Bueno, por fin, luego de tanto tiempo(?) llega la cuarta entrega de este fic.
Está dedicada a todos aquellos que comentaron los anteriores capítulos. ¡Gracias por su apoyo!
Este episodio es bastante corto, pero... bueno, así tenía que ser. No había forma de alargarlo.
Espero que lo disfruten.
CAPÍTULO 4
MODALES EN LA MESA
En Asgard, mi desayuno suele ser un banquete completo, con carne, frutas, hidromiel y vino.
En Midgard, mi desayuno es café con tostadas y mermelada. Me quedaré con hambre, probablemente.
Maya se sienta a comer sin hacer uso de las reglas que Frigga me enseñó como indispensables: sentarse con la espalda recta, poner la servilleta en la falda, comer con cuchillo y tenedor, beber sin sorber, masticar con la boca cerrada, no hablar con la boca llena, no apoyar los codos en la mesa, no cruzar las piernas, no cantar, llevar la comida a la boca y no la boca a la comida. Yo las sigo todas al pie de la letra, sabiendo que mi madre se siente orgullosa de mi educación, totalmente contraria a los bárbaros modales de Thor. En cambio, Maya comete la mitad de esos errores, como si no le importara, o no supiera cómo comportarse.
Incluso comiendo con todas esas reglas de mesa, termino mi café y mis tostadas en menos de cinco minutos. Maya recién ha comido una tostada y apenas ha probado su café.
— Vaya, sí que comes rápido —comenta la mujer, apoyando el mentón en la mano y el codo en la mesa. Inconscientemente suelto la frase:
— No se hace eso, es mala educación.
Me mira ladeando la cabeza y frunciendo el ceño, como si pensara que soy un bicho raro. Aún así, retira el codo de la mesa.
— Oh, ¿ahora eres un experto en modales, señor guerrero Loki?
Estoy tentado de decirle que sí lo soy, pero mantengo la boca cerrada y me encojo de hombros. Suficientes problemas en sólo unas horas. No quiero que termine enojándose conmigo y me eche de su casa, porque éste lugar está resultando ser un refugio seguro hasta que sanen todas mis heridas y pueda decidir qué hacer. Y además, algo en esa midgardiana me atrae. Aún no puedo decir qué, pero algo es.
Me mantengo sentado con la espalda recta y los ojos clavados en el mantel. Siento el frío del suelo en mis pies descalzos, pero es un frío suave. Mi parte de Jötunn resiste a la frialdad como una capa protectora.
— Así que... ¿de dónde eres? —Maya juega con la cucharilla del café y sin notarlo sigo con los ojos los gráciles giros de sus dedos, casi hipnotizado.
Sacudo la cabeza. Tengo que despejarme.
— Londres —miento. Obviamente no le voy a decir que soy un dios. Si lo hiciera, probablemente ella me metería en un manicomio, me echaría de su casa o llamaría a la policía.
— Y... ¿cómo te llamas? Loki no es un nombre... real. ¿No? —alza una ceja.
Arrugo la nariz. Mi nombre es perfectamente decente, ¿qué tiene de malo? Que es el nombre de un dios nórdico y está en noruego, no en británico. Eres de Londres, recuerda. Mi propia conciencia me amonesta. Mi mente anda retrasada. Por supuesto que Loki no es un nombre real en Inglaterra, y menos en Londres. Rebusco en mi memoria algún nombre inglés. Luego encuentro un apellido. Juntos suenan bien.
— Hiddleston. Tom Hiddleston.
Espero que les haya gustado, y leeré con agrado sus comentarios y opiniones.
Kisses!
