¡Hola a todas/os! Antes de nada, como es costumbre, quiero disculparme por este largo retraso. Tenía el capítulo escrito en el móvil, en mis ratos de tren entre casa y clase, pero inacabado. Aún así ni siquiera había tenido tiempo de pasar todo el material al ordenador. Total, dos meses de retraso. Pero bueno, esta vez he subido cinco páginas de word, que son casi dos capítulos, para intentar aliviar un poco la culpa... ¡Espero que os guste!

Como siempre, muchísimas gracias a el gallo charlie, KathKolmer, Yomi Megurine, lollipop-tsundere, Hibary-Hiwatari, Anvaz, Momo Evans y Kholoe por sus hermosos reviews!

¡Por cierto! Si os gustan los fanarts, podéis pasarlos si os apetece por mi deviantart. Allí tengo unos cuantos de Eren y Rivaille (sobretodo de Eren xD) es este: nyankichi. deviantart. com (he tenido que escribirlo con espacios tras los puntos para que fan fiction no se buggee xD)

Y ahora a leer!


La luna llena alumbraba el descampado en el que se encontraban, por lo que no necesitaron llamar la atención iluminando el camino. Eren caminaba cabizbajo, un poco alejado del capitán, quien no fue ajeno a su comportamiento, pero que tampoco dijo nada. Probablemente aquel muchacho estaba muerto de miedo, o de vergüenza. Aquel acto impulsivo de Rivaille le había aturdido completamente. Lentamente, y sin hacer ningún ruido, se fueron acercando al muro que rodeaba los calabozos. Allí les esperaba Mikasa, montando guardia, acción que automáticamente pasó a segundo plano cuando vio a su querido hermano llegar en compañía del pelinegro. Les lanzó una cuerda que utilizaron para pasar al otro lado de la muralla. Y al capitán, además, le lanzó la mirada más oscura que la luna le permitió, a lo que Rivaille contestó frunciendo el ceño.

Ajeno a todo ello, Eren caminó con sigilo hacia un callejón, donde les estaba esperando Armin. El rubio, al verles, dejó escapar un largo suspiro de alivio y se acercó a su amigo.

- Menos mal que todo ha salido bien- dijo.- Tardabais tanto que estaba empezando a preocuparme.

Eren se sonrojó al recordar la razón por la que se habían demorado, pero en la penumbra del callejón Armin no lo notó.

- Bueno, lo importante es que todo ha salido como estaba planeado- dijo Eren.

- ¿Esto ha sido idea tuya, mocoso rubio?- preguntó Rivaille, poniéndose al lado del ojiverde, ganándose otra gélida mirada de Mikasa.

- Hemos pensado entre varios- respondió Armin, sonriendo.

El capitán levantó las cejas. De las sombras del callejón salieron sus subordinados, con una tremenda cara de alivio.

- ¡Capitán!- exclamó Petra, acercándose al pelinegro.- Me alegro de que esté bien.

- Bienvenido de vuelta, capitán- saludó Eld.

Rivaille frunció el ceño.

- ¿Qué demonios hacéis aquí?

Sus subordinados tragaron saliva y se sintieron desanimados tras aquellas palabras. El capitán suspiró.

- Os dije que teníais el día libre.

Tras escuchar la aclaración, se aliviaron un poco, pero sabían que su capitán estaba molesto, aunque ignoraban por qué.

- No podíamos quedarnos quietos con todo esto, Capitán- dijo Auruo, cabizbajo.- Era injusto.

- ¿Y dónde ves tú la injusticia, si puede saberse?- preguntó el pelinegro, suspirando.- Ayudé a un fugitivo a huír y agredí a varios miembros de la Policía Militar. No esperaba irme de rositas.

Sus subordinados abrieron mucho los ojos y se miraron entre ellos. Rivaille frunció aún más el ceño.

- ¿Qué pasa?- preguntó.

Petra miró a los demás y luego bajó la cabeza, avergonzada.

- Lo siento, no nos lo habíamos creído- respondió.- Pensábamos que sólo le habían encontrado con Jaeger y por eso le habían arrestado.

- Idiotas, ¿desde cuándo soy un santo?

Mientras el capitán les echaba la bronca a sus avergonzados subordinados, Mikasa aprovechó para coger del brazo a Eren y comenzar a caminar. El chico no se resistió ni tampoco dijo nada, parecía tener la cabeza en las nubes desde que había salido de aquella celda, lo cual enfadó bastante a su hermana. ¿Qué habría pasado dentro?

- ¿Está bien irnos así?- preguntó Armin, que caminaba al lado de Mikasa, mirando hacia atrás.

El capitán estaba tan absorto en echar la bronca a sus subordinados y éstos en escuchar, que no se dieron cuenta de que los tres chicos se habían ido. Aunque probablemente no tardarían mucho en hacerlo.

