Capítulo 4

Le dolía la garganta como si hubiera pasado un ejército por ella y a duras penas lograba enfocar su visión, cuando al fin lo consiguió, lo primero que acertó a ver fue a Steve dormido en una butaca al lado de la cama. A pesar de que le iba a estallar la cabeza del dolor se dio cuenta que Steve llevaba puesto un viejo chándal suyo. Tuvo que volver a cerrar los ojos, le ardían. ¡Díos, cómo le pesaba la cabeza! Intentó moverse; en ese momento Steve despertó de repente y le sonrió.

¡Vaya! ¡Ya se ha despertado! No sabe cómo me alegro.

¿Qué haces aquí? – le contestó Mahone en voz baja y algo ronca.

¿Que qué hago aquí? ¡Bonita pregunta!, ha estado apunto de irse para el otro barrio y me dice que qué hago aquí… -Steve había pasado de la alegría inicial a cierta ofendida irritación.

¿De qué estás hablando?

¿No lo recuerda? ¿No recuerda haber tomado unas cuantas pastillas más de la cuenta?

No sé cuantas pastillas tomé…

Ufff –suspiró Steve- pues tenga más cuidado la próxima vez porque lo mismo no tiene tanta suerte.

¿Qué ha ocurrido exactamente?

¡Ja! ¿Que qué ha ocurrido exactamente? –Steve movía la cabeza hacia los lados, no sabía por donde empezar.

¿Vas a repetir mis preguntas en tono sarcástico durante todo el día o me vas a explicar lo que ha pasado? –le dijo Mahone, ya impaciente, a pesar de que no recordaba haberse encontrado tan mal en su vida.

Perdí mi móvil y luego resultó que se me había caído aquí en su casa. Volví a por él y como no abría la puerta, entré. Encontré mi móvil y también le encontré a usted inconsciente. Creo que aproximadamente debió tomarse medio frasco de pastillas. Si no llamo a un médico y se las hago vomitar, creo que no estaría ahora mismo aquí.

¿A un médico?

No se preocupe, es de confianza y además ni siquiera sabe quién es usted.

Tal vez me pasé con las pastillas… -dijo Mahone como si de repente le viniera algo a la mente.

Indudablemente –cabeceó asintiendo Steve.

Mahone apartó las sábanas para levantarse, se incorporó y se puso en pie tambaleándose un poco. Steve se levantó solícito a ayudarle intentando agarrarle. Pero Mahone le hizo un gesto con la mano apartándole.

¿Dónde va?

Al baño, y déjame puedo ir solo perfectamente, creo que has cumplido sobradamente ya con tus labores de enfermera improvisada. –dijo haciendo una mueca burlona.

Steve volvió a la butaca un tanto cabizbajo. De repente Mahone se paró en la puerta del baño, se giró y dijo:

¿Porqué llevo puesto este pijama, quién me lo ha puesto?

Yo Sr. Mahone, estaba empapado y tiritando… -balbució Steve.

¿Porqué estaba empapado?

El médico me dijo que intentara reanimarle con chorros de agua fría…

Mahone bajó la vista y tiró de la cinturilla del pantalón del pijama.

Veo que eres un muchacho muy metódico, también me has cambiado los calzoncillos… -dijo Mahone enarcando una ceja. Su voz era entre amenazadora e irónica.

Ya le he dicho que estaba empapado y helado de frío, le bañé luego en agua caliente… -contestó Steve casi aterrado con un hilo de voz.

Ya… - dijo Mahone dándose la vuelta y cerrando la puerta tras de sí.

Steve empezó ponerse furioso ¡¿pero qué se creía?! Encima que le había prácticamente salvado la vida. ¿Qué estaba insinuando? Era intolerable… Pero esta vez no se quedaría callado como un ratoncillo asustado, por mucho que le costara le dejaría las cosas claras a Mahone, estaba harto de que le tratara de aquella manera despreciativa y que además se permitiera interrogarle de aquella manera sobre lo que le había puesto y porqué, después de la nochecita que le había dado.

