Nota de autora: antes de nada, dos cosas: primero, siento mucho la tardanza (ha sido un día muy intenso y he tenido algunos problemillas para subir el capítulo, ya que soy relativamente nueva en esto xD) y espero que la espera haya valido la pena con este nuevo capítulo :) Segundo, quiero decir que me alegra mucho que os guste :D La verdad es que no suelo leer fanfic en español, porque la mayoría son en inglés (además, así lo refuerzo ;D xD). Pero siempre me ha gustado la gramática, por lo que intento ser muy cuidadosa con esto. Además, creo que es el primer paso para atraer a un público :)
P.D.: He reeditado este capítulo porque tenía algún que otro error. Pero no os preocupéis, los errores eran de carácter ortográfico y gramatical, así que estos pequeños cambios que he hecho no afectan al curso de la historia. Es sólo que soy bastante perfeccionisra y me gusta hacer las cosas bien. Perdonad las molestias.
Bueno, ahora sí: os dejó con este intenso y maravilloso capítulo. A mí me ha gustado mucho escribirlo y espero que os guste también a vosotros ;)
Leed, disfrutad y comentad, por favor. Bye.
Indominus Rex
Cuando Claire vio a Owen salir del bungaló casi diez minutos después, se preparó para un viaje incómodo.
Mientras el hombre bajaba las escaleras y se dirigía al Mercedes, pudo ver que iba vestido como solía hacerlo para ir a trabajar: pantalones oscuros y algo ajustados; una camisa gris de montañero, remangada justo por encima de los codos; un chaleco marrón de cuero y unos zapatos oscuros.
Owen entró en el coche y se sentó en el asiento del copiloto. Antes de arrancar el motor, Claire notó que el cabello del hombre aún estaba húmedo. Y sin darse cuenta, se encontró pensando en lo atractivo que ello le hacía estar. Y, por supuesto, en lo atractivo que era.
Se obligó a volver a la realidad mientras daba marcha atrás para dar la vuelta. Entonces, condujo en dirección al complejo.
El ambiente estuvo algo tenso de camino al recinto del nuevo dinosaurio. Sobre todo cuando Owen le tomaba el pelo a Claire y ella le lanzaba miradas heladas. Él quería que ella aflojara un poco y se relajara; que no intentara controlarlo todo. Sin embargo, ella seguía sin ceder, por lo que se dedicó a ponerle al día con el nuevo activo.
—¿Nunca te relajas, Claire? —la interrumpió de pronto, después de casi media hora de monólogo de la mujer. Ella no pudo evitar estremecerse al oír su nombre salir de sus labios. Siempre le había gustado cómo sonaba su nombre pronunciado por Owen. No obstante, revivir aquellos viejos sentimientos no le estaba sentando demasiado bien. En realidad, le ponía de mal humor.
—Soy una mujer muy ocupada. —Consiguió que su voz sonara fría e inexpresiva, manteniendo así la distancia entre ambos—. No tengo tiempo para relajarme.
—Si mal no recuerdo, sacaste tiempo para mí una vez —le dijo. Una sonrisa arrogante asomaba por sus labios.
—Por lo visto no fue una gran idea —murmuró Claire.
—Tal vez deberías replantearte tus prioridades. Deberías probar a trabajar para vivir, en lugar de vivir para trabajar, ¿no crees?
—No necesito que un entrenador de velociraptores me diga cómo vivir —le espetó, vocalizando lentamente cada sílaba con furia, ofendida.
—Bueno, creía que debías saber que la vida es algo más que el trabajo.
—Pues creías mal. —Le lanzó una breve, pero intensa, mirada. Fría y dura. Su rostro comenzó a adquirir un tono rosado que parecía cambiar poco a poco a rojo, provocado por la rabia—. Para tu información, estoy total y absolutamente satisfecha con mi vida.
Sin embargo, el comentario de Owen le hizo pensar en sus sobrinos y en la conversación que había tenido con su hermana Karen una hora atrás.