- No más problemas por hoy- dijo Mikasa.

El rubio asintió, pensando que tenía razón. Ya habían tentado bastante a la suerte arriesgándose a liberar de los calabozos a un capitán que llevaba días persiguiéndolos, y que no había sido especialmente amable con él cuando fue interrogado. Sin embargo, Armin estaba intrigado. ¿Qué habría pasado entre el capitán y Eren mientras éste le liberaba? No, aún antes, ¿qué habría pasado entre ellos en aquella cafetería, para que Rivaille hubiera protegido al chico y éste hubiera puesto tanto empeño en liberarlo? Aquel pelinegro parecía demasiado interesado en su amigo, y éste estaba completamente en las nubes desde entonces.

- ¿A dónde creéis que vais?- dijo de pronto una voz que conocían muy bien.

Mikasa y Armin se giraron sobresaltados, sabiendo que les esperaba como mínimo una buena bronca. Ante ellos se encontraba Jean Kirschtein, el médico y amigo al cual habían suplantado horas antes frente al Comandante de la Legión de Reconocimiento. El joven frunció el ceño y se cruzó de brazos, claramente enfadado. Mikasa chasqueó la lengua, nerviosa, ya que su improvisado plan de fuga estaba siendo retrasado, y le estaba dando ventaja a aquel capitán enano para alcanzarlos.

- ¿Qué es lo que quieres?- preguntó la chica, aunque ya conocía la respuesta.

El médico levantó las cejas con irritación.

- ¿Que qué es lo que quiero?- repitió, con molestia.- Para empezar quiero una explicación. Quiero que me digáis por qué demonios hace una hora apareció en mi casa ni más ni menos que el Comandante de la Legión de Reconocimiento, Erwin Schmitz, preguntándome sobre vosotros, diciéndome que habíais suplantado mi identidad y que tuviera más cuidado la próxima vez.

Tras una corta pausa en la que examinó sus caras, continuó.

- Además, quiero saber por qué me desperté medio desnudo y tirado de cualquier manera en el sofá de mi casa, con un golpe en la cabeza. Elegid por donde queréis empezar.

Armin soltó una risita nerviosa, Mikasa bufó, pero Eren seguía sin decir nada. Esto le llamó mucho la atención a Jean, ya que normalmente aquel chico aprovechaba la mínima ocasión para empezar una pelea. Algo no iba bien, o al menos, no iba como siempre. Miró a Armin y suspiró.

- ¿Qué le pasa?- preguntó, señalando a Eren.

Tanto Mikasa como el rubio miraron al ojiverde con detenimiento. Parecía aún más perdido en sus pensamientos que antes. Armin se llevó la mano a la nuca.

- La verdad es que no lo sabemos con exactitud- respondió.- Lleva así desde que salió de una cafetería con el capitán Rivaille.

Jean abrió mucho los ojos.

- ¿Cafetería?¿El Capitán Rivaille?- repitió.- ¿Qué demonios...?¿Se puede saber en qué andáis metidos?

Mikasa soltó a su hermano y se acercó a Jean, sobresaltándolo un poco. Armin levantó los brazos, en un pequeño intento por detenerla y después suspiró. No tenía nada que hacer contra la fuerza de la chica.

- Mira, ahora mismo no tenemos tiempo para perderlo aquí charlando contigo de nuestros problemas- dijo ella.- Tenemos que irnos de Trost, y nos estás retrasando. No te recomiendo que actúes de obstáculo, pues no suelo tener remordimientos para abrirme paso.

El médico tragó saliva. Armin se acercó también, con una sonrisa de disculpa. Sabía que su amiga no era de las personas que explicaban las cosas y además estaba nerviosa; aún así, no le parecía bien hablarle de aquella manera a alguien que les había ayudado siempre a pesar de estar buscados por la ley. Jean no se merecía aquel trato.

- Lo que Mikasa quiere decir es que nos han surgido más problemas de los que ya teníamos. Debemos marcharnos cuanto antes para no dar más problemas a nadie- explicó el rubio.- No volveremos a molestarte, no tienes de qué preocuparte. Te agradecemos todo lo que has hecho por nosotros, sin ti probablemente hubiéramos muerto años antes. Muchas gracias y adiós.

Terminó su discurso con una pequeña reverencia y una sonrisa. Jean le miró y se rascó la nuca. Luego sonrió un poco.

- No ha sido nada, Armin. Me alegro de haberos sido de ayuda- dijo. Luego, miró a Mikasa, quien seguía dirigiéndole una mirada de molestia.- Sé que estáis nerviosos, lo cierto es que el comandante Erwin me explicó un poco la situación. Sólo quería escucharlo de vosotros, con más detalle. Pero supongo que me quedaré con las ganas. Suerte, chicos.

