Capítulo beteado por Lizzie Swan Farrell,

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Disclaimer: la historia es de Yulia, y los personajes de Meyer.


Capítulo seis

Bella se sentó en la silla de su comedor y respiró profundamente, tomó con cuidado el montón de sobres que sostenía con sus manos y con un suspiro fuerte comenzó a abrir las cartas. Ya se le hacía común tener que ver cientos de números y palabras cobrándole todo lo que debía; tenía cuentas que pagar y el trabajo que anhelaba aún no llegaba. A veces pensaba que el idiota de su jefe se puso de acuerdo con toda la ciudad para hacerle la vida departamento parecía cada vez más vacío, había tenido que vender otros muebles y todas sus joyas y accesorios de marcas lujosas —que con mucho esfuerzo se había comprado—; ya no le quedaba nada.

Edward le había preguntado qué había sucedido con sus cosas y ella, de la pura vergüenza, le mentía. El cobrizo se creía todo, al parecer, y solamente asentía con la cabeza al oírla. Su relación había omitido el "casi" y oficialmente se podía decir que eran novios. Se había sentido tan emocionada la vez que Edward con mucho amor le había hecho una cena, habían visto una película y al terminarla la había llevado al balcón de su habitación, admirando el edificio de en frente; ella había fruncido el ceño al ver un tan común edificio en New York, pero al notar bien la pared de concreto contigua, había notado el detalle. Las palabras "¿Quieres ser mi novia?" estaban formadas solamente con fotografías de ellos dos. Sin dudar había aceptado la propuesta guardando en su memoria aquel hecho como el más romántico que hubieran hecho por ella. Edward había encontrado su trabajo soñado en una empresa de Turismo, específicamente en el área de publicidad, a veces viajaba a algunas zonas, tomaba fotos y hacia una buena propuesta para que los extranjeros pudieran visitarlas. Le iba bien y estaba feliz, aunque eso significaba que no se veían igual que antes, solo en las noches cuando cenaban y conversaban juntos, a pesar de todo, eran felices.

Bella tomó el último sobre blanco y lo observó detalladamente, era de la clínica a la que había mandado su examen de sangre. Suspiró desganada y rogó que la respuesta que ahí estuviera, fuera la que realmente buscaba. Con las manos temblorosas abrió el sobre y desenvolvió el papel que había ahí.

Cerró los ojos un segundo para luego volver a abrirlos y comenzar a leer la respuesta. Bajó las manos y tiro la carta a la mesa, se quedó petrificada y sintió ganas de llorar... ¡Estaba embarazada!

Joder… Había tenido sospechas cuando no le llegó su período, pero se había tranquilizado pensando que siempre usaban protección, hasta hace un mes, cuando habían estado tan desenfrenados por estar juntos, que se les había olvidado usar un preservativo. Ahora ahí estaba la consecuencia. Llevó las manos hacia su vientre y leves lágrimas salieron de sus ojos

—Un hijo —susurró y lloró con más ganas.

En otras circunstancias habría estado feliz de ser madre, un hijo, un pequeño pedazo suyo, de su vida. Era realmente maravilloso, pero en las circunstancias que se encontraba ahora, sin trabajo, con un departamento casi vacío, con su familia lejos, la noticia no le llegaba bien. Además estaba Edward... Edward era el padre de su niño o niña y, joder, las cosas serían muy complicadas. Se recostó sobre uno de los últimos sofás que tenía en su sala y lloró más que nunca. Pensó en el futuro y en cómo tendría que sobrellevar su vida ahora, claramente no iba a abortarlo, por lo que tendría que esforzarse mucho más en cuidar al pequeño bebé. Pensó en Edward, en su Edward, en aquel hombre joven que le había robado el corazón, siempre tan inocente y romántico, pensó en cómo también cambiaría su vida y supo que no podía permitírselo. ¡No podía arruinarle así la vida a Edward! Él recién estaba en el comienzo de su vida, estaba experimentando nuevas cosas, estaba disfrutando de su vida y no podía prohibirle su libertad con un hijo. Él no lo merecía, no debía por qué estar cambiando pañales a los veinte años si podía estar de fiesta con sus amigos. Ella no lo haría, no, claro que no, y tras unos minutos pensando, tomó la decisión más dura de su vida.

Edward subió por el ascensor del edificio de su novia, de su hermosa mujer, con un ramo de rosas blancas en su mano, estaba realmente feliz ese día, le había ido bien, su jefe lo había felicitado y se sentía pleno. Abrió la puerta del departamento de Bella y frunció el ceño al verla acostada vuelta en un ovillo en el sofá de la sala. Se acercó a ella y acarició su cabello, pero segundos después ella se separó sobresaltada y lo miró enfadada.

—No me toques —murmuró, y él se preguntó si había ocurrido algo malo.

—¿Que sucede, cariño? —preguntó y dejó el ramo de rosas sobre el suelo.

—No me digas cariño —susurró—. Tenemos que hablar.

—Claro que tenemos de hablar —le sonrió—. Estas de mal humor al parecer, pero déjame decirte que hoy en el...

Ella lo interrumpió.

—No sigas, Edward. No quiero oírte, no quiero que hables, solo escúchame —habló totalmente seria, y Edward tuvo un mal presentimiento—. Yo —ella suspiró—. Yo creo que debemos terminar.

—¿Que? —Logró murmurar a causa de la impresión de sus palabras. Aquello no podía ser cierto… no.

—Eso, Edward. Que nuestra relación se acaba, así de simple. —Trató de sonreírle, pero solo obtuvo una mueca.

—¿Estás bromeando, cierto? —preguntó casi sin voz—. Tienes que estar bromeando.

—No, Edward, no estoy bromeando. Hablo muy en serio, no quiero seguir contigo. Cortamos —le dijo. Edward la miró seriamente, ella no podía hacerle esto, no podía dejarlo, él la amaba, la ama y simplemente no quiere alejarse de ella.

—¿Me darás alguna razón siquiera? —preguntó mientras sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas. ¿Debía insistirle?

—Yo... yo no te quiero —susurró mirando al piso—. Lo siento.

—¡Mientes! —exclamó—. Bella, no hagas esto, por favor —le rogó.

—No estoy haciendo nada —le dijo—. Ahora vete, sal de mi casa, ¡vete! —gritó.

Edward cerró los ojos un momento y se paró del sofá. Antes de irse profundamente herido, murmuró una pregunta:

—¿Qué fui para ti en este tiempo? —Una lágrima cayó por su mejilla y la secó rápidamente.

—Un simple capricho —susurró mirándolo unos segundos más.

Edward avanzó hasta la puerta, la abrió y con el dolor de su alma salió de ese departamento por última vez. Bella miró la puerta y de sus ojos brotaron muchas más lágrimas. Se había enamorado de ese joven, de ese hombre, el padre de su hijo, pero no podía arruinarle la vida. Vio las flores en el piso y sollozó aún más fuerte, las tomó entre sus manos y las apretó contra su pecho.

—No puedo —susurró para sí misma.


De mi parte, creo que decirle al padre (depende de la situación) es difícil, es duro tomar una decisión. PERO, tanto como la madre como el padre tienen el mismo... ¿poder? sobre el hijo, y que uno decida sobre el otro, que le quite el derecho, esta completamente mal. Simplemente no es justo.

Bella decidió por Edward, y aunque lo hizo según lo que ella considera correcto par él, esta mal.

Bueno... quiero saber que opinan ustedes. Espero sus rr.