El día de mi cumpleaños

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Flash back

-¡Estoy harto de tus tonterías! ¿Por qué no te mueres de una vez?-

-¿Morirme? Eso es lo que quisieras verdad para irte a revolcar con aquella zorra- le gritaba enfurecida la joven rubia

-¿De quién demonios hablas?-

-Eso bien lo sabes ¡Me engañas maldito bastardo!-

-¿Estás loca? Toda esa medicina se te fue al cerebro- Le espetó furioso. El que tuvieran una hija en común, no significaba que tenía que quedarse atado a sus locuras

-Estoy enferma ¿No puedes entenderlo?- Ella llevaba meses tomando un fuerte somnífero para controlar los nervios, y los ataques de pánico nocturnos

-Enferma ¿De qué? ¿De estar todo el día aquí metida? Sal a trabajar si tanto te aburres- le dijo furioso

-Esa hija tuya me mantiene ocupada todo el día, no me digas que no hago nada-

-De mi hija no hables- Él se acercó a punto de soltarle una bofetada utilizar algo como su dulce niña para sus absurdos reproches. Él estaba harto

Era la tercera vez en esa semana que Sakura escuchaba a sus padres discutir ¿Era tan difícil que se hablaran bien? Ella pensaba que sus padres se amaban pero no entendía porque se peleaban todo el tiempo

Era su cumpleaños número siete y el día había empezado con una discusión. No eran ni las ocho de la mañana seguramente creían que Sakura seguía dormida, pero no. Ella llevaba más de media hora escuchándoles gritarse el uno al otro era difícil mantener el sueño con tanto griterío, así que bajó las escaleras hasta la cocina para escucharlo todo desde ahí.

Cuando se es un niño acostumbrado a vivir en un ambiente hostil, uno aprende a ser callado, y Sakura lo era bastante. Así que sus padres no notaron de su presencia entre el griterío, fue entonces cuando decidió que tal vez si se daban cuenta de que ya había despertado se calmarían. La pequeña volvió a las escaleras y esta vez hizo ruido de más al pisar.

-Shh ahí viene Sakura ¿Quieres callarte?- La amenazó su marido

- De verdad solo te soporto por ella- le devolvió el comentario con rabia

-Es su cumpleaños así que cierra la boca-

La pequeña entró a la habitación

-Sakura, mi cielo ¿Cómo estás?- le dijo su querido padre

-Feliz cumpleaños princesa- dijo su dulce madre

Ambos le sonrieron la abrazaron y la llenaron de besos. Sakura aún temblaba.

Fin flashback

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-¿Sakura? ¿Sakura?-

-¿Eh? – despertó de su ensoñación

-Que soples las velas- le decía su rubia amiga, mientras le mostraba un pequeño panque con una velita

- lo cocine especialmente para ti- Le decía emocionada Ino

-Gracias- tomó aire

-Recuerdo que te gustaba de moras ¿Verdad? Tu mamá siempre lo cocinaba, me encantaban tus cumpleaños, siempre te tuve envidia por ellos, eran un sueño-

-Sí, un sueño- y Sakura sopló las velas. Y Sakura no pudo decirle a su amiga cuanto odiaba esas celebraciones

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Más tarde ese día decidió pasear por la aldea, caminar era de las cosas que más la tranquilizaban, podía hacerlo sola, y sin tener un rumbo fijo. Parecer ocupada y pensar en tonterías. Platicar consigo misma y no ser interrumpida.

Camino y camino, y así… los recuerdos siguieron llegando

+*Flashback*+

-¡Te odio! No sé porque me case contigo- le grito ella harta de la situación

- ¿No lo sabes? ¿Ósea que no fue mi dinero lo que te atrajo como mosca a la miel? – Se estaba portando cínico.

- A mi me importa una mierda tu dinero-

-¿Y por qué no te vas de aquí si eres tan infeliz?-

- Porque Sakura me necesita-

-Sakura no te necesita, me tiene a mí-

-¿A ti? ¿A un bueno para nada que se la vive con mujezuelas?-

-Golpe-

-¡Cállate! ¿Crees que estaría mejor con una drogadicta?-

-Estoy enferma-

-Enferma de compasión-

-¿Qué puedes saber tú? Tú no sabes lo que yo siento-

- No te hagas la víctima que ya nadie te cree-. La miró con asco

-Eres un maldito mal nacido ¡Te odio!- le aventó una cazuela

- A mi no me faltas al respeto maldita bruja- se acercó y la abofeteo

-Cerdo hijo de…-

-Que te calles te digo-le tapo la boca y la empujo fuertemente contra el fregadero. Ella grito

-Como Sakura se dé cuenta te juro que te mato- Los gritos y jaloneos eran demasiado fuertes, violentos

- Aléjate de mí desgraciado- le arrojo un plato a la cabeza para poder apartarlo de sí

