Hola! Aquí os traigo el tercer capítulo de Policías y Ladrones! He estado un poco liada esta semana (un poco = bastante xD), así que los que sigáis la Isla de Master Hand, no os preocupéis, pronto se actualizará (son los últimos capítulos y me los pienso más, eso es todo).

Volviendo con este fic, muchas gracias a Nata-alias-Nino, second, Charlie caguai desu, Shion y Kholoe por sus maravillosos reviews! Y también, muchas gracias por todos los favoritos y followers! a ver si para la próxima os animáis a comentar y me contáis qué os ha parecido el capítulo!

Y ahora, sin más dilación...

A leer!


Eren no respondió a la pregunta del capitán. Ni en sueños delataría a Mikasa ni a Armin. Rivaille frunció el ceño.

- Muy bien, como quieras. Entonces seguiremos la conversación en el calabozo.

El capitán se dispuso a quitarse de encima, pero su cuerpo no le respondió. De pronto, sintió algo extraño, como si no quisiera cambiar su posición. Vio al chico retorcerse bajo él, tratando inútilmente de zafarse de su agarre. Vio su expresión de miedo en sus ojos. Su corazón comenzó a latirle un poco más rápido. De repente, comenzó a pensar en cosas como que el cuello del chico le parecía muy suave, que sus labios brillaban extrañamente, que sus pestañas eran largas, que su cuerpo era delgado... Inconscientemente, acercó con lentitud su cabeza hacia la del menor. No sabía qué le pasaba, sólo tenía la vista clavada en los labios del chico. Éste se dio cuenta de la extraña situación y miró al policía con los ojos muy abiertos. ¿Qué iba a hacer...?

Sin embargo, Mikasa no le dio tiempo a averiguarlo. Rivaille saltó de la cama de improviso y, segundos después, la ventana de la habitación se rompió en pedazos. La chica entró violentamente y observó la escena. Eren estaba al lado de la cama, de pie, respirando entrecortadamente. El capitán la miraba, alerta. Mikasa frunció el ceño.

- Tú...- siseó.- ¿Qué le has hecho a Eren...?

El chico no dio tiempo a que la discusión continuara y, en lo que Rivaille tardó en coger su pistola, Eren había sacado a Mikasa por la ventana. El capitán se asomó rápidamente, pero ya no había rastro de los dos jóvenes. Chasqueó la lengua, muy molesto. Aquel mocoso se le había vuelto a escapar, y además con la llave. No tenía forma de volver a atraerlo.

- ¡Capitán!- exclamó Auruo, entrando rápidamente en la habitación.- ¡Tenemos noticias!¡Hemos...!

El hombre se calló al ver la ventana hecha pedazos.

- ¿Qué ha pasado?- preguntó.

- Nada- murmuró Rivaille, enfadado.- ¿Qué noticias son esas?

Tras tragar saliva, su subordinado contestó.

- Hemos... atrapado a uno de los ladrones.

Aquello hizo girarse al capitán, con las cejas levantadas.

- ¿A uno de los ladrones?- repitió Rivaille.

No tenía sentido; acababa de ver a los dos mocosos en su habitación. ¿Cómo era posible...?

- Está enfermo, sospechamos que era la razón de que Jaeger se arriesgara tanto anoche- informó Petra.- Según este chico, Armin Arlett, Eren quería comprar medicinas para él.

Rivaille se anotó mentalmente el objetivo del mocoso para reflexionar sobre él más tarde. Ahora, su mente estaba ocupada por las palabras de sus subordinados. Tenían a un tercer hombre, alguien por quien el ladronzuelo se había arriesgado hasta ser descubierto. El capitán sonrió, provocando un escalofrío a sus subordinados.

- Al final va a volver- susurró.

Eren corría junto a Mikasa por las calles de Trost. La chica estaba totalmente descontrolada y no paraba de preguntar a Eren qué había pasado en aquella habitación. El chico casi se alegró de haber tenido el tiempo suficiente para levantarse de la cama antes de que su hermana entrara. Si no hubiera sido así... bueno, habría habido pelea. Sin embargo, Eren no tardó en darse cuenta de algo.

