Consecuentemente distraído.

No iba a decir que después de un par de sueños "movidos" se había enamorado de Kageyama irremediablemente. Vamos, era un adolescente con hormonas alborotadas después de todo. Era normal en esa edad tener sentimientos confusos y experiencias "húmedas" durante la noche. O eso le había escuchado decir una vez a Tanaka en los vestidores, mientras él y Nishinoya alardeaban frente a los chicos de primero. Obviamente después de oír eso, había prácticamente huido del lugar, mientras Daichi sermoneaba a los mayores.

Pero, gracias a esos sueños podía encontrar una respuesta medianamente lógica a lo que le sucedía últimamente. Se refería a su fijación por tener a Kageyama en su campo de visión la mayoría del tiempo, su creciente anhelo por encontrárselo primero al llegar al colegio o que fuese el último en ver al terminar las prácticas (porque sí, lo admitía, las constantes carreras que se daban entre los dos eran una burda excusa) y ese incómodo hormigueo en el estómago que sentía cuando caminaban hombro con hombro, envueltos en un cómodo silencio, o cuando jugaban videojuegos sentados uno al lado del otro. Su habitación era bastante grande, era insano sentarse pegados, pero pretendía, hasta ahora, no darse cuenta de ello.

Eran situaciones bastante comunes entre ellos, lo que muy en el fondo, le daban una muy pequeña esperanza a sus sentimientos.

Detuvo su movimiento y pensó en ello por unos segundos. ¿Qué pensaba Kageyama de todo eso? Esos momentos de intimidad eran obvios incluso para él, así que… ¿Qué pensaba Kageyama? Él no era precisamente el tipo de persona que hace algo que le disgusta sólo por darle el gusto a alguien más, definitivamente.

-¡Hinata!

El gritó de Tanaka lo sacó de su inoportuno sopor. Lo único que alcanzó a ver fue que la pelota ya estaba en el aire para él, así que por instinto saltó y remató, asquerosamente. Le dio justo a la red. Vaya, hacía tiempo que no le pegaba así de mal al balón. Para completarlo, cayó al suelo en una muy mala posición, por lo que trastabilló varios pasos hacia atrás. Su trasero iba a doler después de esa caída.

Pero, antes de que ocurriera eso, unas fuertes manos lo tomaron por la cintura y su cabeza golpeó en el pecho de su salvador. Iba a girarse con una sonrisa de agradecimiento hasta que una nube negra y espesa lo rodeó. Oh.

-¿Se puede saber qué carajos estás haciendo?

No sabía que le daba más miedo, si la voz de ultratumba de Kageyama o esa expresión de que quería asesinarlo.

-K-Kageyama ¡lo siento! Me distraje un momento…- Su vos disminuyó cuando el otro lo tomó de la coronilla de una forma poco natural y lo miró con esos furiosos ojos.

-Vamos, Kageyama, no es para tanto- Intervino Suga desde fuera de la cancha con una sonrisa conciliadora.

El aludido lo miró una vez más y lo soltó junto con un bufido, para irse al otro lado de la cancha. Suga suspiró en su lugar y Hinata pudo ver como todos relajaron sus semblantes (ignoró la mueca de burla de Tsukishima), lo que menos necesitaban era otra pelea de ese par.

El partido continuó; de hecho, solo era un partido de entrenamiento con una escuela cercana que había venido. Últimamente al profesor Takeda se le hacía fácil conseguir esos enfrentamientos, y ellos lo agradecían enormemente. La distracción de Hinata tampoco les afectaría mucho, pues ya iban 22 a 13, ganando, y no se veía muy pronta la recuperación del otro equipo. Pero como todos saben, si ellos jugaban un partido, iban en serio hasta el último momento.

Hinata pudo deshacerse de los pensamientos sobre su compañero-rival-mejor-amigo, y volver a concentrarse. Si bien Kageyama no volvió a dirigirle la palabra en el resto del partido, siguieron siendo ese dúo increíble que comenzaba a caracterizar a Karasuno.

Después de un par de partidos más, en los que se las arreglaron para ganarlos todos, terminó el encuentro. Afuera el sol comenzaba a bajar, y pronto el equipo visitante se subió a los buses para volver a casa. Había sido un largo pero renovador día. Muchas cosas que corregir y otras que habían mejorado por lo cual alegrarse.

Ese pensaba el entrenador Ukai mientras veía algunas notas que Shimizu había hecho durante el día. Tenía bastante de que hablar con los demás, pero por ahora los había enviado a las duchas y luego a casa.

-Ah… Fue un buen día ¿no?

Ukai miró al profesor Takeda que había aparecido de repente a su lado, y asintió con una sonrisa sin dejar de leer aquellas notas.

-Estamos mejorando. También sentí al equipo más sincronizado entre ellos, es algo bueno.

-Han comenzado a llevarse realmente bien, es lo que creo- Entonces la mirada del más bajito se dirigió hacia los últimos chicos que entraban al vestuario. Soltó un suspiro- O al menos la mayoría. Algunos tienen asperezas por naturaleza…

El entrenador dirigió la vista al mismo lugar que él, y cuando vio cruzar la puerta a Hinata y Kageyama, no pudo más que darle la razón.

-De todas formas, sería extraño que se llevaran de color de rosas- Agitó la cabeza, alejando alguna idea rara- Pero ellos se arreglarán, siempre lo hacen.

