Etto... si... nuevo capitulo... Tarde un poco pero bueno tenia un par de problemillas por ahi Dx
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Jane Shepard estaba segura de algo: morir asfixiada era una de las peores cosas que le habían acontecido en su corta existencia. El ardor en los pulmones por falta de aire, las dolorosas contracciones del diafragma tratando de obtener lo inobtenible, la desesperación que inunda el cuerpo al no obtener oxígeno y, por último, la cegadora oscuridad que anuncia el final inminente de una vida.
Todo eso lo había experimentado cuando la primera Normandía fue destruida por la nave de los colectores en una misión de cacería de geths herejes.
Y ahora lo volvía a sufrir; solo que en esta ocasión la razón de su falta de aire no se debía a una armadura dañada y estar flotando en la nada del espacio exterior. No, ahora contaba con una molestia extra: el dolor en su cuello ocasionado por la mano metálica perteneciente al merodeador con el que se encontraba luchando en esos momentos.
Claramente se hallaba en desventaja. Tenía encima a un turiano reaperizado, lo cual eran más de 100 kilogramos de peso; sin contar el metal que había reemplazado la mayoría de la estructura ósea perteneciente a la criatura.
"Ocram… ¡Un poco de ayuda no me caería mal!" Alcanzó a decir la pelirroja, con mucho esfuerzo y sin soltar la escopeta claymore, al pasmado elfo rubio que la acompañaba.
El médico pareció salir de su trance y avanzó hacia ellos rápidamente, guardando la carnifex en su túnica. Sin pensarlo, se colocó detrás del metálico ser y lo tomó por los cuernos para jalarlo hacia él; trataba de quitárselo de encima a la comandante. El metal se sentía frío y resbaloso en sus manos, y el grito antinatural que la criatura ofendida realizó le heló la sangre.
El merodeador, por su parte, dejó ir el cuello de la comandante y sin soltar la escopeta ni cambiar de posición en el suelo sobre la mujer, dobló su ahora libre brazo en una manera imposible para cualquier turiano o humanoide viviente y tomó al médico por sus ropas.
Ocram se sintió volar por los aires momentáneamente; para luego terminar con la cara contra el suelo. Sintió como el arma salió de su bolsillo y escuchó cómo aterrizó lejos de él.
Intentó levantarse para tomarla de regreso ya que también oía los pasos de la metálica criatura que ahora había puesto su atención en él. Se encontraba muy consciente de que no tendría oportunidad frente a tal bestia después de que vio como el arma de la comandante solo le hizo enfadar.
Shepard tosió un par de veces e inhaló profundamente para expandir sus pulmones. El merodeador se había olvidado de ella y de su arma, pero eso quería decir que había cambiado de objetivo.
Jane Shepard se horrorizó al ver que el enemigo ahora tenía en sus manos la Carnifex que le había confiado al médico y le estaba apuntando con ella. Se puso de pie y con escopeta en mano, corrió como desquiciada tras el turiano reaperizado. Ocram le caía demasiado bien como para dejar que ese reaper lo redujera a un cadáver.
Intentó utilizar sus bióticos de vanguardista. Sabía que una buena carga biótica mandaría a volar al desgraciado. Sin embargo aún no se recuperaba del todo y experimentó un dolor debilitante que le recorrió el cuerpo tan pronto la luz azul que caracteriza tales habilidades empezó a desprenderse de su persona. Apretó los dientes en frustración pues se sentía inútil. Ni siquiera una simple singularidad lograba crear. "Debí haberle hecho caso a Samout y descansar…" Se autoregañó mientras se apresuraba a alcanzar a su enemigo antes de que este acabara con la vida de su aliado.
Quizás no podía embestirlo bióticamente, pero si tradicionalmente. Y como si de krogan se tratara tomó la posición que siempre observó a Urdnot Wrex adoptar a la hora de pelear y aceleró con un grito de batalla; poniendo su hombro en posición para el impacto, pero se detuvo en seco y preparó su escopeta cuando vio al merodeador dar dos pasos en retroceso y gritar de manera horrorosa. Una flecha estaba incrustada dentro del visor que ella había roto previamente con un golpe de su arma.