Para empezar, no había visto a Zach y Gray en años. Ella quería a su hermana y a sus sobrinos, pero el trabajo la había absorbido los últimos años hasta el punto de desplazar a su familia a un segundo lugar. Sin embargo, como le había prometido a su hermana, mañana dedicaría todo el día a los chicos.
Por otra parte, Karen parecía convencida de que a Claire le llegaría el día de ser madre. Pero ella no lo tenía tan claro. Como muy bien le había dicho Owen, su vida era su trabajo. Y hasta ese momento no lo había pensado, pero él estaba removiendo algo dentro de ella. Claire nunca había tenido mucha maña con los niños. Y, ahora que lo pensaba, no le gustaría envejecer sola.
Agarró con firmeza el volante, sin apartar la mirada de la carretera, y se obligó a empujar lejos sus pensamientos y a enterrarlos junto a sus sentimientos en lo más profundo de su ser.
Como había hecho hasta aquel día.
No era el momento de pensar en aquello. Ahora, lo más importante era centrarse en el nuevo activo.
Quince minutos más tarde Claire pudo respirar tranquila cuando llegaron a su destino. Al menos allí, en el complejo, no tendría que aguantar las tonterías de Owen, ya que tenían trabajo que hacer.
—Llevamos meses con la venta anticipada de entradas —le dijo Claire a Owen cuando se bajaron del coche—. El parque necesita una nueva atracción cada pocos años para reavivar el interés del público. —Lo guió hacia las escaleras de metal que conducían a la sala de control del recinto mientras él echaba un vistazo a los altos muros que estaban siendo reforzados, si cabía—. Algo parecido al programa espacial.
Owen la siguió y subió las estrechas escaleras tras ella.
—La Corporación pensó que la alteración genética —continuó ella informándole, casi sin respirar. El hombre pensó que si él llevara el ritmo tan estresante que Claire seguía se volvería loco. Y estaba seguro, como ya le había comentado, de que a ella no le vendría nada mal descansar un poco y disfrutar más del regalo de la vida— aumentaría el factor sorpresa.
—Eso está asegurado —coincidió Owen, que por un momento se asombró de la agilidad con que la mujer subía las escaleras con aquellos tacones, aunque agarrada a la barandilla—. Son dinosaurios.
—Nuestros grupos de sondeo no dicen lo mismo —le explicó, haciendo una mueca de consternación que él no pudo ver—. El Indominus Rex nos hace de nuevo relevantes.
Al escuchar el nombre del nuevo dinosaurio, Owen no pudo evitar soltar una carcajada mientras la miraba.
—¿El Indominus Rex?
—Queríamos algo que diera miedo y fuera fácil de pronunciar. —Por fin llegó Claire arriba y se dio la vuelta con gracia para ver cómo Owen subía los últimos escalones y se detenía junto a ella—. Escucha a un crío de cuatro años intentando decir Arqueonitomimo —le espetó. Y entró en la sala.
—Tú no te has oído a ti —le dijo en tono de burla antes de seguirla dentro, sin saber si Claire ignoró el comentario o, simplemente, no lo había escuchado.
A su izquierda la sala era bastante amplia, con forma rectangular. La puerta estaba en una esquina y, frente a ella, había un monitor que seguramente controlaba a la Indominus Rex. Y un segundo a la misma altura que éste último, pero en el otro extremo. Salvo la pared de la puerta, el resto estaba lleno de ventanales por los que asomaba la maleza de la enorme jaula en la que estaba encerrado el dinosaurio. Al fondo de la sala había un trabajador sentado en una silla y con un casco azul de seguridad, controlando otros monitores de ordenador.
Claire se acercó al monitor de pantalla táctil más cercano a la puerta y comenzó a teclear mientras Owen se asomaba en busca del animal.
—¿Con qué lo habéis hecho? —Su voz le llegó desde casi el otro extremo de la sala.
—Pues, el genoma base es del Rex. —Notó cómo Claire se ponía nerviosa al tocarse brevemente el pelo y con la mirada perdida en la maleza, evitando mirarle—. El resto es confidencial.
Owen la miró sorprendido. También ella se volvió hacia él, intentando no perder la compostura, algo raro en ella, salvo cuando se trataba de aquel irritante hombre.
