devolvió Yukio antes de inclinarse y dejar un largo y perezoso beso.
Le gustaban sus labios, eran cálidos y perfectos para los suyos. No se imaginaba besando a ninguna otra persona y quizás ese era el problema. Le aterraba perderlo, pero las descuidadas palabras de su gemelo lo calmaron casi de inmediato, así que cuando se alejó apoyó la frente contra la suya.
Vagamente se preguntó si Nii-san sabía que tenía tanto poder en él, iba a tener que preguntarle de manera muy sutil, porque no quería que se aprovechara del asunto. Después de todo no hay nada divertido en eso.
—Entonces…— comenzó el castaño, aunque carraspeó cuando fue hiperconciente del muchacho que tenía en sus brazos— Si yo…no te tomó por sorpresa…
—¿Si?— alentó Rin cuando el más alto tosió, y lo apretó un poco más fuerte.
—Si no lo hago… ¿puedo tocarte?
—…
Ni siquiera Rin podía ser tan despistado cuando le hablan de manera tan directa, sin embargo eso de todas maneras hizo que enarcara una ceja, porque las palabras se repitieron lentamente por su cabeza como si no las hubiera entendido del todo bien. Aunque al final terminaron haciéndole eco, hasta que casi explota de la vergüenza.
Yukio podía jurar que le salió humo por el rubor que se extendió tan rápido, que resulto casi graciosos. Incluso pensó que por un momento su fuego estallaría sin control, pero lo omitió debido a esa mirada sorprendida que se escondió entre mechones de cabello. Rin también se mordió los labios, y le apretó los brazos.
—¿Nii-san?— llamó ligeramente divertido por la actitud esquiva.
—Nh…yo …no…yo…
—Está bien— dijo al agachar la mirada para intentar que verlo a los ojos, no lo consiguió porque ese terco demonio no lo permitió— No pasa nada.
—Claro que no está bien— gruñó Rin arisco y aun sonrojado una vez lo miró— ¿Cómo puedes decir las cosas con tanta facilidad?
Él no estaba acostumbrado a esto, todavía se confundía por todas las emociones y las avalanchas de sensaciones que el menor le producía, pero lo único que obtuvo del megame fue un escueto encogimiento de hombros, que lo hizo sentir impaciente.
—Estas pidiendo mucho estúpido cuatro ojos, tú eres mi primer beso— murmuró de mala gana— Yo no sé nada de eso.
Bueno, era igual para Yukio, él tampoco tenía experiencia, sin embargo su actitud lo hizo sonreír. Así que con una mano, sujeto su rostro.
—No llegare al final— prometió sobre sus labios ante esa expresión desconfianza.
—¿La ropa se queda?
Dios, si que era terco, pero Yukio se mordió los labios embrujado por su presencia. Y maldición, mentiría si digiera que en ese momento podía negarle algo; le daría lo que quisiera si con eso le permitía estar a su lado. También le dispararía a lo que sea, y a quien sea que intente llevárselo. Aunque eso no tenía que saberlo Nii-san.
—La ropa se queda— accedió en un murmullo.
—De acuerdo— dijo Rin en el mismo tono de voz. Luego subió las manos por su pecho y las enredó alrededor de su cuello, para así jalarlo más cerca.
Fue gentil y Yukio adoraba que de vez en cuando tomara la iniciativa. Eso le recordaba que su hermano también añoraba ese tipo de contacto, que la calidez de sus labios también era necesaria.
Así que en respuesta lo abrazó con fuerza y lo atrajo tan cerca, que el bajito quedo en el borde el escritorio. Ahí, Rin hizo algo verdaderamente delicioso al mover las piernas alrededor de su cuerpo. No parecía intencional, sino más bien para recobrar el equilibrio, pero sea el motivo que sea, Yukio adoró que esas largas y bonitas piernas estuvieran en su cadera.
Por eso mordió su labio inferior, y a cambio consiguió un encantador quejido que agitó su corazón. Además, cuando delineó sus labios con la lengua, el peliazul tembló en sus brazos, así que no necesito ningún otro tipo de incentivo para adentrarse en esa pequeña y húmeda boca de fuego. No debió presionar demasiado, sólo un poco y Nii-san entreabrió los labios para dejarlo entrar.
Él estaba aprendiendo, por lo que se erizó apenas sintió que ambas lenguas se frotaron con un tinte peligroso que amenazaba con hacerle perder el control. Por ello, colocó una mano en su cabeza, mientras lo único que existía era el calor que comenzaba a extender entre ambos.