El merodeador no alcanzó ni a reponerse. Tauriel y Legolas aparecieron; embistiendo uno en cada hombro, provocando que el reaper perdiera el balance momentáneamente.
Al parecer al merodeador no le gustaba la idea de caer al suelo solo. Alcanzó a sujetar el cabello pelirrojo de Tauriel y la jaló con él sobre la pastura.
"¡Tauriel!" Gritó Legolas al ver la escena frente a él. El merodeador se había puesto de pie casi de inmediato y tenía sujeta a la elfa pelirroja por el cabello. El turiano reaperizado era tan alto que los pies de la pelirroja no alcanzaban el suelo.
Tauriel luchaba por liberarse del doloroso agarre en su melena. Lanzó numerosas patadas a donde ella sabía, por su entrenamiento, estaban los puntos débiles del oponente promedio. Sin embargo paró de forcejear cuando sintió algo frío en su sien: el merodeador había puesto el arma que reclamó del médico contra su rostro.
Cerró fuertemente los ojos y apretó la mandíbula. Sabía que un ser como el que la tenía cautiva no dudaba en su actuar; así que cuando el inminente fin nunca llegó, abrió los ojos y alzó la vista.
Un gran agujero adornaba la frente del ser metálico. La luz azulada en sus parodias de ojos comenzó a desaparecer, pero el merodeador jamás cayó o deshizo su agarre en su cabello.
Jane Shepard se acercó a ellos respirando agitadamente. "Ahora que está muerto, los escudos kineticos se han disipado. Cúbrete los oídos, Tauriel. Se quedó tieso y la única manera de que te suelte es arrancando el brazo." Comentó la comandante, alistando su escopeta y colocándola a quemarropa en la articulación del codo perteneciente al merodeador.
Tauriel se llevó las manos a las orejas y volvió a cerrar los ojos. Shepard disparó su arma y el brazo se separó de la articulación cubriéndolas de un líquido azul oscuro. Los tres dedos metálicos se abrieron por la falta de presión hidráulica haciendo que la elfa cayera sentada al suelo, y detrás de ella el brazo que la mantenía aprisionada apenas unos instantes atrás.
La comandante igualmente se dejó caer sentada a su lado. "Ese rey de ustedes, se toma su tiempo para todo. Un segundo más que hubiera tardado en disparar y estarías muerta." Comentó sin siquiera limpiarse del rostro el viscoso líquido azul.
"¡Tauriel!" Llegó Legolas seguido del médico. "¿Te encuentras bien?" Preguntó, sujetando a su compañera por los hombros mientras se arrodillaba frente a ella.
"Sí, mi príncipe. Estoy bien." Respondió la aludida con una ligera sonrisa. "Aunque no sé si ella lo esté." Señaló a Jane Shepard, quien se había puesto de pie y se encontraba tratando de liberar el arma de los frío dedos restantes pertenecientes al enemigo caído.
Cayó hacía atrás cuando por fin la presión hidráulica cedió y liberó el arma.
"Nadie vió nada." Argumentó apenada la comandante, guardando la carnifex en uno de los numerosos bolsillos de su pantalón y sentándose en el suelo al lado del merodeador; ahora tirado en el pasto.
Shepard observó fijamente el cadáver metálico. Nunca se había tomado el tiempo de hacerlo en el pasado. Su omniherramienta se activó en su brazo; desprendiendo la luz amarilla y naranja que la caracterizaba. Movió su extremidad sobre el cuerpo enemigo y realizó un escaneo. ¿Quién eres? ¿Quién fuiste? Pensó, mientras su dispositivo hacia una búsqueda en su base de datos interna.
"Venari Pallin. Padre de dos y pareja de Nyrun Pallin. Ejecutor de las fuerzas C-Sec." Leyó en voz alta la información que la omniherramienta proveyó. La fotografía del turiano caído con marcas tribales blancas, se mostraba holográficamente junto con más datos relevantes. "Desaparecido hace un año. Creo que ya lo encontramos." Comentó la pelirroja a sus tres acompañantes. "Pero muy tarde." Terminó con un tono sombrío y levantando la vista al cielo.
"¿Lo conociste?" Inquirió Legolas. Observando con curiosidad el artefacto luminoso.
