Capítulo beteado por Lizzie Swan Farrell,
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Disclaimer: los personajes le pertenecen a Meyer, y la historia a Yuli.
Epílogo
El frío viento le llegó de lleno, tuvo que bajar la cabeza y esquivar la fría brisa que atravesaba la calle del lado opuesto. Se acomodó su gorro de lana al estilo francés —como le gustaba— y suspiró, cansada. Llevaba caminando varias calles desde hace media hora y realmente eso ya le estaba haciendo efecto. Se tomó un descanso, y se sentó en una banca cerca del central Park, que tan añorado fue hace algunos años. Más viento comenzó a aparecer y bajó la vista a su hijo, le acomodó su gorrito altiplánico y éste hizo una mueca, molesto.
—No te lo quites —murmuró y lo miró seria—. No —le dijo al verlo que llevaba su pequeña manita hacia su cabeza, haciendo caso omiso a sus palabras—, tendrás frío.
—No —balbuceó el pequeño Edward.
Bella suspiró nuevamente mirando al cielo, y se preguntó si tendría la fuerza para llevar a cabo su plan. El sonido de su Edward riendo la hizo volver la vista hacia él y pudo admirar una escena encantadora, el pequeño cobrizo jugando con un pajarillo que se había posado a un lado de ellos. Lo miró bien, tan pequeño y tan parecido a su padre. Tenía casi dos años y era el mayor orgullo de su vida. Le encantaba verlo crecer y aprender cada cosa nueva, todo había sido una gran aventura para ella. Años atrás, cuando había negado a Edward el saber de su embarazo, la había deshecho completamente y se sentía culpable, tonta y, claramente, se había arrepentido el haber dejado a su joven cobrizo. Pero las cosas ya habían pasado y el tiempo también. Atrás habían quedado los meses de esfuerzo que había tenido que pasar para salir adelante, meses donde, embarazada y con deudas, trabajaba todo el día, en tres distintos trabajos a la semana. Le había pedido ayuda a Ángela y claro que se la había dado. Un poco de dinero, un alojamiento por algún tiempo y a veces hacía de niñera de su pequeño Edward. Todo para tener un buen futuro para su hijo. Y ahora, tres años después, se sentía feliz en cierta parte de haber salido del gran agujero en que se encontraba, no tenía deudas, tenía un departamento amplio en una buena zona de la ciudad y tenía contratada a una chica como niñera.
—Edward —lo llamó, el pequeño se levantó y le sonrió—, vamos, cariño, hay que seguir buscando a papá. —Lo tomó de la mano y lentamente comenzaron a caminar.
—Sí —balbuceó riendo.
Cada pisada que daba, era un acercamiento más a Edward.
Tenía que hablar con él, debía hacerlo. Él debía saber sobre su hijo, antes que fuera demasiado tarde. A veces Ángela le preguntaba por qué no lo había hecho antes y solo ahora había estado buscando a Edward. Ella solo respondía que recién, como buena tonta que era, se había dado cuenta del gran error que había cometido al dejar a su cobrizo... ¡Estaba arrepentida!
Su pequeño hijo iba a crecer y ella no quería que él se perdiese aquellos momentos, por lo que ahora iba en camino hacia la gran exposición del reconocido fotógrafo Edward Cullen, decidida a decirle la verdad. Había visto el anuncio hace un par de semanas, el reconocido fotógrafo llegaba a la ciudad para mostrar sus increíbles fotos y esa era la oportunidad que la vida le daba para enmendar sus errores. Caminó unas cuantas calles más, hasta que vio la galería, ahí se suponía que estaría la exposición. Sonrió orgullosa al ver tanta gente haciendo fila y tantos visitantes, gente importante, como gente normal. Edward Cullen había ganado cierta fama visitando distintos países y tomando fotos verdaderamente hermosas. Pensar que ella lo conoció cuando era un simple estudiante casi graduado...
—Mami —susurró el pequeño tirando su pantalón. Ella le sonrió y tomó su manito para dirigirse a la entrada. No sabía cómo entrar, había mucha gente y no llevaba invitación.
—Señor —le habló, a un encargado al parecer—, ¿podría pedirle un favor? —preguntó amablemente.
—Dígame, señora —suspiró él mirando hacia todos lados, parecía desesperado.
—¿Podría llamar a Edward Cullen? —Una mueca burlona apareció en el rostro del hombre—. Por favor.
—Señora, —El hombre la miró—, hay mucha gente aquí afuera, el señor Cullen está ocupado adentro, haga la fila como todos y después podrá verlo.
—Es que no entiende —siguió hablando—. No tengo invitación, ¿podría llamarlo? —preguntó rogando.
—No puedo, no debo. —Se dio media vuelta con la intención de irse
—Por favor, señor, se lo ruego. Estoy con mi hijo aquí, hace mucho frío, no le quitaré nada de tiempo, haga el intento. —El hombre pareció apiadarse de ella y la miró.
—Haré lo posible. —Le sonrió—. Pero vaya por la parte de atrás, aquí hay mucha gente, podría formarse un escándalo.
La mujer le agradeció y le hizo caso.
Edward sonrió acomodándose sus gafas ópticas al oír a su gran amigo bromeando. Recibió unas cuantas felicitaciones de las personas que veían sus fotografías y se alejó un momento de toda la muchedumbre que había llegado a su exposición. Agradecía enormemente el cariño de la gente y la admiración que recibía, pero aún después de dos años de pura fama, seguían agobiándole las zonas cerradas con demasiadas personas. Dejó la copa de champaña que sostenía en su mano sobre una pequeña mesa y fue sorprendido por el encargado del lugar.
