No sé hasta qué punto os sorprenderá leer que he actualizado, pero sí, lo he hecho. Por fin, por fin he terminado este fic, y me he quitado la gran espina que tenía clavada. Antes de nada, quiero disculparme por el retraso, aunque bueno, de poco sirve XD. La verdad es que me ha costado horrores escribir este capítulo; el final siempre es difícil, pero lo es aún más si ya no te sientes inspirada con la historia y tienes otras mil ideas en la cabeza. Me he prohibido subir nada más hasta no terminar este fic para que no quedara en lista de espera por un capítulo. ¡Y LO HE LOGRADOOOO! XDDD

Muchísimas gracias a tod s los que habéis comentado el capítulo anterior y en sí a tod s los que habéis comentado, seguido y marcado como favorito este fic. De verdad, si no fuera por vosotr s, este capítulo no estaría hoy aquí XD.

Y bueno, como supongo que los lloriqueos de la malvada autora que soy no serán de vuestro interés, os dejo leer con tranquilidad 8D.

A leer!

WARNING: Pequeño LEMON. Aunque si estás en este capítulo, probablemente o lo deseas, o al menos lo esperas. XD


Sin más preámbulos, y desatando por fin el deseo mutuo de contacto, Rivaille tumbó a Eren sobre la cama, aún besándole con pasión. Le acarició el pelo, a ratos con ternura, a ratos con violencia; y es que el tacto del menor y sus jadeos descontrolados, volvían loco al pelinegro.

El chico también disfrutaba y se perdía en cada beso, en cada caricia. Se agarraba con fuerza a la espalda de Rivaille, masajeándola y presionándola continuamente, provocando escalofríos al mayor. Poco tiempo duraron vestidos, y la ropa acabó amontonada en un rincón de la habitación, sin ningún rastro del orden característico del capitán. Y es que, en aquella situación, poco le importaba que la ropa estuviera bien doblada.

Tenía a Eren bajo él, esperando a que explorara su interior.

Tras un largo rato de caricias, cada vez más intensas, Rivaille llevó sus dedos índice y corazón a la boca del menor y, tras lubricarlos, los introdujo sin demora en la zona más íntima del ojiverde. Eren gritó, sorprendido por aquella invasión, dolorosa a la vez que placentera. Los escalofríos le recorrieron el cuerpo cuando el mayor empezó a moverlos en círculo. Pero aquello no fue nada comparado con lo que sintió cuando Rivaille sacó los dedos y se introdujo por completo en él, embistiéndolo con fiereza y violencia, una y otra vez. El pelinegro no tuvo piedad con el cuerpo virgen del chico; estaba desbocado, se había quitado las cadenas. Los gritos y gimoteos de Eren no hacían otra cosa que excitarle aún más, y no fue hasta la tercera vez que inundó el interior del menor con su semilla, que cayó a su lado, exhausto. Y ambos se durmieron.

A la mañana siguiente, Eren se despertó con grandes molestias en la baja espalda, pero inundado por una agradable sensación. Cuando abrió los ojos, se encontró envuelto entre los brazos de Rivaille, que aún dormía. El chico le observó dormir durante un tiempo. Estudió su rostro, ahora relajado y sin aquellas marcadas arrugas de expresión tan propias de él. Vio como su flequillo se movía suavemente con su respiración, ahora tranquila.

Eren se sintió afortunado de poder contemplar tantas y tan diversas expresiones del capitán, de acercarse tanto a su parte humana. Y es que desde que todo había comenzado, no había tenido ni un momento de paz como ese.

Lentamente, levantó su mano del colchón y le apartó el pelo de la cara. Al instante, se encontró con dos ojos grises, que estudiaron su rostro tan minuciosamente o más aún de lo que él lo había hecho antes. Después, se encontró con una media sonrisa, dedicada a él. Sólo para él. Eren tenía muchos motivos para sentirse afortunado.

Rivaille también los tenía, y él lo sabía. Por eso no tardó en abrazar al chico, proclamando que era suyo en todos los sentidos. Le besó tiernamente y le hizo las caricias más suaves que sus rudas manos pudieron permitirle. Su lucha había dado resultado. Y había terminado. Ninguno de los dos dijo palabra alguna durante un buen rato; simplemente disfrutaron del calor corporal mutuo y de aquella paz que habían conseguido.