"Sí. No le agradaban espectros como yo. Y me lo hizo saber varias veces. Pero incluso así logramos trabajar juntos por un tiempo para llevar a la justicia a un espectro rebelde." Respondió la comandante mientras la omniherramienta desaparecía en el aire. "Fue una buena persona. Amó y luchó por lo correcto. Tenía una familia. Sólo espero que ellos sí hayan sobrevivido esta pesadilla."
"Lamento tu pérdida." Dijo Ocram, acercándose a la comandante y ofreciéndole una mano para ayudarla a ponerse de pie.
"Gracias, Doc." Respondió agradecida; levantándose usando al médico elfo como ayuda.
"Creo que deberíamos regresar ahora que el peligro ha sido neutralizado. Mi padre querrá saber más sobre este enemigo." Aseguró el elfo príncipe y Shepard solo suspiró profundamente. Sabía que harían preguntas; y no estaba de humor como para contestarlas.
Escapar no le serviría de nada, sólo retrasaría lo inevitable: sus poderes bióticos estarían inutilizables hasta que se recuperara por completo. No tenía manera de huir sin usar la fuerza letal y por último estaba superada en número. Decidió seguirlos sin decir nada y por primera vez desde que había despertado en aquel campo desolado, esa noche donde las estrellas le parecieron hermosas... cayó en cuenta de que se encontraba completamente sola.
Mientras caminaba tras ellos; algún tipo de hipnosis tranquilizadora se había roto. No más reapers asesinos, ni turianos estrictos, ni asaris diplomaticas, ni tercos krogan. Acababa de destruir los últimos vestigios de su mundo original aún y cuando éstos se trataran de sus enemigos.
El viento de la tarde movía sus cabellos de fuego. Venari Pallin le había hecho saber con su muerte, que ya nada sería igual.
No más bromas de doble sentido con Joker. Ni reír junto a Tali mientras bebían alcohol. Mucho menos el continuo flirteo con James Vega. Ni evitar que Javik tirara todo lo que no le agradaba por la compuerta de la Normandía.
Pero, sobre todo, no más bailes de tango con Garrus.
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"¿Jane?" Preguntó Gandalf, prácticamente a nadie: desde que habían regresado de la emocionante pelea con los enemigos de ojos brillantes, Jane Shepard se encontraba en una especie de depresión que solo se podía comparar con el desvanecimiento sufrido por los elfos al perder a un ser amado. Una muerte por corazón roto. "¡Vamos Jane, respóndeme!"
La comandante se encontraba sentada en una cama del ala médica mirando a la nada. Sus heridas habían sanado semanas atrás, pero de acuerdo a los médicos el estado de su espíritu se encontraba deteriorándose día con día. Ignoraba por completo al frustrado mago gris, quien se trataba de comunicar con ella. Él mismo terminó por sentarse de mala gana en la silla frente a la cama.
Jane comía y andaba si se le pedía, pero hasta ahí llegaban las interacciones con los demás. Ocram le había gritado, sacudido e incluso le había propinado una o dos bofetadas con la esperanza de que reaccionara; pero ni así había logrado que la mujer regresara en sí.
Ni Samout, ni Ocram entendían qué había sucedido. Un momento se encontraba luchando con sus ojos iluminados de vida y al siguiente se encontraba vacía y con su espíritu agonizando.
Samout se había encontrado completamente furioso aquella vez que vio a Ocram, Tauriel, Legolas y Jane regresar de la batalla. Con Jane por ir en contra de sus recomendaciones médicas y con Ocram por ser parte de tal locura; cuando él se hallaba ocupado valorando los oídos de los elfos que habían estado expuestos a los fuertes sonidos de las rondas disparadas en la pelea.
Estaba por darle a la mujer humana el sermón de su vida, cuando notó su mirada vacía. Inmediatamente se acercó a ella; casi haciendo a un lado al resto de los presentes pese a las miradas extrañadas de todos. La comandante solo respondía a sus preguntas
moviendo la cabeza. La expresión del médico moreno se ensombrecía pregunta tras pregunta. Y terminó por ingresar de nuevo a la mujer en el ala médica.
