Nota de autora: perdón, perdón, perdón; siento muchísimo la tardanza. Es que el fin de semana pasado estuve fuera y, cuando volví, tuve un bloqueo enorme. No sabía cómo encarar este capítulo: si seguir aún fiel a la película o hacerlo absolutamente diferente. Sólo espero que os guste, así que, os dejo ya el camino libre :)

P.D.: agradezco mucho a todos aquellos que leéis y seguís esta historia. Y los favoritos, por supuesto. Gracias por los comentarios, no puedo creer que os haya gustado tanto :D

Leed, disfrutad y comentad, please. Bye.

Absoluta pérdida de control

Owen conducía hacia el Centro de Unidad de Control más rápido de lo normal. Claire, a su lado, iba tensa en el asiento del copiloto. Sabía que debían llegar lo antes posible, pero también quería llegar viva.

—¿Podrías reducir un poco la velocidad? —La frialdad en su voz, aunque temblorosa, le advirtió a Owen de que la antigua y huraña Claire había vuelto. Sabía que aún estaba asustada por lo ocurrido, aunque parecía que aquello no le impedía ser tan seca como siempre.

—¿Qué es lo que ha ocurrido? —preguntó retóricamente, ignorando la petición de la mujer. No tenía intención de reducir la velocidad. Debían llegar cuanto antes—. Hay cámaras térmicas por todo el cercado. ¡No pudo desaparecer!

—Sin duda, se ha tratado de un avería técnica —dijo Claire, fuertemente agarrada a su asiento y gimiendo con los baches.

—¡Tú estabas allí! —La miró atónito, sin poder creer lo que estaba haciendo. ¿Cómo era posible que después de vivir semejante situación fuera capaz de mirar hacia otro lado? Él la había tenido entre sus brazos aterrada, protegiéndola e intentando infundirle toda la seguridad posible—. ¡Has visto lo que ha ocurrido! ¡Hizo esas marcas en el muro para que creyésemos que había escapado!

—Oye, Owen —le dijo con dureza. Esta vez fue ella quien le miró—, estamos hablando de un animal.

—Un animal con una inteligencia fuera de lo común. —Él la imitó y sostuvo su mirada por unos segundos.

Un bache hizo que Claire dejara escapar un pequeño grito. Cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza, con una mano sobre su asiento y la otra en el techo, justo por encima de su cabeza.

—Concéntrate sólo en la carretera —le exigió, levantando la mano de su asiento y agitándola frente a ella.

—Deberías confiar un poco más en la gente —le aconsejó, volviendo la vista a la carretera—. Estamos en mitad de la selva, es normal que haya baches.

—Debo mantener la calma —se dijo a sí misma, intentando controlar la respiración. Pero la voz irregular la delataba—. Debo solucionar este enorme problema.

—Nunca mejor dicho —coreó el hombre, con ironía.

—Todo sea por la seguridad de los visitantes del parque —continuó Claire hablando en voz alta, en parte para distraerse de la tensión, sin prestarle atención.

Aquello último hizo pensar a Owen. Se dio cuenta de que a ella realmente le importaba la seguridad de la gente. Sin embargo, pensó Owen, tal vez no sabía hacerlo de la manera correcta.

—Al menos estamos de acuerdo en eso. —La miró un momento para hacerle saber que hablaba en serio. Ella lo captó antes de que él volviera su atención a la carretera.

Entre lo sucedido con la Indominus Rex y los baches, el viaje se convirtió en un tormento para Claire. Seguía asustada, pero debía mantener la calma para poder solucionar aquel incidente. La mejor forma de tener el control.

Llegaron precipitadamente al recinto. Owen frenó casi de golpe y Claire casi saltó del coche cuando él apagó el motor. Ambos se dirigieron apresurados hacia el edificio.

Subieron en ascensor hasta la sala de control. La espera se les hizo eterna, teniendo en cuenta que había un dinosaurio híbrido muy peligroso suelto por la isla.

