Capítulo beteado por Lizzie Swan Farrell,
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Disclaimer: los personajes son de Stephenie y la historia de Yuli.
Capítulo dos
Observó con nitidez el cielo. Oscuro y triste.
Otro día nublado en New York. Miró hacia al frente y observó una imagen familiar muy emotiva. Un padre jugando con su pequeña niña, quizás de dos años. Él la perseguía y ella corría —en lo que podía— por su salvación, si podía decirse.
Tomó su cámara profesional y capturó aquel momento que demostraba el claro amor filial entre ellos. A través de su lente pudo observar como Central Park se repletaba con cada vez más gente, por lo que empezó a tomar más fotografías.
Desde un pajarillo descansando en la copa de un árbol, hasta una pareja besándose logró fotografiar. Sabía que quizás era invadir el espacio personal de las personas pero le encanta capturar los momentos a través de su cámara, momentos tristes, felices, momentos de amargura, momentos de incredibilidad; todo tipo de momentos en la vida común y corriente.
Estaba en su último año de Fotografía y Artes, estaba desde hace algunos meses en la "ciudad que no duerme", tomando y tomando fotografías para su último trabajo que sería una exposición.
La exposición sería en dos semanas y con aquello terminaría y sería un fotógrafo profesional. Sonrió para sí mismo.
Descansó un momento sobre el césped y bebió de su cappuccino. Prendió su cámara y comenzó a observar las fotos, tenía muchas y sonreía al ver cada una.
Cada fotografía tenía un detalle especial, detalle con el que esperaba sorprender a su profesor en la exposición. Había escogido como tema, "La vida cotidiana" y tenía fotos de varias personas, caminando hacia su trabajo, niños en la escuela, chicas, animales y niños.
Paró en una fotografía y se quedó mirándola fijamente.
Una mujer que miraba hacia abajo, en la estación del metro, su cabello castaño caía por sus hombros, y su rostro se veía levemente, una mueca de frustración se asomaba por su boca. Sonrió al reconocerla.
Aquella mujer era la que había visto el día anterior. Recordó que la había visto entrar muy rápidamente —de seguro llegaba tarde a su trabajo, pensó— a la estación, y no dudó en capturar su imagen, pero se había quedado absorto, mirándola fijamente a través de la lente y había chocado con ella.
Se sonrojó levemente al recordar la escena y agradeció haber estado sin compañía en el parque. Recordó su rostro preocupado, sus ojos brillantes y su rostro sin maquillar.
¡Le encantaban las mujeres sin maquillaje!
«Es la verdadera belleza de una dama» le había dicho su profesor más maduro, hace algún tiempo.
El celular de ella había caído y él caballerosamente se lo había entregado; no habían pasado más de tres segundos y ella había desaparecido, dejando en el suelo aquella foto.
¡La foto! Buscó en su chaqueta de cuero negro y sintió júbilo al darse cuenta que aún la tenía.
Observó muy detalladamente cada rasgo de la foto. En ella estaba aquella mujer —desconocida— y otra muy parecida a ella, por lo que supuso podría ser su hermana o prima. Dio vuelta la fotografía.
Bella y Angela Swan.
Las mejores vacaciones de la vida.
Aquello podría ayudarlo, a descubrir quién era la mujer que lo había dejado impresionado el día anterior. Podría llamarse Bella o Angela, pero su instinto le dijo que los nombres estaban escritos respectivamente, por lo que nuevamente al dar vuelta la foto, supo que la castaña de la izquierda era Bella Swan.
Un suspiro salió de su boca, y se preguntó por qué le interesaba tanto saber el nombre de aquella mujer.
No sabía por qué, pero esa mujer le interesaba y mucho. Nunca había sentido algo así, no había tenido una relación seria nunca, y por esto nunca se había fijado en una mujer en serio, pero ella… pero Bella era diferente, ella tenía un detalle especial.
Detalle que se encargaría en descubrir.
—¡Maldito Bob! —gritó de repente ella a mitad de la calle. Varias personas la quedaron mirando raro, mientras ella los fulminaba con la mirada.
—Gordo imbécil —susurró y siguió caminando.
Ayer había llegado media hora atrasada y el calvo le había dado una reprimenda de dos horas, amenazándola —o como había dicho él "advirtiéndole"— que contaría la verdad a sus superiores.