- Mikasa, ¿dónde está Armin?- preguntó.

La chica palideció. Recordó de pronto que había abandonado al joven rubio sin siquiera mirar atrás en cuanto había oído que Eren podría tener problemas. Probablemente Armin habría salido despedido junto con la bolsa, debido a la fuerza del tirachinas. Y eso significaba que el rubio probablemente había sido capturado. Eren vio el nerviosismo en su cara y se asustó.

- ¡¿Dónde está?!- gritó, deteniéndose.

Mikasa tragó saliva y se detuvo también.

- Solté la cuerda...- susurró.- Solté la cuerda del tirachinas y fui a buscarte. Me olvidé de que él seguía cogiéndola.

Eren no podía creer lo que estaba oyendo.

- ¿Qué significa eso, Mikasa?

- Que probablemente haya salido despedido... y ahora esté en manos de la Policía Militar...- murmuró ella.

El chico guardó silencio durante unos instantes, tratando de asimilar la información recibida. Al final el plan sí se había ido a la mierda.

- ¡¿Estás loca?!- gritó Eren.- ¡¿Cómo se te ocurre salir corriendo y dejarle solo?!¡Y encima mientras lanzáis el tirachinas!¡Puede haberse golpeado la cabeza!

La chica agachó la cabeza.

- ¡Estoy harto de que me pongas por delante de todos, ya sea de Armin o de ti misma!

- Es que... Eren, eres mi única familia...- murmuró Mikasa, triste.

Eren frunció el ceño y suspiró.

- ¿Me estás diciendo que Armin no es de la familia?- preguntó.

Mikasa le miró con los ojos muy abiertos. Negó con la cabeza.

- Sí que lo es...- susurró.- Lo siento.

Eren sonrió y le revolvió el pelo.

- Pues entonces vamos a rescatarlo- dijo. Frunció el ceño.- Ese capitán no me va a volver a coger desprevenido.

Y sin perder tiempo, pusieron rumbo a los calabozos, yendo por callejones y pasadizos. A pesar de ser más sensato, no quisieron esperar al anochecer, cuando había menos luz; Armin estaba enfermo y probablemente no tendría suficiente fuerza para resistir un interrogatorio, y menos aún si era violento. Durante el trayecto, Mikasa se preguntaba una y otra vez qué había pasado en aquella habitación cuando ella aún no había llegado. Sin embargo, Eren se preguntaba otra cosa. ¿Qué iba a hacer el capitán Rivaille antes de que Mikasa entrara? El corazón del chico latió más rápido y fuerte al recordar la escena.

- Eren.

Sacudió la cabeza y miró a su hermana.

- Ya hemos llegado- informó ella.- ¿Estás bien?

- Estoy perfectamente- dijo él.- Debemos tener mucho cuidado. Supongo que querrán interrogarlo, así que es más que probable que el escuadrón del capitán Rivaille esté por aquí. Tal vez esté hasta el propio capitán.

Mikasa asintió.

- Hay muchas posibilidades, teniendo en cuenta que acabamos de asaltar su habitación.

Caminaron en silencio hasta la parte trasera de los calabozos, a la que accedieron mediante tejados bajos y callejones muy estrechos. Se trataba de un pequeño patio de adoquines con poca visibilidad desde dentro de la prisión. Un lugar ideal para no ser visto; de hecho, era tan pequeño y estaba tan escondido que ni la Policía Militar había llegado a reparar en él... aunque precisamente ellos no tenían por costumbre fijarse mucho en las cosas. Quizá era por eso que a Eren le resultaba tan fácil escaparse si le pillaban. El problema no eran ellos...

- Habla, mocoso.