—¿Tenéis un dinosaurio nuevo y tú no sabes lo que es? —Volvió a mirar por el ventanal. Le pareció extraño tanto secretismo.
—El laboratorio nos entrega activos terminados y nosotros los mostramos —le dijo irritada, sosteniéndole la mirada cuando él volvió la vista hacia ella—. ¿Podemos alimentarla, por favor? —dijo, para cambiar de tema.
El empleado obedeció y tecleó en su pantalla.
—¿Cuánto tiempo lleva ese animal aquí? —preguntó Owen mientras esperaban.
—Toda su vida.
—¿Nunca ha visto nada fuera de esas paredes?
—No podemos sacarla de paseo —le contestó, pensando en lo estúpida que le parecía aquella pregunta.
—¿Y la alimentáis con eso? —Señaló un enorme trozo de carne que colgaba de una grúa en movimiento frente a ellos, entre la maleza.
—¿Hay algún problema? —Claire lo miró como si fuera un bicho raro. ¿A caso todo lo que había allí le parecía mal a aquel hombre?, pensó para sí misma.
—Un animal criado en aislamiento no es precisamente el más funcional —contestó sin mirarla, esperando aún a que apareciera la Indominus Rex.
—Tus raptores han nacido en cautividad.
—Con hermanos —puntualizó él, volviéndose y acercándose un par de pasos hacia ella—. Aprenden a vivir en sociedad. Y yo les dejó una impronta en cuanto nacen. —Se detuvo de nuevo y añadió—: Hay confianza. Este animal la única relación positiva que tiene es con esa grúa. —La señaló con el dedo una vez más—. Al menos sabe que eso es comida.
—De manera que necesitaría un amigo —dijo Claire, caminando en dirección a Owen, pero con la vista puesta en la grúa por si aparecía la Indominus Rex—. ¿La sacamos para que juegue con otros animales? —le dijo con sarcasmo, deteniéndose. Le pareció extraño que aún no hubiera aparecido el dinosaurio.
—No me parece buena idea.
Claire golpeó el vidrio, como si así fuera a conseguir que la Indominus Rex apareciera.
—¿Dónde está? —murmuró, buscando con la mirada entre la maleza, sin éxito.
—Habrá bajado al sótano —bromeó Owen—. ¿Hay escaleras? A lo mejor está en la sala de billar. —Pero ella no le estaba escuchando. Frunció el ceño, preocupada.
—Estaba aquí —dijo, acercándose al otro monitor que estaba más cerca del empleado—. Acabamos de estar aquí. —Se refería al señor Masrani y a ella. Tecleó en la pantalla y esperó.
No tardó mucho en sonar una débil alarma, con una señal de advertencia en el monitor y en las pantallas que había en la zona de trabajo del empleado que decía: "NO SE DETECTAN SEÑALES TÉRMICAS". No era lo que Claire esperaba.
En absoluto.
El trabajador giró su silla hacia su mesa de trabajo y tecleó en el ordenador, no sin antes llevarse a la boca un trozo de bollo.
—No puede ser —dijo el empleado, con la boca medio llena y sin dejar de teclear—. Estaba aquí hace un momento. Debe de haber un fallo en el sistema.
Pero seguía sin haber señal térmica, por lo que lo único que se le ocurrió al hombre fue mover su silla de oficina hacia el ventanal y asomarse.
Claire aún estaba atónita cuando le llegó la calmada voz de Owen desde el otro extremo de la sala, como si aquello fuera tan sólo una pequeña avería sin importancia:
—¿Cuánto tiempo llevan ahí esas marcas?
La mujer se giró hacia él, que estaba asomado al ventanal que daba al muro y señalaba algo con el dedo.
Se acercó sólo un par de pasos y lo vio: el muro estaba lleno de marcas de garras.
—¿Crees que...? —susurró, dándose cuenta de la magnitud del asunto—. Oh, Dios mío —exclamó, impactada. Pero no se quedó quieta y comenzó a dar órdenes, haciendo un gesto behemente con la mano mientras caminaba con urgencia hacia la puerta—: En su día le pusimos un implante. Llama a Unidad de Control y que la rastreen. Tenemos que encontrarla. Y manda a un par de operarios ahí abajo —le ordenó al empleado—. Owen, ven conmigo. Vamos a echarle un vistazo.
