Yossu! Aquí llega el capítulo 4! Qué ilusión me hace XD en serio.

MUCHÍSIMAS GRACIAS A Charlie Ibn-La'Ahad, Anvaz, second, ligthblood04, bebaah, DarkEmi, Lisset y Kholoe por sus hermosos reviews! *w*

Y bueno, ya no os molesto más, os dejo que leáis, que he tardado lo suyo.

A leer!


En el interior de los calabozos, el comandante jefe de la legión de reconocimiento suspiró larga y pausadamente, mientras volvía a dirigir la mirada a aquel maltrecho chico rubio, quien parecía estar luchando contra el dolor y la fiebre. Recordó el violento comportamiento de su subordinado minutos antes y frunció el ceño. Rivaille no tenía por costumbre interrogar así a los prisioneros, y menos aún estando enfermos y sin siquiera ser más que un cómplice. Sin duda, fuera quien fuera aquel muchacho ladrón a quien tanto buscaba el capitán, debía haberle obsesionado.

Reprimió las ganas de salir en la búsqueda del ladronzuelo en una sonrisa. No podía esperar a ver a aquel chico que había conseguido levantar de aquella manera el interés del impasible Rivaille. Y no iba a dejar de lado la oportunidad de verlo si el ladrón aparecía para llevarse a su cómplice. Esa era la razón por la que se había quedado allí, solo, sin más escolta que él mismo. Estaba invitando al joven a entrar.

Sin embargo, nada se supo de ellos durante un buen rato.

Unos veinte minutos después, llegaron al calabozo el doctor y su ayudante. Erwin se sorprendió al ver que ambos debían de tener menos de veinte años. El joven doctor, de pelo castaño y de un hermoso color de ojos verde-azulado se acercó al comandante y le hizo una pequeña reverencia a modo de saludo. La joven que le acompañaba, pelinegra y de raza asiática, imitó al doctor.

- Comandante Erwin, es un honor poder conocerle en persona- dijo el joven.

Erwin sonrió y devolvió el saludo.

- Mi nombre es Jean Kirschtein, señor, y soy médico de urgencias. Ella es mi ayudante, Krista Lenz. Dos miembros de la Legión de reconocimiento me pidieron que viniera a atender a un prisionero.

Erwin asintió.

- Es ese joven- indicó, señalando al rubio.- Está enfermo, me temo. Y así no podemos interrogarlo como es debido.

- Entiendo.

El joven doctor se acercó a Armin y sacó sus útiles de medicina. Erwin se quedó sentado en su sitio, observando las ventanas y de vez en cuando echando un vistazo a los recién llegados.

- Eren, ¿estás loco?- susurró Armin, incrédulo.

- Tiene fiebre, Krista, tráeme toallas mojadas y saca la pastilla azul.

Erwin los miró un segundo, sonrió y siguió sentado tranquilamente. La chica se levantó y fue a por lo que le había pedido.

- Tú síguenos el rollo- susurró Eren, mientras Mikasa hacía ruido buscando en el maletín.

- ¿Qué le habéis hecho a Jean?

- Sólo lo hemos puesto a dormir en su casa, pero sin su bata y sin su ropa. No podíamos venir con nuestros harapos aquí. Me cabrea que ese cabeza de caballo tenga mi talla.

Armin no se lo podía creer, y no era para menos. Aquel valor temerario de su amigo se había salido de control. ¡Estaban actuando delante del comandante jefe de la Legión de Reconocimiento!

- ¿Y qué le habéis hecho a Krista?- susurró el rubio.

- Nada, hombre. Mikasa fue a robar ropa a Sasha, Krista no estaba. Sólo hemos usado su nombre.

Mikasa al fin dio con la pastilla y se la llevó a Eren.

- Aquí tiene, doctor.

- Gracias- respondió el chico, disolviéndola en agua y dándosela a Armin.

- Parece que os conocéis- comentó Erwin de repente, dejando un poco desconcertados a Eren y Mikasa. ¿Los había descubierto?

