Viernes por la tarde
El agua caliente después de tanto ejercicio físico realmente le había hecho bien. Se sentía de maravillas y súper relajado. Cerró el grifo del agua y salió solo con una toalla cubriéndolo. Igual que esa vez que se encontró a Kageyama. Pero podía respirar tranquilo, ya que al parecer no quedaba ninguno de sus compañeros por ahí, mucho menos Kageyama.
Estaba tan confiado con esa idea, tan seguro de que podría salir e irse tranquilamente a casa, que su corazón casi se le sale del pecho cuando vio a cierta persona sentado en un banco del vestuario con los ojos cerrados. Kageyama estaba apoyado contra la pared, probablemente tan relajado como él había estado hacía unos minutos, que el sopor le había ganado.
Hinata miró hacia los costados, pensando de qué forma salvarse del encuentro con ese idiota malhumorado. Al parecer no lo había sentido, pues seguía con los ojos cerrados. Así que con el mayor cuidado posible, caminó hasta su casillero y se cambió en total silencio. Bien, solo le faltaba abotonar su camisa del uniforme y podría salir de allí con vida. No se había volteado a mirar al pelinegro de nuevo, por si acaso el chico sentía su presencia, así que supuso que seguía medio dormido.
-Oye.
Una mano se apoyó en el metal del casillero, justo a un lado de su cabeza, paralizándolo. Tendría que haberse ido con la camisa abierto, lo sabía.
-Te estoy hablando.
Hinata se volteó y se encontró con la cara de frente de Kageyama, que tenía aquella mirada asesina que tuvo todo el día. ¿Qué le pasaba a este tipo? Tanto problema sólo por que se distrajo una vez durante el partido. Tomó aire, decidido a hacerle frente.
-¿Qué?
Si a Kageyama pareció sorprenderle el repentino cambio de actitud de su compañero, no lo demostró.
-¿Qué rayos ocurre contigo?
¿Qué ocurría? ¿Y él se lo preguntaba? ¡Solo había que ver como estaban ahora para entenderlo! Lo tenía acorralado contra los casilleros, tapándole las salidas con sus brazos, y (por Dios!) sus rostros ridículamente cerca el uno del otro. El olor del champú de Kageyama le llegaba con intensidad y tenía que suprimir el instinto de acercarse a su cuello y olerlo mejor. Por favor, que no era una niña enamorada. Kageyama simplemente era un idiota que no notaba nada alrededor.
-No sé de qué hablas.
-Estuviste distraído todo el día- Frunció aún más el ceño, de ser posible.
-¿Ah? ¡Solo fue una vez! No me jodas con que todo el día.
Repentinamente, Kageyama agarró uno de sus brazos y lo pegó más a la pared que formaban los casilleros. Cerró un ojo por el agarre, aunque admitía que no le hacía daño para nada.
-Mientes ¿Crees que no lo noté? Estuviste todo el tiempo recibiendo mis pases un segundo tarde o un segundo antes. Tal vez los demás no se dieron cuenta, pero lógicamente yo sí.
Mierda, mierda. ¿Realmente era tan consciente sobre él cuando jugaban? Su corazón comenzó a palpitar con fuerza.
-Estás paranoico, Bakaeyama…
Perdió el habla cuando el chico acercó su rostro un poco más. Basta, basta. No iba a soportar que se acercase todavía más. Las imágenes de aquellos sueños no dejaban de aparecer en su cabeza. Si se movía dos centímetros hacia adelante…
-Te conozco, Hinata.
Vaya. El ceño fruncido desapareció dando lugar a una mirada seria. Entonces… ¿podía ser que de hecho Kageyama estaba preocupado por él? La zona donde el setter lo tenía sujeto del brazo le estaba hormigueando.
-No es nada, en serio…- Murmuró desviando la mirada.
¡Basta de esa tortura, por favor!
Entonces, Kageyama, con la mano libre, le sujetó del mentón y lo obligó a mirarlo. Y pronto supo que no fue buena idea, pues su mirada no podía alejarse de la boca de Hinata. ¿Qué carajos le pasaba de repente? Podía atribuirle eso a la expresión tan sumisa que el pelinaranja mostraba en ese momento.
La idea fugaz de besarlo le asustó. De sobremanera. Él, Kageyama Tobio, no podía perder el control.
A pesar de que se dijo eso, y que lo entendía perfectamente… no había forma de que se alejara de Hinata. Sus ojos lo miraban entre asustados y… ¿ansiosos? ¿Qué esperaba exactamente Hinata en ese momento?
¿Qué quería hacer él en ese momento?
El enojo por la actitud del chico durante el día se había esfumado. El miedo de Hinata ante su reprimenda, se había esfumado. Los corazones de ambos estaban igual de acelerados, y sus ojos apuntaban al mismo lugar; la boca del otro.
Querían besarse ¿por qué negarlo?
El agarre en el brazo de Hinata se aflojó, y para sorpresa de ambos, terminaron entrelazando sus manos. Era como si sus cuerpos ya no les hicieran caso.
Hazlo, hazlo, hazlo, repetía Hinata internamente. Que Kageyama lo besara. Si lo hacía él, presentía que aquello no iba a terminar bien.