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Habían pasado semanas desde el incidente con los merodeadores y el rey se encontraba frustrado. Todos los patrullajes por las fronteras del Bosque Verde habían terminado con el descubrimiento de cadáveres pertenecientes tanto a arañas gigantes como a orcos. Los capitanes de los grupos reportaban que los cuerpos mostraban el mismo patrón de heridas: signos de haber sido lanzados por los aires por una fuerza descomunal, quemaduras de origen desconocido y un gran agujero en el centro del torso.
No se reportaban señas de algo más aparte de los orcos y arácnidos; eso preocupaba al monarca. No sabía a qué se enfrentaban, pero tenía muy presente que se trataba de algo muy peligroso debido a la destrucción causada. No encontraba si tomarlo como una bendición por el decremento en los numeros de arañas y orcos o algo aun más peligroso que esos dos enemigos juntos.
El sonido de alguien tocando la puerta de su despacho lo sacó de sus pensamientos.
"Adelante." Su voz dejaba escuchar la incertidumbre que sentía.
"Rey Thranduil." Gandalf se abrió paso por la elegante habitación. "Quisiera discutir algo sobre la salud de Jane." El mago gris se acercó pensativo al rey, llamando su atención.
"¿Hay alguna mejoría?" Inquirió esperanzado. No había pasado por su cabeza que quizás la mujer supiera algo sobre ese patrón de heridas hasta ese momento.
"Me temo que no. Pero se me ha ocurrido una idea que podría funcionar." Comentó el Istari, haciendo que el rey elfo alzara una ceja en curiosidad. "Tomando en cuenta el hecho de que Jane es una soldado experimentada, los médicos y yo concluimos que volver a la acción podría regresar un poco de normalidad a Jane." Thranduil se llevó una mano al entrecejo debido a una jaqueca que empezaba a nacer.
"Estas sugiriendo que…"
"Incluyamos a Jane en el próximo patrullaje."
"Mithrandir, ¿cómo planean hacer eso? ¡La mujer no responde a ninguna petición!" Exclamó el rey hastiado, cruzándose de brazos. Pensó que la noción era ridícula.
"Ah, pero Rey Thranduil, hemos descubierto que, mientras las peticiones no las atiende, las órdenes firmes sí." Gandalf dudaba si era sabio compartir esa información cuando vio en el rey una mirada pensativa.
"Recuerdo que cuando hablé con ella poco después de su llegada, obedeció sin rechistar una orden mía casi por inercia. Está muy habituada a seguir órdenes." Comentó. "Quizás, no sea tan mala idea después de todo."
"Entonces, ¿estás de acuerdo con el plan?" Presionó el istari, moviendo levemente su bastón y acomodando su sombrero en anticipación.
"Sí, pero con una estipulación: no va a llevar sus armas." Ordenó severamente. "No confío en su estado mental como para que lleve tales objetos." A Gandalf no le agradó escuchar eso en lo absoluto y frunció el entrecejo.
"No sabe usar ni espadas, ni arcos. ¿Cómo planeas que se defienda en caso de un ataque?"
"Puede llevar su armadura si tanto te preocupa la capacidad de mis hombres para protegerla. Pero las armas se quedarán rotundamente fuera de este asunto." Respondió Thranduil, casi insultado.
"En ese caso me parece justo." Gandalf se encontraba más tranquilo. Y entendía la decisión del rey: no podía tomar riesgos con Jane y sus armas mortales.
"La incluiré en el grupo que comanda Tauriel. Ahora Mithrandir, si me disculpas, debo hacer los cambios y preparativos en el papeleo." Término el rey con un tono de cansancio.
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Un grupo de quince elfos y un humano se encontraba patrullando dentro del corazón del Bosque Verde. Cada día se percibía más enfermo y eran más las criaturas de índole oscura que llegaban a habitar sus suelos. Orcos, trasgos y arañas gigantes habían causado estragos a la flora y fauna natural del bosque.
Habitualmente los elfos irían completamente confiados, seguros de que podrían acabar con los peligros que acechaban escondidos en sus tierras. Ahora no se encontraban tan seguros de eso; no después de ver el estado en que los orcos habían quedado después de que se enfrentaron a algo desconocido. Tampoco el encontrar pedazos de arácnidos gigantes desparramados por todos lados ayudaba a la tranquilidad de los soldados. Mucho menos la presencia de cierta humana inestable cubierta de pies a cabeza en armadura. Su silencioso andar perturbaba a los presentes, y su rostro cubierto no solucionaba el predicamento. Seguía las órdenes de Tauriel al pie de la letra y lo único que salvaba el día era que no se habían topado con nada fuera de común hasta ese instante.
