Disclaimer: Los personajes de Hakyuu! No me pertenecen, yo solo los utilizo para liberar mi imaginación.

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Viernes por la noche

— ¿Estás enojado, Asahi-san?

Asahi de pronto se sintió nervioso por escuchar la voz, un poco más seria, de Nishinoya. Ahora sentía que por su culpa el pequeño líbero estaba triste. Tal vez debió reclamarle por su atrevimiento un poco más suave. No tenía remedio, ni siquiera podía modular su tono de voz. Era tan idiota.

Estaba en su cocina, en medio de la tarea de prepararse algo para cenar. Su casa estaba envuelta en un silencio que era cortado sólo por el sonido de la televisión encendida en la sala. Mantener la mayoría de las luces encendidas era buena idea, sin duda. Al menos para alguien asustadizo como él lo era. Hizo malabares entre revolver la pasta que estaba haciendo, mientras ponía el fuego al mínimo, y sostenía con el hombro el teléfono desde el que salía la voz de Nishinoya.

— No estoy enojado… Pero deberías hablar conmigo antes de invitar a todos a mi casa, Noya.

— Lo siento. Es que la idea salió de una urgencia y debía hacerlo antes de que los demás hiciesen planes por su cuenta. Digamos que es tu culpa por haberme contado que estarías solo todo el fin de semana.

— No hay forma de que eso sea así— Frunció el ceño ante la sugerencia del chico. Estaba bromeando, pero para él seguía siendo un tema serio. Suspiró mientras golpeaba un poco la cuchara de manera, con la que revolvía, sobre el borde de la cacerola.

— ¿Estás cocinando, Asahi-san?

Asahi-san, Asahi-san. Por alguna razón la voz del líbero de Karasuno diciendo su nombre de esa forma siempre fue algo que lo perturbaba. El chico tenía muchos tonos para decirlo; fuerte y claro en medio de un partido, con alegría cuando lo veía a un par de metros en la escuela y se acercaba a él corriendo, o con un tinte de admiración cuando lo observa entrenar (aunque esto se daba más a menudo en el año anterior). Y después estaba esta forma, como acababa de decir su nombre por teléfono y era la misma que usaba cuando ambos se quedaban solos y no estaban en un lugar público. Lo hacía sentir extraño y no entendía el porqué, y eso lo ponía nervioso de sobremanera.

— Estoy haciendo pasta para cenar.

— ¡Suena genial! Deberías invitarme a cenar, Asahi-san— El aludido rió un poco ante el tono infantil que su compañero había utilizado. Podía imaginarlo haciendo alguna especie de puchero.

— Estás a tiempo de venir, si eso quieres—Dijo a modo de broma.

— ¡Bien! Abre la puerta en cinco minutos, estoy a una calle.

Y sin más, Nishinoya cortó la conversación. Asahi miró su teléfono sin decidirse si creer lo que el chico le había dicho o no. Pero rápidamente aceptó la idea; era Nishinoya Yuu de quién estaba hablado. El chico era tan impulsivo e impredecible que definitivamente podía aparecerse en su casa de la nada. Es más, ahora que lo pensaba, él debía de haberse estado dirigiendo hacia allí todo ese tiempo que hablaban por teléfono.

Una sensación de inquietud y alegría se instaló en él. Era genial que no fuese a pasar toda la noche solo como había asumido desde un principio, y la compañía de Yuu era de sus favoritas, sin duda. Sus ocurrencias, sus conversaciones que no se quedaban sin tema, sus sonrisas divertidas.

Abrió la tapa de la olla para que el vapor de la pasta le diera de golpe en el rostro; lo necesitaba para que su cabeza se adormeciera un momento y dejara de pensar cosas vergonzosas sobre su amigo.

Tal y como había dicho Yuu, a los cinco minutos Asahi abrió la puerta de su casa, y allí se encontró al más bajo con una alegre sonrisa en el rostro. Observó que todavía llevaba el uniforme del colegio y eso le pareció por demás curioso.

Nishinoya entró a la casa de su amigo y dejó su bolso de la escuela dónde este le indicó. Notó que el más alto quería preguntarle, o decirle, varias cosas, pero todas las veces terminó por mantener la boca cerrada. En el fondo aquello le daba un poco de gracia, parecía que estaba trastocando el mundo de su sempai. Eso estaba bien para él.

Después de eso ambos se dirigieron a la cocina. Ayudó con rapidez a poner la mesa, así comían de una vez antes de que la pasta se enfriara.

Asahi estaba concentrado en eso cuando se giró para servir en los platos, seguro de que Yuu estaba sentado del otro lado de la mesa. Tal vez había subestimado la velocidad del chico, porque lo siguiente que sintió, fueron los brazos de Yuu rodeando su torso.

Se quedó helado en su lugar, mientras sentía que la temperatura de su rostro aumentaba enormemente. Nishinoya lo estaba abrazando, podía sentir su respiración en su espalda y además sus manos se aferraban con fuerza a su camiseta. Miró de reojo hacia atrás, pero solo pudo ver los cabellos del más pequeño.