Yukio acarició su boca casi con fiereza, mientras el cabello del mayor se deslizó con facilidad entre sus dedos, y con tanta suavidad que lo sujetó por la nuca. Aunque en algún momento pareció como si se ambos se amoldara a la perfección, donde todo empezó a sentirse cómodo, caliente y tan mojado, que Yukio lamió sus labios mientras lo atrajo tan cerca como pudo. De esa manera, la espalda de su gemelo se curvó en un precioso ángulo que lo obligó a morderlo quizás demasiado fuerte.
Rin se quejó una vez se alejó, pero cuando vio ese rostro adormecido y sonrojado por el placer, el castaño contuvo el aliento. Mas, cuando recordó que respirar era importante, vio que su mano ya se estaba deslizando por la espalda del bajito hasta que llegó al final de la camisa y se adentró en ella. Después subió despacio por la tersa y pálida piel, hasta que rozó la base de su cola demoníaca. Por ello, el peliazul abrió grandes los ojos cuando su rubor creció de manera alarmante.
A Yukio le gustaba como se sentía su cola entre sus dedos, así que la rozó un par de veces. A cambio, su gemelo se movió ligeramente, por lo que comenzó a sonrojarse. Sin embargo, antes de siquiera preverlo, Nii-san lo empujó. Lo hizo con torpeza, pero de alguna manera logró bajarse del escritorio algo tambaleante. Posiblemente porque así como a los gatos, la cola puede hacerle perder el equilibrio. Pero como fuera, lo interesante fue cuando tropezó con el borde de la cama.
Y si, esto parecía el argumento de algún mal manga o dorama, pero a Yukio no le importó, porque enarcó una ceja cuando lo vio caer sin elegancia.
Rin se sintió tan desconcertado sólo con un beso y un leve roce, que su corazón tamborileo como loco. Por ello debió apretar su camisa, como si le doliera el pecho. ¿Esto era normal? ¿Así se siente querer a alguien, como si el calor lo quemara?
El mayor de los Okumura no sabía, pero mientras sentía el rostro caliente, vio que Yukio se movió más cerca, interesado por la situación. Era como si lo estudiara, así que Rin frunció el ceño en un gesto arisco, donde el indiferente semblante del exorcista se perdió una vez sonrió altivo.
—Nii-san…— dijo al colocar una pierna a un lado de su cuerpo, para así inclinarse—… dijiste que estaba bien ¿no?
—¡Estás haciendo trampa!— acusó mientras comenzó a irse hacia atrás por la presión del menor, que se acomodo encima.
—La ropa sigue puesta— señaló Yukio una vez consiguió que su gemelo se acostara.
El colchón crujió ligeramente con el movimiento y el peso extra, pero el castaño sonrió arrogante una vez colocó las manos a cada lado de la cabeza de su hermano, porque esa expresión enfurruñada de verdad era divertida.
—De alguna manera— masculló al mirar a otro lado, donde frunció el ceño con una vez arrugo la nariz.
—Entonces está bien— dijo Yukio en aceptación, lo cual sólo fue más divertido debido al ese inconformismo infantil.
Él estaba avergonzado, pero una vez el peliazul volvió a morderse los labios, el menor se perdió en la imagen que tenia ante sus ojos. Si pudiera describirlo sería: un gato asustado. Un sexy gato asustado que estaba bajo su cuerpo, con el rostro sonrojado y el uniforme del colegio arrugado.
Por eso los ojos azules de Yukio tuvieron un tinte oscuro, pero siendo el profesor que era, se negó a admitir que había algo lascivo con tenerlo en esa posición, con el uniforme desecho. Tal vez por eso ahogó un suspiro una vez le aflojó la corbata y se inclinó sobre sus labios. No llegó a quitarle la corbata, pero apenas vio que el mayor iba a reclamar, selló su boca con un beso lento y cuidadoso. Era apenas una caricia para que se callara, porque no era momento de hablar.
Además quería enloquecerlo hasta el punto en que perdiera el control sobre sí mismo, y no quedara nada más que un jadeante muchacho, que iba a rogarle que lo tomara.
—Hmmm.
