Capítulo 3

Sonó el timbre, era Sanders, tendría unos sesenta años, era bajito, reseco y pelirrojo.

Bueno muchacho, al que había que duchar era a él, jejejeje.

Steve le hizo una mueca como para indicarle que no estaba para chistes.

¿Ha vomitado las pastillas?

Sí, creo que bastantes, pero sigue prácticamente inconsciente, aunque ya reacciona más que al principio.

¿Cómo le has hecho vomitar?

Con sal

¡Vaya! Muy ocurrente, eres un chico listo.

Habían llegado al baño, Sanders emitió un pequeño silbido.

¿Y este tipo tan elegante?, no parece uno de esos mafiosos o drogatas con los que se te ve normalmente.

No lo es, pero eso no es asunto suyo ¿no?

No –dijo Sanders encogiéndose de hombros.

Sacó una jeringuilla y una ampolla del bolsillo.

Anda Steve, ve quitándole la chaqueta y subiéndole la manga de la camisa. No sé la gracia que le va a hacer que te hayas cargado su traje de dos mil dólares, podías haberle quitado la chaqueta antes de meterle en el agua – comentó Sanders con una risita.

Al diablo el maldito traje… ¿Qué es eso que le va a poner?

Una especie de antídoto para el midazolam, por cierto, ¿de donde había sacado el midazolam?

¿Desde cuando haces tantas preguntas? – le espetó Steve con desgana.

Bah, en realidad no me importa.

Pues mejor.

Sanders buscó una vena y le puso la inyección en el brazo. Al cabo de un minuto o así, le tomó el pulso.

Bueno yo ya no tengo más que hacer aquí, este tipo está tiritando a lo mejor en vez de de una sobredosis de tranquilizantes se muere de una pulmonía. Quítale toda esa ropa mojada e intenta que entre en calor. Inicialmente si ha vomitado gran parte de las pastillas y con lo que le he inyectado no debe haber problemas, pero deberás controlar durante la noche cada 15 minutos o así su pulso, si baja de 45 pulsaciones por minuto, me llamas de nuevo. Lo suyo sería que estuviera monitorizado en un hospital pero, en fin…

Gracias Sanders, toma –se sacó unos cuantos billetes del bolsillo- pasado mañana te busco y te doy más.

Muy bien, sólo si el paciente se salva, jejejeje.

Steve volvió a hacer otra mueca de desagrado.

No tienes sentido del humor muchacho, jejejeje. Bueno ahí os dejo, que paséis buena noche, no te preocupes, conozco el camino, adiós.

Adiós Sanders.

Inmediatamente se puso a atender a Mahone. Tenía razón Sanders, estaba helado y tiritando, comenzó a llenar la bañera con agua caliente mientras le desvestía. Intentaba por todos los medios ser totalmente aséptico y respetuoso con la desnudez de Mahone, no le parecía digno de él aprovecharse de la situación para dar gusto a sus deseos y sus más bajos instintos.

Comprobó la temperatura del agua: lo más caliente posible sin que quemara y sumergió a Mahone en el agua después de un difícil ejercicio de equilibrio y de fuerza durante el cual quedó poca superficie del cuerpo desnudo de Mahone que Steve no hubiera tocado y no con fines libidinosos muy a su pesar. Aunque eso no quita que su libido se disparara. Allí estuvo unos cinco minutos sujetando a Mahone del brazo para que no resbalara y sumergiera la cabeza dentro del agua, seguía inconsciente o dormido, no sabía a ciencia cierta.

No le iba a tocar (bueno sólo lo estrictamente necesario para vestirle y demás), pero eso no le impedía recrear su vista, no iba a ser tan idiota cómo para mirar para otro lado, máxime cuando sus ojos se iban irremediablemente a lo que había entre la mancha de vello azafranado de su entrepierna. ¡Maldita sea! –farfulló- Era aún más hermoso de lo que había imaginado en sus fantasías.