—Señor Cullen —Le sonrió—, ¿cómo va todo?
—Estupendo, Eric. —Palmeó su hombro—. Todo va de maravilla.
—Me alegro. —Hizo una pausa—. Señor, tiene una visita.
—¿Visita? —preguntó extrañado
—Hay una mujer por la parte de atrás que dice conocerlo, ¿podría atenderla? Si tiene problemas, llama a seguridad simplemente y… —Lo interrumpió.
—Si, tranquilo —lo paró—. No te preocupes, ya voy.
Caminó un poco, dirigiéndose a la salida del lugar, pensando en quién estaría esperándolo. ¿Una mujer?, ¿quién sería? Las únicas mujeres de su vida eran su hermana y su mamá que estaban en Canadá, pero no conocía a otra, ni tenía una relación cercana con otra.
Cerró la puerta tras de él y suspiró al oír el silencio de aquella calle, se sentía tan atrapado adentro. Miró a un lado de la calle, nada, y al otro... El corazón se le detuvo, se sacó las gafas y parpadeó bien antes de sacar una conclusión. ¿Bella estaba frente a él? ¿Era aquello posible? Ella lo miraba con asombro y emoción. Edward se acercó poco a poco a ella mientras la observaba de arriba a abajo. Se quedó fijo mirando sus piernas, ya que detrás de ella una bolita de carne —como solía decirles a los niños— con cabello cobrizo se asomaba. Se quedó pasmado y hasta le costó hablar.
—Edward —susurró ella con una sonrisa.
—Bella —murmuró él—, ¿qué haces aquí? —preguntó.
—Yo —Bajó la vista y vio al pequeño—, vengo a decirte la verdad.
—¿Qué verdad? —preguntó con las manos temblorosas. Ver a la mujer que amaba y la causante de que por primera vez hubiera llorado por una mujer, estaba ahí frente a él, después de tres malditos años.
—La verdad sobre —Suspiró y tomó en brazos a su hijo— tu hijo. —Le sonrió nerviosa—. Edward, tienes un hijo...
Edward caminó de un lado a otro con los nervios a flor de piel, observó a Bella y luego al pequeño que jugaba en la alfombra de la habitación de su hotel.
—¡No puedo creerlo! —exclamó y la miró enojado— Y no puedo entenderlo, ¿por qué no me lo dijiste antes?
—Porque no quería arruinar tu carrera —susurró y se levantó para estar más cerca de él—. Estabas recién empezando y un niño traería muchos problemas a tu vida.
—Pero es mi hijo, Bella. —Se acercó al pequeño y acarició su cabello—. Y es tan jodidamente parecido a mí, que ni siquiera puedo dudarlo. —Le sonrió al niño—. Es mi pequeño Edward.
—Por favor, perdóname. —Volvió a mirarla a ella—. Por favor no me odies por no decírtelo, y es más, por haberte mentido.
—¿Mentido? —preguntó extrañado.
—La vez que te dije que no te quería era mentira. —Una lágrima cayó por su mejilla—. Te amaba, mejor dicho, te amo, Edward, y yo... —La interrumpió.
—Quiere decir que nunca dejaste de quererme. —Ella negó—. Y yo que pensé que había sido solo un juego para ti... un capricho, como me llamaste.
—No eres un capricho, Edward. —Ella se acercó esta vez a él y lo tomó por los hombros—. No eres un capricho porque… porque en un capricho no hay amor y yo te amo, te amo más que a nadie en este mundo y quiero que me perdones y conozcas a nuestro Edward, que vuelvas junto a nosotros y estemos juntos para siempre o por lo menos hasta cuando viva, quiero, quiero que lo cuides cuando yo no esté. —Más lágrimas brotaron de sus ojos—. Porque sé que algún día no estaré, los años pasan y cuando eso suceda, quiero que protejas a nuestro hijo y lo ames tanto como yo lo amo a él y a ti —habló rápido.
—No digas eso —susurró y dejó que el deseo de abrazarla se liberara—. Tú siempre vivirás, serás una súper mamá y viviremos juntos felices para siempre.
—¿Quieres decir que me perdonas? —murmuró sobre su pecho.
—Quiero decir eso y que te amo, te amo como el primer día que choqué contigo en la estación.
Ella lo miró, acarició su mejilla y lo besó con la misma intensidad de su primer beso. Sus labios se movían en conjunto y casi creyó soñar despierta. Sintió los brazos de Edward removerse y seguido de un fuerte flash. Ella se alejó de él, extrañada y vio una cámara en la mano de Edward.
—¡Edward! —exclamó y rio.
—Había que dejar grabado el primer beso de muchos. —Le sonrió.
Bien... es un mini fic, asi que rapidamente tuviemos el final. ¿Algun review? Son gratis :)
Y quiero hacer una aclaración: Conteste sus rr cuando publicaba Enamórate, ahí les dije a ALGUNAS chicas que después de Enamórate publicaría un fic super bueno, perfecto, etc, etc... Dije que era de Yuli y así. Quizás crean que hablaba de este fic, pero no es así (ya que este es el siguiente después de Enamórate). Hablaba de otro, pero lamentablemente no podre publicar el fic. Primero: descubri que no le pertenece a Yuli; en realidad es un libro. Y segundo: ya tienen adaptado el libro a Edward y Bella y ha sido publicado aquí en ff (aunque quizás ya este eliminado de ff, con eso de que eliminaron las adaptaciones).
Bien, y finalmente, GRACIAS POR LEER Y SUS COMENTARIOS. Anímense a dejar uno en este final. Gracias a Lizzie por batear el fic. Besos a todas.