Era él. Eren se asomó con mucha cautela a una de las muchas pequeñas rejas que había en la pared. Gracias a eso, pudo ver con dificultad el interior de los calabozos. Mikasa hizo lo mismo en la rejilla de al lado. Vieron a Rivaille empujando a Armin con un pie. El chico estaba en una celda, encadenado e indefenso. Además, parecía casi inconsciente, la fiebre debía haberle subido. Eren apretó los puños. ¿Cómo podía tratar así a un chico que estaba enfermo?

- Este es, con diferencia, el calabozo más destartalado que he visto- comentó Eld.

- El techo está lleno de agujeros- corroboró Gunther.

Mientras los dos miembros del escuadrón murmuraban, Petra miraba con cierto dolor a Armin.

- Capitán, está inconsciente...- dijo.- Quizá deberíamos esperar un poco...

- No está inconsciente, está haciéndose el inconsciente, que es distinto- repuso Rivaille, sin dejar de zarandear al rubio.

Eren apretó los dientes. No podía seguir viendo aquello; debía entrar y pelear por su amigo. Aunque ello supusiera un gran porcentaje de fracaso. Mikasa sintió las intenciones de su hermano y se preparó para subir con él al tejado y entrar por una de los muchos agujeros que había en el mismo. Sin embargo, se detuvieron al escuchar una voz de alguien mayor.

- Rivaille, es suficiente.

- ¡Comandante!- exclamaron los subordinados del pelinegro.

- Erwin- dijo el capitán, girándose.- ¿Qué te trae por aquí?

Un hombre alto, rubio y de fieros ojos azules se acercó al pelinegro con una sonrisa.

- Quería ver con mis propios ojos qué era aquello que te había llamado tanto la atención como para quedarte aquí más de dos días- dijo, fijándose en Armin.- ¿Este chico es la causa de tu estancia en Trost?

Rivaille negó con la cabeza.

- Éste es su cómplice- explicó.- Sé que vendrá a buscarlo, pero mientras estoy intentando que escupa dónde se esconden. Estoy bastante mosqueado, ¿sabes?

El comandante suspiró. Eren y Mikasa observaban atentos por la rendija. El chico estaba muy nervioso, pues parecía que el capitán sabía siempre lo que iba a hacer.

- ¿Y qué le vas a sacar al chico, si apenas puede mantenerse despierto?- preguntó Erwin, agachándose al lado de Armin y poniéndole la mano en la frente.- Está ardiendo, necesita un médico.

Rivaille chasqueó la lengua.

- No quiero que salga de aquí, tiene que estar bien vigilado- dijo.- Si tanto necesita un médico, que venga aquí.

Erwin suspiró de nuevo.

- Está bien, yo me quedaré aquí esperando al médico- dijo.

Rivaille levantó las cejas.

- ¿Por qué?

- Bueno, me han entrado ganas de llegar al final de este asunto- dijo el comandante, sonriendo.- Y no me fío de ti, podrías seguir golpeando a este pobre chaval.

- No le estaba golpeando- murmuró el pelinegro.- Petra, Auruo, id a buscar un médico. Eld y Gunther, vosotros venís conmigo.

- ¿Capitán?

- Vamos a peinar la zona mientras tanto- dijo Rivaille.

Sus subordinados asintieron y le siguieron. Eren y Mikasa se mantuvieron en máximo silencio. Si iban a salir a buscarlos, mejor sería no dar ni la mínima pista de dónde estaban. Además, parecía que Armin iba a salir ganando con todo aquello. Si le daban medicina, podría curarse.

- ¿Qué hacemos, Eren?- preguntó Mikasa.

- Esperar- respondió él.- Esperar en silencio hasta que el médico se haya ido. Y entrar a por Armin antes de que el capitán vuelva, o tendremos problemas.

- ¿Y qué pasa con el rubio alto?

Eren sonrió.

- Tengo una idea loca.

Mikasa sonrió también.

- Estoy deseando escucharla.


Y hasta aquí el capítulo 3! Espero que os haya gustado y poder seguir entreteniéndoos hasta el final del fic! ^^

Rivaille... ¿en qué estarás pensando...?...

jus

Hasta el próximo capítulo!

Ciaossu!