La elfa pelirroja se encontró muy confundida cuando su rey le solicitó que incluyera a Jane Shepard en el patrullaje semanal. Más por el estado en el que la humana se encontraba que por la aparente utilidad que un humano pudiera tener en situaciones como esa. Sí, los humanos eran considerados un tanto inferiores por los elfos. Y en muchos casos se les despreciaba, pero eso era porque la mayoría se trataba de unos oportunistas que sólo se victimizaban para ser considerados con prioridad. La que en esos momentos seguía sus órdenes sin peros, había demostrado ser muy reservada y ocultaba sus debilidades tras un carácter fuerte y noble.
Jane Shepard aparentemente fue criada para ser autosuficiente, no depender de nadie y tomar sus propias decisiones. Algo muy extravagante para las mujeres pertenecientes a la raza de los hombres en Tierra Media; donde se esperaba que las féminas se casaran, tuvieran hijos y obedecieran al varón sin objeción alguna. Tauriel concluyó, con pesar, que un guerrero como lo era Jane no encajaría en ningún asentamiento humano por su género, y se preguntó qué sería de ella una vez que decidiera dejar el bosque o que el rey se enojara con ella y la expulsara del reino.
La mujer en cuestión detuvo su andar y se giró para ver los alrededores del bosque. La capitana del grupo observó como la humana en armadura fijó su vista en un punto y tensó su postura. Sus compañeros de patrullaje se pusieron en guardia al escuchar rápidos pasos acercarse por el camino que Jane veía.
Un orco cubierto en sangre negra, aparentemente de él o de sus compañeros de grupo, salió de entre los árboles; ignorándolos y corriendo completamente aterrorizado sin rumbo fijo. Tauriel se preguntó qué le había sucedido para encontrarse en un estado tan patético, mientras preparaba sus armas para acabar con él de inmediato.
Sin embargo no llegó muy lejos. Una luz azul violeta lo iluminó y éste comenzó a flotar. La horrorosa bestia gritaba mientras pataleaba y sacudía su espada de un lado a otro, completamente desesperado y frente a él, de la nada se materializó la criatura más horrible que Tauriel hubiera visto jamás, incluyendo a Venari Pallin transformado en merodeador en su lista.
El ser tenía apariencia humanoide femenina, más alta que el merodeador de hacía unas semanas. El torso y la parte media del abdomen eran largos y delgados. Mientras que el abdomen bajo se encontraba abultado, como si todos los órganos internos se hubieran desprendido y terminado colgando en ese lugar debido a la fuerza de gravedad. El busto se encontraba al descubierto, decorado con piezas circulares de metal que encendían con una luz azul. De sus hombros salían cilindros flexibles de color metálico que se introducían debajo de la piel y se podían visualizar en diferentes puntos de sus brazos, cuello, rostro y piernas.
Su piel era de un color grisáceo oscuro, similar al de un cadáver en descomposición, y su rostro dejaba muy marcado los huesos debajo de ésta; los ojos dejaban ver un vacío inmenso, sin emociones ni expresiones.
La criatura levantó uno de sus largos y delgados brazos que terminaban en garras de longitud considerable y éste acabó atravesando el pecho del orco inmovilizado en una estocada. Con el otro acarició el rostro de su víctima, de una manera casi amorosa, deslizando suavemente sus dígitos por las mejillas ensangrentadas pertenecientes al orco. Acercó lentamente su cara a la de su presa, mirándole a los ojos; observando con fascinación como la vida escapaba de ellos.
Tauriel escuchó a Jane Shepard hablar por primera vez en semanas. Su tono de voz dejaba ver su temor, aún con la distorsión provocada por el yelmo de metal que protegía su cabeza.
"¡Corran!" La comandante se encontraba empujando a los elfos para que despegaran la vista de la sangrienta escena y se apresuraran a alejarse del reaper que había aparecido. "¡Banshee, si los atrapa considérense muertos!" Los elfos se veían renuentes a obedecer a la humana y prefirieron ver a Tauriel por indicaciones.
