Hola! Antes de nada, perdón por el retraso. He cambiado un poco la forma de idear mis capítulos, y esto me ha llevado más tiempo. Además estoy bastante liada con las clases y con todo un poco. ¡Perdón!
Pero no os preocupéis, porque estoy bastante contenta con cómo ha quedado este capítulo! Espero que vosotros también!
Muchísimas gracias a lightblood04, KathKolmer, Rinaloid, Kholoe, Charlie quiere comida (lol XD), Momo Evans y bebaah por sus maravillosos reviews!
Y ahora, a leer!
Antes de poder dar el segundo paso, Eren fue sujetado e inmovilizado contra el suelo. Se llevó un buen golpe contra los adoquines. Un hilillo de sangre comenzó a salir de su labio inferior, manchando la blanca nieve que había bajo él. Sintió que el capitán le ponía unos grilletes y que lo sujetaba con fuerza por los brazos. Después, fue colocado de espaldas contra la pared, sentado. Y todo aquello en menos de diez segundos.
- Te lo advertí, mocoso- dijo Rivaille.- Que no se te ocurriera salir corriendo.
- ¿Y qué iba a hacer?- preguntó Eren, aturdido por el golpe.- Va a arrestarme, ¿verdad?
El pelinegro resopló.
- ¿Estás sordo?- preguntó, frunciendo el ceño.- Te he dicho que sólo quiero hablar.
- Me ha esposado- recordó Eren.
- No me has dejado otra opción- se defendió Rivaille.- Y estás acabando con mi paciencia, así que cállate y escucha.
El chico guardó silencio por su bien.
- Te he escuchado en el calabozo- dijo el capitán.- Quiero que me cuentes con detalle tu historia. No me gusta juzgar a la gente sin conocer la razón por la que actúan de la manera que lo hacen. Y menos a la gente como tú.
Eren se sorprendió y abrió mucho los ojos.
- ¿La gente como yo?
- Gente que me ha caído en gracia- aclaró.- Gente con escrúpulos, que van contra la ley porque ésta no los ampara. Pero, sobre todo, gente que sabe sacarse las castañas del fuego y que es capaz de volver al nido de sus enemigos a rescatar a uno de los suyos.
El chico se quedó mudo. No sabía que decir ante aquella repentina charla con el capitán que llevaba ya dos días persiguiéndole. Ni siquiera estaba seguro de que aquello no fuese una trampa. Pero poco tenía que hacer en contra de Rivaille. Sabía que si se negaba sólo conseguiría acabar peor.
- E-está bien...- susurró por fin.- Si realmente quiere saber mi historia, se la contaré. Pero, diga lo que diga, y me excuse en lo que me excuse, lo cierto es que he robado a mucha gente, y robar es un crimen. Quiero que sepa que lo tengo en mente.
Rivaille sonrió un poco.
- Me alegra que lo sepas- dijo.- Una cosa menos que tengo que decir.
Eren juntó las piernas al cuerpo y pensó en cómo empezar a contar su vida, pues no estaba nada acostumbrado a que la gente se interesara por él. Además, se moría de frío, pues era de noche y estaba comenzando a helar, y su ropa estaba mojada debido al contacto con la nieve. El capitán lo sabía, y le hacía gracia que el chico pensara que tendría que contarle todo allí. Por eso, antes de que dijera la primera palabra, se quitó su abrigo y se lo puso por encima a Eren. El chico no tuvo tiempo de asimilarlo, ya que segundos después había sido levantado y era transportado en el hombro del capitán.
- ¿Se-señor...?- murmuró, temeroso.
- Si crees que voy a dejar que te mueras de frío antes de saber lo que quiero saber estás muy equivocado- respondió el capitán.
Durante el trayecto, ninguno dijo nada más. Eren se concentraba en pensar cómo empezar a contarle la historia, y Rivaille simplemente pensaba en dónde llevar al chico para no armar un escándalo con la Policía Militar. Al final, Eren decidió contar la historia desde el día del terremoto, y Rivaille decidió que le importaba una mierda tener problemas con la "Policía Inútil". Lo que más le preocupaba era que si aquella bestia que tanto se apegaba al chico aparecía, no iba a poder conocer su historia. Así que en el fondo, rezaba por que la chica escuchara a Petra. Pues, si sus subordinados, quienes habían seguido a Mikasa y Armin, no conseguían convencerla (el chico rubio seguro que les escucharía), iba a tener que tomar medidas drásticas. Llevarse a Eren era una de ellas, pues no quería que el chico pasara el resto de su vida en la cárcel, que era el futuro que le quedaba si la Policía Militar le arrestaba. No iba a permitirlo...
