Capítulo beteado por Lizzie Swan Farrell,

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Disclaimer: la historia le pertenece a Yuli, y los personajes a Meyer.

Capítulo tres

El mundo pareció detenerse por un momento; las personas parecieron desaparecer, y ellos estaban ahí, mirándose fijamente, sin pronunciar nada.

Él la observó, ahora más de cerca, y no en una hoja de papel. La tenía frente a él. ¡Por fin! tenía frente a él a la causante de sus últimos sueños. Sus manos comenzaron a sudar y el nerviosismo apareció. Esa mujer le ponía la piel de gallina.

—¿Porque estoy ahí? —preguntó ella, saliendo del trance que habían mantenido.

Edward oyó su voz y tembló. Su voz era preciosa, digna de una mujer hecha y derecha.

—Porque es una imagen digna de ser observada —citó a otro de sus profesores—. Todos deben observar la belleza de una verdadera dama. —Logró pronunciar esto último tan firmemente, que se extrañó de la fuerza que había tenido para decirlo. Solía ser muy tímido y retraído a veces.

—Oh, gracias… creo. —Rio levemente y bajó la mirada avergonzada—. ¿Pero no deberías haberme preguntado primero antes de colocar una foto mía ahí? —Apuntó la imagen.

—No sabía cómo localizarte. —Bella tembló levemente al oír el tuteo de aquel chico—. De verdad quería colocarla, y lamento si te ha molestado. —Rascó su nuca en un gesto nervioso—. Si quieres puedo quitarla y… —Fue interrumpido por ella.

—¡No!, no te preocupes —sonrió—, de esto depende tu nota. Además no salgo tan mal ¿o sí? —Volvió a mirarlo, y él asintió divertido.

Miró a su alrededor buscando a su hermana, ¿dónde se había metido justamente ahora?

—Sales preciosa —dijo en respuesta, y ambos quedaron asombrados. Él por haber pensado en voz alta, y ella al oír tan halagador cumplido.

—Gracias, supongo. —Le sonrió tan hermosamente, que quedó embobado por varios segundos, hasta que una voz lo logró sacar de sus pensamientos.

—Oye, Bella, ¿esa no eres —miró a la mujer responsable de la voz, y supuso que sería Ángela, la hermana de Bella— tú? —terminó por decir.

—Eh, claro. —La miró confundida—. ¿Salgo genial, no te parece? —le preguntó

—Maravillosa —murmuró su hermana, viendo como a su hermana y a aquel chico le brillaban los ojos—. ¿Seguimos viendo fotos?

—Sí, claro —contestó y lo miró—. Debo seguir, pero, bueno, espero te vaya bien en tu nota y… —Edward la interrumpió

—¿No te gustaría tomar un café conmigo? —preguntó rápidamente—. Digo, solo si quieres y no estás ocupada. Esto termina en quince minutos y, no sé, podríamos… —Bella miró a su hermana menor que miraba divertida a Edward ante el nerviosismo que demostraba en sus palabras

—Claro, un café. —Le sonrió para tranquilizarlo—. ¿No te molesta cierto, Ángela? —se dirigió a su hermana.

—Oh, no, claro que no. —Miró su reloj —. De hecho, debo juntarme con Ben justo ahora y debo irme. —Abrazó a su hermana—. Adiós.

—Adiós —murmuró ella—. Entonces, ¿te espero?

—Claro. —Él sonrió emocionado—. Puedes seguir viendo las fotos, pronto terminará todo.

Ella asintió segura y siguió caminando por las secciones. Por más que se esmeraba en observar las fotos con lentitud, no podía. Quería que el tiempo pasara volando y tomar el café con el joven Edward.

Le brindó una sonrisa a la última alumna de fotografía y caminó de vuelta hacia donde Edward, a quien lo observó hablar con otras personas, seguramente explicándoles las temáticas de sus fotos.

Miró el cupón que tenía en su mano y sonrió traviesa.

Sacó un bolígrafo de su cartera y se dispuso a escribir.

Nombre del alumno: Edward Cullen.

Mi opinión del joven Edward: ha sido el que más me ha sorprendido.

Con una temática común y corriente, logró sorprenderme.

Claro que logró sorprenderme, Cullen logró canalizar a través de la imagen la verdadera esencia de la persona, la verdadera esencia de un empresario, de una simple camarera, de un padre y su hija y de una simple mujer.

A veces pensamos que lo cotidiano es aburrido, pero Edward logró mostrar todo de una forma única y esencial.

Logró mostrarme la realidad y eso me agrada.

Se merece muchos elogios y una excelente nota.

Entregó el cupón a uno de los encargados y se dirigió hacia la sección de Edward. Éste estaba metiendo sus fotografías en una caja que decía frágil.