Desayunaron con avidez, en la cama, ya que Eren no podía sentarse todavía, y después Rivaille hizo una limpieza general mientras el chico mejoraba. Eren disfrutó del dulce trato del pelinegro aquel día y los siguientes, en los que lo trataba con una suavidad y cariño que nadie podría haber esperado del capitán.

Días felices y noches de pasión. Si dos días antes alguien le hubiera dicho a Eren que aquel iba a ser su destino, probablemente el chico lo habría tachado de loco.

Una mañana, para sorpresa de Eren, recibieron una visita muy especial. Nada más abrir la puerta, Mikasa se le abalanzó encima, abrazándolo con toda su fuerza.

- ¡Mikasa!- exclamó el chico, sorprendido.- ¡Armin!¡Y el comandante Erwin también!

Los rubios sonrieron, y Erwin saludó a Rivaille.

- Veo que te has montado bien tu retiro- comentó.

- Por supuesto- dijo el pelinegro.- Estaba deseando que llegara el momento de utilizarla.

Tras unos cuantos saludos más, en los que tuvieron que separar a Mikasa de Eren para que no lo ahogara, entraron a la casa y se sentaron en la mesa del comedor.

- ¿Qué tal estáis?- preguntó Eren.

- Bastante bien- respondió Armin.- Ahora que estamos dentro de la Legión de Reconocimiento, nadie nos persigue con palos y lanzas.

Se rieron, hasta que Eren procesó las palabras del rubio.

- Espera, ¿cómo que estáis en la Legión?- preguntó.

Armin y Mikasa se miraron. La chica sonrió.

- Hemos decidido luchar por todo lo que has estado luchando tú, Eren- dijo.- Por toda la gente que está en una situación parecida a la nuestra.

- Independientemente de dónde venga o cual sea su situación- completó Armin.- Vamos a luchar por la justicia.

Eren los miró con los ojos muy abiertos.

- Pero... será peligroso- dijo, preocupado.

Erwin le revolvió el pelo.

- Aunque a ti no te lo parezca, saben cuidarse muy bien ellos mismos, tanto Mikasa como Armin. Serán una gran ayuda para nuestras filas, ahora que nuestro mejor soldado se ha retirado.

Rivaille dio un largo sorbo al café sin inmutarse. Pero Eren aún no estaba convencido.

- Entonces yo también debería luchar con vosotros.

El pelinegro dejó la taza de café en la mesa.

- Tú no vas a ninguna parte, Eren- dijo, tajante.

El chico se giró hacia él con una cara indescifrable.

- Porque soy yo el que te va a llevar a ver el mundo- completó Rivaille.- Y no hablo de este asqueroso país que se cae a pedazos por la corrupción, sino a todo lo que hay más allá.

Eren abrió mucho los ojos.

- Haremos un gran viaje- continuó el pelinegro.- Daremos la vuelta al mundo. Y cuando volvamos, estos dos renacuajos habrán hecho de éste un país digno de visitar; no, un país digno de ti.

Los tres visitantes sonrieron ante aquel inesperado discurso del ex-capitán. Eren se frotó los ojos, limpiándose las lágrimas antes de que cayeran. Luego, dejó asomar una tímida sonrisa y asintió.

- Cuando vuelvas, tendrás que decirme qué sitios son los mejores para visitar- dijo Armin, ilusionado.- Y después nos llevas a verlos.

- Eso está hecho- dijo Eren, sonriendo.

Erwin miró su reloj y tras terminarse el café, se levantó. Mikasa y Armin le miraron y se levantaron también. Eren se sorprendió.

- ¿Cómo?¿Ya os vais?- preguntó.

- La verdad es que estamos de paso- explicó el comandante.- Nos dirigimos a los Tribunales Estatales, al gran juicio.

- ¿El gran juicio?- preguntó el chico.

- Por todo lo que pasó en Shiganshina y con sus habitantes- dijo Armin.- Habrá mucho revuelo. Los supervivientes de Shiganshina, reunidos en un único lugar, para luchar por sus derechos y por su pasado, siendo un ejemplo para todo el país.

Eren observó los ojos brillantes del rubio mientras hablaba. Luego, frunció el ceño.

- ¿Y no debería ir yo también?

Rivaille dejó escapar un gruñido, que hizo reír al comandante. Mikasa cogió a Eren de la mano.