-dije que ya basta- la sujeto por los cabellos. Esta vez le dio un puñetazo y la arrojo al suelo

Se escucho el llanto de Sakura. Ambos callaron

-¿Sakura? – dijo su padre. Ella se estremeció, no quería que la golpearan a ella también

-¿Sakura?- dijo esta vez su madre levantándose del suelo y yendo hacia ella

-¿Qué te ocurre, por qué lloras?- le dijo su padre mientras su madre la abrazaba

Ella temblaba

-Cariño descuida- La consolaba su madre

-Mami se cayó pero ya está bien, no está lastimada ¿Verdad?- su padre miro inquisitivamente a la rubia

-Así es pequeña…estoy bien- sonrió forzadamente y Sakura no se trago la historia ella lo había visto todo, no era estúpida pero sus padres querían hacerla creer en una vida que no tenía…

… al menos habían dejado de pelear

La vida de Sakura era un misterio para todo el mundo. Todos sabían cosas de su vida, sí, pero cosas superficiales, cosas inciertas, nebulosas… verdades a medias. Sabían que Sakura vivía con el adorable matrimonio Haruno del cual ella era su única hija, que su madre era una mujer alegre, dócil y excelente ama de casa que se desvivía por cuidar de su hija pequeña; y que su padre era un hombre trabajador y excelente padre. Ella tenía la vida perfecta, y además era muy lista, porque tenía excelentes notas, su vida no tenía ninguna complicación.

Pero, había muchos aspectos que nadie conocía, sobre la vida de Sakura, cosas importantes, que le dolían todo el tiempo pero que no podía decirle a nadie más. Ni siquiera a Ino

Nadie entendía a ciencia cierta porque Sakura hipaba cada vez que se ponía nerviosa, creían que era un gesto bastante divertido y adorable. A la gente solía causarle gracia cuando ella lo hacía, más que nada porque Sakura no podía controlarlo y entonces se sonrojaba…a los demás les resultaba tierno.

… pero había una historia detrás del misterioso hipo de la pequeña Sakura

+*Flashback*+

Sakura solía ver frecuentemente como su papá gritaba todo el tiempo a su madre, a ella le asustaba terriblemente. Al principio ambos trataban de ocultarlo de ella, pero con el tiempo ya no les importaba pelearse en su presencia.

La pequeña Sakura temblaba bajo la mesa de la cocina mientras les escuchaba reñir

-Ya estoy harto de ti-

-Pues entonces vete, a mi no me importa-

Siempre era la misma discusión otra vez. Siempre peleaban por que ya no querían vivir juntos, por que se sentían atados y celosos el uno del otro, pero al final siempre terminaban pidiéndose perdón, diciéndose lo mucho que se querían… se abrazaban y listo.

No parecía gran cosa, esa era… era como su manera de amarse

… pronto Sakura fue no solo la razón, sino la intermediaria de las peleas.

Ella tenía que meterme en medio de los dos para que no se lastimaran. Porque sí, ya habían pasado de lo verbal a la violencia física de otro nivel.

Y Sakura se desesperaba cuando entre ese griterío, y su propia voz se iba perdiendo, disolviendo como el humo en la bruma. Odiaba cuando las lágrimas la traicionaban y se escapan de sus ojos como grandes raudales incapaces de contener la rabia. La pequeña Sakura detrás de esa dulce sonrisa y actitud de mimada vivía profundamente enojada, vivía conteniendo una rabia que le carcomía el alma ¿Por qué no podía tener una vida normal? ¿Por qué sus padres no se separaban? ¿Eso era el amor?

Ese hipo, no era otra cosa que la rabia contenida, todo ese dolor que no podía compartir con nadie. Porque no, esos eran secretos de familia, y la ropa sucia se lava en casa. No podía hablar de cuando a ella le gritaban estúpida porque su madre había tenido un mal día. No podía decirle a nadie cuanto se esforzaba para tener las notas más altas de la academia solo para evitar ver la vergüenza en el rostro de sus padres, no podía decirle ese moretón en su codo izquierdo cuando su padre la aventó a la cómoda más cercana cuando ella trato de separarlo de su madre. No, no podía.

Pero esos sentimientos tienen que ir a algún lado, así que se fueron quedando en la rencorosa alma de la pelirosada, anidando, enraizándose, creciendo, formándose en su corazón como si fueran parte de éste.

Así surgió su hipo, por esa rabia contenida por años, por ese dolor que no podía contarle a nadie más, por ese miedo de ser víctima de las agresiones

Y por eso se avergonzaba cada vez que hipaba, su secreto salía a la luz, y los recuerdos la envolvían. Los recuerdos de cuando su madre le dijo que su nacimiento fue el origen de las desgracias, de cuando su padre se avergonzó de ella por resultar lastimada en un entrenamiento y la llamó inútil.

Y aunque a los demás le resultaba tierno, a ella…a ella le daban ganas de prenderse fuego con gasolina