Pero para hacer eso debía jugar bien sus cartas, así que lo beso con calma hasta que Nii-san envolvió los brazos alrededor de su cuello, ahora más calmado, más confiado que nada raro ocurriría. Era un pensamiento bonito, pero Yukio casi sonrió, porque aunque no iba a obligarlo a nada, si iba a mostrarle algo diferente. Por ello deslizó la lengua por sus labios, hasta que encontró a su compañera para rozarla con deseo contenido.
Nii-san pareció recoger los rastros de lujuria con cada toque, porque suspiró mientras el castaño bajó un poco para que sus cuerpos se rozaran. Parecía necesario sentirlo más cerca, donde el calor contrario empezaba a ser anhelado y hasta necesario.
De esa manera, ambos se alejaron con pequeños jadeos y la respiración más pesada de lo que debería.
—Todo está bien—sonrió Yukio con un gesto altivo, que consiguió que el otro rodara los ojos.
—Eso parece— concedió Rin— Yo…
Suponía que debía conocer mejor al estúpido megame, porque Yukio colocó una mano en su pecho. Rin no se hubiera alterado tanto si dicha extremidad no se hubiera detenido en su pezón derecho, donde comenzó a presionar sobre la camisa con gestos distraídos que no querían tocarlo del todo.
—¿Decías?— alentó Yukio con fingida inocencia, mientras trazaba círculos alrededor de la aureola.
—Yo…q-que…
Al demonio le costaba trabajo concentrarse, incluso bajó la mirada hacia esos dedos que lo presionaron de manera descarada. En respuesta su rostro se calentó con fuerza, mientras admitió vergonzosamente que el toque comenzó a producir un extraño cosquilleo que se esparció lentamente por todo su cuerpo.
Era como si algo se construyera, aunque no tuvo tiempo de pensar en ello cuando la mano llegó al final de su camisa, ya que tuvo la osadía de infiltrarse. Y como si se le hubiera olvidado respirar, Rin contuvo la respiración sin dejar de ver como su hermano subió lentamente por su abdomen. Sólo después recordó que debía respirar, así que sorprendido alzó la mirada para encontrar ese par de ojos azules que lo estudiaban con cuidado, y lo analizaban con especial atención.
Por eso fue difícil no estremecerse, porque esos largos dedos subieron apenas rozando su piel, hasta que hicieron círculos alrededor de su ombligo.
—Di-dijiste que no….
—No voy a quitarla— aseguró Yukio al lamerse los labios, una vez subió por el vientre plano.
Sus dedos trazaron caminos imaginarios por la pálida piel, y se deleitaron con la suavidad del inmaculado terreno. Pero sobre todo, el castaño adoró sentir esos músculos retorcerse bajó su toque, y como su pecho subió y bajo sólo un poco más rápido de lo normal.
—¡Eso es trampa!— insistió terco, pero tan adorablemente sonrojado que Yukio sintió un súbito deseo por hacerle olvidar la estúpida condición.
—No lo es— dijo al susurrarle al oído.
Ahí mordió el lóbulo de la oreja y lamió el arco mientras su mano llegó esos pequeños botoncitos sonrosados. Esta vez el roce directo sobre la piel, logró que Rin se moviera bajo su cuerpo y apretara ligeramente la sabana. Claro que el movimiento fue lo suficientemente llamativo considerando la escasa distancia entre ambos; además Yukio estaba registrando cada pequeño gesto como si quisiera memorizarlo.
Por eso comenzó a mordisquear su cuello, donde una sonrisa curvó sus labios una vez Rin ladeó la cabeza para darle más espacio. Fue algo inconsciente, porque ahora el peliazul sentía que su corazón palpitaba como loco y la cabeza le daba vueltas.
—Es-esper….¡Espera!
Muy tarde el mayor de los Okumjura se dio cuenta que una pierna se deslizó entre las suyas, y presionó de manera descuidada su entrepierna. La impresión y su propia sorpresa lo obligaron a empujar a Yukio; aunque no es como si eso funcionara, porque el castaño no se movió ni un centímetro, en realidad trazó un húmedo trayecto por su cuello. Cuando llegó a la clavícula jaló un poco el cuello de la camisa, en busca de más espacio para besar.
Mas, cuando sus colmillos se hundieron entre la curvatura de su cuello y el hombro, Rin apretó con fuerza los ojos y jadeó faltó de aire. Después de eso no se movió, pero tampoco hizo falta ya que la cercanía era tanta que de manera inconsciente se meció contra su rodilla, por eso sintió un embarazoso rubor cubrir su rostro.