—¿Entonces, has terminado? —Lo sorprendió por detrás y él dio un respingo del susto—. Lo siento.

—No, no te preocupes. —Se dio media vuelta y sonrió levemente—, y sí, he terminado. —Se colocó una bufanda y colgó en su hombro el estuche de su cámara.

—¿Siempre andas con tu cámara? —Le preguntó mientras caminaban hacia la salida.

—Nunca se sabe cuándo un momento será hermoso —respondió.

Las pocas calles que caminaron, antes de llegar a la cafetería, hubo un silencio tierno entre ambos. Ella de un momento a otro lo miraba y se daba cuenta que él también la miraba.

Luego sucedía viceversa y ambos terminaban riendo.

—Entonces, creo que no hemos sido presentados correctamente —habló él sentado frente a ella en la cafetería—. Soy Edward Cullen.

—El chico de la cámara en la estación. —El cobrizo rio—. Soy Bella Swan.

—La mujer apurada. —Nuevamente rieron—. Encantado de conocerte. —Ella sonrió mientras le servían café.

—¿De verdad alcanzaste a tomarme una foto ese día? —preguntó ella, apenas el mesero se marchó.

—Soy muy hábil. —Se encogió de hombros—. Te vi apurada y dije debo tomarle una foto, pero bueno, creo que corriste demasiado rápido y bueno, chocamos.

—Sí, que tonta —rio ella—. Me sentí como una chiquilla débil —ella rio, pero él la miró extraño

—¿Que no lo eres? —Ella paró de reír y lo miró—. Digo una chiquilla.

Entonces Bella se dio cuenta del significado de sus palabras.

¿Qué hacía tomando un café con un joven de veinte años? Se sentía como una roba cunas.

—Oh, no —admitió avergonzada—. Estoy lejos de ser una chiquilla.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó él.

—No te sorprendas, eh —le advirtió—, pero tengo treinta y dos años. —Un silencio hubo entre los dos y Bella creyó meter la pata. Mientras Edward analizaba todo..., ahí estaba el detalle.

—Wow, qué sorpresa —admitió después de varios segundos incómodos—. Juré que tenías veinte tantos. —Él estiró su mano, hasta alcanzar cubrir la pequeña mano de ella que reposaba sobre la mesa—. De verdad no demuestras tu edad, eres estupenda.

—Aunque sea mentira, es muy halagador el cumplido. —Ella rio sin ganas y él lo notó.

—¡Que no es mentira! —exclamó riendo.

Entonces, fue como si todo hubiera desaparecido, como si las cuentas sin pagar se hubieran esfumado y los problemas no existieran. Edward había llegado a su vida, y la había deslumbrado con su aire joven, con sus ganas de vivir y con sus ganas de sonreír ante la vida.

Era su cuarta semana cesante, pero ella ni lo había notado. Su mente la ocupaba Edward y nada más que él. Salían todos los días, a distintas partes, y disfrutaban de su compañía mutua.

Había logrado confiar en un hombre, después de varios años, y eso la sorprendió bastante. Es que Edward era distinto.

Él recién comenzaba a construir su vida, no tenía preocupaciones, ni nada por el estilo, además no le exigía nada, él era todo lo contrario a Mike.

Y eso le gustaba.

—¡Tienes que ayudarme a buscar trabajo!, ¡no tomarme fotos! —rio ella, mientras lo empujaba levemente. Caminaba por central Park, como todos los días.

—Es que es inevitable —acomodó su cámara y tomó otra foto—. Eres muy fotografiable. —Ambos rieron ante tal extraña palabra.

Y eso era lo que más le gusta de estar con Edward, él siempre la hacía sonreír, la hacía sentir especial y la hacía sentir única.

—No sé si he oído esa palabra alguna vez, eh. —Lanzó el periódico hacia un basurero—. Otro día seguiré buscando trabajo —suspiró.

—Pronto encontraras, tranquilízate. —La abrazó de costado.

—Me haré más vieja y todavía estaré sin trabajo —dramatizó.

—No eres vieja. —Su mano bajó hasta tomarla por la cintura, hecho que la sorprendió bastante—. Eres hermosa, jovial, perfecta, única —susurró acercándose.

—Edward —murmuró lentamente y luego se perdió.

Edward Cullen, un joven de veinte años la estaba besando, y lo peor de todo, era que ¡le gustaba aquel beso!

Un beso tembloroso, un beso tierno, un beso intenso, un beso en el que Edward le estaba demostrando todo el amor que empezaba a sentir por ella.


Un beso... ¿que seguirá después? ¿que pasara? ¿y sus diferencias de edad?

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