Yossu! Aquí os traigo el capítulo dos! Es notablemente más corto que el primero, pero es la longitud estándar que tengo en mis fics. A veces se me va la olla en los primeros capítulos de mis historias... XD

En fin, muchas gracias a snk-sunshine, DarkEmi y bibi por sus reviews! ^^

Y ahora, a leer!


Mikasa y Armin mentirían si dijeran que no se esperaban aquello por parte de Eren. El chico nunca se separaba de aquella misteriosa llave que su padre le había dado años atrás, cuando aún vivían en su casa en la ciudad de Shiganshina. Esa llave guardaba un secreto que Eren no había podido descubrir, ya que el mismo día que la recibió, un devastador terremoto sacudió la ciudad y la dejó en ruinas. Allí, sus padres murieron atrapados bajo los escombros de su casa.

Shiganshina fue declarada zona catastrófica y se convirtió en una ciudad fantasma. Los refugiados evacuados no recibieron la ayuda necesaria y la mayoría cayeron en la pobreza. En esta situación se encontraban Eren, Mikasa y Armin, desde hacía ya casi cinco años, llevando tres en las calles de Trost. Por eso sólo les quedaba robar para poder comer.

Mikasa no tardó en protestar por la decisión de su hermano.

- Eren, es muy peligroso- dijo.- No vas a ir.

- ¡No eres mi madre!- le espeto el chico.- Esa llave es lo único que me queda de ellos, no voy a marcharme sin ella.

- Eren, recapacita- pidió Armin, tosiendo.- Si el capitán Rivaille la tiene en su poder, será imposible quitársela sin que se dé cuenta. Te cogerán y te mandarán al calabozo, o aún peor, ¡a la horca!

Al escuchar las palabras del rubio, a Eren se le revolvió el estómago y Mikasa se negó aún más a dejar ir a su hermano.

- ¿Ves?- dijo la chica.- Podrían matarte, Eren. No quiero perderte.

Eren suspiró.

- No vas a perderme- dijo el chico, poniéndole bien la bufanda.- A mí tampoco me gusta la idea, pero tengo que hacerlo, Mikasa, y lo sabes.

La chica frunció el ceño.

- Entonces iré contigo...- empezó.

- No- cortó Eren.- Necesito que hagas lo que te he pedido.

- De hecho, a mí también me necesitarás- dijo Armin, de repente.

Los dos hermanos miraron a su amigo, sorprendidos. Armin sonrió.

- Tengo un plan.

En la habitación de hotel de Rivaille comenzó a entrar el sol. El pelinegro frunció aún más el ceño, molesto, ya que apenas había conseguido dormir. Aquel mocoso le ocupaba la mente, junto con el recuerdo de la vergüenza que pasó el capitán tras recibir un bolazo de hielo y nieve y un puñetazo. Aquel maldito crío se le había escapado... de sus propias manos.

Supo que, adormilado como estaba, no podría rendir bien, por lo que decidió descansar hasta el mediodía. Así se lo hizo saber a sus subordinados, junto con una amenaza adicional sobre lo que les pasaría si se atrevían a molestarle.

Y precisamente por eso, no fue avisado por sus subordinados cuando la policía militar entró en el hotel para avisarles de que se acercaba la hora en la que el ladrón solía dejar la ya tradicional bolsa con todas las carteras que hubiera robado.

Parecía haber habido un chivatazo sobre dónde sería. Aquello hizo salir al escuadrón del Capitán Rivaille... aunque sin éste último.

Esa fue la escena preparada por Armin, donde Eren tendría la posibilidad de robar la llave de los aposentos del capitán. Sin embargo, ni siquiera el rubio se había imaginado la posibilidad de que el invitado de honor no acudiera a su cita por haberse quedado dormido. Y así fue.

"Mierda, mierda, mierda, mierda y más mierda", maldijo mentalmente Eren, tras entrar con sigilo por una ventana. Allí estaba el capitán, durmiendo plácidamente en su cama. El chico no sabía qué hacer; sólo sabía que no podía rendirse, ya que aquella sería la última oportunidad que tendría, por lo que no podía perderla.

Así que, con todo el sigilo que pudo, Eren comenzó a registrar los muebles, uno por uno, sin éxito. Por suerte, el sueño del capitán era profundo.

"Maldito seas", le dijo el chico mentalmente a Rivaille. Y fue entonces cuando Eren palideció, pues vio su llave colgada del cuello del capitán.

"Joder".

El chico casi se alegraba de que el capitán no hubiera salido. Pero a la vez le abordaba una horrible sensación de peligro. ¿Cómo demonios iba a quitarle la llave sin que se diera cuenta?

En la calle, Mikasa y Armin se escondieron, preparados para dejar la bolsa en su sitio. Notaban cómo había aumentado la vigilancia, como ellos querían. Eren tendría vía libre para buscar. Mientras tanto, ellos usaban un mecanismo, una especie de tirachinas, pero de gran tamaño, diseñado y construido por Armin y Eren, desde donde lanzarían la bolsa de carteras. En lo que los policías tardaran en averiguar de dónde había salido, ellos ya no estarían. Se necesitaban dos personas para tirar de la cuerda y lanzar; era por eso que Armin había tenido que tomar parte en el plan a pesar de estar enfermo. Tensaron la cuerda de su "tirachinas" y esperaron a que llegara la hora de siempre. Sus objetivos estaban tardando, lo que empezó a preocuparles.

