Nota de autora: hola, chicos :D Os traigo un nuevo capítulo y espero que os guste :) La primera mitad es parte de la película. La segunda, de mi propia cosecha. Hay un poco de esta pareja, ya que algunos me lo pedisteis. Así que, espero que haya salido bien.

Leed, disfrutad y comentad. Bye :)

Instinto asesino

El silencio se había instalado por un momento entre ellos. Y así lo prefería Claire. No le apetecía discutir, sólo quería encontrar a sus sobrinos y ponerlos a salvo.

Dejó escapar un suspiro cuando miró por la ventana. Owen notó de nuevo su pesadumbre y pudo ver cómo la fuerza en su mirada de cuando discutía perdía ahora poco a poco el brillo de su fibra.

—Hey. —Su voz ahora dulce llamó la atención de Claire. Se volvió para ver cómo él la miraba. Era una mirada suave y tierna pero, a su vez, llena de una inmensa fuerza—. Vamos a encontrarlos —le aseguró con firmeza y seguridad, mirando de nuevo hacia la carretera. ¿Por qué estaba tan seguro?, se preguntó la mujer. Una cosa era querer tranquilizarla y, otra muy distinta, tener la absoluta certeza de ello—. Estoy seguro de que están bien.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Soy una persona bastante optimista. Y creo que es primordial en estos casos. —Volvió a mirarla un momento y añadió—: La esperanza es lo último que se pierde.

Aunque Claire nunca lo reconocería, le gustó la actitud positiva de Owen. Le transmitía una paz y seguridad que nunca antes había experimentado. Le pareció bastante irónico, dado que unos minutos antes estaban discutiendo.

No tardaron en llegar al valle de las Giroesferas. Claire lo había visto a lo lejos minutos antes y ahora salían del camino de grava para adentrarse en la colina. Cuando dejaron atrás unos enormes árboles, ambos pudieron ver a lo lejos a un cuellilargo tumbado sobre la hierba. La enormidad del animal sobrecogió a Claire. Estos animales eran fascinantes y ella nunca se había dado cuenta hasta aquel momento, ya que su trabajo se desarrollaba tras la protección de cuatro paredes, rodeada de ordenadores, pantallas táctiles y otras tecnologías.

Owen detuvo el jeep a pocos metros del dinosaurio, quedando la enorme y larga cola del animal a menos de un metro del coche.

—Quédate aquí —le ordenó mientras agarraba el arma y abría la puerta. Una brisa delicada le azotó el cabello pelirrojo y liso. Lo miró mientras él salía y cerraba tras de sí. Dudó unos segundos entre obedecerle y quedarse en el jeep o salir y seguirle. Optó por quedarse dentro del automóvil, a salvo.

Con el fusil entre las manos y mirando alerta a su alrededor para asegurarse de que no había ningún peligro, rodeó al animal con cuidado. Una vez seguro de que no había peligro alguno, Owen observó al cuellilargo. Era tan grande que, a pesar de ser él alto, su cuerpo lo cubría por completo en toda su estatura. Cuando pasó junto al dinosaurio pudo ver marcas de garras por todo su cuerpo. El animal gemía de dolor mientras el hombre pasaba junto a su largo cuello hasta llegar a su cabeza.

Se acomodó el arma en el hombro y se agachó junto al cuellilargo, poniendo con delicadeza una mano en su cuello y otra sobre su cabeza, acariciándolo y susurrándole palabras tranquilizadoras.

Desde el jeep, a Claire se le antojó una escena sobrecogedoramente tierna. Ver a Owen actuar con el dinosaurio de una manera tan delicada y dulce contrastaba con su imagen robusta. Se le encogió el corazón ante tal escena, por lo que decidió salir del coche y acercarse. Conforme se aproximaba pudo ver las marcas de garras en el cuerpo del sufriente animal. Un sentimiento de congoja la inundó por completo. El animal estaba sufriendo una agonía desesperante.

Cuando llegó junto a Owen, al otro lado del animal, los observó. Las manos del entrenador de velociraptores acariciaban la cabeza del animal con una suavidad sorprendente mientras le susurraba palabras de consuelo para hacer la agonía más llevadera.

Claire, absolutamente conmovida, se arrodilló junto al cuellilargo y frente a Owen. El dinosaurio parecía agradecer las caricias calmantes del hombre. Con cuidado, ella puso una mano sobre el pómulo del animal, rozando con suavidad la de él por el camino y sonrojándose por un momento. Sin embargo, la sorprendente piel suave del animal la devolvió a la realidad. Era tan extraño y sobrecogedor estar tocando a un animal perteneciente a una raza extinguida hace millones de años. No muchos tenían aquel enorme privilegio. Aunque a Claire le hubiera gustado encontrarse en otra circunstancia menos dolorosa.