Un grito agudo retumbó en todo el bosque y provocó que varios de los elfos se llevaran las manos a sus orejas para cubrirlas. Fue emitido por el ser que acababa de ejecutar al orco sin siquiera pestañear. Tauriel alistó sus armas: ésta vez no huirían del enemigo, ni pondrían en riesgo a los civiles del reino, como algunas semanas atrás había sucedido. Ella no había sido la líder de ese grupo, pero no pudo evitar sentir culpa por los hechos: su Rey casi terminó asesinado y ella misma estuvo apunto de morir a manos de un monstruo metálico. Todos habían cooperado para terminar con la amenaza, pero dependieron de una humana para ello.
"No ésta vez." Respondió por fin Tauriel a Shepard, quien decepcionada negó con la cabeza.
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Shepard no quería pensar, es más; no deseaba existir. Los Valar se negaron a darle el beneficio de la muerte y su inevitable reencarnación por tiempo indefinido. Insistiendo en que ciertas cosas debían suceder primero y que después considerarían la petición de nuevo.
Nunca mencionaron qué cosas debían de pasar. Solo que serían de gran impacto para Tierra Media y que decidirían el destino de las razas que ahí habitaban. Eso sí, le pidieron que escuchara siempre a su corazón. Ya que éste siempre había sido su guía en el pasado.
Bueno, su músculo bombeador de sangre le decía que no quería estar consciente de nada desde que descubrió la identidad del merodeador caído.
Pero cuando los sistemas de radar en su armadura detectaron la presencia de un individuo avanzando rápidamente en zig zag hacia el grupo del que formaba parte, tál órgano palpitante le dijo que era hora de dejarse de niñerías y enfrentar el mundo en el que se encontraba. Urdnot Wrex estaría más que decepcionado si se llegaba a enterar que su hermana adoptiva se había puesto a lloriquear como Quariano con dolor de estómago.
Jane Shepard salió de su refugio mental al ver que el orco era asesinado por una banshee que se había materializado frente al grupo, después de inmovilizar al mismo con un campo de efecto en masa. "Uh-oh"
El cuerpo del orco cayó al suelo, con parte de sus vísceras colgando fuera del gran agujero creado por las mortales garras del reaper presente, las cuales estaban decoradas por un líquido oscuro sanguinolento. La banshee, entonces, emitió su grito característico, poniéndole los pelos de punta a la comandante.
La soldado en la armadura de plata comenzó a gritar indicaciones, regresando a sus días de comandante; sólo para ser ignorada.
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Tauriel arremetió contra el ser que la humana había llamado banshee. Se encontró con que sus espadas chocaron con una barrera invisible que al ser golpeada desprendía destellos azul - violetas. Retrocedió dos pasos y observó como las armas de sus compañeros conseguían los mismos resultados. Las flechas disparadas por los arqueros parecían evitar al monstruo y pasarlo de largo. Tauriel ahora entendía porque el orco recién asesinado se mostraba tan desesperado en un principio. El enemigo era invulnerable a lo convencional.
"¡Alguien dígame por qué accedí a dejar mis armas con Gandalf!" La elfa se giró a ver a Shepard, quien en esos momentos se encontraba con ambas manos en la parte frontal del yelmo claramente arrepentida, al mismo tiempo que zapateaba el suelo en frustración.
Un grito perteneciente a uno de sus hombres la hizo volver su vista a su objetivo original. Un elfo se encontraba flotando en los aires rodeado de la luz azul violeta en la que el orco estuvo envuelto los últimos instantes de su vida. El elfo de cabellos castaños se encontraba desesperado en los aires, sacudiendo sus extremidades en un esfuerzo inútil por recuperar su balance y el control de su cuerpo.
La banshee exclamó un alarido y una gran cantidad de energía desconocida para los elfos se desprendió de su cuerpo, mandándolos a volar un par de metros y alejándolos. Su compañero quedó solitario frente al monstruo.
"¡¿Qué rayos fue eso?!" Exclamó la capitana de la expedición. Su compañero aún se encontraba flotando, a merced del monstruo y éste se preparaba para impalarlo con su brazo.
