¡Hola de nuevo! Aquí os traigo el siguiente capítulo, espero que lo disfrutéis.

Muchas gracias a Momo Evans, Yomi Megurine y Anvaz por comentar el capítulo anterior!

A leer!


Eren se quedó quieto y en silencio tras la marcha de Rivaille. Los pensamientos sobre lo que acababa de ocurrir le ocupaban un porcentaje tan alto de su mente que no se movió en bastante tiempo tiempo. Ni siquiera se sobresaltó al escuchar abrirse la puerta de entrada de la casa, aunque sí que lo hizo al escuchar el grito de una voz familiar.

- ¡Eren!- gritó Mikasa, entrando en la habitación.

El chico dio un respingo y la miró, con los ojos muy abiertos. Al ver la cara de su hermana empezando a ponerse roja y su expresión, cada vez más sombría, recordó que seguía desnudo, tapado únicamente en su parte baja con la fina sábana que le había colocado por encima el capitán. Automáticamente se tapó la entrepierna mientras pensaba a toda velocidad en una excusa que darle a su furiosa hermana, pero pronto supo que ella ya estaba al tanto de lo que había pasado... o aún peor, sus imaginaciones podrían haber superado a la realidad. La chica casi echaba llamas por los ojos.

- ¡Ese maldito enano!- chilló, colérica.- ¡¿Cómo se atreve?!

- ¡Mikasa, por dios, sal de la habitación!- gritó Eren, muerto de vergüenza.

El resto de sus compañeros acudieron al escuchar los gritos y Eren tuvo que empujar a su hermana fuera de la habitación y cerrar la puerta para poder cambiarse a salvo de miradas indiscretas. Escuchó jaleo al otro lado de la puerta.

- ¡Eren!- gritó Mikasa.- ¡Eren, déjame entrar!¡No pasa nada, yo te protegeré, no dejaré que ese sucio enano te vuelva a violar!

A Eren se le atragantó su propia saliva al escucharla.

- ¡¿Que el capitán ha hecho qué?!- chilló Petra, escandalizada.

- ¡¿Nuestro capitán?!- exclamaron Gunther y Eld.

- ¡Mikasa, creo que te estás precipitando...!- exclamó Armin, sonrojado.

La chica comenzó a golpear la puerta, negando enérgicamente.

- ¡Eren no tenía ropa cuando he llegado!- explicó.- ¡Y estaba en la cama, pero no estaba dormido!

Todos dejaron escapar un grito.

- ¡¿Qué?!- chillaron los subordinados de Rivaille.

- ¡Eren!- gritó Auruo, esta vez golpeando él la puerta.- ¡Sal de ahí ahora mismo y explícate!

Mikasa se giró y comenzó a zarandear al hombre.

- ¡Tú cállate!¡Ni se te ocurra volver a dar órdenes a Eren!

- ¡Maldita cría, me pones de los nervios!

Pero la pelea cesó de inmediato cuando se abrió la puerta de la habitación, dejando ver a un Eren con cara de profunda irritación y vergüenza. La expresión de Mikasa se ablandó al instante y corrió hacia él. Sin embargo, la expresión de su hermano le hizo detenerse.

- ¡Mikasa!- gritó Eren, visiblemente molesto.- ¡¿Qué demonios vas pregonando por ahí?!

La chica agachó la cabeza por la reprimenda.

- Pero es que ese enano...

- ¡El capitán Rivaille no me ha hecho nada!- explicó el chico.- ¡Solo ha hablado conmigo!

Los presentes se calmaron al escuchar esas palabras. Todos, claro está, menos Mikasa.

- Te dije que te estabas apresurando con las conclusiones...- dijo Armin a la chica.

- Pero todavía hay algo que no me cuadra- cortó Mikasa, sonrojándose.- ¿P-p-por qué estabas desnudo?

Eren se quedó mudo al recordar el tacto de las manos del capitán en su piel y su cara se puso roja sin que pudiera evitarlo. La calma que había logrado segundos antes entre los presentes se desvaneció con su expresión. El chico miró hacia otro lado y carraspeó.

- Tengo hambre, vamos a ver si hay algo para cenar en esta casa- dijo, bajando por la escalera.

Su disimulo no pasó desapercibido y todos se abalanzaron sobre las escaleras.

- ¡Quieto ahí, mocoso, y empieza a hablar!- gritó Auruo, mordiéndose la lengua inmediatamente después y cayéndose por las escaleras.

- ¡Auruo!- gritó Petra.

- ¡Eren!- gritaron Mikasa y Armin, persiguiendo al chico.

- ¡Callaos todos de una maldita vez!- gritó Eren, entrando a la cocina y cerrando la puerta.

Suspiró, apoyándose en la pared. Aquella noche iba a ser larga.

- Espero que el capitán lo pase mejor que yo...