Armin asintió y sonrió. Mikasa se giró.

- Muchas gracias...- comenzó el rubio, pero no pudo terminar la frase.

- ¡Armin!- exclamó Mikasa, haciendo que el aludido se girara también.- ¡Eren no está!

- ¡¿Qué?!

Los tres miraron a su alrededor, pero no había ni rastro del joven de pelo castaño. Mikasa entró en pánico y Armin trató de calmarla inútilmente.

- ¡Eren!- gritó ella.

- ¡Tranquila, Mikasa!¡Estaba muy raro, como si lo hiciera todo inconscientemente!¡Igual se ha ido a casa!

- ¡Eren!- volvió a gritar la chica, comenzando a caminar.

- Mikasa, te van a escuchar los de la policía...- dijo Jean.

La chica le miró con furia.

- ¡Que me oigan, y que se atrevan a venir!- siseó.- Para empezar, esto es culpa tuya.

- ¡Eh!- protestó Jean.- ¡Yo no he hecho nada!

- ¡Nos has detenido!- repuso ella.

- ¡Basta ya, los dos!- cortó Armin, angustiado.- Y cálmate de una vez, Mikasa, no puede haber ido muy lejos...

- ¡Capitán!¡¿Dónde está?!

Los tres se giraron al escuchar aquel grito y se encontraron con los subordinados del capitán Rivaille, quienes parecían tan confundidos como ellos. Y lo más importante, dicho pelinegro estaba ausente. Aquello asustó mucho a Mikasa, quien no perdió tiempo en salir corriendo en busca de su hermano, seguida por Armin y, más tarde, por los propios subordinados del capitán.

- ¡Eren...!- llamó la chica, sin recibir respuesta.

Chasqueó la lengua. No quería que aquel enano volviera a ver a su hermano ni en pintura. Aquello pintaba muy mal.

El ojiverde en cuestión caminaba por los callejones perdido en sus pensamientos. De alguna forma, inconscientemente evitaba las calles abiertas y las multitudes, quizá por la práctica de aquellos últimos años, aunque poca gente quedaba ya por las calles a aquellas horas de la noche. No se quitaba de la cabeza el reciente comportamiento del capitán Rivaille hacia él. ¿No era raro hacer eso con otro hombre?¿No eran enemigos?¿Estaba jugando con él...? Eren se sentía muy confuso, pero también tenía miedo. Un miedo que no había sentido antes. Miedo a ser herido si descubría otra intención tras la extraña amabilidad del capitán. Aquel pensamiento le oprimía la mente e impedía que pensara en nada más. Y tan distraído estaba, que ni siquiera se dio cuenta de que dicho pelinegro se encontraba frente a él, de brazos cruzados, cortándole el paso. No, al menos, hasta que chocó contra él. Entonces, el chico "despertó".

- Eren.

El aludido se sobresaltó y retrocedió unos pasos. El pelinegro suspiro y le agarró de la muñeca. Tiró de él por el callejón, sin recibir mucha resistencia, hasta llegar a una puerta entreabierta. Entró en la casa, iluminada únicamente por velas, y cerró la puerta, sin soltar a Eren. Una vez seguro de que nadie les había seguido, llevó al chico escaleras arriba, entrando a una habitación y empujándolo sobre una cama. Eren estaba nervioso, pues no tenía ni idea de cuáles eran las intenciones del pelinegro. Quiso retroceder y levantarse de la cama, pero Rivaille no se lo permitió. Lo tumbó sobre la suave superficie y le miró directamente a los ojos.

- ¿C-Capitán...?- preguntó el ojiverde con un hilo de voz.

- Te dije que no nos interrumpirían...- suspiró Rivaille.- ¿Por qué demonios os habéis marchado así después de haberme sacado del calabozo? No está bien irse sin decir nada, ¿sabes? Y menos sin decirme nada a mí. Creo que te he dejado claro varias veces que no soy tu enemigo.

El pelinegro le acarició el pelo, haciéndole cerrar los ojos. Luego bajó su cabeza lentamente hasta llegar a la oreja del menor.

- Tranquilízate, Eren- susurró.- No voy a hacerte daño... bueno, igual un poco, pero podrás soportarlo.

El chico se puso rígido como una piedra, sin mover ni un músculo. Tenía miedo, pero él mismo le había dicho al capitán que haría lo que él quisiera en compensación por todo lo que había hecho por ellos. Cuando sintió los labios de Rivaille rozar su cuello, un escalofrío le recorrió el cuerpo. Poco después notó cómo las manos del pelinegro comenzaban a explorar su piel bajo su camisa, y cerró los ojos con fuerza, sonrojándose. Poco a poco, fue dejándose llevar, pero sin quitarse el miedo de encima. Pues sentía que aún no estaba preparado para cumplir los deseos del capitán.