La mirada de Owen pasó del dinosaurio a Claire. El rostro de la mujer se había ablandado ahora, mostrando abiertamente sus sentimientos, algo que le encantó al ex marine. Apreciaba los momentos en que ella dejaba ver la profundidad de su alma. Ver cómo sus emociones emergían de su interior era, sencillamente, cautivador. Una levísima e imperceptible media sonrisa brotó de su rostro.

Con un movimiento brusco de su cabeza el animal interrumpió el momento, asustando a Claire. La mujer había apartado la mano como si el dinosaurio le hubiera dado un calambre. Miró a Owen, esperando indicaciones, sin saber muy bien si había sido ella quien había provocado el malestar del cuellilargo al tocarlo o, simplemente, era el dolor.

—Ya está. Tranquila —le susurró, tratando de que volviera a reposar la cabeza sobre la hierba. Los gemidos del animal eran inexorables y aludían al dolor y la agonía—. Tranquila, tranquila. —La ternura con que le susurraba cautivó a Claire. Nunca había visto a nadie interactuar de esa forma con animales—. Eso es —le apremió Owen al dinosaurio cuando consiguió que descansara de nuevo la cabeza. Claire no apartó la mirada de él, prendida de la portentosa interacción. Lo observó con semblante serio y perplejo. En ese momento, se encontró admirando aquella cualidad que tenía el hombre de tratar con los animales.

Desvió de nuevo la mirada hacia el cuellilargo y dejó que pasaran unos segundos antes de volver a acariciar al dinosaurio, esta vez reposando ambas manos, una en su cuello y otra sobre su pómulo otra vez. Le agradaba aquella sensación de ternura que le provocaba el animal. Era algo relativamente nuevo para ella, una mujer fría e inexpresiva; cosa que, extrañamente, Owen parecía estar cambiando en ella.

Los ojos del animal, agotado, se habían cerrado. La mujer pudo sentir el estremecimiento cuando gimoteó de dolor. Tanto Owen como Claire sabían que el animal estaba en sus últimos minutos de vida. Tal vez, segundos.

Y no se equivocaron.

No tardaron mucho en notar cómo la respiración del animal se ralentizaba hasta detenerse por completo. Sentir cómo la vida se escapaba del cuerpo de aquel dinosaurio devastó a Claire por completo. En un principio, la mujer no hizo ni dijo nada. Sólo una lágrima cayó silenciosa por su mejilla mientras alzaba la mirada hacia Owen, a quien le hubiera gustado detener el camino de esa lágrima con su pulgar y estrecharla y consolarla entre sus brazos. No obstante, obligó a su cuerpo a ponerse en pie y coger su arma entre sus manos para caminar alerta hacia el borde de la colina. Un mal presentimiento lo acechaba.

Claire miró una última vez al animal antes de ponerse en pie y seguir a Owen de cerca. Cuando él se detuvo al borde, ella lo hizo también. La mujer dejó escapar un jadeo de horror ante el panorama aterrador en que se encontró y se llevó las manos a la boca, impactada.

—No se los come —dijo receloso ante la situación a la que habían llegado. ¿Cómo era posible que aquel animal hubiera conseguido burlar la seguridad del parque para llegar a esto?, se preguntó a sí mismo. Sin embargo, no estaba sorprendido de las consecuencias de su fuga. No, después de ser testigo de la inteligencia del híbrido—. Los mata por placer.

El paisaje frente a ellos que antes había sido un valle dominado por cuellilargos, era ahora un cementerio que albergaba sus cadáveres.

Pero no se quedaron a lamentarse.

—Vamos. Rápido —la apremió Owen, colgándose de nuevo el fusil al hombro.

Al principio, Claire lo siguió hasta que se detuvo en seco a mitad de camino hacia el jeep. Tenía la mirada pensativa y aterrada. Lo que acababa de presenciar la había trastocado y el pánico la inundó por un momento.

El ex marino notó la ausencia de la mujer a su lado y se volvió para encontrarla de pie con la mirada perdida.

—Claire —la llamó sin moverse del sitio.

Ella alzó la mirada hacia él y fue cuando lo vio. Impotencia, ira, terror, pánico y... amor. Todo de una sola vez. Supo entonces que estaba pensando en sus sobrinos. Impotencia, seguramente porque quería hacer más por salvarlos. Ira, por no tener el control. Terror y pánico de que les sucediera algo a sus sobrinos. Y amor, porque era ineludible, algo imposible de ahogar o hacer desaparecer.

—Están solos —susurró, atemorizada—. Son sólo unos niños. ¿Y se encuentran con la Indominus? —El recuerdo reciente del incidente le envió un escalofrío por la espina dorsal, induciendo aún más a su pánico—. ¿Y si les ocurre algo? Nunca me lo perdonaría.