Cuando el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron, Claire y Owen entraron en la sala. Todo el mundo guardó silencio mientras los miraban.

Claire se detuvo un momento, analizando los rostros tensos en la sala frente a ella, hasta que dijo muy lentamente:

—Que todo el mundo mantenga la calma.

Segundos después, todos los empleados volvieron a sus quehaceres. Tras de sí, antes de poder dar siquiera un par de pasos, escuchó al guardia de seguridad decirle con formalidad a Owen:

—Su identificación, por favor.

Pero él no lo escuchaba. Seguía a Claire de cerca, sin apartar la vista de la pantalla que mostraba la posición de la Indominus.

—¿Cómo narices ha podido pasar? —Owen le lanzó una dura mirada al señor Masrani, quien se encontraba frente a la pantalla.

—Señor, muéstreme su identificación —insistió el guardia, esta vez con más dureza al ver que el ex-marine no le prestaba la menor atención.

—Viene conmigo —se apresuró a aclarar Claire, volviéndose hacia el guardia trajeado de negro. Éste asintió silenciosamente y volvió a su puesto junto al ascensor, no sin antes lanzarle a Owen una mirada hostil.

—Vamos a solucionarlo. —La voz del señor Masrani denotaba seguridad—. Sólo ha sido un hecho aislado.

—¿Un hecho aislado? —Owen se quedó atónito. Estaban hablando de un animal enorme y depredador. Se acercó a Masrani varios pasos—. Ha devorado a dos empleados.

Claire había avanzado también hasta colocarse frente a la pantalla, analizando la situación. Su cabeza trabajaba a una velocidad supersónica para encontrar una solución y recuperar el control.

—Y es una tragedia —coincidió el hombre, mirándolo con pesar—. Por eso —dijo con determinación—, vamos a capturarlo y a devolverlo a donde debe estar.

—¿Capturarlo? —Owen miró al señor Masrani estupefacto. Las cosas se estaban torciendo y, a aquel paso, no iban a acabar nada bien—. ¡Ese animal es un depredador!

—Baliza a cuatrocientos metros —interrumpió Vivian de pronto.

Todos volvieron su atención hacia la pantalla. Owen pudo ver el nombre de varias personas en una pantalla lateral con el tipo de armas que llevaban. Y, al lado, aparecieron varias imágenes de un equipo de contención dividido en tres jeeps. Los habían enviado hacia una muerte segura.

—Están utilizando munición no letal —murmuró, desconcertado.

—Hemos invertido veintiséis millones de dólares en diseñar ese dinosaurio —aseguró el señor Masrani—. No se le puede matar.

—Esos hombres morirán —le espetó al director con rabia. Estaba absolutamente seguro.

Claire se volvió, impactada por las palabras de Owen, para poder mirarlo. Aquello era una locura. Sólo era un dinosaurio. Podrían capturarlo sin problema.

—Owen, esos hombres conseguirán que todo vuelva a la normalidad sin que nadie lo note siquiera.

—Es una locura —la contradijo él—. Claire, ¡tú lo has visto!

La furia de Owen crecía por momentos. Aquello era un monstruo y no podía creer lo ciegos que estaban todos. Incluida Claire.

Sin embargo, la voz de Vivian se le adelantó antes de que pudiera volver a protestar:

—Baliza a trescientos metros.

En la pantalla podían ver que el equipo de contención ya había bajado de los jeeps, llevando sus armas consigo y adentrándose cada vez más en la espesura.

—Tiene que cancelar esta misión —le exigió el entrenador de velociraptores con rotundidad al señor Masrani, sin perder un segundo más. Entre las exigencias de Owen y el nuevo activo suelto, Claire se estaba poniendo nerviosa. No estaba acostumbrada a no tener el control. Dejó escapar un suspiro tembloroso, intentando calmarse. Pero el ex-marine gritó—: ¡Ordénelo! ¡Cancélela!

