Hola! Aquí estoy de nuevo! Ya estoy de vuelta en casa y por fin he podido terminar el capítulo. Es un capítulo duro, y tuve que pensar bien cómo plantearlo. Me disculpo por la tardanza!

Muchas gracias a Momo Evans, Charlie, S.K. Allen-chan, Anvaz, Catasdfgh, Fujimy, Yomi Megurine y KathKolmer por sus reviews *w*

A leer!


Mikasa corrió, sin soltar la mano de su hermano, hasta que hubieron perdido de vista la comisaría, al entrar en un callejón. Entonces se detuvo y le miró, preocupadísima. El estado del chico no había mejorado, de hecho, había ido a peor. Un temblor le recorría el cuerpo y los sollozos eran cada vez más sonoros. Mikasa le abrazó con fuerza y le dejó desahogarse, prometiéndose acabar con aquel enano en cuanto su hermano estuviera mejor.

- Tranquilo, Eren, yo estoy contigo- susurró la chica, con tristeza.

Y allí, en aquel oscuro callejón, apartado de todo, Eren se permitió llorar de verdad, a lágrima viva, pues la traición que había sufrido no era para menos. Todo lo que había temido sobre el capitán, y que tan fervientemente había negado, se había hecho realidad. Por eso, se hundió en el abrazo protector de su hermana, única testigo del momento en el que Eren fue, durante unos minutos, más frágil que una muñeca de porcelana.

El chico maldijo su inocencia y su fe en encontrar a alguien como el capitán, o al menos, como lo que el capitán le había mostrado. Maldijo al pelinegro, a sus labios, a sus manos, a su voz y a su fría mirada que él había creído sincera, y que al final no había sido más que otra farsa. Otra red en la que había quedado atrapado. Y por segunda vez, había sido rescatado por Mikasa.

No había cariño, piedad o humanidad para la gente de Shiganshina. Siempre había sido así, y siempre lo sería. Eren lo había olvidado y lo había pagado caro. Pero jamás volvería a hacerlo.

Cuando sus hipos y sollozos se calmaron, se apartó lentamente de su hermana, que había permanecido en silencio todo el rato. La miró, secándose los restos de lágrimas que quedaban en su cara. Las últimas, juró, las últimas que derramaría.

- Mikasa...

La chica tuvo un escalofrío. La voz de su hermano sonaba sombría.

- Dime, Eren.

Ya no quedaba tristeza en su interior. Sólo rabia. Eren apretó los puños con fuerza.

- Sacaremos a Armin de la casa y nos marcharemos de Trost.

- Entendido, pero... ¿Qué hacemos con la Legión de Reconocimiento?

La mirada que recibió por parte de su hermano la sorprendió tanto que llegó a asustarla.

- Si se meten en nuestro camino, los mataré. ¡De la Legión, de la Policía Militar o de la misma corte del Rey!¡No van a volver a jugar conmigo!- siseó, con furia.- ¡Los mataré a todos!¡Exterminaré hasta el último de ellos!

Mikasa tardó unos segundos en recomponerse tras aquellos gritos, pero en cuanto lo hizo, adoptó un semblante serio y asintió.

- De acuerdo, Eren- dijo.- Estoy contigo.

El chico la miró unos instantes y luego comenzó a caminar hacia la casa en la que Armin probablemente seguía durmiendo. No iba a dudar en matar a cualquiera que se metiera en su camino. Si querían crear un monstruo, o un asesino, como le llamaban algunos, lo habían conseguido.

- Se acabó el esconderse y agachar la cabeza, Mikasa- dijo Eren.- Vamos a ir con todo.

- Sí- respondió ella, sin saber si sentirse aliviada o no por aquella nueva faceta de su hermano.

Así, se dirigieron a paso rápido hacia la casa donde habían pasado la noche.

Por su parte, el capitán continuó respondiendo a preguntas sin importancia hasta que firmaron unos papeles y le liberaron. Erwin le esperaba fuera.

- ¿Todo bien?- preguntó, cuando el pelinegro salió.- Ha debido ser duro.

- Ha sido asqueroso- corrigió Rivaille, nervioso.

Erwin soltó una risita.

- Ya me lo imagino- dijo.- Vámonos al cuartel.

Rivaille le miró, estresado.

- Ahora no puedo- dijo el pelinegro, mirando a todas partes.

Erwin entrecerró los ojos.

- Te noto tenso- dijo.- ¿Realmente va todo bien?

El pelinegro bufó.

- Tengo que ir a la casa donde escondí a Eren- murmuró, agobiado.- Cuanto antes, mejor.

El comandante levantó las cejas.

- ¿Qué ocurre?¿No íbamos a elaborar la estrategia para...

- ¡Eso no tiene importancia ahora, Erwin, maldita sea!- bramó el pelinegro, llamando la atención de varios peatones.

El rubio se llevó a Rivaille a un lugar más discreto. Nunca le había visto tan angustiado; estaba claro que algo no iba bien. Le cogió de los hombros y le miró fijamente.

- Cálmate- dijo.- Y cuéntame qué ha pasado.

Rivaille suspiró.

- Creo... no, estoy seguro de que Eren me ha oído- dijo.- He escuchado la voz de la mocosa al lado del ventanuco. Estaba con alguien más, y conociéndola, sólo hay una persona a la que seguiría hasta allí.

Erwin frunció el entrecejo. El destino había jugado en su contra.

- Todo depende de cómo se lo haya tomado el chico- dijo el comandante.- Tal vez haya entendido que era necesario para librarte de sospechas.

- O tal vez se lo haya creído- repuso Rivaille.- Siempre ha tenido miedo de que me estuviera aprovechando de él. Y teniendo en cuenta el tono de voz de la mocosa, me juego lo que quieras a que ha sido así.