Claro que también era verdad que estas circunstancias habían sido las que le había permitido no sólo pasar algún tiempo a su lado y que le debiera estar ahora con vida, sino también tenerle de aquella manera a su entera merced, en sus manos…, aunque él no se hubiera aprovechado de la situación, era lo mejor que le había pasado desde hacia mucho tiempo. Estaba empezando a desinflarse su cólera. Comenzó a pensar que tampoco podía recriminarle esas sospechas a Mahone, después de todo ¿no le había confesado la noche anterior que le amaba y se había abalanzado sobre él? Era normal que pensara mal de él…

Se levantó y se dio una vuelta por el dormitorio, intentando dar coherencia a sus pensamientos. Se quedó mirando su imagen reflejada en un espejo, el chándal de Mahone le quedaba un poco largo. De todos modos, se dijo, hablaría con Mahone y lo haría con firmeza, le haría saber que le molestaba su desconfianza. Volvió a mirarse atentamente en el espejo para darse ánimos. Era un muchacho de aspecto agradable y bien parecido, de facciones correctas y hermosos ojos entre verdes y dorados sombreados por unas espesas y oscuras pestañas.

En eso salió Mahone del cuarto de baño, le miró de reojo y se sentó en la cama de espaldas a él.

Mira Steve, te agradezco lo que has hecho, aún no sé muy bien cómo llegué a tomarme tantas pastillas, pensaré en ello, ¿sabes? –añadió haciendo una mueca que intentaba ser una sonrisa- no estoy pasando por los mejores días de mi vida –hizo una pausa. Steve contuvo el aliento, era la primera vez que Mahone le hablaba de esa manera, casi en tono confidente, no quería interrumpirle, quería que siguiera.

Bueno, creo que ya has hecho demasiado, puedes marcharte, me encuentro mucho mejor…

¡Dios! ¡le estaba despidiendo! ¡no iba a marcharse así como así!

Sr. Mahone –le interrumpió- quisiera que me permitiera decirle algo.

Bien, adelante.

Sólo quiero asegurarle, y espero que me crea, que a pesar de lo que le confesé ayer, no me he aprovechado en absoluto de las circunstancias y que le he guardado el máximo respeto. Le doy mi palabra.

De acuerdo Steve, te creo, gracias –contestó Mahone muy serio.

Oiga no tengo nada que hacer, no me importa quedarme aquí un poco más por si me necesita…

Steve…

¡Oh vamos! Sé que está mejor, tal vez no me necesite, pero se quedará aquí solo y ¿qué hará? ¿no le dará ningún pronto raro de nuevo? – dijo sentándose a su lado en la cama.

Mahone sonrió tristemente.

No me voy a atracar de pastillas de nuevo, no te preocupes.

¿Y la pistola?

¿Qué pasa con la pistola?

Usted es del FBI ¿tendrá pistola no?

Pues claro ¿a qué viene eso? – dijo Mahone mirando a Steve con extrañeza, pero de repente se le hizo la luz.

Ah, ya veo, temes que me pegue un tiro…

Sr. Mahone…

Pues ¿sabes? No sería una mala idea, no, en absoluto.

No diga eso…

Tal vez sea el único modo… -siguió Mahone, como hablando para sí mismo, como si Steve no estuviera allí.

Si estuviera seguro que con eso arreglaba todo… - continuó abstraído.

¡Eh! ¡eh! No sé en qué está metido ni que problemas tiene, pero eso no es nunca una solución. – dijo alarmado Steve y añadió.

Tal vez yo pueda ayudarle, porqué no me cuenta qué pasa, las cosas tienen solución, ya sabe que puede contar conmigo.

Mahone le miró casi divertido pero inmediatamente el dolor atravesó su mirada.

¡Ah, pobre muchacho! Es conmovedor tu ofrecimiento, pero no puedes ayudarme.

Sé que no soy nada pero tal vez…

Nadie puede ayudarme Steve.

Steve habría jurado que al decirle esto se le había empañado la mirada. Su adorado Mahone tan vulnerable y abatido, podía sentir su dolor y desesperación. Su mano estaba apoyada en el borde la cama, Steve posó la suya encima y notó como Mahone se tensaba por unos instantes.

Mahone se había sorprendido al notar la mano del muchacho sobre la suya, su instinto inicial había sido apartarla, pero la mano de Steve era suave y cálida y hacía tanto tiempo que nadie había puesto así su mano sobre la suya, era tranquilizador. Desde lo de Shales y su divorcio de Pam, se había olvidado de lo que era el contacto humano. Le miró con interés por primera vez desde que le conocía, era un muchacho agradable, incluso guapo, no entendía muy bien todavía que hacía allí desviviéndose por él. Él no merecía nada de esto.

Steve notó esa mirada particular de Mahone sobre él y le recorrió el cuerpo como una fiebre.