Discleimer: algunas cosas como hechizos, materias y eso pertenecen a J.K y lo demas a mi.

Este cuento participa del Foro de las Expansiones.

Bueno aca volvi con otro capitulo espero lo disfruten.

Salí camino a la biblioteca bastante apurado, como un imbécil había olvidado el castigo, agradecí que solo eran apenas unos minutos y al llegar allí estaba la señora Beth, la bibliotecaria, con la misma seriedad de todos los días.

-Buenas tardes. -me saludó secamente la anciana dejando la pluma que sostenía y girándose me miro provocando que sude frio, no quería por nada del mundo que se alargue el castigo.

-Llega a tiempo, tiene que guardar en su lugar todos los libros. Su compañera está por allí ayúdela.

-¿Hace cuánto está aquí? -por dentro la maldije un poco ya que a la anciana le estaba cayendo aún peor, lo presentí cuando bajó apenas los anteojos y sentí como me observo.

-Hace un rato, siempre viene a ayudarme no como ustedes. Ahora haga el favor y vaya de una vez. -me miró entrecerrando los ojos con el ceño fruncido. Escalofrios, eso es lo que te produce con esa voz nasal.

-Ya voy. -caminé a donde estaba la pila más grande de libros, asi empezar a colocarlos en su lugar pero allí era en donde se encontraba McCoy, no pude no quedarme viéndola. Estaba a un lado de un montón de libros que los mantenía flotando con magia buscando cual pertenecía a la sección de Herbología y colocándolos en su lugar. Pero lo que me llamó más la atención fue cómo estaba vestida; la pollera del uniforme dejaba ver aunque no mucho unas blancas y suaves piernas. Si, se veían suaves, también se había sacado ese chaleco verde oscuro enorme que era parte del uniforme, se había aflojado la corbata, la camisa se ceñía a esas curvas que escondía y se había recogido su largo cabello en una cola alta... ¿Que habían hecho con la pobretona, sangre sucia, inmunda y traga libros? pensé sin dejar de verla.

-Ya sé que tengo mi atractivo pero tampoco para que me mires así, se te va a caer la baba. -eso me hizo volver a la tierra, aclaré mi voz y volví con toda mi arrogancia.

-Sigue soñando sangre sucia. -tomé uno de la pila de libros y comencé a ordenar, eso sí que era un castigo. Tras que no me gustaba mucho leer tenía que estar en ese lugar y con ella, después reflexioné que podría haberme ido lejos si total la biblioteca era enorme.

-Sí, claro. -me contestó con ironía y pude ver una muy disimulada sonrisa.

-¿Estás cumpliendo con el castigo o haciendo caridad?

-Ambas. -se notaba que no le gustaba ni un poco pasar tiempo conmigo aunque a mí tampoco, siguió acomodando libros en sus estantes y ella iba y venía con energía cosa que yo no y me ponía nervioso.

-Espera quédate hay un momento.

-¿Qué? -entonces le empecé a alcanzar libros que irían en la parte donde estaba ella.

-Gracias. -contestó algo confundida por lo que estaba haciendo, me estaba comportando como un idiota.

-No agradezcas me pone los pelos de punta tu hiperactividad. -la vi esbozar una sonrisa y no evité hacer lo mismo.

-Está bien pero ni se te ocurra mirarme así de nuevo.-sentenció.

-No, gracias. No me interesan las ratas de bibliotecas vestidas de abuelita... seguramente hasta con la ropa interior del mismo tamaño -sonreí imaginándomelos enormes.

-Quien dijo que tengo... -un segundo, un segundo fue lo que tardé para imaginarla sin ropa interior y fue suficiente para cortarme la yema del dedo con una hoja. Ella ahogó una carcajada.

-¿Te lo creíste? No soy como tus compañeras -yo no pensaba en decir nada pero solo se me escapó un ¡auch!- ¿Te lo imaginaste y te cortaste?

-Cállate -tomé un libro con la otra mano y se lo di mientras evitaba mirarla- toma.

-Yo tengo razón, déjame ver -tomo mi mano mientras me encontró desprevenido y vio mi dedo índice con apenas un corte- es un corte pequeño

-Suéltame. -le dije serio, me ponía incómodo como si mis tripas se comieran unas a otras.

-No seas marica. -eso me descoloco y sacó una bandita, para mí sorpresa lamió la herida para luego colocarla

-¿Intentas seducirme McCoy? -pregunté entrecerrando los ojos, ella rió y comenzó a ordenar libros en estantes más bajos.- Digo porque te encuentro vestida así, luego me dices que no tienes ropa interior y luego me chupas el dedo.

-Creo que tienes una gran imaginación o ganas de que lo que hice fuera para seducirte.

-Sí, claro. -yo podía tener a quien quisiera en ese momento y obviamente ella no estaba en esa lista.

Al menos eso fue lo que pensaba ya que por alguna casualidad comencé a ir a la biblioteca que coincidia cuando ella iba y la observaba, me las rebuscaba para encontrarla en alguno de los pasillos donde solo nos decíamos un insulto para luego seguir cada quien camino.

-Patosa.

-Retrasado- dos adjetivos...en eso consistía esa especie de juego que habíamos trabado del que solo sabíamos nosotros dos.

-Pobre.

-De la división A- ese "adjetivo" me dejó confundido.

