Buenas (?) Primero que nada, ésta es una historia que lleva bastante tiempo muerta y pues me entró el espiritu de "Termina tu trabajo" así que voy a empezar por corregir algunas cosas, como faltas de ortografía y demás (seguirán habiendo algunos sin embargo)Espero que lo disfruten, y recuerden, hetalia no me pertenece. (?

—Dios, que emoción, por fin es el primer día de escuela. Me muero por ver a todos esos adorables niñitos. ¿Cómo creen que serán?... ¡No, no me digan! Prefiero conocerlos y llevarme una sorpresa. ¡Ser maestro de kínder es emocionante! ¿No es verdad?— exclamó Carriedo, dando saltitos junto a unas pequeñas mesas de colores mientras se acomodaba por centésima vez su mandil estampado.

—Lo mismo digo Antoine. No puedo esperar a ver a todas esas bellas y jóvenes madres. Ah, espero que al menos una sea soltera.— apoyó Francis a su propia y particular forma, fantadeando entanto acomodaba libros de dibujis en las estanterías.

—Chicos, chicos ¿no debería ser al revés? ¿Por qué demonios están tan felices de estar en una escuela cuando apenas hemos escapado de la universidad? Mi grandioso ser no está hecho para permanecer encerrado dando clases en una eescuelita.— Replicó ésta vez Gilbert, el muchacho albino que permanecía en negación respecto al trabajo y a la vida entera en general.

—No sé qué problema tienes Gil, aunque ésta sea una escuela ahora nosotros somos los maestros ¿No es eso bastante genial?— Intentó animar de nuevo el castaño que parecía sordo a cualquier queja o berrinche.

—Maestros mis bolas, yo no quiero ser niñera de un montón de críos insoportables.— gruñó el alemán aún reacio. Pero no importa que tanto se quejara Gilbert nadie iba a bajarle los ánimos a Antonio, más cuando por fin tenía la oportunidad de laborar en lo que más deseaba rodeado de sus seres queridos.

—¡Cállate de una maldita vez Gil! El insoportable eres tu.— les interrumpió una castaña húngara, que no era nada menos que su amiga y jefa, Elizabeth.— Ustedes mismos se ofrecieron a ayudarme aquí por un tiempo, además ya firmaron contrato y sus salarios fueron depositados. Una queja más y te rompo la nariz...

—¿Que nos ofrecimos? Más bien "tu" nosobligaste poniéndonos un sartén en frente si no escribiamos nuestros malditos nombres. Yo qué culpa tengo de que no sepas organizar bien tu escuela.— espetó el aludido, apuntándole con el dedo de una mano y sobándose la cabeza con la otra.- Además, ¿sabes que significa cuidar niños? En resumen es limpiarles su baba, escuchar sandeces todo el día y cambiar pañales cargados de la peor mierda que te puedas imaginar.

—Déjalo Eli, tu sabes que puedes confiar en nosotros, no me importa cambiar unos cuantos pañales extra.— propuso el español, diriguendo una sonrisa impecable a su compañero que de inmediato calló avergonzado.

—Tonio, no hace falta que te ocupes de los menesteres de ese patán... Dejando eso de lado, veo que ya estas mejor, eso me quita un peso de encima.— comentó la chica conciliadoramente.

—¡Y a nosotros!, ya me estaba poniendo triste de no ver tu sexy sonrisamon ami.- añadió el francés dejando caer su brazo por sobre el hombro del hispano.— Los males de la vida siempre han sido difíciles de superar, pero todo en éste mundo tiene su recompensa.— Antonio agradeció el apoyo de sus amigos ensanchando aún más su sonrisa.

Si, había tenido problemas y le había sido difícil superarlos pero después de un año se había recuperado, los cambios de sexualidad no eran algo fácil de aceptar y ser rechazado por un italiano que apenas lo reconocía tampoco.

—De cualquier forma, no creo que en este trabajo me pueda pasar lo mismo de aquella vez, mucho menos lo encontraré a "él"— pensó para sí mismo un tanto desilusionado al momento que sonaba una campana, al fin y al cabo solo estaría rodeado de niños y sus madres.

—Ya vienen a los niños, buena suerte chicos.— se despidió Elizabeth saliendo del salón mientras hacía señas de apoyo. No pasaron ni cinco minutos cusndo los pequeños empezaron a entrar en el aula como un montón de animalitos curiosos, tirando y despedazando todo a su paso entre tropezones y alaridos. Francis no perdió el tiempo y enseguida fue a "recibir" a las madres de los niños mientras Gilbert trataba de evitar que los menores se metieran los crayones a la nariz.

—Muy bien niños presten atención.— les llamó el moreno, dando unas palmadas para que lo escucharan una vez que lograron amarrar a todos a sus respectivos asientos.— Primero que nada, vamos a presentarnos. Yo soy Antonio Fernandez Carriedo, pero me pueden llamar Toño o Tony, seré su maestro titular.

—Yo soy Francis Boneffoy pero si quieren me pueden llamar Tío Fran, desde hoy yo me encargare de hacerles el almuerzo.— Saludó ahora el rubio, situándose al lado de su amigo y ñresumiendo una mejilla marcada por una mano al rojo vivo. No había ni una madre soltera.

—Yo soy "El Grandioso Gilbert", pero ya que son mis alumnos les permitiré llamarme solo Grandioso Gil, seré el maestro de apoyo y...

—Oi...oigan...— interrumpió jadeando un chico de cabellos castaños y mirada oliva que iba "cargando" a su costado lo que parecía una niña idéntica a el mismo. Francis podía jurar que la chiquilla murmuraba maldiciones.- Aquí les dejo a esta mocosa. Es un dolor de culo pero les pagaré bien.

Antonio no lo podía creer. No, no era posible. Aquello que por fin había logrado superar, aquello de lo que había estado huyendo durante meses, de un momento a otro estaba de pie justo frente a él.— Oh no.— musitó presionando su mano contra el pecho en un intento de apaciguar a su corazón que ahora latía a toda marcha.— Por favor no.— continuó rogando en contra de su elevado ritmo cardiaco y el color rojo que ahora coloreaba su rostro hasta las orejas sin darse cuenta de que ya era tarde.

Se había vuelto a enamorar.

Gracias por leer hasta aquí, seguiré modificando esto así que espero les guste un poquito más.