Él obedeció sin contradecirle y la siguió.
Entraron al recinto cercado por una puerta acorazada que Claire abrió con la huella de su mano después de teclear en la pantalla táctil. La puerta se cerró tras ellos. Cuando se dirigieron al muro donde se encontraban las marcas, vieron a los dos operarios ya allí. Uno era bajo y delgado. Y el otro era bastante más grande y pesado. Ambos llevaban sus cascos blancos de seguridad.
Una vez junto al muro, los cuatro miraron hacia arriba, intentando imaginarse la escena.
—¿Cree que ha podido escalar el muro? —le preguntó uno de los empleados a Owen.
—Eso depende.
—¿De qué?
—Del tipo de dinosaurio que hayan podido fabricar en ese laboratorio —contestó pensativo, sin apartar la vista de la cima del muro.
Claire puso su atención en las marcas del muro. Frunció el ceño, extrañada.
—Owen, mira esto. —Le señaló las marcas a su altura. Él estaba tocándolas en aquel momento, también sorprendido—. ¿No te parece extraño?
—¿La superficialidad de las marcas? —Claire asintió—. Lo cierto es que no tiene sentido. Deberían ser marcas profundas.
En ese momento se escuchó una voz por uno de los walki talkies del empleado más cercano a Claire, quien se encontraba junto a Owen:
—Ha hab... rror. Sal... ahí de... to. —Pero no se entendió nada a causa de las interferencias.
—¿Crees que podria...? —Pero dejó la pregunta en el aire, sabiendo que Owen estaba pensando lo mismo que ella. Lo miró a los ojos con el terror reflejado en ellos, sintiendo que el corazón se le detenía por un segundo.
El operario cogió su walki talkie y apretó el botón.
—Por favor, ¿puedes repetir? No te he entendido.
—¡Está aquí! —aseguró Owen.
—¡Tenéis que salir de ahí de inmediato! —Claire reconoció la voz urgente y temblorosa de Vivian—. ¡Está ahí dentro con vosotros!
A Claire se le heló la sangre. Ya no sólo era una suposición. Era real. Habían localizado a la Indominus Rex y estaba allí dentro con ellos.
Notó cómo se le erizaba el escaso bello de los brazos y se quedó paralizada por un segundo hasta que escuchó la voz de Owen:
—¡Corred!
Sintió cómo él le agarraba de la mano y tiraba de ella, mientras uno de los empleados corría con todas sus fuerzas delante de ellos, abriendo el camino hacia la puerta acorazada, en dirección contraria al muro.
Corrieron veloces; el operario más pesado el último, tras Owen y Claire. Pero se detuvieron en seco unos cincuenta metros después al sentir el temblor del suelo y ver aparecer a la Indominus Rex frente a ellos.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Claire. Estaba absoluta y totalmente aterrada. Aquel dinosaurio era enorme y aún no había alcanzado su altura máxima. Sus ojos rojos de reptil eran terroríficos y sus enormes y afilados colmillos dejaron a Claire petrificada. El rugido que la bestia lanzó fue lo más aterrador que la mujer hubo visto en toda su vida.
Con agilidad y rapidez, Owen tiró de ella en la dirección opuesta, hacia el muro. Con sorpresa, vieron que el empleado más pesado se había quedado atrás y había abierto el portón. El trabajador se escabulló entre las puertas sin esperar a que se abriesen del todo.
Owen guió a Claire hacia la salida. Tal vez, si se daban prisa, tuviesen una oportunidad de sobrevivir.
Tras ellos escucharon el rugido de la Indominus seguido del grito aterrador del operario y después cómo lo devoraba. Aquello impulsó a la pareja a correr más veloz, si cabía.
Claire no sentía —seguramente debido a la adrenalina— el dolor que debían de producirle los tacones ni el dolor en las piernas por correr tan rápido como no lo había hecho en su vida.
