Nota de autora: aquí va un nuevo capítulo. No es demasiado largo, pero espero que os guste ;) En el próximo tengo pensado escribir sobre la escena eliminada de la película (por si alguien la ha visto) entre Claire y Owen e intentaré añadir algo de mi cosecha.

Creo que los próximos capítulos serán muy interesantes de escribir. Estoy deseando llegar a ellos.

Leed, disfrutad y comentad. Bye :)

Cascada

La sangre se le heló en las venas a Claire y el corazón se le detuvo por un segundo cuando pasaron junto a un par de árboles a gran velocidad en el jeep y pudieron ver el siniestro frente a ellos.

Owen detuvo el coche de golpe a escasos metros de la Giroesfera accidentada y salió, arma en mano. Sin embargo, la parsimonia se había apoderado de Claire, quien se quitó el cinturón de seguridad con una lentitud pasmosa a causa de la impresión. Simplemente, no podía procesarlo. ¿Dónde estaban sus sobrinos? No podía creer que se hubieran cruzado en el camino de la Indominus Rex. Era algo que no podía aceptar.

Bajó del coche y siguió a Owen junto a la bola de hámster —como la llamaba Zach— siniestrada. Con un jadeo impregnado de horror Claire se detuvo frente a la esfera. La Giroesfera estaba totalmente destrozada y salían chispas de ella. El cristal había sido quebrado y las barras de acero y los arneses de seguridad estaban abollados. El vídeo de seguridad aún estaba conectado y se podían escuchar vaguedades entrecortadas de su procedencia.

El ex marine se colgó el fusil al hombro para estar más cómodo y se acercó a examinar el incidente con semblante serio mientras la mujer miraba a su alrededor, deseando ver salir corriendo a sus sobrinos, sanos y salvos, entre la maleza hacia ella, aún sabiendo que no sucedería. En el mejor de los casos, los chicos debían de estar huyendo del híbrido y buscando la mejor manera de volver a salvo al parque.

Un fragmento de colmillo estaba hundido en una de las barras de acero. Claire vio a Owen sacarse la misma navaja que había utilizado para cortar el tubo del coche horas antes bajo la camioneta. Se ayudó de ella para hacer presión y poder sacar el colmillo. Una vez liberado, el hombre lo observó un momento con detenimiento, determinando finalmente que era de la Indominus.

Claire se atrevió a acercarse un poco. Necesitaba saber qué había ocurrido exactamente. La espera era una completa agonía. Deseaba fervientemente encontrar sanos y salvos a sus sobrinos. Miró a su alrededor en busca de pistas que le indicaran qué había ocurrido. Hasta que lo vio en el suelo, a unos metros de la Giroesfera.

—No, no, no —susurró jadeante. Se arrodilló en el suelo atestado de hojas para sostener el móvil de su sobrino Zach entre sus manos. Lo cogió con delicadeza, como si la vida de los niños dependiera de ello. La pantalla del aparato electrónico estaba resquebrajada. Sintió las manos temblorosas, pensando lo peor. Un nudo se formó en su garganta, provocándole ansiedad. Ya no había duda alguna: sus sobrinos habían estado allí y habían sido atacados por algo. Probablemente la Indominus. ¿Los habría devorado? No quería ni pensarlo.

—¡Eh! —Owen llamó su atención, señalando algo frente a ella, quien soltó el móvil y miró hacia adelante—. Han escapado.

Varias huellas de zapatos se extendían en el barro frente a ella, adentrándose en la maleza. Unas eran más pequeñas que las otras. Claire dejó escapar un enorme suspiro de alivio, liberando parte de su tensión acumulada y la agonía en su pecho. Sus sobrinos no habían sido devorados. Los muchachos al menos se tenían el uno al otro. O eso esperaba Claire.

Decidieron seguir las huellas a pie. Claire se alegró de haberle pedido ayuda a Owen, pues demostró un gran conocimiento sobre rastreo, seguramente de sus años en el ejército. Las pisadas les condujeron primero hasta un pequeño prado; después, llegaron al borde de una cascada, deteniéndose a unos metros del precipicio.

—Dios mío, han saltado. —Se espantó Claire, en un principio. Pudo ver que la altura era bastante considerable. ¿Y si se habían golpeado y quedado inconscientes bajo el agua? ¿Y si se habían ahogado? Para una mujer que siempre había tenido todo bajo control era impensable saltar. Demasiado arriesgado. Sin embargo, si la Indominus los perseguía en aquel momento, el panorama cambiaba por completo. A pesar de ello, Claire no estaba del todo segura de si ella hubiera saltado.

Probablemente, no.

—Son valientes —afirmó Owen desde el borde de la cascada, admirando a los muchachos jóvenes y colgándose el fusil al hombro, que había agarrado minutos antes entre sus manos para mayor seguridad.

Tal vez, los chicos estuviesen cerca, por lo que Claire no iba a perder más tiempo.

—¡Zach! ¡Gray! —los llamó con todas sus fuerzas.

Owen se volvió rápidamente hacia ella y se acercó con una mano en alto, mandándola callar.

Aquel gesto enfureció a la mujer. ¿Qué se había creído ese engreído?

—¡Oye! ¡Yo no soy uno de tus animales! —le espetó con furor.

