He aquí el segundo capítulo de esta historia. Los episodios no son muy largos, lo sé. La inspiración me había abandonado especialmente con éste, pero creo que el resultado final es medianamente satisfactorio. Ustedes decidirán.
CAPÍTULO 2
UN NUEVO AMBIENTE
Cuando la mujer dice dónde estamos, lanzo una carcajada amarga. Típico de mi mala suerte. Desear morir y caer en el único mundo donde nadie cree en los dioses. Presiono mis sienes con ambas manos, cerrando los ojos. Cuando los vuelvo a abrir, sigo en el mismo lugar. La midgardiana me está mirando con una ceja alzada. Definitivamente no es un sueño.
Recién ahí me doy cuenta que estoy hablando en el idioma humano llamado "inglés". Una de mis muchas habilidades—modestia aparte—es poder hablar la lengua que se usa en el lugar en que me encuentre, sin notarlo, como una especie de traductor instantáneo. Eso es suficiente prueba para demostrar que estoy en Midgard.
— ¿Hola? ¿Hola? —la mujer rubia agita una mano frente a mi nariz, sacándome de mis pensamientos.
Vaya muestra de respeto. Se supone que soy un príncipe. Y ella debería estar rindiéndome pleitesía, siendo ella mortal y yo dios. Alzo mi barbilla.
— Un poco más de humildad, mortal. Debes presentar respetos a alguien de la familia real.
Me doy cuenta de que está intentando no reír, y lo consigue con bastante éxito. Pone una expresión neutral y me coge del brazo.
— ¿Se encuentra bien? —me habla como a un loco a que no hay que contrariar.
— Suéltame —me suelto de su agarre con una mueca desdeñosa y salgo del invernadero.
En realidad, intento salir, pero a los tres pasos caigo agarrando mi tobillo en una gemido mudo. Lo tengo fracturado. Respiro profundamente y me enderezo con lentitud, cargando todo mi peso en el otro pie.
— Sabes... —la voz me sale a regañadientes. Me desagrada tener que rebajarme hasta ese punto, pero por el momento mi magia no se digna aparecer—. Ahora sí necesitaría que me ayudaras.
Otra vez está aguantando la risa. Debo dar una imagen bastante ridícula. Crispo los puños con furia. Odio dar una imagen ridícula.
La mujer se acerca a mí y pasa uno de mis brazos sobre sus hombros, sosteniéndome.
— Vamos, entremos a mi casa —ordena, como si todos los días cayera un hombre del cielo.
Cojeo a su lado—una imagen lastimosa, además de ridícula. Loki Laufeyson, cojeando—a través de un patio rodeado de rosales en flor. Nos encaminamos hacia una pequeña casa enfrente del invernadero. Es bonita, pero pequeña, muy pequeña. Calculo que la mujer debe vivir sola.
En ese corto trayecto, estudio su manera de moverse. Sería una buena guerrera, aunque Thor y Sif saben ver más ese estilo de cosas. Me lleva con facilidad, a pesar de que soy más alto que ella y que peso demasiado para el común de las mujeres.
Ha dejado la puerta entreabierta, así que la abre con el pie y me ayuda a entrar. Cruzamos una pequeña habitación y me suelta en una especie de diván.
— Voy a buscar unas vendas —dice con toda naturalidad.
Desaparece. Aprovecho para recorrer el lugar con la mirada. Se siente acogedor.
Giro la cabeza al oírla entrar de nuevo. Trae un montón de vendas y un frasco de color negro. Debe ser algún tipo de medicina.
— Así que... ¿cómo te llamas? —pregunta, quitándome la bota sin siquiera pedir permiso. Aprieto los dientes, por la descortesía y por el dolor del tobillo. Empieza a vendarme.
— Loki.
Alza la cabeza y sonríe. Tiene una sonrisa preciosa. Intento sacar ese pensamiento de mi cabeza.
— ¿Loki? Ni siquiera parece un nombre. Como sea, yo me llamo Maya.
Espero que les haya gustado, y leeré con mucho gusto sus opiniones.
Kisses!
PD: Gracias especialmente a , por ser la primera persona en comentar. El primer comentario en una historia nueva es siempre el más emocionante. Y aprovecho para darle las gracias por comentar en todas mis historias.