La situación del pelinegro en cuestión no era mucho mejor. Con la raída capa que Eren había traido con él, había disimulado el agujero. Además, había movido la litera de forma que tapara el hueco casi en su totalidad. Incapaz de dormir en una estancia tan sucia, pidió a los guardias un trapo y un cubo de agua con jabón, y se puso a hacer algo de limpieza. Sólo entonces pudo conciliar el sueño.

A primera hora de la mañana, dos guardias le despertaron abriendo la puerta de su celda. El capitán se frotó los ojos y se desperezó.

- Capitán Rivaille, tenemos órdenes de llevarle a comisaría- tras una breve pausa, el guardia continuó.- El comandante Erwin le espera.

El pelinegro se levantó.

- Ya veo.

Pensando en la eficiencia de su comandante, siguió a los guardias a través del pasillo. De alguna forma, después de limpiar había conseguido tapar aquel agujero por el que había entrado Eren con los ladrillos que había alrededor de él en el descampado, para poder deshacerse de la capa raída y así ocultar la evidencia de su escapada nocturna. Los guardias no se habían dado cuenta. El próximo preso que hubiera en esa celda iba a tener suerte si se apoyaba en aquella parte de la pared; los ladrillos cederían y se encontraría con que sería libre.

Salieron de los calabozos con la luz del alba y se dirigieron a la comisaría. Una vez allí, llevaron al capitán a una sala únicamente equipada con una mesa, sobre la que había dos tazas de café, y dos sillas, una de ellas ocupada por el comandante Erwin. Éste sonrió al ver al pelinegro.

- ¿Qué tal has pasado la noche?- preguntó.

La gélida mirada que le lanzó Rivaille le advirtió de que el capitán no estaba para bromas, por lo que Erwin se puso serio y le pidió que tomara asiento. El pelinegro se dirigió hacia la silla y se dejó caer pesadamente, cansado por la mala noche que había pasado.

- ¿Te das cuenta de lo que has hecho?- comenzó el comandante.- Has armado un buen escándalo. Ya empiezan a extenderse rumores sobre las "sospechosas intenciones" de la élite de la Legión de Reconocimiento, debido a tu comportamiento.

Rivaille levantó las cejas.

- ¿Mi comportamiento?

Erwin asintió.

- Tu acercamiento a Eren Jaeger.

El capitán chasqueó la lengua.

- ¿Qué pasa, la gente se asusta de que hable con un ladrón de carteras? Qué hipócritas, si apoyan a aquellos que les gobiernan, que no paran de robarles.

Erwin suspiró.

- No hablo de los pueblerinos, Rivaille- dijo seriamente.- Hablo precisamente de los que los gobiernan.

El capitán frunció el entrecejo.

- ¿Qué insinúas?- preguntó.

- El problema que suponen para ellos Eren Jaeger, Armin Arlert y Mikasa Ackerman poco tiene que ver con el hurto- dijo Erwin.- La Policía Militar no se toma tan enserio las búsquedas de este tipo de criminales como lo están haciendo.

Rivaille dio un sorbo al café.

- Es porque son de Shiganshina, ¿verdad?

Erwin le miró con sorpresa.

- ¿Qué quieres decir?

- Por favor, no te hagas el tonto conmigo- cortó Rivaille.- Hablo de la verdadera historia tras la caída de Shiganshina, y del problema que supondría para el gobierno que la gente la conociera. Tu ya lo sabías, ¿verdad?

El comandante cerró los ojos y suspiró.

- ¿De qué hablas?

- Del silencioso genocidio que cometió el gobierno contra los supervivientes de esa ciudad- respondió Rivaille, dejando el café en la mesa.

Erwin frunció el ceño.

- ¿Cómo lo...?

- Eren me lo contó todo- respondió el pelinegro.- Supongo que eso es lo que temen los de arriba. Y por eso tienen tanta prisa por atraparlo y ejecutarlo "por hurto". Y también supongo que ahora me estarán vigilando con lupa por haber estado con él.

El comandante se llevó la mano a la frente, apoyando el codo en la mesa.

- Ahora sí que tenemos un buen problema...- murmuró.

- No pienso quedarme de brazos cruzados, Erwin- advirtió el capitán.- Voy a proteger a Eren.

El comandante levantó la vista y la fijó en los gélidos ojos azules del pelinegro. Luego suspiró y sonrió.

- Entonces tendremos que hacer algo- dijo.- Después de todo, nada te detiene cuando se trata de proteger lo que es tuyo.

Rivaille esbozó una pequeña y maliciosa sonrisa.

- Me alegra que lo entiendas, Erwin- dijo.- Cuento contigo.

El comandante asintió. Tendría que pensar una buena estrategia si querían ir en contra del gobierno del Rey.


Y hasta aquí el capítulo! ¡Felices vacaciones!

Rikku