-¿Y eso es un insulto?

-Claro, es muy común entre los de mi división y la de los C.

-¿Y por qué? Si somos la mejor...

-En realidad no...Son todos arrogantes, egoístas y caprichosos nenes y nenas de papa.

-Algunos no quieren serlo. -dije bastante serio ante la simpleza de las palabras que emitía la "amable" McCoy

-Lo sé- ese comentario me dejó aún más confundido a lo que ella siguió su camino.

A partir de ahí las cosas fueron algo diferentes, ya no nos decíamos nada al cruzarnos, una parte de mi temía que nos distanciemos aun mas de nuestra lejana cercanía y la otra feliz porque no tenía porqué hablar con gente como ella. No pasó mucho tiempo que ella cuando me veía me sonreía de manera leve y yo fruncía el ceño, también empecé a dejar a un lado mis conquistas y se me veía con una chica cada tanto, mis pensamientos iban dirigidos sin querer a la sangre sucia ahora llamada Dana al menos en mi mente. Isabela me estaba desesperando ya que estaba todo el tiempo a mi alrededor y quería saber porqué ya no la quería, pedía que no descubriera quien era la persona que me robaba el sueño no quería saber qué pasaría si se enteraba alguien pero todo iba bien hasta que Martiniano y Antonio me esperaron en la sala común.

-¿Por qué no hay nadie? -pregunté señalando a ambos.

-Es de mala educación señalar con el dedo. -me dijo Antonio

-Vete al demonio.

-Les pedimos privacidad un momento...ya sabes cómo es. -dijo Martiniano sentado en la esquina de un sillón marrón oscuro.

-¿Que tienes con la sangre sucia McCoy? -adivine que me habían descubierto y dada la inexpresión que tenían en sus rostros no sabía cómo iban a reaccionar poniéndome muy nervioso

-¿Qué? ¿De qué hablas Toño?

-Esas sonrisas y frunces de ceño, tus horas en la biblioteca sin estudiar y ni hablar de todas las veces que se cruzaron diciéndose algo...

-Para cualquiera puede ser normal pero nosotros somos tus amigos y te conocemos...y sabemos que a ella no le pasas desapercibido... -a mí se me ilumino la mirada y viendo que me apoyaban sentí un gran alivio; yo tenía razón, sabía que le gustaba, miré la hora y en diez minutos salía de la biblioteca.

-Nos vemos más tarde. -saludé y con paso apurado salí al el pasillo indudablemente feliz sin que nada me importara, como si hubiera tomado alguna poción o filtro de amor.

-Estás enamorado ¿verdad? -me gritó Martiniano desde la puerta.

-¡Lo voy a averiguar! -le conteste y corrí a la biblioteca, tenía que hablar con ella pero al llegar vi a su amiga que la esperaba.

-¿Que buscas? -me preguntó seria, no recuerdo como se llamaba, quizás porque nunca me importo solo sabía que esperaba a McCoy afuera de la biblioteca todas las tardes.

-A tu amiga. -ni ella ni nadie podría evitar que me escuchara.

-Está bien -suspiro- solo no la lastimes o me conocerás.

-Está bien. -estaba ansioso y agitado, creía que ella se había dado cuenta o sabía algo. La muchacha se fue y me quede esperando a Dana que no tardó mucho en salir sorprendiendose de mi presencia, claramente no me esperaba.

-Tenemos que hablar. -ella me miró sin asombro alguno.

-¿De qué? -alzó una ceja y yo comencé a caminar.

-Ven. -me siguió sin saber porque hasta un aula vacía, rogaba que no entrase el imbécil de Philips en ese momento.

-¿De qué querías hablar? -dijo cerrando la puerta mientras yo entraba a grandes zancadas en segundos me detuve para dar media vuelta y así mirarla a los ojos.

-De nosotros. -ella se sentó en la mesa de uno de los tantos bancos y me miró alzando una ceja- sabes a lo que me refiero...

-¿A cómo vas a la biblioteca a mirarme? -la miré algo sorprendido rascandome la nuca.

-¿Era tan obvio? -ella me sonrió y quizás si era amable.

-Nadie se percata quince minutos después que tiene un libro al revés ¿Por qué no me devuelves la sonrisa?

-No lo sé... -me confundía como siempre, me lanzo esa pregunta de golpe haciendo que mi mente quede en blanco y lentamente me fui acercando a ella- mira eres pobre, sangre impura, patosa, tragalibros...pero ¿sabes qué? No me importa...

-Y tú eres arrogante, cínico, inmaduro, insufrible, eres un ejemplo de lo que es tu división...

-Ya te dije que no considero eso un insulto. -estábamos a unos centímetros y sentí un perfume de miel y canela, vi como curvaba sus labios consiguiendo una sonrisa de lado.

-Tengo mejores pretendientes como Philips que me jura amor eterno todos los días... -eso me dejó perplejo y pronto mi sangre comenzó a hervir.

-¡Entonces prefieres a Philips!- me alejé y me volví a acercar a ella hasta tenerla a un centímetro y vi que sus ojos verdes me miraban con cierta gracia. Quería besarla en ese instante y parece que me leyó el pensamiento.

-No, en realidad solo me faltaría que me sonrieras para que tampoco me importe -sin pensarlo le sonreí.

Bueno ¿Y que tal les parece?