Incluso su respiración se quebró, donde lo único que sentía era la lengua de su hermano, las suaves mordidas y los pequeños besos, que producían un intenso cosquilleo.
—Nii-san— llamó en voz baja.
Yukio tenía un tono fuerte y ronco por el deseo, por lo que la manera como pronunció cada letra, hizo que el sonido fuera tan íntimo e hipnotizante que Rin no pudo moverse. Así que mientras el castaño se deslizó para poder morder su mandíbula, el mayor trató una vez más acomodarse para mirarlo.
Cuando sus ojos se encontraron, Yukio contuvo el aliento, porque Nii-san estaba sonrojado, con los ojos vidriosos por la excitación y la respiración desecha. Su cabello también estaba despeinado, y tenía la ropa medio puesta. Sin embargo fue esa expresión de indeciso placer lo que le quitó el aire; después de todo ese virginal semblante no sabía qué hacer.
Por eso Yukio volvió a besarlo con fuerza, donde embriagado por el deseo, meció la cadera contra la del otro demonio. Ahí, el roce sobre la tela puso algo de orden en la adormecida mente de Rin. Aunque las suaves embestidas, lo obligaron a abrazar al castaño por la espalda.
Quizás porque hacía calor y había algo excitante, pero vergonzoso en todo esto. Porque el movimiento estaba haciendo que algo despertara y se presionara contra la hombría de su gemelo.
Ambos parecían estar en la misma situación, ya que estarse tocando de esta manera amenazaba con ponerlos dolorosamente excitados. Aunque ahora no importaba, porque todo lo que necesitaban era sentir más, así que esta vez fue Rin quien subió por su espalda, y deslizó las manos por su cabello para acariciarlo con gestos descuidados pero tan necesitados, que Yukio suspiró complacido.
Por ello, el megame deslizó la lengua por su boca, para besarlo con ese tipo de gestos rudos donde se movió de manera demandante mientras el peliazul debió tirar la cabeza hacia atrás, para intentar seguir la intensa unión. En el proceso algo de saliva resbaló por la comisura de sus labios, aun mientras su boca seguía ocupada.
El mayor estaba tan absorto en la manera como esa húmeda intrusa acariciaba lo que tenia al alcance, que no se dio cuenta de la mano que comenzó a desabrochar su camisa. Ahí unos largos dedos se tomaron su tiempo en deshacer cada botón, con ese tipo de gestos pacientes y meticulosos que lo caracterizaban, hasta que pudo tocar la pálida piel ahora expuesta.
El roce erizó a Yukio, porque sentía esa suave y inmaculada textura quemarlo, sin embargo apenas apoyó completamente la mano, Rin lo empujó. Por ello el beso se rompió con un sonido húmedo y hasta obsceno, mientras un camino de saliva los separó.
Nii-san lo miró sorprendido, ya que de un momento a otro se encontró medio desnudo. Quizás todavía tenía la camisa puesta, pero eso no evitó que mirara su estado antes de encarar al otro. Sus manos que descansaban en los brazos ajenos, estrujaron la camisa de su hermano una vez frunció el ceño.
—T-tú…Nhhh— jadeó al ladear la cabeza con un vergonzoso rubor en las mejillas, cuando el más alto movió la cadera.
—No la he…quitado— señaló Yukio con una sonrisa arrogante y una mirada predadora que lo hacían lucir como el demonio que era.
Rin no se dio cuenta de la manera como los ojos contrarios bajaron por su pecho desnudo, ni siquiera pareció percibir que para el castaño tenerlo así era la cosa más caliente que había hecho hasta ahora.
Porque Yukio se sentía complacido por saber que sus toques lo excitaban. Durante un incomodo momento se preocupó porque eso no ocurriera, después de todo Nii-san es despistado y suele distraerse con facilidad. Por eso, en un momento su atención está puesta en algo, y al siguiente instante lo perdía sin poderlo evitar.
Lo cual además de ser sumamente frustrante, también podía enloquecerlo en menos de un segundo, pero ahora una sonrisa lasciva y autosuficiente curvó sus labios, ya que sin pensarlo demasiado meció la cadera. Eso fue suficiente para que ambos cerraran los ojos, debido a esa inesperada descarga de placer. Donde la sonrisa del menor no desapareció, en realidad ese gesto arrogante hizo que Rin afilara la mirada.
Después de todo, el peliazul sintió el impetuoso deseo de querer borrar la sonrisa que lo puso en esta situación tan vergonzosa. Pero cuando iba a hacer algo, el roce directo contra su hombría lo dejó sin aire.