"¡NOVA!" La voz de la comandante llamó la atención de Tauriel mientras se ponía de pie después del doloroso impacto con el suelo terroso. Shepard no había salido ilesa de la nova creada por la Banshee y se encontraba colgando de la rama de un árbol, mientras sostenía a un miembro del grupo para que no cayera al suelo; tal elfo se encontraba inconsciente debido al duro impacto que sufrió contra la armadura de la comandante al momento de la nova. "¡Córtenle la cabeza!" Prosiguió la humana de armadura.
"Lo intentamos y no funcionó, Jane. ¿Qué no viste?" Respondió frustrada la capitana. "Sólo la hicimos enojar."
"¡Usó nova! ¡No hay barrera que la proteja!" Contrarrestó la comandante con una pizca de fastidio en su tono. La terquedad de los elfos estaba acabando con sus de por sí ya delicados nervios. "¡Córtale la maldita cabeza o nos morimos todos!"
Lo único bueno del asunto, de acuerdo a Shepard, era que la banshee se estaba tomando su tiempo. De todos los reapers creados de los habitantes de la galaxia, eran las banshees, antes asari, las que más inteligencia poseían. Tanta que parecían disfrutar el miedo en los ojos de sus víctimas antes de matarlos. Eso era lo que las hacía tan terroríficas cuando estaban en solitario y peligrosas estando en grupos de varias. Los soldados que lucharon en la guerra contra los reapers necesitaban tan solo escuchar el grito de la banshee para temblar de miedo.
La banshee colocó sus dos manos en el torso del elfo que tenía captivo y éste comenzó a gritar en dolor. Las largas uñas del reaper se enterraban lentamente entre sus costillas, buscando perforar los pulmones. Y aparentemente lo logró. Al elfo se le dificultaba respirar con cada bocanada de aire que tomaba. La criatura parecía querer mirarlo fijamente a los ojos. Supo entonces que estaba acabado.
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Legolas no entendía a su padre, después de que el grupo de Tauriel partió, le ordenó que tomara un grupo pequeño de elfos y los siguiera de cerca como apoyo.
No lo procesó en un principio pero después de ver lo que acababa de suceder con el orco y la extraña explosión violeta, lo comprendió. Se enfrentaban a lo desconocido y necesitarían todo el apoyo posible.
Él y su grupo no se encontraban lo suficientemente cerca para ser afectados por el impacto de la energía pero sí para ver como su compañero de armas era torturado por ese cruel ser.
Escuchó la discusión entre su amiga y la humana. Jane quería que le cortaran la cabeza a la criatura, Tauriel se mostraba renuente debido a que la primera vez no había funcionado. Él mismo lo presenció, las espadas chocaron con alguna pared invisible y las flechas parecían desviarse de su objetivo.
Sin embargo, Jane parecía conocer al enemigo y las habilidades que éste poseía. Mencionó que después de la nova, lo cual supuso se trataba de la explosión que mandó a volar a todos, no había barrera que la protegiera. Decidió probar si era verdad.
"¡Disparen las flechas, ahora!" Los proyectiles se incrustaron en la espalda de la criatura, confirmando la hipótesis de Legolas y dándole la razón a la comandante.
La banshee gritó enfurecida y en su distracción dejó caer al elfo que torturaba al suelo. Se giró en la dirección de donde provinieron las flechas y fue recibida por un grupo de tres elfos.
Uno cortó el brazo que empezó a brillar desprendiendo una esfera de energía que impactó en el el pecho del espadachín, tumbandolo y dejando una marca de quemadura en su ropa.
Otro atravesó su torso con la afilada hoja que empuñaba, dejando a la vista los órganos internos y la red de tubos metálicos pertenecientes a la banshee.
Y por último el mismo Legolas, príncipe de los elfos que habitaban el bosque verde, decapitó al monstruo con solo un corte de su arma.
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Agreadecimientos especiales a la mafia del foros de Resident Evil: Behind The Horror. Adriana, Addie, Skandrosita y aveces Annyaraku... XD
Y por fin, este capitulo se ha acabado. Si te gusto, toma una galleta y dejame un review y si no, no hagas nada, pero me dejas en paz esas galletitas :P
Saludines~!