Owen ya estaba frente a ella, agarrándola por los hombros y obligándola a mirarle directamente a los ojos cuando se inclinó sobre ella.

—Claire, me mantengo en lo que dije antes. Vamos a encontrarlos. Sanos y salvos.

La fuerza y firmeza de su voz la calmaron un poco. Sin embargo, no podía olvidar el terror que le había invadido cuando se escondían de la Indominus Rex bajo la camioneta. No quería eso para sus sobrinos. Ella, al menos, había tenido el calor y la seguridad que Owen le había infundido. Pero ellos, un adolescente y un niño, no tenían a un adulto que les ofreciera consuelo o los calmara.

—No lo sé, Owen... —Su voz se quebró por la congoja y el miedo y sus ojos se volvieron brumosos—. Son sólo unos niños —repitió, con la mirada asustada—. Ese dinosaurio... —Buscó las palabras adecuadas para describirlo—... Es un monstruo. La Indominus es terrorífica y letal. Si yo me sentí aterrada, no sé cómo podrían sentirse ellos.

—Eh, no pasa nada, ¿vale? —Trató de calmarla, dándole un suave achuchón en los hombros—. Vamos a encontrarlos. Sé que están bien. —Su mirada le transmitía una seguridad y firmeza que siempre la confundían. Se dio cuenta de que eso comenzaba a gustarle. La seguridad que le transmitía, no la confusión—. Iban en las Giroesferas, ¿no? Así que no les ocurrirá nada malo. Te lo prometo.

La vio tan indefensa y vulnerable que esta vez no pudo evitarlo. Estaba demasiado cerca y la brisa condujo su dulce y agradable aroma hasta él. Su mano áspera y callosa se movió automáticamente de su hombro izquierdo a su mejilla para frenar la caída de una lágrima rebelde que Claire había intentado retener. Sintió el pulgar de Owen suave y dulce contra su mejilla, sorprendiéndola una vez más.

Su corazón dio un vuelco ante su toque, que extrañamente le dejaba una estela ardiente. Era un sentimiento confuso. ¿Qué estaba ocurriendo? Nunca antes alguien le había infundido tales sentimientos que no entendía. Era una impresión curiosa para Claire, pues insólitamente había conseguido apaciguar su histeria.

También aquello era nuevo para Owen. Él no estaba acostumbrado a consolar a las mujeres. Su trato con las féminas era siempre de seducción. Por eso, se había resistido minutos antes tras la muerte del dinosaurio en presencia de ambos. Pero ahora, frente a ella y su fragilidad y perdido en el bello azul de su mirada, le había sido imposible.

Un rugido lejano los sacó a ambos de su sopor. Sus miradas se guiaron por el sonido espeluznante, hasta posarse en el lugar del que parecía proceder: más allá de las vallas de seguridad, en dirección contraria a la que habían venido.

Volvieron a mirarse. Los ojos de Claire se abrieron más a causa del miedo. Era el inconfundible bramido del híbrido. Ambos lo sabían.

—Vamos. —Apartó su mano de la mejilla de Claire y soltó su hombro para dirigirse al jeep.

Owen condujo, ahora más veloz, hacia las vallas de seguridad. El corazón de Claire latía a una velocidad vertiginosa. Sólo rogaba por que sus sobrinos no se toparan con aquel monstruo híbrido.

A lo lejos pudieron ver la puerta cinco abierta, por lo que el ex marine se desvió en aquella dirección. Parecía como si una estampida de cuellilargos la hubiera atravesado. O, tal vez, la Indominus Rex.

Pero lo que aceleró el pulso de la gerente de operaciones del parque fueron las huellas en el suelo cuando el entrenador de velociraptores detuvo el coche. No eran huellas de animales. No eran huellas de neumáticos. Tan sólo había una ancha estela de surco.

—Eso tienen que ser huellas de la Giroesfera. —Fue como si Owen le leyera el pensamiento, mirando también a través de la luna del jeep.

—Oh, Dios mío —susurró Claire, horrorizada—. Entonces, probablemente estén cerca de ese monstruo.

Owen captó la mirada de pánico de Claire.

—No les va a ocurrir nada malo —le prometió, canalizando su fuerza y firmeza en una sola mirada. Y arrancó el coche, conduciendo todo lo veloz que la maleza le permitía.

Sí, lo sé, es un poco corto (aunque no tanto como el anterior). Intentaré que el próximo sea un poco más largo. ¿Qué pensáis sobre este nuevo capítulo?

P.D.: por si a alguien le interesa, recientemente me he hecho lectora beta (o beta reader, como sea). Sólo tenéis que consultar mi perfil beta :)