—¡Tú aquí no tienes ninguna autoridad! —estalló por fin Claire, sin apartar la vista de la pantalla y sintiendo que el corazón se le salía del pecho. No soportaba más aquella situación; no soportaba la pérdida de control. Y Owen era todo un experto en arrebatárselo. Debía ponerlo en su sitio. Ella era la Gerente del parque y no iba a permitir que nadie más, salvo el señor Masrani y ella misma, diera órdenes.

Owen se quedó mirándola con sorpresa frente a él. La mujer le daba la espalda y ni siquiera se había molestado en mirarle. Definitivamente, había vuelto la antigua Claire. Con rabia e impotencia, el hombre se giró hacia la pantalla para observar lo que ocurría.

El equipo anduvo durante unos minutos, siguiendo la baliza, hasta que llegaron junto a un riachuelo. El hombre que parecía liderar el grupo se adentró en el agua un par de metros sin dejar de apuntar con su arma, hasta que se detuvo. Alzó su brazo izquierdo con el puño cerrado, ordenándoles que se detuvieran también. Entonces, se arrodilló junto a una roca llena de musgo y, con su mano libre, cogió un trozo de lo que parecía piel escamosa.

Algo procedente de la carne pitaba. Le dio la vuelta y todos los presentes en la sala vieron algo incrustado en ella.

—La sangre aún no se ha coagulado. —Le escucharon decir al hombre—. Está fresca.

—¿Y eso qué es? —preguntó el señor Masrani.

Claire sabía perfectamente lo que era aquello. Sin embargo, estaba tan sorprendida que se había quedado momentáneamente muda. ¿Cómo era posible?

—Su implante localizador —respondió Owen por ella. Estaba dando vueltas por la sala, nervioso, hasta que se detuvo para mirar con más detenimiento la imagen. Ahora se encontraba entre la pantalla y Claire y el señor Masrani—. Se lo ha arrancado.

Aquello no hacía más que confirmar la teoría de Owen sobre la inteligencia anormal de aquel animal.

—¿Cómo ha sido capaz de hacerlo? —preguntó Claire en un susurro, recuperando el habla y con la vista fija en la pantalla.

—Sabía dónde se lo habían puesto. —Fue la respuesta de Owen. Una respuesta que a ella no le gustó en absoluto. Era una teoría descabellada. No podía aceptarla.

Se negaba.

Aún con la vista fija en la pantalla, todos pudieron ver cómo, lo que parecía una gota de sangre, caía sobre la muñeca del hombre. Y otra.

Éste miró hacia arriba, descubriendo las hojas sobre él rociadas de sangre. Se puso en pie, alerta. Agudizando el oído.

Todos escucharon una rama partirse y, a continuación, vieron a la Indominus Rex aparecer de entre las hojas, camuflado tal cual camaleón.

—¡Se puede camuflar! —El grito del hombre retumbó en la sala, haciendo que Claire diera un respingo. Ver de nuevo a la Indominus, incluso a salvo en aquella sala, la hizo revivir el peor momento de su vida, cuando creía que sería devorada por un enorme dinosaurio híbrido.

El terror la dejó, por segunda vez en el mismo día, petrificada. No podía apartar la mirada del animal, hasta que vio cómo apresaba con sus enormes garras al pobre hombre que intentaba huir.

Aquello se convirtió en un caos. El rugido de la Indominus Rex se escuchaba por encima de los gritos del hombre y los disparos. A continuación, el animal lo lanzó con fuerza contra el riachuelo, cayendo boca abajo. Cuando intentó levantarse, la Indominus se lo impidió con su enorme pata, aplastándolo.

En la pantalla, Claire pudo ver cómo las constantes vitales del hombre desaparecían, acompañadas del pitido desagradable que señalaba su muerte.

Claire estaba haciendo un esfuerzo enorme por respirar con regularidad. No podía creer lo que estaba viendo. No podía creer que estuviera ocurriendo exactamente lo que Owen había predicho.

Las voces de los hombre se escuchaban asustadas y agitadas, pero Claire apenas entendía lo que decían. Se solapaban entre ellas.