Cuando el capitán se sorprendió pensando esto, frunció el entrecejo. ¿Qué demonios era aquel chico para él?¿Por qué se sentía tan identificado con él?¿Por qué no quería perderlo de vista? Y lo más importante, ¿por qué estaba dispuesto a hacer lo que fuera, incluso matar, si alguien decidía quitárselo ahora que por fin lo tenía? Era la primera vez que Rivaille se sentía así. Decidió realizar un análisis de sentimientos más tarde.
Como su habitación del hotel aún no estaba reparada, y además el edificio estaba vigilado por la Policía Militar desde el incidente de aquella mañana, el capitán decidió tener la charla en una cafetería abierta las veinticuatro horas. Conocía al dueño, y sabía que si quería tener intimidad, él se la daría. Así que cuando entró en el local, sin abrigo y cargando con Eren al hombro, el hombre tras la barra se apresuró en abrir una puerta, señalándole que pasara, y se puso rápidamente a preparar café caliente. En la habitación a la que entraron, había un sofá que parecía muy cómodo y una mesita de café. Estaba bien iluminado y la temperatura era agradable. Rivaille dejó al chico en el sofá y luego se sentó al lado, suspirando.
- Por fin- murmuró.- Maldito frío.
Al poco, el dueño de la cafetería apareció por la puerta con dos tazas de café humeantes y las dejó frente a ellos en la mesa, junto con unas pastas. Rivaille le dio las gracias y el hombro sonrió y volvió a la barra, cerrando la puerta.
Eren se sorprendió con aquel trato.
- Veo que tiene contactos hasta en los lugares más insospechados...- murmuró, arrepintiéndose al instante de haber abierto la boca.
Sin embargo, el capitán no le echó la bronca. Simplemente se limitó a encogerse de hombros y dio un sorbo a su café.
- Los contactos lo son todo en este mundo- respondió.- Pero creo que tú ya lo sabes.
Eren asintió. Era cierto. Ellos, por ejemplo, tenían a Jean y Krista. Aunque el médico no le cayera especialmente bien, sabía que podía contar con ellos cuando tuvieran problemas. Pero incluso así, Eren no era capaz de deber favores a nadie, y por eso no habían ido a pedir medicinas cuando Armin se puso enfermo: aún no había conseguido pagar las anteriores. De hecho, la mayoría del dinero que había conseguido hacía dos noches iba a ir destinado a Jean, quien probablemente no lo aceptaría. Además, tenía que compensar al médico por lo que le habían hecho aquella tarde.
Perdido en sus pensamientos, no notó la mirada de Rivaille hasta un minuto después. Se giró hacia él, nervioso, preparado para disculparse.
- ¿No bebes ni comes?- preguntó el capitán.- Estoy seguro de que tienes hambre.
Aquello dejó en blanco al chico. Era la primera vez en mucho tiempo que alguien hacía algo así con él. Iba a negarse, muy a su pesar, porque no quería deber nada al pelinegro, pues esto le pondría en deuda con él. Sin embargo, su tripa no estuvo de acuerdo con sus pensamientos y rugió, reclamando las pastas y el café que tan amablemente les había preparado el dueño de la cafetería. Eren se sonrojó al escuchar el ruido y Rivaille suspiró.
- Come, por dios- dijo.
- Sí...- susurró Eren, dando un sorbo a su taza de café y cogiendo una pasta.
Estaba riquísima, y el café caliente le sentó de maravilla. ¿Cuánto hacía que no disfrutaba de un aperitivo así? Ya ni se acordaba. Cuando Rivaille vio su cara de felicidad, no pudo evitar ciertos pensamientos impuros que le hicieron volver a beber café mientras trataba de apartarlos.
- Bueno- dijo, dejando la taza en la mesa.- Creo que es hora de que empieces a hablar.
Eren se sobresaltó un poco y asintió. Aparte de Jean y Krista, era el único que se había interesado por su historia, de forma honesta. Así que respiró hondo y comenzó a contarle todo por lo que había pasado. Le contó que el día del terremoto había discutido con su madre y se había ido de casa sin arreglar sus diferencias, que después del temblor, cuando volvió a casa, estaba derrumbada, y su madre, agonizante, les pedía que se fueran. Le contó cómo un amigo de la familia se los había llevado de allí justo antes de que el segundo temblor, aún más devastador, terminara de destruir la ciudad, y de cómo se habían encontrado con Armin y su abuelo, que poco después murió debido a las malas condiciones de vida en las que se encontraron tras la catástrofe. La gente de Shiganshina no tenía amparo. Sólo se les veía como gente que no tenía casa, ni dinero, y que iba a aprovecharse de los recursos de los demás. Ningún gobierno quiso hacerse cargo de los supervivientes. Aquel acto de inhumanidad había acabado con la mayor parte de la población restante de Shiganshina y sus periferias. Muchos de ellos habían muerto aplastados al intentar volver a su hogar y entrar en sus casas. Otros muchos, de enfermedades, de hambre o por saqueos. Eren había conseguido llegar hasta Trost y desde entonces no había hecho otra cosa que robar.