—Nii-san— jadeó Yukio al inclinarse y besarlo.
Tal vez el menor "lo engaño" pero había algo excitante en saber que también podía ponerlo en este estado, donde incluso Rin sentía cierta superioridad en saber que si decía que se detuviera, el menor iba a obedecer.
Sin embargo, el bastardo lo confundía al embriagarlo con esas emociones y las caricias que iban subiendo de nivel. Maldición, hacia tanto calor, estaba casi tentado a pensar que Yukio estaba usando su fuego. Pero en medio del beso se olvido de todo, porque era casi obsceno y tan lujurioso que además de ahogarlo con el arrebatador gesto, Rin abrió grandes los ojos cuando sintió un inesperado roce en su cinturón. Por eso sintiéndose alarmado, se alejó.
El beso volvió a romperse, pero Yukio lo observó con una expresión oscurecida por el deseo, ya que notó que Nii-san estaba terriblemente sonrojado.
Tan lindo.
—Yu… ¿Qu-que?
El megame no se detuvo, tuvo el descaro de deslizar su mano por su entrepierna, para acariciarlo por encima del pantalón. Por ello el peliazul apretó sus brazos, mientras un jadeó entrecortado escapó sin permiso de sus labios. También empezó a temblar ligeramente, lo cual no sólo consiguió que Yukio gruñera en un gesto posesivo, sino que sintió su corazón golpear salvaje.
—¿Qué sucede?— preguntó al inclinarse y hablarle al oído— ¿No se siente bien?
—Esto…no…no… ¡Ahhh!
Acababa de gemir.
Su voz sonó tan extraña, que Rin se tapó la boca con las manos. Después de todo era un tono lujurioso que lo hizo sentir totalmente expuesto. También comenzó a sentir un súbito frenesí, y esa extraña sensación de estar mareado por tantas emociones. Sin embargo, nada de eso importó porque ahora Yukio se movió para verlo a los ojos, mientras una expresión satisfecha lo envolvió.
—Estás duro— señaló descarado al apretarlo un poco.
Rin lo miró con reproche, pero sin soltar su boca. De haber podido hablar le hubiera dicho que se encontraban en la misma situación, pero las palabras se volvieron suspiros entrecortados, cuando su hermano comenzó a besar su cuello.
—Quiero oírte— pidió al marcar el camino con la lengua— ¿No me dejas? Tienes una bonita voz.
Sus palabras también tenían un tono ronco y excitado, que sólo avivaban las sensaciones, las encendía como una hoguera. Pero el mayor se negó a dejar libre su boca, quizás por terquedad, o porque de verdad no podía. Quizás eran ambas. Porque el toque de Yukio lo tenía prisionero y temblando bajo su cuerpo.
—Nii-san— suspiró al bajar por su pecho con besos que hacían latir el corazón de Rin como si quisiera salirse de su pecho.
Se sentía húmedo, sin embargo cuando lamió uno de los botoncitos sonrosados con la punta de la lengua, el peliazul tiró la cabeza hacia atrás y flexionó ligeramente las piernas, en respuesta a esa boca que se cerró sobre su pezón. Yukio lo miro sin apartarse, pero se sacudió con ese atrayente semblante, uno que lo hacía anhelar más. Así que lo mordió un poco, sólo para oír esos sonidos amortiguados, y sentir su cuerpo arquearse contra el suyo.
Así que buscando más, se movió para acobijar el otro botoncito. Mientras lo hacía movió las manos, para atrapar las de su hermano. Ahí lo obligó a bajarlas, y en respuesta Rin apretó los puños aunque su resistencia se perdió apenas lo mordió.
—¡Nhhhh!
Ah sí. Eso quería. Oírlo así, de esa manera tan necesitada por él.
—Yukio— gimió al ladear la cabeza algo avergonzado, mientras el más alto hizo algo completamente excitante al lamerlo.
—Nii-san.
Llamó sin motivo, lo hizo porque podía, porque le encantaba como esos bonitos ojos azules buscaban los suyos cuando lo hacía. Pero sobre todo, porque ese rostro sonrojado y la expresión incierta lo hacían lucir un virginal e inmaculado semblante, uno que empujaba la parte más racional de su cerebro por la borda. De hecho, casi podía sentir un diabólico deseo nacer, ya que quería ensuciarlo sin importarle si perdía esa inocencia fugas.