Todos en la sala pudieron ver cómo el equipo utilizaba las lanzas electrónicas. Sin embargo, aquello no funcionó. La Indominus batió con furia su larga cola contra uno de ellos, estrellándolo contra el tronco de un árbol. A otro lo atrapó entre sus garras para lanzarlo contra la rama de un árbol.

Más pitidos. Más voces asustadas. Claire miraba angustiada las imágenes en directo, rogando para que finalizaran la misión con éxito; rogando por que nadie más tuviera que morir.

Owen se volvió para mirarla. Pudo ver la angustia y el terror reflejados en sus ojos brumosos. Una vez más, pensó, la mujer había tenido buenas intenciones queriendo salvarlo todo pero sin saber hacerlo de la manera correcta. Pero lo que ella no sabía era que no todo se podía controlar. Aún menos, en Jurassic World.

Y ella iba a aprender de la peor forma.

Owen volvió la vista a la pantalla a tiempo de ver a un hombre disparando una red contra el animal. Otros intentaron ayudarle, pero la furia de la Indominus los envió a todos lejos, lanzados por la fuerza brutal de aquel depredador.

Sabiéndose la misión fracasada, decidieron retirarse, llevando consigo a los heridos. Sin embargo, el animal alcanzó a un hombre entre sus afilados dientes. Las sangre le salpicó en la mandíbula y en las hojas cuando lo devoró.

Uno de ellos se adelantó para cubrir a los que ayudaban a los heridos. Disparó varias veces a la Indominus sin causarle apenas unos rasguños, hasta que ella se abalanzó también sobre él.

Uno a uno los devoró a todos, convirtiendo aquello en una carnicería, hasta que perdieron la conexión. Y, lo más importante, habían perdido a todo un equipo de contención.

Vidas perdidas en vano, pensó Owen.

La sala de control se sumió en un absoluto silencio. El señor Masrani fruncía el ceño con preocupación, pensando en una nueva solución.

El rostro de Claire estaba pálido, con la mirada perdida y vacía.

—Desalojad la isla. —Owen no lo pensó dos veces. Su rostro estaba realmente serio, algo que Claire no había visto antes.

Ella negó con la cabeza.

—Nunca reabriríamos. —Su voz, siempre firme y segura, sonó ahora débil y temblorosa, susurrante.

—El animal que habéis creado —comenzó a decir Owen, caminando de un lado a otro— es un híbrido. Y lo habéis criado en cautividad. Está viendo todo eso por primera vez. —Señaló la pantalla, aludiendo al equipo de contención. Claire lo miró un momento, aún afectada por lo ocurrido. Dejó escapar un suspiro, sopesando las opciones—. Esa hembra ni siquiera sabe qué es ella misma. Matará a todo aquello que se mueva. —A diferencia de Claire, su voz sonó absolutamente firme y segura.

Se situó frente a Claire y el señor Masrani.

—¿Cree que el animal está descubriendo su propia existencia? —preguntó este último, mirándolo de lado.

—Sí —afirmó con seguridad—. Y dónde encaja en la cadena alimenticia. Y es mejor que no lo averigüe nunca.

Ni Claire ni el señor Masrani podían creer lo que estaba ocurriendo. Aquello estaba yendo demasiado lejos.

—Bien. Contención puede usar munición real en casos de emergencia. —La voz autoritaria de Owen sacó a Claire del estupor en el que se encontraba. Ahora todos en la sala le prestaban atención—. Si en su arsenal tienen una M134 subanla a un helicóptero y frían a esa cosa.

—Aquí hay familias —intervino Claire, furiosa, recuperando la fuerza de su voz. Aquella era una idea disparatada—. No pienso dejar que el parque se convierta en un infierno.

—Ya es un infierno —dijo él tajantemente.

Claire comenzaba a perder la paciencia.

—Señor Grady —volvió a llamarlo por su apellido, ahora enfadada—, si no desea colaborar no hay motivo para que permanezca aquí.