— Noya…

— Hace un rato pensé que realmente te habías enojado… —La declaración lo tomó por sorpresa, así que lo dejó hablar — Sabes… estoy bien si Ryuu se enoja conmigo. O si Suga o Daichi lo hacen. Incluso si Hinata se enoja. Pero, definitivamente, no está nada bien que tú te enojes conmigo. Lo siento.

Asahi se permitió una pequeña sonrisa; así que era eso la causa del comportamiento extraño de Nishinoya, tenía sentido. Se permitió tocar una de las manos de Yuu con la suya propia levemente, y miró hacia arriba.

— Realmente no me enojé, ya te lo dije. Pero la próxima habla conmigo antes —Sintió al chico asintiendo en su espalda.

— Tengo una muy buena razón para todo eso.

Nishinoya finalmente se alejó de él y Asahi suspiró. Si lo pensaba, le habría gustado que el contacto durase un poquito más.

— ¿Y eso es?

— Te lo contaré mientras cenamos — Le sonrió como siempre lo hacía y mirándole a la cara. Asahi asintió con un amague de voltearse a la cocina nuevamente.

—Asahi-san.

Allí estaba, de nuevo ESE tono de voz que lo inquietaba tanto. Era una tortura, le gustaba y lo odiaba al mismo tiempo. Cuando miró a Yuu para saber porqué lo llamaba, éste solo largó una pequeña carcajada y se alejó de él para volver a la mesa.

Asahi siguió con lo suyo perturbado. Después de haber escuchado su risa nerviosa y haber visto un ligero sonrojo en las mejillas de Nishinoya… ¿podía ser, acaso, que el líbero era consciente de lo que causaba cuando usaba aquel tono de voz para dirigirse a él?

¿Eso significaba que lo hacía a propósito?

Dios, no iba a terminar de entender a Nishinoya nunca.

-.-.-

— ¿Te ha llegado un mensaje de Nishinoya?

— Sí, poco antes de que tú llegaras a casa — Daichi y Suga intercambiaron miradas antes de suspirar — Es obvio que se trae algo entre manos ¿verdad?

Suga rió por el tono de hastío usado por el capitán. Sí, sin duda. Que Nishinoya planeara una "reunión tranquila y divertida" para ese sábado, era algo de qué preocuparse. Más si de hecho usaba esas exactas palabras para describir el acontecimiento. Habían tenido un par de esas reuniones antes; poco después de que él entrara al equipo de Karasuno, y justo antes de que iniciara el nuevo ciclo escolar.

No era algo que les apasionara recordar, ya que las situaciones vergonzosas eran demasiadas, para todos ellos. Aunque era un poco sorprendente que Asahi se hubiese prestado para aquello ofreciendo su propia casa. El chico alto había sufrido un acoso indiscriminado la última vez por el pequeño líbero. Claro que él era tan despistado que no lo había notado como tal. Es decir, si Noya hubiese estado sobre alguno de ellos toda la noche repitiendo su apellido sin cesar, mínimo lo habrían hecho callar de un golpe. Mínimo.

Daichi se sentó a un lado de Suga, dejando unas frías bebidas en la mesita que los separa, justo al centro de su habitación. Había música en el lugar, pues Suga había traído ese CD que su amigo venía pidiéndole hacía varias semanas. Ambos habían cenado con la familia de Daichi hacía un rato, familia qué, por cierto, trataban como un miembro más al peligris. A Sawamura le gustaba sonreír discretamente cada vez que eso pasaba.

—Creí que Sawamura-san haría algún comentario sobre eso, ya sabes— Dijo refiriéndose al padre de Daichi, mientras tomaba uno de los vasos entre sus manos.

— Les comenté que tú aún no hablabas con tus padres, así que seguramente no quiso incomodarte sobre algo de lo que aún no estás seguro.

Sugawara asintió mirando el líquido en su vaso, y sintiendo como de repente el ambiente a su alrededor se modificaba. Había cierta seriedad en la mirada de Daichi, y el nerviosismo en él era palpable. Ese tema para él era algo realmente importante.

¿Y a qué se debía tanto dramatismo de parte de los padres de Karasuno? Hacía unos días, Daichi le había dicho a Sugawara que vivieran juntos. Sí, juntos, en el mismo departamento una vez que comenzaran sus vidas de universitarios. Algo para lo que faltaban solo algunos meses.

Obviamente, Suga había querido aceptar la idea apenas llegó hasta sus oídos. Pero, a diferencia de la familia de Daichi, sus padres eran… más difíciles, por así decirlo. Así que antes de responder, le había dicho que debía primero plantearlo en su casa.

— Entonces…

—Han dicho que sí— Le cortó, hablando tan rápido como pudo y sin mirarlo a la cara. No podía creer que después de tanto tiempo siguiera poniéndose nervioso con el chico a su lado.