Aunque tampoco iba a negar que el impulso se mezclaba con esa parte oscura, que se extasiaba con la idea de poder marcarlo como suyo. Así que cuando el mayor volvió a ladear la cabeza, Yukio colocó una mano en su mandíbula y lo obligó a girar una vez llegó a su altura.
En cuanto se miraron lo beso sin dudar, fue hambriento, agresivo y tan íntimo, que ambos jadearon. El megame incluso apretó su mandíbula para que abriera la boca. En respuesta Rin respondió con la misma intensidad, incluso mordió su labio inferior por lo que Yukio gimió.
Fue fascinante, incluso Rin movió las piernas de tal manera que arrancó otro gruñido. Sin embargo, embriagado por las sensaciones, el más alto bajó hasta encerrarlo por completo contra el colchón y su cuerpo.
El calor entre ambos y ese lento pero seguro vaivén, los impulso a buscar más. Pero lo que hizo a Rin entrar en pánico, fueron los delgados y largos dedos que volvieron a rozar su cinturón. Al principio apenas y lo tocaron, pero luego empezaron a desabrocharlo.
Por eso intentó empujar otra vez a su gemelo, pero él no se movió. Tampoco dejó de besarlo, así que lo ahogó con ese sensual toque que lo hizo sonrojar violentamente.
Eventualmente Yukio le permitió respirar, pero sólo cuando empezó a pelear por aire. En ese momento Rin se movió un poco, mientras cerró los ojos y respiró con fuerza. De sus labios salió un aire caliente, y los sonidos más invitantes que el menor jamás había escuchado. Era una de las imágenes más sexys que había visto, por lo que imaginar un semblante más decadente hizo que se lamiera los labios.
Todo en Nii-san lo llamaba como un imán, tanto que estaba siguiendo cada una de sus reacciones. Pero sobre todo, remarco ese rostro sonrojado y los ojos azules que estaban ligeramente nublados por el placer.
Por ello, Yukio detalló en el pecho expuesto y las marcas rojizas que había dejado en la pálida piel. Sabía que por ser él quien las hizo tardarían más en desaparecer, pero al final la regeneración demoníaca las borraría. Por eso quería dejar mas marcas, aunque vagamente se preguntó si la regeneración actuaria en todas un pensamiento que había estado rondando en su cabeza cada vez con más frecuencia, quizás porque eso lo estremecía, o porque la idea sonaba jodidamente tentadora.
¿El peliazul seria virgen para siempre? ¿O por ser él mismo un demonio, lo marcaría como suyo?
Necesitaba averiguarlo.
—¡Espera!— pidió Rin alarmado cuando el sonido del cierre de su pantalón pareció llenar la habitación sobre esos pequeños gemidos, y el leve crujido de la cama cuando alguno de los dos se movía.
Por reflejo atrapó la mano de su gemelo, y se aferró a ella como si la vida dependiera de ello.
—Confías en mí ¿cierto?— masculló, sin importarle demasiado la extremidad que se cerró alrededor de su muñeca.
Pero mientras el otro respondía, se movió muy despacio hacia la ropa interior. Hizo un par de pausas, pero sólo por los leves tirones de su hermano que pretendían detenerlo, pero nunca abandonó su camino.
—Per-o…pero…Yukio…—jadeó al cerrar los ojos, cuando esa mano descarada se deslizó bajo sus bóxers y toco directamente su despierta hombría.
—¿Se siente bien?— susurró.
El peliazul intentó cerrar las piernas por reflejo, por lo que el otro demonio sonrió complacido. Tocarlo de esta manera no era tan extraño como sostenerse a sí mismo, pero su respiración se desquebrajo por sentirlo así de excitado y entregado.
—Yukio…Ahhh— llamó otra vez, y era por mucho el sonido más caliente que había escuchado hasta ahora.
Aunque el megame no tuvo tiempo de apreciar debidamente su expresión, porque Nii-san colocó su mano libre en su nuca y lo jaló para que se besaran. Rin todavía tenía su otra extremidad en su muñeca, quizás en esa terca y obstinada actitud en la que se negaba a hacerle las cosas fáciles, pero apenas se separaron, Yukio respiró sobre esos delgados contornos sonrosados para verlo caer cada vez más y más, en un estado del que ya no podía escapar.
—Estás mojado— señaló Yukio al morder su oreja— ¿Qué quieres que haga?