La rabia invadió a Owen, lo que le llevó a tirar de un manotazo los dinosaurios de juguete en la mesa de Lowery, quien se quejó en silencio. Claire lo siguió con la mirada caminar hasta el señor Masrani, algo más apartado de ella.

Owen le lanzó una breve mirada a Claire y después miró al hombre.

—Me gustaría poder hablar con la gente de laboratorio —le pidió en un susurro, para que Claire no pudiera escucharle—. Ese animal de ahí no es un dinosaurio.

Y con paso seguro, se dirigió al ascensor y entró en él. Cuando se dio la vuelta hacia las puertas, pudo ver cómo Claire le clavaba la mirada. Parecía que intentara leerle el pensamiento.

Él le sostuvo la mirada con el rostro serio e inexpresivo mientras las puertas del ascensor se cerraban.

Con semblante serio, Claire se volvió hacia la pantalla, la cual mostraba ahora varias cámaras de las atracciones del parque. Echó un breve vistazo al medidor de visitantes. Estaba a la mitad de su aforo.

—Bien —suspiró, tratando de calmarse—. Voy a cerrar toda la zona norte del resort. Esto es una Fase Uno y es real. —Su voz volvía a ser firme y autoritaria—. Que vuelva todo el mundo.

—Esto es una Fase Uno y es real —repitió Vivían por teléfono lo que su jefa había dicho segundos antes—. Repito: Fase Uno. Hagan volver a todo el mundo.

Mientras Claire estaba ocupada organizando el parque, Masrani se marchó para ocuparse de otros asuntos, como solucionar el tema del nuevo dinosaurio. Pero antes, tenía que hablar con Henry Wu.

Después de lo que le parecieron horas a Claire cerrando atracciones y dando órdenes aquí y allá, pudo respirar algo más tranquila a sabiendas de que el parque estaba bien organizado tras el incidente.

Pero la calma le duró apenas unos pocos segundos. Fue en ese momento en que se quedó mirando en el vídeo de una cámara de seguridad a una niña correr a los brazos de su madre que se acordó de sus sobrinos. Sintió como si una garra oprimiera su corazón.

Debía asegurarse de que estaban bien y mandarlos a un lugar más seguro. En cuanto tuviera un momento iría a buscarlos.

Se apartó un poco de los empleados para tener algo de intimidad al hablar por teléfono. Marcó el número de Zara en su móvil y esperó.

No tardó mucho.

—¿Zara?

—Soy yo —Claire estaba tan pendiente de lo que tenía que decirle que no notó la tensión en la voz de la mujer.

—Quiero que lleves a mis sobrinos al hotel ahora mismo —dijo todo aquello de carrerilla.

Pero Zara comenzó a balbucear y a hablar demasiado rápido.

—¿Cómo? No... —Claire comenzó a desesperarse. Algo no iba bien—. Habla despacio. No te...

—Zach y Grey se han escapado. —Pudo escucharla por fin, temblorosa al otro lado de la línea.

—¡¿Qué?! —Los ojos de Claire se abrieron aún más por la sorpresa y el miedo. Debía encontrarlos lo antes posible.

Segundos después se encontraba llamando al móvil de su sobrino mayor.

—Hola, Claire. —Escuchar su voz le hizo respirar tranquila.

—Zach, gracias a Dios. —Tenía que asegurarse de que los dos estaban bien—. ¿Gray está contigo?

—Sí —contestó—. Te oigo muy mal. Estamos en la bola de hámster.

—De acuerdo, Zach —le dijo a su sobrino con voz firme—. Escúchame bien. Quiero que volváis aquí inmediatamente.

Pero parecía que no le había escuchado. Debía de tener poca cobertura.

—¿Zach? —lo llamó Claire, desesperada. Pero la llamada se había cortado. Aquello no podía estar pasándole. Se guardó el móvil y se acercó rápidamente a Lowery.

—Lowery, ¿queda alguna giroesfera en el valle?

—No, las tengo todas controladas. —Pero entonces, apareció una luz roja en la pequeña pantalla táctil de la zona de trabajo de Lowery—. No, espera. Hay una en el campo.