En un primer momento, los chicos no supieron qué decir. Sin embargo, Armin tomó la iniciativa en aquella situación.

- ¡Por favor, no les haga daño, ellos no saben nada!- gritó, teniendo que toser inmediatamente después.- ¡Ellos siempre nos ayudan, ayudan a todo el mundo, cumplen perfectamente su trabajo como médicos...! Por eso me conocen... ¡pero ellos no han hecho nada malo!

Erwin se sorprendió ante aquella súbita reacción y sonrió.

- Tranquilo, chico. No vamos a hacerles nada. Ellos sólo cumplen con su trabajo, ¿verdad?

Armin suspiró de alivio, al igual que Eren y Mikasa, aunque estos de forma más sutil. La chica volvió a hacer ruido buscando en el maletín.

- Nos has salvado- susurró Eren.

- A vosotros, y a Jean y Krista- susurró Armin, serio.

Eren asintió y le puso las toallas húmedas en la frente. Era cierto, al usar sus nombres los estaban metiendo en problemas. Podrían acusarlos de complicidad si se descuidaban. Armin había pensado en ello y por eso había reaccionado así.

- ¿Entonces van mucho por la clínica?- preguntó el comandante, pillando de nuevo por sorpresa a los chicos.

Eren pensó qué decir. Empezó negando con la cabeza.

- No, sólo vienen cuando realmente lo necesitan- dijo.- Odian deber favores a la gente, porque simplemente no tienen medios para devolvérselos. Sólo son unos críos que no pueden hacer otra cosa que robar para comer. Supongo que ahora estarían tratando de conseguir algo de dinero para medicinas.

Al sentir la mano de Armin apretarle el brazo, Eren se calló, entendiendo que quizá había hablado de más. Así que no dijo nada más mientras continuaba curando al rubio.

- Vaya, pues sí que los conoce...- comentó Erwin.- Sabes mucho de ellos.

Eren se puso un poco tenso.

- Le sorprendería saber cuánto hablan los pacientes mientras están en consulta- respondió Eren.

- Entonces, si ese es el caso- dijo el comandante, apoyando la barbilla en sus manos, con los codos apoyados en las rodillas.- ¿No le habrá dicho, por casualidad, dónde viven?

Los tres jóvenes palidecieron. Armin estaba demasiado mareado como para pensar en algo coherente, y Mikasa simplemente guardó silencio, esperando la reacción de su hermano. Eren sonrió un poco y se encogió de hombros.

- Creo que son demasiado cuidadosos para eso- respondió.- A nosotros no nos han dicho nada. Supongo que comprenderá que un ladrón no revelará su "hogar" tan fácilmente.

Erwin sonrió y asintió.

- Sí, lo comprendo- respondió.- Pero sigo teniendo algunas dudas... ¿por qué no avisó a la Policía Militar si sabía que era un ladrón buscado?

Eren tragó saliva.

- Verá, comandante. Digamos que tengo un corazón amable. Si alguien viene herido o enfermo, y su único crimen es robar para comer, con gusto le atiendo y le doy de comer.

- Ya veo- respondió el comandante.- Es usted una gran persona.

- Sólo hago mi trabajo- respondió el chico.

Mikasa se mordió el labio inferior; empezaba a ponerse nerviosa. Eren también, pues sabía que lo que estaban haciendo era casi un acto suicida, porque el capitán o cualquiera de sus subordinados podrían volver en cualquier momento. Así que, con eso en mente, decidió dar inicio a su plan.

- Krista, por favor, continúa poniéndole gasas frías- le dijo a Mikasa.- Tengo que hablar con el comandante Erwin a solas.

- De acuerdo, respondió ella, poniéndose manos a la obra.

Después de eso, Eren se levantó y fue hacia el comandante ante la mirada incrédula de Armin. Erwin le miró con curiosidad.

- ¿Ocurre algo?

- Me gustaría hablar con usted sobre el paciente, si no le molesta.

El comandante se sorprendió un poco, pero enseguida sonrió y asintió, divertido. Eren le llevó a un lugar un poco más apartado y sacó un pequeño formulario.