Takeda miró al entrenador de reojo. El joven frente a él pudo haberse negado incesantemente cuando le pidió ser entrenador de Karasuno, pero ahí estaba; tan preocupado por el equipo e incluso podía notar que le tenía afecto a aquellos "mocosos". Sin duda no se había equivocado con él.

-Eres un buen entrenador, Ukai-san

Ukai miró al profesor sorprendido ante ese comentario venido de la nada. Tal vez no fue la mejor idea, pues la sonrisa radiante y amigable que el hombre le mostró lo descolocó por un momento. Adorable, pensó. Y luego quiso patearse mentalmente.

-Es mi trabajo…- Murmuró mirando hacia otro lado. Dios, era un adulto ya. No podía andar sonrojándose sólo por que otra persona, más adulta que él, le dijera un halago.

En el vestuario, Hinata estaba sentado en uno de los bancos con su camiseta arrugada entre las manos y la vista hacia abajo. Lo presentía, Kageyama iba a golpearlo en cuanto le dirigiera la palabra. ¡No era su culpa! De hecho, todo era culpa del setter. Las cosas estaban extrañas entre ellos últimamente y eso lo mantenía inquieto.

-Hinata ¿no vas a entrar?

Solo cuando Sugawara le habló cayó en la cuenta de que ya todos estaban duchándose. Y al parecer llevaba un buen rato allí sentado, porque Suga salía de las duchas ya vestido y con el cabello mojado.

-Suga-san…-El aludido ladeó la cabeza sin comprender el suspiró pesado que largó su kohai- Bueno… ¿Kageyama sigue allí adentro?

Suga no supo si reír por la cara de tormento de Hinata, o tenerle pena por lo asustado que se veía. Un poco extraño, ya que en realidad él solía hacerle frente al otro chico la mayoría de las veces.

Lo que Hinata no pensaba decirle, ni loco, era que, aparte de que sentía su vida en peligro si se acercaba hoy a Kageyama, había otra razón por la que no quería encontrárselo. Menos en las duchas.

La última vez había tenido un momento sumamente incómodo cuando lo vio salir de la ducha solo con una toalla cubriendo esa zona. Al día siguiente, que fue ayer, se fue a casa sin bañarse, pero hoy no podía hacer eso; realmente estaba muy sudado por todo el ejercicio y era probable que pescara un resfrío si iba hasta casa así.

-Seguramente ya debe estar por salir- Le sonrió tranquilizadoramente- Tú deberías entrar ya, para cuando salgas él seguramente ya no estará por aquí.

Hinata asintió a las palabras de su sempai y suspiró. Luego terminó de quitarse el uniforme y entró a las duchas, despidiéndose del mayor.

-Suga ¿terminaste?- El peligris se giró hacia quien le hablaba, a la vez que cerraba su casillero. Asintió.

-¿Qué hay de ti?- Daichi también asintió como respuesta.

-Los de segundo me pidieron quedarse en el gimnasio un poco más, así que ellos cerrarán una vez que terminen- Se acercó a su casillero para sacar una toalla y secar su cabello. Suga se apoyó de espaldas en el casillero de al lado, sonriente.

-Los de segundo, ah… ¿Los ánimos también están subiendo por ese lado?

-Supongo que no quieren quedar atrás de los novatos…-Le respondió con una sonrisa de lado.

Suga se acercó a él de espaldas y le quitó la toalla, para colocársela en la parte más alta de la cabeza y comenzar a secarle el cabello él mismo, Daichi siempre dejaba húmeda esa zona. No vio su cara, pero le bastó con que el capitán bajara los hombros y se dejara hacer.

-¿Noya y Tanaka también?

-No lo creo, ellos jugaron mucho hoy…

Siguieron en esa posición un poco más. No iban a admitirlo, pero estar así para ellos era tan cómodo como natural.

-Suga.

-¿Hm?

-Vienes hoy ¿verdad?

Oh, cierto. Hoy era viernes, y desde que tuviera cierta charla hacía unos días, habían quedado en juntarse en casa de Daichi esa noche. ¿La excusa? Relajarse viendo películas o jugando videojuegos. Pero la verdad era que ninguno de los dos era amante de esas cosas. Aunque, sonaba bien decirlo.

-En eso quedamos.

Estaba seguro de que Daichi sonreía de cara al casillero, igual que él.

-Y después se preguntan por qué los llamamos mamá y papá cuervo.

Sugawara se separó inmediatamente al escuchar la voz de Nishinoya, con la toalla húmeda entre las manos y la cara roja. Sawamura miró a los recién bañados mosqueado por el comentario. Nishinoya y Tanaka se reía entre dientes, y Asahi los miró algo avergonzado, pensando que tal vez habían molestado a sus compañeros.

-Vamos Capitán no te enojes, es una broma- Le dijo Tanaka divertido con la situación. Oh Suga, eran tan evidentes.

Después de eso todos terminaron de cambiarse y salieron juntos del lugar. Detrás iban Tsukishima y Yamaguchi, en su burbuja, como siempre. En un momento Sugawara se preguntó dónde estaba Kageyama, ya que era el único que faltaba y Hinata, obviamente, iba a tardar más. Al final se encogió de hombros; era poco probable que fueran a encontrarse. Y si lo hacían, era mejor que arreglaran sus diferencias de una vez, después de todo no había sido un problema tan grande como aquella vez que se fueron a los golpes.

¿Verdad?