—Su desempeño laboral ha sido terrible estos últimos días, señorita Swan, y hoy ha llegado tarde. Tendré que decirle a Jacob —le había dicho.
Y ella lo había dejado pasar, pensando que Jacob la salvaría, ¡pero no! Hoy, al llegar al trabajo, en su escritorio había un sobre azul y sus pertenencias estaban en una caja.
Se había quedado sin trabajo, ¡joder! ¿Qué iba a ser ahora?
—¿De verdad no has encontrado nada? —le preguntó su hermana, que había ido a visitarla
—Nada de nada —le contestó—. Es como si yo fuera una bacteria, Angela. —Paró al ver una vitrina en la calle—. En todas partes me dicen que no, y ya no sé qué hacer, me queda poco dinero.
—Te ayudaría, hermana, pero Ben está obsesionado con que la boda sea perfecta y se ha gastado un dineral —hizo una mueca—. Espero que vayas, eh.
—Claro que iré, si no te molesta que vaya con el vestido de Año nuevo y te lleve de regalo el espejo del baño. —Ambas rieron—. Mira —apuntó el vidrio.
—¿Qué? —Ambas leyeron el cartel pegado.
Exposición Fotográfica
Alumnos de la Universidad de Las Bellas Artes.
Te invitamos a ti, sí a ti, a observar y admirar las bellas fotografías de los alumnos del último año de la carrera de Fotografía y Artes.
Gran variedad de fotos, y gran variedad de Artistas.
Acércate. 45 North Street. Desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde.
Puedes dejar tu opinión en los cupones que serán entregados. ¡Nos serviría para calificar mejor a nuestros alumnos!
Te esperamos,
UBA.
—¿Vamos? —preguntó Bella—. Es unas cuantas calles más allá.
—Claro —Ángela se encogió de hombros—. Será entretenido, supongo.
La castaña asintió y comenzaron a caminar.
Llevaba en su mano un cupón que le servía para dejar alguna opinión, solo debía colocar el nombre del alumno y después debía explayarse. Bueno, al menos eso le había dicho el tipo de afuera.
Comenzó a observar junto a su hermana las hermosas fotografías de los alumnos.
Era una especie de feria dividida en varias secciones, y en cada una de estas secciones estaban las fotografías de los alumnos.
Todas tenían temas distintos, y más de una vez sonrió al ver como aquellos chicos podían mostrar a Nueva York de forma tan hermosa.
El Empire State mostrado desde un punto que jamás lo vio fue lo que más la sorprendió, además de otras, claro. Le sonrió a cada uno de los chicos que estaban a un lado de las fotos. Los pobres estaban pendiente de cada movimiento que hacían, para ver si les agradaba o no. Más que mal, de aquello dependía su nota final.
Llegó a una sección y leyó el nombre del chico.
—Edward Cullen —susurró.
Comenzó a mirar cada fotografía y sonrió ante cada imagen. Le sorprendió que aquel chico mostrara la cotidianidad de una forma hermosa y artística. Pasó de foto en foto hasta que llegó a una de las últimas.
Leyó el nombre de la foto.
La Belleza De una Dama
Bella Swan.
Se quedó sorprendida, y levantó la mirada para observar la fotografía ampliada.
¡Era ella!
Sí, claro que era ella, estaba con la mirada baja, pero lograba reconocer su cabello alborotado. ¡La foto no la favorecía mucho!
Pero lo más importante, ¿qué hacía ella ahí? Observó mejor la foto y se dio cuenta que estaba en la estación del metro, reconoció su ropa.
Esa foto había sido tomada hace dos semanas atrás. Recordaba perfectamente ese día.
—¿Le ha gustado esta foto? —Una voz a su espalda la sorprendió—. Es una de mis favoritas. Quiere expresar la verdadera belleza de una mujer con o sin maquillaje. —Sintió la presencia de un hombre a su lado—. La verdadera belleza de —Bella decidió voltear la cabeza y lo miró — ti —terminó por decir, extrañado al reconocer a la mujer.
Lo miró bien, era el mismo chico con la cámara que había visto en la estación. Llevaba un gorro de lana sobre su cabeza, y unos lentes ópticos. Casi creyó no reconocerlo, pero aquella mirada no había podido olvidarla.
—Tú —susurraron ambos después de unos segundos.
¡Se han encontrado! Bueno, ¿algún comentario?