Está vez, Claire se volvió hacia Vivian, cuya mesa estaba al lado.

—Que un equipo de rangers vaya a buscarlos.

—Seguridad —los llamó de inmediato la empleada por teléfono—. Búsqueda y rescate en el valle.

—Tardará un poco —contestó un hombre al otro lado de la línea—. Aquí estamos hasta arriba.

Claire cogió el teléfono manualmente.

—No. —Los nervios comenzaban a crisparla. No podía estarse quieta—. Hay dos visitantes que se han perdido. Esto tiene prioridad absoluta.

—Yo que tú lo haría —dijo Lowery a su lado.

—Nosotros estamos en la misma situación —se mantuvo el hombre—. ¡Hacemos lo que podemos!

—Muy bien, iré yo misma —murmuró Claire furiosa, colgándole el teléfono al hombre en mitad de una frase.

Cuando se irguió escuchó una voz arrogante y familiar que reconoció al instante, mientras lo buscaba con la mirada en los vídeos de seguridad:

—¿Ahora voy a ser yo su mayor preocupación?

Lo vio en una de las imágenes superiores del lateral derecho.

—No puede pasar. —Un hombre vestido con un traje negro impoluto le bloqueaba el acceso al laboratorio.

No se lo pensó dos veces y salió de la sala de control en busca de Owen.

Lo buscó por todo el edificio principal, sobre todo cerca del laboratorio. Pero por muy alto que fuera Owen, había demasiada gente. Tal vez, incluso ya no estuviera allí.

Aquel pensamiento le oprimió el corazón y se angustió aún más. No, debía encontrarlo como fuera. Era el único que podía ayudarla.

Justo después de atravesar el holograma de un velociraptor lo escuchó de nuevo, esta vez llamándola por encima del bullicio:

—¡Claire!

La voz le llegó desde detrás y, cuando se dio la vuelta y lo vio, dejó escapar un suspiro de alivio.

—Te necesito —le dijo a Owen con voz frágil, acercándose a él a grandes zancadas.

El ex-marine tenía tantas ganas de echarle en cara su comportamiento en la sala de control. Sin embargo, el timbre de pánico que notó en su voz le advirtió de que no era el momento. Por lo que tuvo que tragarse su orgullo.

—Vale.

—Mis sobrinos están en el valle. —Estaba tan nerviosa y asustada que no podía estarse quieta. La opresión en su corazón amenazaba con desbordarla y Owen pudo ver la angustia en sus ojos—. Como les ocurra algo yo no...

Dio un paso más cerca de ella y la agarró con delicadeza de un codo, intentando transmitirle toda la calma posible. Entonces, la arrastró consigo a un rincón para poder hablar más cómodamente sin tanto ruido.

—¿Qué edad tienen? —le preguntó. Sólo esperaba que los muchachos fueran resolutivos ante una situación de peligro. Y si era unos niños, simplemente, esperaba que no tuvieran que encontrarse en tal situación hoy mismo.

—Eh... Pues... —balbuceó, insegura. Era una de las pocas veces que la veía de ese modo, ya que solía tener el control de todo. El rostro de Claire vaciló de pronto—. El mayor tendrá la edad de ir al instituto. —Con una mano señaló más o menos su altura, mirándole a los ojos—. Y el pequeño... tiene... eh... alguno menos...

—¿No sabes la edad de tus sobrinos? —le interrumpió Owen, mirándola con sorpresa. Era un pregunta retórica, pues era obvio que no.

Claire, que había bajado la vista al suelo pensando en la edad que podría tener su sobrino, la alzó de nuevo hacia Owen. Suspiró y levantó la cabeza con petulancia.

—¿Vas a ayudarme o no? —le espetó.

—Está bien. Vamos.

¿Qué tal? :D Espero que os haya gustado :) Dejadme saber vuestra opinión. Toda crítica constructiva es bienvenida para aprender de mis errores. Thank u.