Hola de nuevo! Perdón por el retraso, pero esta vez no os voy a aburrir con mis problemas XDDDD Aquí os traigo el capítulo 6. Como dije, no esperaba hacer de éste un fic muy largo, así que me temo que poco a poco se va acercando el final. Pero no os preocupéis, ya que tengo otro Riren, más largo, guardado en la chistera XD (Sólo tengo un poco del primer capítulo listo, pero espero poder seguirlo).
Muchísimas gracias a KathKolmer, niruu, ligthblood04, MissCigarettes, Momo Evans, Charlie and Candy Mountain, bebaah, mamita y Kholoe por sus hermosos reviews ^w^!
Y ahora a leer!
Cuando vio entrar a todos aquellos policías, Eren se quedó congelado. ¿Qué hacían allí?¿Cómo sabían que estaba en aquella remota cafetería, en aquella sala medio oculta? Las preguntas se arremolinaban en su cabeza impidiéndole pensar con claridad. Pero todas sus dudas fueron disipadas al escuchar la frase que gritó uno de los policías.
- ¡Aquí está!¡Es Jaeger!¡Gracias por su trabajo, capitán Rivaille!
Eren abrió los ojos de par en par y miró al pelinegro, quien no había cambiado su expresión ni un poco. ¿Le daban las gracias?¿Le había vendido?¿Había hecho mal en confiar en él...?
Estaba claro, era un idiota por haberlo hecho. ¿Quién en su sano juicio se tomaría en serio aquella amable invitación de charlar y tomar un café con pastas por parte del Capitán Rivaille, el héroe de la Legión de Reconocimiento? Le había tendido una trampa, y él había caído como un ratón. Se sentía furioso...
No. No estaba furioso. En su interior había comenzado a formarse un nudo horrible. Tenía la garganta aprisionada y su vista comenzó a tornarse borrosa. Fue entonces cuando Rivaille le miró, y las primeras lágrimas cayeron de los ojos de Eren. Y en ese momento, el pelinegro cambió su expresión.
- No deberíais haber venido- siseó el pelinegro, sacando su arma.
Antes de que pudieran hacer nada, el capitán dejó inconscientes a todos y cada uno de los policías que habían interrumpido su conversación. Sin perder tiempo, agarró a Eren por el abrigo y lo sacó casi a rastras de la cafetería. Cuando pasó al lado del dueño, se inclinó brevemente y le dijo que le pagaría los desperfectos. Una vez fuera, quitó los grilletes al chico y suspiró, secándole las lágrimas.
- Siento la interrupción- dijo, mirándole fijamente.
Eren le miraba con los ojos muy abiertos, confuso y sin tener ni idea de qué estaba pasando. Rivaille soltó una pequeña risita ante la expresión del menor y volvió a suspirar.
- Creías que te había traicionado, ¿verdad?- dijo.
El chico bajó la mirada.
- Traicionarme... para empezar estamos en posiciones enemigas- murmuró Eren.- Para traicionarme tendría que estar de mi lado en primer lugar.
Rivaille le miró con curiosidad.
- ¿Es que no lo estoy?- preguntó.
Eren levantó la mirada, aún más sorprendido.
- ¿Qué?
- Te lo he dicho, ¿no?- respondió el otro.- Que no iba a dejar las cosas así. Que pensaba investigar todo lo relacionado con Shiganshina. Y que no dejaría que te hicieran daño.
El chico le miró como si estuviera loco. ¿En qué momento había dicho aquello el capitán? No recordaba haber escuchado tales palabras salir de su boca. De hecho, lo único que se había escuchado en la sala tras toda la confesión de Eren había sido su llanto. Cuando Rivaille vio la expresión de confusión máxima del chico, recordó que en ningún momento había dicho eso.
- Lo siento, parece que antes no lo dije en alto- dijo.- Tenía pensado decírtelo justo antes de que entraran esos idiotas. Pero todo es cierto. Pienso protegerte, Eren. Ahora, debes irte.