-¡Una más!
El grito proveniente del gimnasio junto con el sonido de la pelota rebotando, rompieron la burbuja. Pareció que ambos salían de un trance, y se alejaron como si el roce entre ellos quemara. Decir que Hinata estaba rojo era poco.
¿Qué había estado a punto de pasar? Miró su mano izquierda, la que había tocado la mano de Kageyama, y sintió las piernas débiles.
-Lo que sea que esté afectando tu desempeño, arréglalo…
Kageyama escapó de allí antes de que siquiera pudiese ver su rostro. Maldito cobarde, quiso gritarle. Estaba dicho, ese asunto no era sólo cosa suya.
Cuando el pelinegro salió del lugar, su cara estaba completamente roja y caliente. Estaba tan azorado que no podía ver ni por donde caminaba. Fue por eso que terminó chocando con Nishinoya.
-¿Kageyama?
Había vuelto por su chaqueta del uniforme, ya que la había olvidado seguramente en el vestuario. El encuentro con el joven setter lo descolocó, más aún que este no le dijo ni una palabra y sólo siguió caminando con prisa. Terminó por encogerse de hombros, vaya a saber qué le pasaría al chico.
Nishinoya era malo en matemáticas, sin duda. Pero pudo sumar los factores en cuanto entró al vestuario y se encontró con Hinata, hiperventilando y con un pronunciado sonrojo. Tenía una mano en su pecho, arrugándose la camisa desprendida.
Oh.
Oh.
Genial, iba a tener que pagarle a Tanaka. Él había asegurado que seguramente no pasaba nada entre esos dos hasta, por lo menos, segundo año.
No importaba, tenía algo que hacer ahora.
-.-.-
-¿No crees que Kageyama exageró hoy?
-Hm.
Estaban en la casa de Yamaguchi. Habían dejado la escuela hacía horas, y se dedicaban a relajarse en la habitación del pecoso. Tsukishima siguió leyendo el manga que tenía entre sus manos, ignorando el comentario de su amigo. Lo que menos le interesaba era hablar sobre el Rey idiota.
Yamaguchi estaba con la espalda apoyada en la cama, sentado en la alfombra de su habitación, y Tsukishima estaba recostado sobre sus piernas. Aunque jamás de los jamases fuese a decirlo, era su lugar favorito en el mundo. Tadashi sonrió para sí. El rubio seguía con aquella actitud de indiferencia hacia sus compañeros, pero él podía notarlo, las cosas habían cambiado a lo largo de ese año.
Tsukishima no lo mostraba abiertamente, pero él veía cómo confiaba un poco más en los demás, y cómo cada vez era un poco más cómodo estar con ellos.
-Hinata jugó bien casi todo el tiempo, excepto esa vez que remató hacia la red…
El rubio dejó escapar un sonoro suspiro de cansancio, y sin alejarse, se incorporó un poco para mirar a Yamaguchi a los ojos.
-Primero; el enano jugó con la cabeza en Marte hoy- Yamaguchi perdió el habla cuando sus rostros se acercaron peligrosamente- Y segundo…
Tsukishima lo besó. Primero como un beso casto, sin mayor intención, pero en cuanto el chico pecoso separó un poco sus labios, fue otra historia.
Las lenguas de ambos se encontraron, llevándolos al éxtasis. Esa calidez, esa humedad, no había nada mejor que ello. Tsukishima llevaba el ritmo, y pasó una mano por la nuca del otro. Mordió el labio inferior del chico, y luego lo lamió, para volver a entrar a esa cavidad que le pertenecía hacía bastante tiempo. Las respiraciones de ambos se aceleraron y el contacto se hizo necesidad. Cuando Yamaguchi se aferró a la camisa de Tsukishima, este sonrió dentro del beso. Una de sus manos se metió bajo la remera del otro, y acarició aquel plano pero firme abdomen, sacándole un suspiro a su amigo.
-No hables de ellos cuando estás solo conmigo- Le susurró, a la vez que mordía el lóbulo de su oreja suavemente, y con su mano acariciaba en círculos uno de los pezones de Yamaguchi.
El gemido del chico fue alto, por suerte, no había nadie más que ellos en casa.
-Kei…
Si había algo que Tsukishima adorara más que la expresión de su amigo en ese momento, con los ojos vidriosos y las mejillas encendidas, era la voz entrecortada y ansiosa con la que pronunciaba su nombre en momentos como ese.
Volvió a asaltar la boca de Yamaguchi con ansias.
A un lado, sobre la cama, el celular de Yamaguchi se encendió en silencio, anunciando la llegada de cierto mensaje. Mensaje que invitaba a cierto evento la noche siguiente.
Porque Nishinoya Yuu había decidido ayudar a sus kohais como sólo él sabía hacerlo. A lo grande y de forma extravagante.
oOoOo
Hasta aquí por hoy. La verdad, subí de a tres porque además de que no son capítulos largos, ni me pintaba dejarlo sólo con el primero que es tan (muy) corto. De todas formas pienso terminar esto rápido (rindo en unos días), asi que está bien.
Espero que les esté gustando por ahora!
Que tengan un feliz 4 de noviembre, aunque no sea ninguna fecha en especial.