No.
Lo único que sentía eran sus piernas temblorosas. Ya no sabía si eran las zancadas del dinosaurio o el terror que le infundía. Seguramente, ambas cosas. De cualquier modo, si no fuera por Owen ella habría caído al suelo o, simplemente, no se habría podido mover desde el primer momento en que sintió el miedo corriendo por sus venas.
Sin embargo, la suerte no parecía estar de su lado. Ambos vieron cómo las puertas detenían su apertura para comenzar a cerrarse. Habían sido invertidas. Y con razón: el recinto debía volver a sellarse. Pero aquello aterrorizó aún más a Claire. ¿Y si no lo conseguían? ¿Y si quedaban atrapados allí dentro con la Indominus Rex? No vivirían para contarlo. Pensar siquiera en ello casi la hizo tropezar. Pero Owen la sostenía con firmeza y consiguió mantenerla estable.
Ninguno de ellos se detuvo en su carrera por la supervivencia; supervivencia que se encontraba a tan sólo unos metros que se asemejaban kilómetros, más allá del portón aún abierto.
Finalmente, consiguieron pasar por un pequeño hueco y, sin detenerse, Owen guió a Claire hacia una camioneta mientras todos los empleados huían aterrorizados. El animal no se detuvo, por lo que se estrelló contra las puertas casi cerradas. Aunque quedó atrapada por un momento, lo que le hizo ganar tiempo al dúo, el portón quedó destrozado.
Se detuvieron medio derrapando a causa de la velocidad.
—¡Debajo! —le ordenó Owen a Claire, quien obedeció sin rechistar. Él la siguió y quedaron ambos boca abajo.
La Indominus Rex consiguió liberarse y se acercó a los automóviles, donde se encontraban ambos.
El hombre la miró y le hizo una señal de silencio llevándose un dedo a los labios, pero sin producir sonido alguno. Con la otra mano aún sostenía la de Claire. Fue entonces cuando notó que la mujer temblaba de miedo. Decidió darle un suave apretón para infundirle seguridad. Ella le dedicó una mirada de agradecimiento y Owen pudo apreciar el terror también en sus ojos.
Desde su posición pudieron ver al operario que había abierto el portón escondido tras una furgoneta blanca. Su rostro reflejaba también el terror infundido por aquel enorme animal. Owen sabía que él se encontraba en una situación aún peor que la de ellos dos, pues la Indominus Rex estaba ahora junto a su vehículo.
Fueron los segundos más largos, tensos y aterradores de sus vidas, hasta que la Indominus lanzó la furgoneta por los aires, cayendo cerca de la camioneta bajo la que se encontraban Owen y Claire y dejando al aterrorizado hombre a la vista. Anticipándose a lo que iba a ocurrir a continuación, Owen tapó con su mano libre la boca de Claire, quien cerró los ojos en el momento exacto en que la enorme boca llena de afilados dientes de la Indominus Rex se precipitaba sobre el empleado del parque.
Owen notó las lágrimas de Claire aterrizar en su mano y cómo ella gemía de puro horror contra su piel áspera. La sintió acurrucarse contra su pecho mientras aquel depredador devoraba a su segunda víctima.
Owen pudo ver la sangre entre los colmillos de la bestia, deslizándose por su mandíbula. No quería que ellos acabaran como aquel pobre hombre, sirviendo de aperitivo para el feroz animal, así que apartó con rapidez su mano de la boca de Claire y le indicó con gestos que se pusiera boca arriba.
Ella obedeció mientras Owen, ya boca arriba, se sacaba del bolsillo trasero de los pantalones una navaja. Con ella cortó un tubo del coche y se la volvió a guardar. Le salpicó un poco de aceite en la cara, mezclándose con su sudor. Sin perder un solo segundo, se frotó con el aceite por el cuello, los brazos y todo el torso.
Roció también a Claire con el aceite. Ella, con manos temblorosas, se frotó también por el cuello, los brazos, el pecho y el vientre para extenderlo bien. Sabía que aquello borraría su olor y los camuflaría.
Podría salvarles la vida.