Pero se relajaron cuando vieron llegar al escuadrón de Rivaille, aunque esa calma se fue al garete cuando vieron que el capitán no estaba entre ellos.

- ¿Qué...?- susurró el rubio.

- ¿Dónde está?- preguntó Mikasa, nerviosa.

- ¿Dónde está el capitán Rivaille?- preguntó uno de los policías.

- Anoche no durmió bien y quería descansar hasta el mediodía- explicó Petra.- Nosotros seremos suficientes aquí.

Aquello dejó helados a Mikasa y Armin. Eren se lo había debido encontrar de frente. Y lo peor era que no se lo esperaba; si hubiera entrado haciendo algún tipo de ruido...

- ¡Eren!- exclamó Mikasa, soltando el tirachinas y saliendo corriendo hacia el hotel.

- ¡¿Mikasa?!- gritó Armin, quien no pudo sujetar la cuerda y salió despedido junto con la bolsa.

La chica no le escuchó. Tenía que ayudar a Eren antes de que fuera demasiado tarde. En la plaza, todos se sorprendieron al ver caer al rubio caer con la bolsa. Al momento, fue identificado y los policías se abalanzaron sobre él. Armin estaba mareado y se encontraba muy mal como para siquiera pedir ayuda a Mikasa. Le habían atrapado, y el plan se había ido a la mierda.

Ajeno a todo ello, Eren se había acercado como un ninja al capitán, quien parecía no haberle sentido todavía. El chico lo observó dormir durante unos segundos; su sueño parecía profundo. Era su oportunidad.

Cogió unas tijeras que había encontrado en uno de los cajones registrados y acercó su mano izquierda al cuello del capitán, cogiendo la llave con mucho cuidado. Después, cortó la cuerda que Rivaille usaba como cadena de collar con las tijeras. Todo iba de perlas.

Sin embargo, cuando fue a apartar la mano con la llave, el capitán le agarró el brazo de improviso, haciéndole soltar las tijeras y tirándolo con él a la cama.

- Dije que no...- murmuró medio dormido el capitán.- … molestarais...

Y le pasó el brazo por encima como si Eren fuera un peluche. El chico tenía el corazón latiéndole a mil. No sabía qué demonios estaba pasando, sólo que el capitán estaba medio dormido y murmuraba cosas extrañas. Y que le estaba abrazando. Con mucha fuerza.

- Pesados...- murmuró el capitán.

Debía estar soñando que sus subordinados habían ido a importunarle. Eren respiraba rápida y entrecortadamente. Estaba muy nervioso. No podía despertarle, o sería arrestado al instante, o peor aún, asesinado. Intentó zafarse del agarre con movimientos suaves, evitando brusquedades que pudieran hacer que el capitán lo notara. Pero todo fue en vano. Aquel pelinegro no le soltaba. Por suerte, sus sueños no tenían relación con él.

- Maldito mocoso...- murmuró el capitán.

Eren maldijo su suerte. Aquello podía significar que el capitán estaba volviendo a la realidad, y que por lo tanto, no tardaría en despertar. Así que cogió todo su valor y lo puso en un único y desesperado movimiento. Se quitó los brazos de Rivaille de encima y se quedó muy quieto. El capitán pareció no despertarse. El chico suspiró, aliviado y se incorporó, pero no tuvo oportunidad de levantarse.

- ¿A dónde crees que vas, mocoso?- preguntó el pelinegro, cogiendo a Eren de una muñeca y volviéndolo a tumbar.- ¿Vienes a robarme a mi propia habitación y crees que vas a irte de rositas?¿Que no me iba a despertar?¿Que no te he notado desde que has entrado por esa ventana?

Eren estaba pálido y con los ojos abiertos como platos. Quería retorcerse, dar empujones, saltar de la cama y tirarse por la ventana. Quería gritar, pero su cuerpo no le respondía. La gélida mirada del capitán había congelado sus músculos. Rivaille le tenía bien sujeto contra el colchón. Eren trató de zafarse e intentó coger las tijeras, pero el pelinegro sujetaba sus muñecas con fuerza.

- Espero que estés listo para el interrogatorio- dijo el capitán.

Al chico se le encogió el estómago. Había fallado. El plan se había ido a la mierda. Rivaille apretó las muñecas del ladronzuelo, haciéndole estremecerse.

- Primera pregunta- murmuró el capitán.- ¿Dónde está tu amiga la bestia?


Y... ¡Corten! Lo sé, lo dejo en mitad de un pequeño interrogatorio, pero es para dejar con ganas de más XD. Espero que os haya gustado este capítulo. Este es un fic que quiero escribir por inspiración (siempre salen mejor) así que prefiero no ponerme fechas. Pero no os preocupéis; intentaré actualizar semanalmente para que no perdáis el hilo.

Y aquí me despido!

Reviews y Ciaossu!