El chico no pudo evitar sonrojarse. Aquel hombre... realmente se había preocupado por él. Le había escuchado e intentado comprender con todo su corazón. Incluso le había salvado de su propia gente. Eren estaba seguro de que lo que acababa de hacer le costaría caro al capitán, y todavía se preguntaba por qué el pelinegro hacía tanto por él. Incapaz de asimilar lo que acababa de pasar, negó con la cabeza.
- ¿Y qué pasará con usted?- preguntó.
- Voy a tomar la responsabilidad por lo que acaba de pasar- respondió el pelinegro.- Es mi culpa por ser poco precavido y dejar que me siguieran.
Eren no tenía palabras. Inconscientemente, se quitó el abrigo y se lo extendió a Rivaille, pero éste negó con la cabeza y sonrió. El chico miró la prenda en sus manos y se la volvió a poner. Estaba claro; le debía a aquel hombre mucho más de lo que nunca podría pagar. Suspiró.
- Muchísimas gracias por todo, capitán Rivaille- dijo Eren, haciendo una reverencia.- Me gustaría saber qué puedo hacer a cambio.
El pelinegro le miró fijamente y finalmente cedió a sus sentimientos. En su interior, algo forzó el candado de sus emociones y abrió la puerta.
- ¿Quieres que te diga qué puedes hacer a cambio, dices?- preguntó.
Eren asintió.
- Quédate quieto un momento- respondió el capitán.
El chico le hizo caso, curioso por saber qué iba a hacer el hombre. Sin embargo, cuando lo supo, no pudo reaccionar. Rivaille le cogió de la nuca, se acercó a él y le besó en los labios, fundiéndose con Eren en un apasionado beso, seguido inexpertamente por el más joven. Esto casi le hizo reír al pelinegro. Aquel chico era demasiado mono. Debía protegerlo de todo. Tras un suspiro, volvió a mirar a los ojos a Eren y le apartó el flequillo de la cara con dulzura, provocando escalofríos al chico.
- Debes irte, antes de que se despierten- dijo Rivaille con voz suave.- No te preocupes por mí, ya te volveré a encontrar.
Y tras eso, le dio otro beso, más corto y casto. Después de dedicarle una sonrisa al chico, se giró y se dirigió de vuelta a la cafetería. Eren le miró entrar, más rojo que un tomate maduro. Las mejillas le ardían y tenía el estómago revuelto, con una sensación que nunca antes había tenido. Era como si cientos de mariposas revolotearan dentro. Se tocó los labios y se quedó pasmado unos instantes, hasta que escuchó bullicio acercándose por la calle. Se dio una bofetada para espabilarse y se escondió, observando a otra docena de guardias armados entrar en la cafetería. ¿Qué iba a pasar con el capitán Rivaille...?
El interior de la cafetería se volvió un auténtico caos cuando entraron los policías. Al enterarse de la traición de Rivaille, fueron armados hasta la médula, sin tener ningún cuidado con las mesas y sillas de la sala, con intención de disparar si el capitán oponía resistencia. Esto, por suerte, no ocurrió. Cuando entraron a la habitación en la que Eren y Rivaille habían mantenido su conversación, encontraron al capitán esposado, ayudando a curar los golpes de los policías a los que había derribado. El pelinegro suspiró al verlos, como si les reprochara el retraso, lo cual desconcertó aún más a los policías. Pero uno de ellos, le echó valor y dio un paso adelante.
- ¡C-Capitán Rivaille!- gritó.- ¡Queda arrestado por traición y complicidad en la fuga del ladrón Eren Jaeger!
El pelinegro suspiró y se rió en bajito. Luego se puso serio y se encogió de hombros.
- Muy bien- dijo.- ¿Y cuál será mi castigo?
El policía, con algo más de coraje que antes, se acercó y le sujetó por las esposas, seguido rápidamente por dos de sus compañeros.
- Pa-pasará la noche en el calabozo, el veredicto será dado mañana- informó el chico.
- Oh, de acuerdo- respondió Rivaille.- No tengáis tanto miedo, no pienso oponer resistencia.
Los policías se calmaron un poco, pero no bajaron la guardia. Sacaron al capitán de la Legión de Reconocimiento, esposado, de la cafetería, y se lo llevaron al cuartel de la Policía Militar, haciendo oídos sordos a las protestas de los subordinados del detenido.
- ¡Soltad al capitán!- gritó Petra.