Se quedaron muy quietos. Claire fuertemente abrazada a Owen y con el brazo derecho de él rodeándole los hombros para acercarla más a él. Con su mano izquierda ella se agarró con fuerza al hombro de Owen.
La Indominus se acercaba ahora a ellos por el lado del ex-marine, olfateando el vehículo. Claire volvió a cerrar los ojos con fuerza, enterrando su rostro en el hombro de él. Estaba tan aterrada que apenas se atrevía a respirar.
El dinosaurio bufó con fuerza contra el coche y Claire casi dio un respingo, gimiendo contra él y apretando aún más su agarre en el hombro de Owen, quien sintió sus uñas clavándose por encima de la tela. No le prestó demasiada atención al dolor e intentó calmarla con su abrazo. Hasta que, finalmente, la Indominus comenzó a alejarse.
Cuando Owen estuvo seguro de que el animal estaba lo suficientemente lejos, respiró aliviado. Sin embargo, Claire aún estaba aterrada; no se atrevía a moverse.
—Claire —pronunció su nombre en un susurro contra su oído, con mucha delicadeza. Sentía su cuerpo temblar junto al suyo propio. La mujer seguía sin poder hablar—. Claire, está bien. Ya se ha ido. Estamos a salvo.
Le costó varios segundos más, pero finalmente, la mujer aflojó un poco el agarre, aunque continuaba temblando de puro terror; no podia controlar su cuerpo. Owen notó cómo las uñas de Claire dejaban de clavarse en su hombro, aunque la mano permanecía en su sitio, junto a su rostro enterrado en él.
—¿Estás bien? —le preguntó Owen con toda la suavidad y ternura de que fue posible. Pero ella notaba un nudo en la garganta que le impedía hablar. Entonces, comenzó a sollozar, empapando la camisa de Owen—. Hey, no te preocupes. —Despegó la espalda del suelo y la abrazó con ambos brazos, estrechándola contra sí. Ella enterró su rostro en el pecho del hombre, sintiéndose ahora más segura entre sus brazos—. Ya ha pasado. Estamos bien.
—Lo he visto. —La voz de Claire le llegó ahogada por su pecho y los sollozos, temblorosa. Owen le acariciaba el cabello suave con una mano y, con la otra, le frotaba con cariño la espalda para calmarla—. He visto cómo lo devoraba. —Sintió otra convulsión a causa de los sollozos y le dio un suave achuchón—. Creía que iba a hacer lo mismo con nosotros. —Sollozos más fuertes.
—Yo no lo habría permitido. —Aunque sabía que él no podría haber hecho mucho más, era una forma de hacerla sentirse más segura. Y parecía funcionar. Le besó con ternura la coronilla para hacerla sentir mejor, sin dejar de frotarle la espalda suavemente—. Ahora ya está lejos y no puede hacernos daño.
Claire asintió levemente con la cabeza, con sollozos ahora más calmados. Se sentía segura en los brazos de Owen. Él le había salvado la vida.
—Será mejor que nos movamos —le susurró a Claire, quien volvió a asentir con la cabeza. Aunque aún no se sentía del todo preparada para soltarlo, lo hizo.
Owen salió primero de debajo del coche y después le dio la mano a Claire para ayudarla a levantarse.
—¿Crees que puedes conducir? —le preguntó con suavidad a la mujer. Ella parecía desorientada, seguramente aún en estado de shock.
—Todavía me estoy recuperando del susto —negó, mirando con nerviosismo a su alrededor entre la maleza. Pero ya no se sentían temblores en el suelo—. Me tiemblan las manos. Mejor hazlo tú. —Le dio las llaves del coche y, cuando las suaves y delicadas manos de Claire rozaron las cálidas y callosas manos de Owen, se las agarró y tiró de ella hacia él para infundirle un poco más de seguridad en un abrazo.
—Está bien. Vamos a solucionar esto —le prometió. Ella asintió una vez más con la cabeza enterrada en su pecho, mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.
Espero que os haya gustado :) Intentaré subir el siguiente capítulo lo antes posible. Gracias por leer esto =D