- Me gustaría hacerle unas preguntas.

Erwin asintió.

- ¿El paciente ha tenido algún tipo de náusea o vómito?

El comandante se encogió de hombros.

- No he estado aquí todo el tiempo, pero mientras lo he estado no ha vomitado. Tampoco se ha quejado de ningún dolor en la tripa.

- Entiendo- dijo Eren, apuntando.- ¿Puede decirme cuánto tiempo lleva aquí?

- Desde esta mañana- respondió el comandante.- Como le he dicho, no he estado...

La frase fue cortada por un fuerte ruido. Eren se sobresaltó y miró hacia donde estaban Mikasa y Armin. El comandante se acercó y vio, con cierta sorpresa, que no había rastro de ellos y que había un enorme agujero en la pared.

- ¿Pero qué...?- escuchó decir.- ¡Eh, tú eres...!

Erwin se giró y vio al joven "doctor" derribar sin dificultad a un guardia, que se habría acercado probablemente al escuchar el estruendo, y salir corriendo. El comandante permaneció unos segundos mirando al lugar por el que se había ido el chico y luego sonrió.

- Creo que empiezo a entenderte, Rivaille- murmuró, sin dejar de sonreír.

- Pues es sólo mío, Erwin, mantén tus zarpas alejadas de él- respondió el capitán pelinegro, antes de salir corriendo detrás del ladrón.- Es mi presa.

El comandante dejó escapar una fuerte carcajada. Rivaille había vuelto unos minutos después de que Erwin mandara un mensaje por el transmisor, comunicándole que creía que Jaeger estaba en los calabozos. Y tras lo que acababa de pasar, no le cupo la menor duda de que no se había equivocado.

Fuera había empezado a nevar. Rivaille siguió en silencio al chico, quien parecía no haberle notado aún. Tenía ganas de cogerle de una vez, pero mientras espiaba desde el tejado de los calabozos, había escuchado lo que el joven había dicho. Su situación era difícil. Además, según las investigaciones de sus subordinados, los tres provenían de Shiganshina, así que podía imaginarse las dificultades por las que habían pasado y por las que aún estaban pasando.

Sin darse cuenta, su deseo de capturarlo se empezaba a transformar en el deseo de ayudarle.

- ¡Eren!¡Detrás de ti!

Aquel grito sacó a Rivaille de sus pensamientos y entonces se dio cuenta de que el chico se había girado y le había visto. Aquella mocosa que se le pegaba a Eren como una lapa le había delatado. El chico puso cara de terror, lo que casi le provocó la risa al pelinegro.

- ¡Mikasa, llévate a Armin, deprisa!- gritó.

- ¡Pero Eren...!

- ¡Hazme caso por una vez, joder!- cortó Eren.

Mikasa se sorprendió ante aquel grito y, con esfuerzo, asintió y se llevó a Armin. Rivaille se detuvo a unos cuantos metros de Eren.

- Sabes que no voy a tratar de ir detrás de ellos, ¿verdad?- preguntó.

El chico se sorprendió.

- ¿Qu-qué?- preguntó, temeroso.

- Mi objetivo eres tú, Eren Jaeger- respondió el pelinegro, acercándose.

El aludido retrocedió. Rivaille frunció el ceño.

- No te atrevas a irte otra vez, mocoso- amenazó.- Sólo quiero hablar.

Aquello sorprendió mucho a Eren, quien no se fió ni un pelo de las palabras del capitán. Y el intento de salir corriendo le salió caro.


Corten! Me gusta cortarlo en partes "críticas", pero... he de reconocer que aquí tuve que detenerme a mí misma porque me pasaba del "límite" de mis capítulos Jajaja. Creedme, es mejor así, porque si no tardo mucho en subir el siguiente. Así que mejor corto en algo que sé cómo seguir =P.

Bueno, muchas gracias de nuevo a todos los que habéis comentado, dado a favoritos y a follow. De verdad, muchas gracias, me hacéis que quiera seguir escribiendo! XD

Hasta la semana que viene!

Ciaossu!