Acá llega el tercer capítulo de este fic. Es un poco más largo que los anteriores, creo, porque tenía un poco más de inspiración.
La dedicatoria va para todos los lectores por su apoyo, pero también esta historia (todos y cada uno de los capítulos) está dedicada a Saory, mi amiga, porque la escribí pensando en ella (ah, mira que romántico suena).
Espero que lo disfruten.
CAPÍTULO 3
CANCIONES Y RISAS
Mi mano suelta la lanza con la que intenta retenerme Thor y veo su figura alejarse hacia arriba, mientras desciendo en caída libre hacia la oscuridad de las aguas del caos. Un golpe recorre mi columna vertebral con un dolor dentado y pierdo la conciencia.
Me despierto de golpe y me doy cuenta de que estoy gritando hasta hacerme daño en la garganta. Silencio mi voz y me tensiono para sentarme en la cama, pero igualmente ya alerté a alguien. Oigo unos pasos de pies descalzos que se acercan a la carrera y noto una mano femenina presionando mi pecho para que no me levante. Una larga cabellera enredada de color miel aparece en mi campo de visión y luego los ojos celestes de su dueña se clavan en los míos. Todos mis músculos se relajan y mi respiración se regula de nuevo.
— ¿Estás bien? —da un paso atrás y desvía la vista, con el fuego en sus mejillas. Maya sólo está vestida con una camiseta larga que cubre justo hasta el límite.
Cruza los brazos ante su pecho, como protegiéndose de mi mirada.
— Me despertaste al gritar —murmura. Suena como una acusación.
Reposo mi cabeza en la almohada y cierro los ojos. El sueño fue reparador, pero sigo sintiéndome un tanto vapuleado. Me llevo la mano a la frente y recién ahí me doy cuenta de que un fino vendaje rodea mi cabeza.
— Tenías un corte bastante feo. Te lo desinfecté y vendé cuando te dormiste —dice Maya.
La idea de una mortal ocupándose de mí mientras yo estaba dormido me preocupa, irrita y sorprende al mismo tiempo. Frunzo el ceño, pero eso desencadena un latigazo de dolor que atraviesa mi cerebro. Desarrugo el entrecejo inmediatamente.
— Por cierto... —la mujer descruza los brazos y se dirige hacia una mesilla a mi lado, abriendo el cajón superior—. Interesante colección.
Me incorporo sobre los codos y echo un vistazo. Todas mis armas están en ese cajón. Hasta yo mismo me sorprendo de la cantidad. Es que a veces olvido cuántas dagas escondo en mi traje. Incluso hay algunas cosas que ni siquiera sabía que aún tenía. Alargo la mano para coger un anillo que puede transformarse en espada, pero los dedos de Maya se cierran alrededor de mi muñeca, sobre mi brazalete.
— Ni se te ocurra. No quiero hombres armados en mi casa.
Intento tomar el anillo de todos modos, y ella me tuerce la mano con excelente control y rapidez.
Aprieto los dientes y dejo de oponer resistencia. No tenía idea de que las mujeres midgardianas pudieran saber trucos de combate.
— Así está mejor —parece que de nuevo está intentando no reír. Es exasperante.
Agarra todas mis armas en un montón vacilante sobre sus brazos.
— Nos vemos para el desayuno.
Se va, dejándome dolorido enfadado y desarmado. ¿Quién se cree que es para tratarme así? ¡A mí, Loki, un dios, hijo de un rey y heredero al trono! Y lo peor es que no puedo defenderme hasta recuperar mis fuerzas.
Me siento en el borde de la cama y recién ahí noto que no tengo puesta la parte superior de mi traje asgardiano. Finas líneas recién cicatrizadas recorren a intervalos mi torso y mi abdomen. Recorro la habitación con la mirada buscando la parte perdida de mi vestimenta, pero no aparece en ningún lado. Tampoco tengo mis botas, y mi tobillo izquierdo está vendado y entablillado. Lo único que parece no haber sufrido daños es mi cabello, oscuro y liso como siempre. Mis brazaletes de oro siguen estando en mis muñecas. Nadie salvo yo puede quitarlos de su lugar, gracias a la magia.
Me levanto, un tanto vacilante, y me encamino hacia la puerta por donde había salido Maya. Paso a una pequeña sala, la misma de antes, con el sillón en que Maya me acostó por primera vez. No tengo idea de cómo hizo para llevarme a la cama.
Oigo una voz saliendo de otra habitación. Es Maya, y está cantando algo:
Algo en su manera de moverse
Me atrae como ningún otro amante
Algo en su manera de cortejarme
No quiero dejarlo ahora
Ahora creo y de qué manera
.
En alguna parte de su sonrisa él sabe
Que no necesito otro amante
Algo en su estilo me dice
Que no quiero dejarlo ahora
Ahora creo y de qué manera
.
Me preguntas si mi amor crecerá
No lo sé, no lo sé
No te alejes y quizá lo veas
No lo sé, no lo sé
.
Algo en su manera de saber
Y sólo tengo que pensar en él
Algo en las cosas que me enseña
No quiero dejarlo ahora
Ahora creo y de qué manera...
Esbozo una pequeña sonrisa. Conozco esa canción. Es de Los Beatles. La fama de ese grupo musical midgardiano ha llegado hasta Asgard. Es la música de mi adolescencia.
Aún así, Maya ha variado ligeramente la letra, refiriéndose a "él" en vez de a "ella". Debe estar enamorada. Ahora es mi turno de reprimir la risa. Enamorarse me parece una estupidez.
Entro a la habitación donde está ella. Al parecer es una cocina, aunque es minúscula. Deja de cantar cuando me escucha entrar y se da vuelta, enarcando una ceja.
— Ahora te traigo tu ropa.
Se seca las manos en el delantal. Por mi cabeza cruza la idea de que se ve bastante atractiva con delantal y pañuelo en la cabeza, pero la elimino de mi mente. No voy a ponerme sentimental ahora.
Sale con pasos leves y veloces, y vuelve a los pocos segundos con mi traje cuidadosamente doblado en los brazos.
— Los cristales cortaron la tela y tu piel —me entrega mi vestimenta y noto unas casi invisibles líneas de zurcido en la parte delantera.
Mi traje es bastante difícil de vestir, pero yo tengo años de práctica, y tardo sólo un minuto en poner cada cosa en su lugar y abrochar todas las hebillas.
El problema surge cuando intento ponerme la bota izquierda. Es ajustada, y no entra con el entablillado y el vendaje.
— Tendrás que quedarte descalzo o con un solo zapato, como Jasón —sonríe la mujer.
Jasón... Ah, ahora recuerdo, es un héroe de la mitología griega. Mis estudios sobre la cultura de Midgard me están siendo bastante útiles para entender el entorno y las conversaciones.
Bufo, un tanto fastidiado, y lanzo la bota a la otra punta de la cocina en un arrebato de mal genio. Maya lanza una carcajada divertida. Ríe como Frigga, como mi madre. Una risa que te hace olvidar todo como si fuera un río de energía mágica. Aquella risa me hace abandonar mi plan de sacar las dagas de mis brazaletes y escapar de Midgard. Maya ladea la cabeza sonriente.
— No te quedes ahí parado, tu desayuno se va a enfriar.
Espero que les haya gustado, y quiero leer sus opiniones.
Kisses!