Lo estaba torturando y lo sabía, pero no importaba, necesitaba que fuera Nii-san quien le digiera lo que quería, pero sobre todo, quería que le digiera que le quitara los pantalones. Porque no tenía espacio, y Rin lo sabía, de esta manera no podía tocarlo tanto como quería.
—Dime Nii-san— pidió suave, con ese tono gentil y sensual que hizo gimotear al otro— Dime.
—Yo…yo no…s-se…Nhhh~
—Si sabes, dime— incitó tras mover la mano sobre esa dura hombría. Lo hizo de tal manera que Rin se arqueó otra vez— ¿Quieres que te quite el pantalón?... Puedo hacer eso. Quiero que te sientas bien.
El mayor había pasado a abrazarlo por la espalda, lo hacía con fuerza mientras soltaba esos sexy's ruiditos en su oído. Era una imagen tan atrayente, que Yukio sintió un tirón en su hombría.
—Yukio…— suplicó— Yo quiero….qu-e…también te si-sientas…Nhhh…Ahhhh…. Que te sientas bien.
…Oh Dios.
El castaño abrió grandes los ojos, mientras sintió algo romperse. Casi podía jurar que era lo último de su autocontrol. Después de todo Nii-san le estaba dando permiso ¿cierto? La idea de llegar más lejos hizo que tragara duro, en especial cuando su hermano estiró una mano temblorosa y tocó de manera muy superficial su entrepierna. También lo apretó un poco, así que gruñó entre dientes, mientras una expresión cazadora surco sus ojos.
—De acuerdo— dijo con la voz ronca.
Ambos se habían estado moviendo uno contra el otro, sin poder llegar más lejos. Por ello, suaves gemiditos llenaron la habitación, mientras una sensación intima y cómoda los acobijo. No iban a negar que estaban algo nerviosos e inquietos, quizás demasiado, pero era ese tipo de estremecimiento que surge ante una situación nueva. Pero que no implicaba que sea un sentimiento malo.
Pero mientras el corazón les palpitaba con fuerza en el pecho, Rin abrió grandes los ojos cuando esos ojos azules encontraron los suyos. En ese instante, la sorpresa que lo invadió hizo que abriera la boca sin que las palabras pudieran salir. Estaba demasiado sorprendido para hacerlo, ya que Yukio colocó ambas erecciones juntas.
Atontado por la situación, Rin gimoteó una vez el menor se movió. Él no había dejado de mirarlo, seguía pendiente de cada una de sus expresiones en caso que no quisiera o se sintiera incomodo. Pero por fortuna, Nii-san cerró los ojos mientras un sensual sonido escapó de sus labios.
Rin ni siquiera se dio cuenta que Yukio le bajó un poco el pantalón, para poder moverse con facilidad. Hubiera sido mejor si ninguno de los dos tuviera pantalones, pero no tenían tiempo para quitárselos. El mayor tampoco pareció notar cuando se bajó ligeramente sus propios pantalones, pero fue un detalle intrascendente. Pues el megame guío una de sus manos para que ambos se sostuvieran.
—Ahhhhh
De esa manera comenzaron a resbalar con facilidad. Estaban mojados, duros y tan cerca, que el castaño buscó esos adictivos labios y los besos con fuerza, y hambre apenas contenida. A cambio Nii-san jadeó en su boca y respondió con torpeza mientras tembló.
—Te quiero.
Tan lindo.
Yukio gimoteó en un gesto estrangulado, pues entre besos torpes, su hermano lo abrazó con su mano libre. No era una posición cómoda, porque estaba cargando con todo su peso sólo con un brazo, pero pareció un detalle insignificante frente a lo que sucedía. Ya que sentía que podía morir de un momento a otro.
—Córrete.
Rin lo miró sorprendido, sintiendo que de verdad podía venirse sólo con eso, porque esto comenzaba a ser demasiado. La sensación de estarse tocando de esta manera lo estaba poniendo dolorosamente excitado. Sin embargo, cuando esos penetrantes ojos azules lo aplastaron con su intensidad, sólo pudo sentir que ese incierto pero excitante cosquilleo se centro en su pelvis.
—Quiero verte— jadeó Yukio sobre sus labios, y apenas en un hilo de voz— Córrete Nii-san.