- ¡Eso, cobardes!- chilló Auruo, mordiéndose la lengua inmediatamente después.
- Basta- cortó Rivaille.- Tranquilizaos. Id a beber o a hacer cualquier cosa, tenéis la noche libre.
Sus subordinados le miraron como si no se creyeran lo que estaba pasando. ¿Desde cuándo su capitán se había vuelto tan... dócil? Al ver cómo se lo llevaban a los calabozos, apretaron los puños. Habían conseguido retener a la amiga de Jaeger, con la ayuda de Armin, pero a cambio habían "perdido" a su capitán.
Rivaille en realidad no estaba de acuerdo con ir a los calabozos o ser detenido, pero era consciente de que no debía crear demasiado escándalo o Eren tendría aún más problemas. A él probablemente le darían un tirón de orejas y le advertirían que aquello no debía volver a ocurrir. Tenía a Erwin de su lado, no había nada de lo que preocuparse. Pero aún así, cuando le empujaron al interior de una celda y cerraron la puerta metálica, no pudo evitar sentirse inquieto. Aquel lugar estaba... muy sucio. Asqueroso, para su gusto. Pero aquello no fue todo, pues no tardó en darse cuenta de que no estaba solo en aquella estancia. Una especie de vagabundo envuelto en una manta raída descansaba sentado en una esquina de la sala. Allí dentro sólo se veía por la luz que entraba a través de la rendija de la puerta, por lo que no podía ver bien su cara. Sin embargo, no pensaba pasar allí la noche en compañía de un desconocido, por lo que se aproximó con paso firme y levantó aquella sucia manta para descubrir quién estaba debajo. No pudo sorprenderse más cuando vio aquellos ojos verdes-azulados, que tanto adoraba, mirarlo con curiosidad. El capitán abrió los ojos de par en par.
- ¡¿Eren?!- exclamó.
El chico no se había esperado tal reacción por parte del pelinegro y se sorprendió. Luego dejó escapar una risita.
- La verdad es que estaba empezando a preocuparme porque no le traían, capitán- dijo.
- ¿Se puede saber qué...?
El joven se levantó, sacudiéndose un poco la ropa, y luego miró a Rivaille fijamente.
- Es mi forma de pagar lo que ha hecho por mí- dijo.- No puedo simplemente dejar que lo encierren después de haberme protegido. Y además...
Pero el chico no terminó la frase. Rivaille esperó la continuación, pero supo que ésta no iba a llegar cuando vio que Eren desviaba la mirada y sus mejillas se sonrojaban. Y entonces supo que había llegado su turno.
- Debemos irnos, capitán, he abierto un agujero en el muro de la habitación- dijo el chico.- Estaba sentado ahí porque con la oscuridad no se me veía y así lo tapaba. Mikasa me ayudó a hacerlo; ella y Armin están vigilando escondidos desde fuera del recinto.
Rivaille miró el agujero y sonrió, pensando en la cara que pondría la monstruíta cuando se enterara de lo que le había hecho a su querido Eren. Agarró por sorpresa al joven y lo empujó contra la pared. Y tras eso se abalanzó sobre sus labios. Aquello ya le había superado. Cuando se se separó para que Eren cogiera aire, soltó un largo suspiro de placer. Aquel chico le volvía loco, y ya no podía resistirse más.
- ¿C-ca-capitán?!- exclamó Eren, asustado.
- Vámonos de aquí, este lugar está muy sucio- respondió Rivaille, saliendo por el agujero.- Pero aún no hemos terminado.
- ¿Eh?- preguntó Eren, siguiéndole.
Rivaille le esperaba fuera, mirándole con una expresión un tanto extraña. Cuando el chico salió, el capitán se acercó a él.
- Esta vez no te me vas a escapar a la mitad- susurró en su oído.
Y Eren se sonrojó sin entender por qué.
Supongo que con esto dejo caer lo que pasará a continuación, ¿verdad...? Jujujujuju
Me gustaría tener tiempo para escribir más a menudo... pero en fin xD
Por favor, comentadme si os ha gustado! *O* yo leeré vuestros reviews con emoción *^*
Hasta el próximo capítulo!
Rikku