El rubio se cruzó de brazos.

- Tienes que ir a esa casa cuanto antes.

Rivaille bufó de nuevo.

- A esa conclusión ya había llegado yo- murmuró molesto, antes de salir corriendo.- Menuda pérdida de tiempo.

Erwin le vio irse y se llevó la mano a la frente. Si el chico se volvía en su contra, no habría manera de dar a conocer, con pruebas, la verdadera historia de Shiganshina. Rivaille corría lo más rápido que podía para llegar cuanto antes a aquella casa. Cuando por fin llegó a la calle, aceleró aún más el ritmo y no tardó mucho en ver la puerta. Sin embargo, se detuvo al ver que ésta estaba abierta. Eso no era buena señal.

Entró con cautela, mirando a ambos lados. El silencio que reinaba en la casa no le gustó nada de nada. Pero lo entendió pronto.

El miedo le conquistó las entrañas cuando se topó con el primer cuerpo. Se trataba de Gunther. No podía saber con exactitud si estaba vivo o muerto, por lo que se apresuró a tomarle el pulso. Con inmenso alivio comprobó que su corazón aún latía. Un poco más lejos, en la escalera, encontró a Eld, y cerca de la cocina, estaban Petra y Auruo. Todos ellos estaban inconscientes, llenos de heridas. Rivaille salió corriendo de la casa y sacó una bengala de color amarillo de su cinturón. La colocó en una pistola y la disparó hacia el cielo, alertando a Erwin.

El comandante la vio de inmediato y preparó un equipo de emergencia lo más rápido que pudo, yendo con ellos hacia el lugar.

El capitán pelinegro entró de nuevo en la casa, comprobando el estado de sus subordinados. Cuando se arrodilló al lado de Petra, la chica tosió y recuperó momentáneamente la consciencia. Rivaille la sujetó, haciendo que le mirara.

- ¡Petra!¡¿Qué ha pasado?!

La chica entornó los ojos poco a poco.

- Capitán... Eren ha...

Iba a perder la consciencia de nuevo, pero Rivalle la zarandeó.

- ¡Petra!

- Le llamó... a usted... mentiroso...- susurró la chica.- Tiene que... detenerlo...

Y cerró los ojos de nuevo. Rivaille volvió a tumbara en el suelo con los ojos muy abiertos. ¿Eren... había hecho todo eso...? No, no era posible. No era ese tipo de persona. Había debido malinterpretar las palabras de su subordinada.

Sus pensamientos fueron interrumpidos con el ruido de la puerta al abrirse. Se giró y se encontró con una chica pequeña y rubia que entró apresuradamente en la estancia.

- ¡Capitán Rivaille, he venido a realizar los primeros auxilios!- exclamó.- Estaba cerca de aquí y vi la señal.

El pelinegro la miró, aún aturdido.

- ¿Se encuentra bien?- preguntó la chica, mientras observaba el estado de Gunther.

Rivaille frunció el ceño, volviendo a la realidad.

- No has venido por la señal- dijo, tajante.- El significado de la bengala amarilla es de conocimiento exclusivo de la Legión de Reconocimiento.

La chica se sobresaltó y desvió la mirada al suelo. Rivaille se puso en pie y se le acercó.

- ¿Quién te ha dicho lo que pasaba?¿Y por qué tratas de ocultarlo?

La chica se quedó callada, visiblemente nerviosa. Pero Rivaille no estaba para silencios y la cogió del cuello de la camisa, levantándola.

- ¡Responde!- gritó.

- ¡U-un oficial de la Policía Militar!- exclamó.- Por lo visto, escuchó golpes y gritos mientras patrullaba y fue corriendo a contactar con nosotros al ver la escena...

Rivaille entrecerró los ojos.

- ¿Qué más?- preguntó, con voz amenazadora.

- ¿E-eh?

- No te lo habrías callado si fuera sólo eso. ¿Qué más te dijo?- siseó.

La chica cerró los ojos. Aquel hombre parecía ver a través suyo. Pidió perdón mentalmente a Eren, pues no podía ocultarlo más. Era su amigo, y lo iba a traicionar.

- Me dijo... que Eren Jaeger había derribado a los subordinados del Capitán Rivaille, con la ayuda de Mikasa Ackerman. Los había visto salir de la casa gritando que los mataría a todos, hasta el último de ellos.

Rivaille la soltó en cuanto terminó la frase, con los ojos muy abiertos. Sus peores temores se habían confirmado; Eren le había escuchado en la comisaría, lo había malinterpretado todo y se había vuelto loco. Había atacado a sus amigos. Planeaba tomar venganza contra todos. Y si tanto le había afectado, significaba que el chico había llegado a amarlo, y que probablemente había ido hasta la comisaría para decírselo. El sentimiento de la traición había sido devastador para Eren.

Sin que se diera cuenta, dos lágrimas cayeron de sus ojos; había llegado tarde. Se apresuró a limpiárselas e inspiró hondo. Salió de la casa a paso rápido, justo cuando Erwin y el equipo de emergencia entraban. El rubio se acercó a él rápidamente, pero el pelinegro simplemente le dio una palmadita en el hombro y siguió caminando. Erwin frunció el ceño, pues podía intuir lo que había pasado basándose en la expresión de su amigo.

Rivaille apretó los puños y levantó la cabeza con firmeza, sin aminorar el paso.

- Está bien, Eren, lo he entendido- susurró.- Si quieres que este sea el final, seré yo el que cierre el telón.


¡No me matéis! Insultadme en reviews *w* (?)

Hasta el próximo capítulo!

*Rikku huye*