Rivaille le escuchaba en silencio, maldiciendo por dentro a todos aquellos con poder político que habían dado la espalda a su pueblo. La historia de Shiganshina que todos conocían difería bastante de la verdadera, y al escucharla, decidió que haría algo al respecto.
Eren no pudo evitar llorar mientras contaba algunas de las partes de su historia, como la de su madre, o la de los problemas que habían tenido que superar tras irse de su ciudad. Recordar las frías noches en las que tiritaba tanto que pensaba que se iba a morir, las palizas que recibía de otros niños por ser pobre, y la inhumanidad de mucha gente a la que había pedido ayuda, entre otras cosas, le hizo darse cuenta de que, desde aquel terremoto, su vida había desaparecido, junto con su condición de ser humano. A ojos de los demás, él era un simple despojo que trataba de aprovecharse de ellos. Y en ese momento, perdió toda la esperanza.
Rivaille se dio cuenta e inmediatamente le agarró del hombro y se lo acercó. Aquel abrazo inesperado terminó de confundir a Eren. Pero a su vez, le fue de gran ayuda, y alivió en cierta manera aquel horrible sentimiento de soledad. El capitán acarició el pelo del chico y suspiró.
- Llora, grita, desahógate- le dijo.- Cuando termines, te diré todo lo que pienso de lo que me has contado.
Aquel fue el detonante del llanto descontrolado del chico. Abrazó con fuerza a Rivaille, dándole igual ya quedar bien o mal. Aquel hombre le había ofrecido un hombro en el que llorar, en una habitación en la que nadie más le vería hacerlo. Hacía mucho, mucho tiempo que lo necesitaba. Demasiado.
Mientras Eren lloraba, el capitán no dijo nada. Esperó pacientemente a que el chico echara todo lo que se había guardado aquellos años. Eren tampoco dijo nada, pero Rivaille sonrió al escuchar, entre hipos y sin entenderse mucho, una palabra.
"Gracias".
Tras escucharla, abrazó aún más al chico.
- Pequeño mocoso- susurró, aún sonriendo.
Así pasó casi una hora. Rivaille se separó del chico cuando por fin consiguió dejar de llorar. Ahora trataba de secarse las lágrimas, para lo que el capitán le prestó un pañuelo. Lo había decidido. Protegería a ese chico y a sus amigos, y no dejaría que nadie volviera a hacerles daño. Hablaría con Erwin sobre Shiganshina y pondrían una denuncia a una larga lista de políticos. Las cosas iban a cambiar a partir de ahora...
Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar un gran estruendo en la cafetería. Eren se sobresaltó y Rivaille, por reflejos, le dijo que se escondiera. Pero no tuvieron tiempo. La puerta se abrió con violencia y entraron en la habitación dieciocho policías, armados. El capitán frunció el ceño y chasqueó la lengua.
- ¡Aquí está!¡Es Jaeger!- gritó uno.- ¡Gracias por su trabajo, capitán Rivaille!
Y hasta aquí el capítulo de hoy. Ha dado un giro al final, ¿eh? Había que ponerle un poco de emoción... o si no Rivaille se habría descontrolado... y aún no es el momento... aún no... jujuju
Algunas me habéis comentado que los capítulos se os hacen muy cortos, y la verdad es que eso es algo bueno por una parte, ya que significa que no os aburrís leyendo xD, y malo por otra, porque no quiero que os sintáis insatisfechas. Pero bueno, qué le voy a hacer, es mi forma de escribir. Creo que es mejor que devoréis una historia de muchos capítulos que que tengáis que leer un tocho por cada capítulo y os dé pereza pasar al siguiente. Aunque claro, todo esto a los que leéis mientras voy sacando la historia, que esperáis un tiempo por cada capítulo, os puede resultar efectivamente bastante corto. En fin, a partir de ahora crearé cada capítulo en función de los hechos que quiero que aparezcan en él y no en función de las páginas que me ocupen. Aunque advierto que así tardaré más en actualizar (*^*).
Muchas gracias de nuevo a todos los que le habéis dado a favoritos y follow a esta historia! Y sobre todo a los que me dedicáis algo de tiempo para comentar! Espero poder seguir entreteniéndoos hasta el final!
Ciaossu!