Él mismo no podía soportar mucho más, la mano de su hermano estaba en su erección, lo tocaba de una manera que no creía que sería posible, y en una situación que sólo había soñado desde que descubrió que lo quería de esta forma, que lo quería de todas las formas posibles. De hecho quería ser dueño de cada una de sus partes. Las estúpidas, las bonitas, las oscuras, las lascivas, las graciosas, quería todo de él.
—Ahhhh….Yukio— lloriqueó Rin.
Sin embargo, para el peliazul esto era injusto. Así que con el rostro caliente, y sintiéndose sumamente avergonzado, lo jalo de repente y escondió el rostro entre la curvatura del cuello y su hombro. Su gemelo no tuvo tiempo de reclamar, ya que lo mordió sin aviso.
Pero apenas Rin hundió los colmillos en su piel, se vino con espasmos blancos que curvaron su espalda. No había sido su intención morder al otro demonio, pero la situación lo abrumo tanto que fue un impulso. Aunque como si eso desencadenara algo, el megame no tardo en seguirlo.
El orgasmo fue como si el mundo se desdibujara, por lo que pronto lo único que existía era ese delicioso mundo del éxtasis. Fueron los jadeos y suaves suspiros lo que los devolvieron a la realidad, donde el calor del cuerpo contrario nunca los abandono. Para este punto Yukio prácticamente lo estaba aplastando, por lo que se movió apenas un poco para mirarlo a los ojos. Algo tímidos en un principio, se sonrieron hasta que volvieron a besarse en un gesto perezoso.
Nii-san había hecho trampa, Yukio quería verlo apropiadamente mientras se venía, pero no había podido evitarlo. Maldición, incluso había algo vergonzoso en haberse corrido tan rápido, sin embargo el menor no pudo pensar demasiado en ello, porque apenas se movió un poco para darle espacio, vio algo que le quitó el aire.
…se había venido sobre su hermano, sobre su abdomen y parte del pecho.
Por eso su mirada volvió a oscurecerse, y en ese momento supo que iba a tener que disculparse, porque ya no podía parar.
CONTINUARA:
Ann: Sorry, sorry, sorry, sorry ~(=¬=)~
Ro: Tienes suerte que pudiéramos escapar =¬=, pero no se cuanto tiempo podremos seguir así. Ya estoy vieja para esto TT^TT
Ann: Sólo un poco mas oO, el próximo es el final TT-TT ¡Mi Fic se acaba TT^TT! (rincón oscuro)
Ro: Hai, hai, eso tenía que suceder o.o
Ann: TT^TT
Ro: xDU, Ok, una última cosa, Ann no ha estado muy bien de salud. Y aunque no lo acepta, en realidad influyo mucho en que no actualizara rápido, así que se demorara un poquito en responder sus hermosos mensajes n-n.
Ann: Mi Fic TT^TT
Ro: xD
Oks, por el momento nos despedimos n-n. Como saben el Fanfiction esta colocando los anónimos como Guest oO, así que no sabemos quienes escriben. Por favor coloquen sus nicknames para poder responderles adecuadamente n—n.
De acuerdo como hay una estúpida norma en el FanFiction que impide contestar los Reviewer en el Fic ¬¬XXX, lo hare en mi profile n-n.
Para llegar al profile sólo tienen que ir a la parte superior donde dice Autor: Ann Saotomo. Bueno, ya saben PERSONAS ENCANTADORES QUE SE TOMARON LA MOLESTIA EN ESCRIBIRME VALLAN A MI PROFILE PARA VER SUS RESPUESTAS n-n
NOTA: QUIENES ESTAN REGISTRADOS EN EL FANFICTION, LES ENVIE LAS RESPUESTAS A SUS RESPECTIVAS CUENTAS oO, SI ALGUIEN NO LA RECIBIÓ POR FAVOR AVISAR! (Aunque si tienen bloqueada la opción para enviar mensajes o.o, entonces lo pongo en mi profil)
Para dejarme un Reviewer escriben dentro del rectángulo que esta aquí abajo n.n, no hay necesidad de estar registrado en el Fanfiction para hacerlo u.u, o si prefieren me escriben a mis e-mails los cuales encontraran en mi Profile.
Se despiden:
Ann: Sorry, sorry, sorry, sorry ~(°¬°)~
Ro: ヘ(°¬°ヘ) (ノ°¬°)ノ ヘ(°¬°ヘ) (ノ°¬°)ノ
Ann y Ro: xDDDDDDDDDDDDD
PD: No se olviden de visitar el canal de Youtube, y el Facebook XDD. Nuevos videos e imágenes °-°