Daichi apenas escuchó la respuesta, y su cerebro la procesó, sonrió con una inmensa alegría. Al fin los padres del peligris aflojaban un poco. Sin embargo, esa sonrisa desapareció un momento al notar que el chico no lo estaba mirando. Suspiró, pensando que no aceptaría nada de aquello sí de hecho estaba siendo tomado como una obligación.

—Suga.

Ante la muda respuesta, se acercó al aludido. Sonrió tranquilizadoramente, y levantó con cariño el flequillo que caía sobre los ojos de Suga, llamando su atención. Los ojos del otro se encontraron con los suyos, y su pulsó se aceleró. Quien iba a decir que ese chico peligris iba a convertirse en su debilidad.

— Lo único que me importa es que tú quieras hacerlo. No me enojaré si no crees que sea lo adecuado —Suga lo observó en silencio — Así que dime ¿Tú quieres vivir conmigo?

Un segundo.

Dos segundos.

Tres segundos.

— ¿¡Ah?! ¿Y quién ha dicho lo contrario? —La expresión de molestia y sorpresa que mostró su rostro, simplemente lo impactó.

—Es que…

—Claro que quiero vivir contigo…—Respondió ahora sí mirándole a los ojos, aunque pronto los apartó nuevamente hacia el vaso— Es sólo que pensar en todo lo que viene me llena de ansiedad y nerviosismo. Vivir con Daichi, ir a la misma universidad, desayunar contigo. Son cosas que simplemente no puedo esperar a que lleguen, pero tampoco puedo dejar de pensar en si todo eso saldrá bien—Inclinó la cabeza un poco hacia el costado, donde estaba la mano de Daichi para sentir más su calidez — También me preocupa que mis padres cambien de opinión si se enteran… de lo nuestro.

Daichi sonrió. A veces olvidaba que el siempre tranquilo y seguro Sugawara podía tener este tipo de actitudes. Y estaba bien para él; adoraba conocer cada parte, cada faceta de ese chico.

Sin quitar su mano, se acercó todo lo que pudo al peligris, y con seguridad depósito un beso sobre ese lunar bajo el ojo del otro. Ese lunar que tanto le gustaba, porque era como la marca personal de Suga. Éste se giró a mirarlo de nuevo.

Cuando sus miradas se encontraban con tanta intimidad y a tan poca distancia, era inevitable saciar sus ganas de besarse. Sus labios pronto se encontraron, reconociéndose y sintiendo cierto alivio por volver a estar juntos. Con un suspiro, Daichi se alejó, dejándolo aturdido por un momento.

— Tal vez no debería hacerlo pero — Agarró con ambas manos su rostro— Te aseguro que vamos a estar bien. Porque eres tú, y no hay nadie más con quien quiera estar así. Despertar y desayunar contigo cada día, será lo mejor del mundo. Y sabes que podemos mantener esto en secreto un poco más, hasta llegue el punto en que tus padres no puedan interponerse. Y cuando llegue el momento de enfrentarlos, tarde o temprano, estaré allí para acompañarte a hacerlo, Koushi. No lo dudes.

Se miraron largamente unos segundos más, hasta que Suga relajó su semblante y sonrió con diversión.

— Si te escucharan los demás… dirían que eres terriblemente cursi— Ante eso, Daichi se sonrojó furiosamente. Suga rió bajito, para luego acercar sus frentes, sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Te quiero —Fue el último susurro que se escuchó en la habitación, por que inmediatamente después Sawamura volvió a apresar sus labios, y no pensaba dejarlos ir tan pronto.

Allí, sentados en medio de su habitación, con un futuro en mente que les hacía una enorme ilusión a ambos, la piel quemándoles por el contacto y quedándose sin respiración, se besaron tanto como sus labios les permitieron.

Al menos hasta que la madre de Daichi golpeó la puerta para ofrecerles un pedazo de sandía, a pesar de que aún no era la época adecuada para su óptima maduración. Y si notó algo fuera de lo normal cuando entró y los dos adolescentes estaban de un furioso rojo, con el cabello desordenado, no hizo ningún comentario al respecto. Solo sonrió.

Porque el ambiente de felicidad que se respiraba en ese cuarto, era todo lo que estaba bien en esa vida.

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Notas:

Lo siento! Sé que hoy no hubo KageHina por aquí… pero es que en cuanto comencé a escribir estas dos parejas se adueñaron por completo de las palabras. De todas formas, la noche de viernes aún no termina, así que esperen ver a nuestro dúo favorito con sus cabezas hechas un lío, en el próximo capítulo.

Pueden llamarle a este capítulo de transición si quieren, pero a mí me ha encantado escribirlo.

Muchas gracias a aquellas personas que me dejaron un lindo review! Y también aquellas que siguen la historia y la agregaron a favoritos.

Espero que el capítulo les haya agradado, y si les parece, pueden dejar un comentario.

Ah, mi computadora tenían un problema y he estado bastante tiempo utilizando mal los signos de diálogo, pero finalmente eso se ha resuelto! Esta semana solo sigue mejorando.

Que tengan un lindo fin de semana!