- Maldita sea, ¿por qué eres tan suave?- murmuró Rivaille.

Eren no respondió. Apenas podía pensar. El pelinegro le observaba con atención en cada movimiento que hacía. Leía las expresiones del menor como si estuvieran escritas en un libro con letras mayúsculas. Lentamente, le desabrochó el pantalón y comenzó a bajárselo, junto con su ropa interior. Y entonces observó cómo la sorpresa invadía la cara del chico, seguida de la vergüenza, la humillación y... el miedo. Dirigió su mano hacia la entrepierna del chico y la tocó unos segundos. Eren dejó escapar un grito ahogado y dos lágrimas bajaron por sus mejillas. Y en ese momento, Rivaille se detuvo.

- ¿Hasta dónde pretendes llegar, mocoso?- preguntó, frunciendo el ceño.

Eren abrió los ojos de par en par y le miró.

- ¿Crees que no sé que estás forzándote?- continuó el pelinegro.- ¿Acaso crees que me debes algo?¿Y ese algo es tan importante como para perder la virginidad sin quererlo?

El chico se quedó mudo. La expresión que veía en la cara del capitán le cortaba la respiración. Era una mezcla de rabia y frustración.

- Te seré sincero, Eren. No quiero parar. Pero lo voy a hacer. Porque, aunque aún no entiendo por qué, te he cogido mucho cariño. Más de lo que nunca he sentido por nadie. Quizá me siento identificado contigo, o simplemente me atrae tu cara bonita, no lo sé. Pero quiero protegerte. Quiero compensarte todo lo que has pasado estos años, y quiero castigar a aquellos que te han causado dolor. Quiero ayudar a los que te importan. Y lo más importante, quiero sacarte de aquí conmigo. Esta vez no tomaré atajos. Haré las cosas como corresponde.

Eren le miró a los ojos, tratando de averiguar en qué pensaba.

- ¿Q-qué quiere decir, Capitán...?

Rivaille esbozó una pequeña sonrisa.

- Que voy a volver al calabozo para salir de allí legalmente. Erwin ya debe estar al corriente de la situación y ésta se resolverá con rapidez. A partir de ahí, solucionaremos vuestros problemas y sacaremos a la luz toda la verdad sobre la gente de Shiganshina. Haré que os compensen a todos por lo que habéis pasado.

Las lágrimas acudían sin cesar a los ojos del menor mientras escuchaba las palabras del pelinegro. No se lo esperaba. Jamás se lo habría esperado. Aquel hombre era lo que tanto había buscado durante aquellos horribles años. Era lo que todo ser humano en su situación buscaba. Alguien que le quisiera y le ayudara a salir de la oscuridad. Alguien que le permitiera vivir como una persona de nuevo.

- Y... si cuando todo acabe, consigo que de alguna forma me correspondas, continuaré lo que he detenido aquí- añadió Rivaille, acariciándole el pelo y tapándolo con la sábana.

Eren se secó las lágrimas y asintió. El corazón le latía con fuerza y sentía un fuerte cosquilleo en el estómago, una situación a la que poco a poco se iba acostumbrando cuando estaba con el pelinegro.

- Para entonces... tendré mi respuesta- dijo, con voz temblorosa.- Lo prometo.

Rivaille asintió y le dio un beso en la frente. Después, se levantó con un suspiro.

- Vístete, avisaré a tus amigos de que estás aquí. Podéis quedaros en esta casa, no os encontrarán. A no ser que vayan perdidos en sus pensamientos como tú- dijo, en tono burlón.- No me explico cómo narices has llegado hasta aquí tú solo.

Eren se rascó la nuca, avergonzado.

- Sinceramente, creo que la Policía militar no encontraría este lugar ni con un mapa- murmuró.

- Estoy de acuerdo- corroboró el pelinegro.- Seguro que ni siquiera se han dado cuenta de que no estoy en el calabozo.

El menor se rió un poco y Rivaille suspiró aliviado.

- Por fin te ríes, mocoso- dijo.- Ya era hora.

- ¿Eh?

El capitán se acercó a la puerta de la habitación y dirigió una última mirada al sorprendido chico.

- Hasta luego, Eren- dijo, antes de irse.- Pronto vendrán tus amigos.

El joven sujetó con fuerza la sábana y se quedó mirando la puerta.

- Hasta luego... Capitán Rivaille...


Y hasta aquí el capítulo! Espero que no os sintáis decepcionados por haber tergiversado un poco los hechos! XD Tranquilos, habrá lemmon y Mikasa se va a enfadar igualmente xD Pero creo que Rivaille es más así.

En fin, gracias por leer a esta malvada autora que no actualiza en dos meses... u_ù

Agradezco mucho los reviews!

Ciaossu!

Rikku