—Escucha —le pidió tranquilamente en un susurro, hablando con firmeza. Se inclinó sobre ella y se acercó un poco más para que la mujer pudiera escucharle mejor. De pronto, Claire se sintió pequeña a su lado; él, tan alto. En su acercamiento, el dulce aroma de Claire volvió a embriagarle. A pesar de haberla rociado con el aceite de coche, le pareció una fragancia sensual que lo volvía loco. Pero obligó a sus pensamientos a permanecer frescos y firmes en la realidad—. Esos chicos aún están vivos. Pero tú y yo dejaremos de estarlo si continúas gritando de esa manera.

En el momento en que Owen se le había acercado, ella había sido impregnada nuevamente con su olor varonil ahora mezclado con el fuerte olor del aceite de coche. Con sorpresa, se encontró embelesada con él. Sin embargo, se obligó a centrarse en la situación. Resignada, Claire se calmó un poco y miró a su alrededor, intentando averiguar el siguiente paso.

—Oye, tú puedes percibir su olor, ¿no es verdad? —afirmó, bajando la voz y muy segura de ello. Ahora que la furia y el aturdimiento habían pasado, llegaron los gestos repletos de histeria y preocupación—. Y seguir sus huellas.

—Estuve en la armada, no con los navajos —le espetó, a tan sólo unos centímetros de su rostro, cada vez más sorprendido con aquella mujer. Estar tan cerca de ella le provoca un ardor en el estómago. Verla tan delicada y pequeña junto a él le advirtió de su fragilidad, de la que emanaba una asombrosa sensualidad.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer? —Notó el pánico en su voz y alargó una mano hasta su brazo para calmarla un poco—. ¿Qué sugieres que hagamos?

—Tú vas a volver —le dijo con firmeza, soltándola. No podía ponerla en peligro. Debía alejarla de la Indominus. Owen ya había presenciado la reacción de Claire ante el híbrido y estaba seguro de que ella no querría un nuevo encuentro innecesario—. Yo los buscaré.

—No —negó ella con rotundidad, enfatizando con movimientos de cabeza—. Iremos a buscarlos los dos. —Movió su mano derecha en el escaso espacio entre ambos, señalándolo primero a él y luego a sí misma.

El le lanzó una mirada penetrante que denotaba recelo.

—Con esos zapatos tan ridículos no aguantarías ni un minuto.

Pero el motivo real era que no quería ponerla en peligro. La Indominus andaba suelta por la isla y él tan sólo quería llevarla a un lugar más seguro, lejos del híbrido. Aunque jamás se lo confesaría a aquella mujer tan orgullosa y controladora. Si bien, no iba vestida para enfrentarse a la selva, con su incómodo traje impoluto.

Claire, quien también se había inclinado para acercarse más a él, se puso recta ahora, adoptando una postura desafiante. Su mirada se tornó represiva.

Sin una palabra, se desasió del cinturón para abrirse la camisa sin molestarse en desabrocharla y dejando la camiseta interior blanca al descubierto. A continuación, le hizo un nudo a la camisa para estar más cómoda.

Owen la miró estupefacto, sin comprender, mientras Claire se subía las mangas hasta los codos y llevaba sus manos a sus caderas, en una postura reiteradamente desafiante.

—¿Eso qué significa? —le preguntó el hombre, sosteniendo su mirada.

La mujer parpadeó, confusa. ¿A caso no estaba claro?

—Pues, que estoy lista. —Se encogió de hombros, como si la respuesta fuera obvia.

Por un momento, el ex marine se había quedado embobado con Claire. Emanaba tal belleza que, por un segundo, lo había cegado de la realidad, admirando sus impactantes y penetrantes ojos azules y su deseable busto.

—Vale —dijo, recuperando el habla de nuevo. Se puso derecho y la miró con firmeza, con su reiterada destemplanza—. Pero, tenlo claro. Aquí el que manda soy yo. Harás lo que yo diga y cuando yo lo diga.

—¿Cómo dices? —Claire ladeó la cabeza, ceñuda. No podía cederle el control a nadie.

—Tranquilita. —Su mirada era firme e irrefutable—. Es como dar un paseo por el bosque. —Sostuvo de nuevo el arma entre sus manos, mirando a Claire con su arrogante sonrisa torcida—. Pero, un bosque del Jurásico.

Hizo un movimiento con el brazo, abriéndole paso a la gerente y sin apartar la mirada de la maleza. Claire suspiró, resignada. Si quería encontrar a sus sobrinos, no tenía más remedio que permitirle liderar la búsqueda. Al fin y al cabo, ella le había pedido ayuda a él. Y no, al contrario. Aquello le había supuesto una gran humillación, ya que nunca antes había pedido ayuda, puesto que ella siempre había tenido el control.

Con paso firme, pasó decidida junto a Owen. En su camino, lo rozó levemente, de nuevo enviándole inconscientemente un escalofrío impregnado del dulce aroma que su cabello emanaba. Sin embargo, él decidió ignorar aquel ardor que la mujer le provocaba, a cada instante más intenso.

Antes de seguirla hacia la maleza, bajó la mirada a una enorme huella junto al acantilado. No se la mostró a Claire porque no quería alterarla aún más, pero estaba claro que era de un dinosaurio enorme. Aquella era la prueba irrefutable de que la Indominus Rex había perseguido a los sobrinos de Claire. Sólo esperaba que los chicos hubieran escapado.

Espero que os haya gustado :) Intentaré actualizar lo antes posible. Me gustaría saber lo que pensáis de este capítulo.