- Eren, si tu vienes, los chismosos se te abalanzarán encima- dijo.- Te has vuelto alguien famoso, sobre todo entre los habitantes de Shiganshina. Te llaman "la esperanza del pueblo".

El chico los miró asombrado.

- Te admiran por ser el primero en denunciar todo lo que hemos sufrido, sin temer a las autoridades. Sin temer al Rey- dijo Erwin.- Eres todo un personaje público, y los supervivientes de Shiganshina te tienen en alta estima. La noticia se ha expandido como la pólvora.

- Estás mejor aquí, en este lugar tan tranquilo y bonito- dijo Armin.- Te mereces este descanso, Eren.

Rivaille pasó un brazo por la cintura del ojiverde, acercándoselo y dándole un beso en la mejilla. El chico se quedó apoyado en él. Los visitantes sonrieron ante aquella muestra de cariño. Después, se dirigieron a la puerta, a la que los anfitriones les acompañaron. Una vez allí, Armin dio un fuerte abrazo a Eren, quien correspondió con la misma intensidad.

- Cuídate mucho, Armin- susurró el chico, aguantando las lágrimas.

- Tú también, Eren- respondió el rubio, en un estado similar.- Visita todos los lugares que puedas, y luego cuéntame cómo son. Algún día, iremos juntos.

- Claro- dijo Eren, separándose.

Luego, miró a Mikasa. La chica estaba llorando silenciosamente. A pesar de saber que aquello era lo mejor para su hermano, no podía evitar sentir un gran pesar al tener que separarse de él. Al ver que Eren abría los brazos y sonreía, se lanzó a ellos y le abrazó también.

- Te voy a echar mucho de menos...- sollozó la chica.

Eren le acarició el pelo y le dio un beso en la mejilla, ante lo que la chica se sonrojó.

- Eres mi hermana, Mikasa- dijo el chico.- Siempre podrás contar conmigo. Y aunque ahora te vayas, siempre podrás venir a casa. Esto no es un adiós, es un hasta luego. ¿Vale?

La chica asintió, dándole ella un beso en la mejilla y frotándose los ojos al separarse.

- Lo mismo va para ti, Armin- dijo Eren, mirando al rubio.

Armin sonrió y asintió.

- ¿Y para mí?- preguntó Erwin, sonriendo.

- Para ti no- cortó Rivaille.

Tras unas risas, los tres visitantes subieron a sus caballos y se fueron, despidiéndose de Eren y Rivaille hasta que los perdieron de vista. El chico se frotó los ojos, empezando a llorar. Rivaille le abrazó, dándole besos y caricias.

- Tú mismo lo has dicho, Eren- le recordó.- No es un adiós, es un hasta luego.

El chico asintió. Lo sabía, pero separarse de su familia, aunque fuera por poco tiempo, no era fácil. Sin embargo, cuando sintió la suave brisa invernal revolviéndole el pelo, percibió los aromas de las flores y plantas que rodeaban aquella casita, perdida en un gran y hermoso prado, y escuchó el leve murmullo del agua del riachuelo que pasaba a escasos metros de la casa, se sintió afortunado. Por primera vez, observó bien el lugar en el que estaba. Y le pareció precioso. Se fijó en las altas montañas nevadas que rodeaban el lugar por el este, en el bosque que tenían al norte... y por primera vez, se fijó en que al sur se extendía una amplia mancha azul...

Abrió mucho los ojos. Rivaille sonrió.

- Así que por fin lo ves- dijo.

- ¿Es el mar?- preguntó Eren, sin apartar la vista de aquella preciosa imagen.

- Sí, cuando quieras podemos ir en caballo- dijo Rivaille.- Podemos estar todo un día, si quieres.

Eren le miró, feliz, y asintió.

- ¿Mañana?- preguntó.

- Mañana- respondió Rivaille.

Y fue entonces cuando Eren por fin entendió que su lucha había terminado. Que aquellos años de supervivencia habían llegado a su fin. Y que ante él se abría un nuevo camino, hacia un futuro en el que por fin sería feliz, junto a la persona a la que amaba. Y sin que él lo supiera, esa persona estaba pensando lo mismo.

La paz inundó sus corazones.


¡Muchas gracias por leer! Espero volver pronto con una nueva historia.

Rikku