Buenas :D

Aquí vengo con la continuación. Me hizo muy feliz leer sus comentarios, así que no podía esperar a terminar el capítulo para subirlo, esperando a poder entregarles de ésta historia que nació gracias a Damae :3

Nuevamente, espero llenar tus expectativas, Damae y por sobre todo, que te guste y pases un buen rato leyéndolo!

No puedo iniciar esto sin mencionar a una de mis queridas Betas: Patti-chan, que a pesar de sus actividades y responsabilidades, se toma un tiempito para corregirme :D

Espero que les guste el capítulo nuevo.

Nos estaremos leyendo, queridos lectores!

Besos!~


Disclaimer: Digimon ni sus personajes me pertenecen.

Summary: ¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar por cumplir tus sueños? Era la pregunta de ambos. La respuesta era sencilla: "Porque, a diferencia de las demás personas, amamos lo que no puede verse... Sólo sentirse". / Para Damae: Espero te guste, querida :D


Aclaraciones:

Éste fanfic fue escrito para un intercambio de obras surgido del Topic Mimato (Proyecto 1-8) bajo las siguientes especificaciones:

Pairing: Mimato.

Características: Yamato es un músico que no ha tenido suerte en su carrera, se encuentra en París Francia siendo ayudado por su abuelo y teniendo un empleo que detesta para reestablecerse y volver a Japón con su padre (con quién se ha peleado) viviendo en un departamento con vecinos que no le agradan tan sólo para no importunar más a Michel Takaishi; Mimi en cambio es una joven que se encuentra en el mejor momento de su vida: es una cantante y modelo exitosa, con un novio famoso, atractivo e importante (eso lo dejo a gusto de el/la ficker quién será el novio) y como siempre teniendo una relación con sus padres muy buena. La forma en que se conocerán será a que el abuelo de Yamato recomienda la agencia donde trabaja Mimi a Yamato y así ambos se conocerán (lo demás lo dejo a criterio de quién escriba (?)).

Género: Amor/amistad y algo de drama.


Guía Narrativa.

─Diálogo.

«Pensamientos.»

Flashback.


Capítulo 2.

"Estrellas".

Cuando el miedo corroe tus estribos y no puedes hacer más que temblar en tu lugar, aguardando que te consuma por completo, muchos dicen que la mejor cura para ahuyentarlo, para librarte de él, deshacerte de sus dedos es pensar en algún recuerdo bonito.

Muchos han dicho "piensa en tu lugar feliz". Suena estúpido, pero huir a aquel paraíso mental que permite esbozar una pequeña sonrisa hace posible que el suplicio del miedo, la hilarante desesperación o la consumada ira puedan ir esfumándose de a poco, hasta que sólo tienes el susurro de un mal momento en la punta de la lengua.

Mimi recordaba a Sora diciéndole esas cosas cuando el pánico la absorbía y era presas de lágrimas sin consuelo. O a Koushiro dejando a un lado su inseparable laptop para sentarse frente a ella y tratar de hallar una salida a su pequeño episodio de temor.

«¿Cuál es tu lugar feliz?» Le había preguntado a Sora en una ocasión, cuando junto con ella y Koushiro acabaron perdidos en el bosque durante una excursión de quinto grado; Sora era la mayor, iba a sexto y encontraba mucha seguridad en ella. Mimi odiaba sentirse desprotegida. La desesperación pudo consigo y fue la primera en echarse al llanto mientras su amiga la consolaba.

Miró a Sora y a Koushiro con curiosidad y entre lágrimas, deseó saber el refugio mental al que sus dos amigos solían escapar cuando el miedo los envolvía.

Sora se lo pasó un momento pensativa para responder «la primera vez que metí un gol en un partido de soccer». Cuando Koushiro respondió a esa pregunta, Mimi acabó olvidándose por qué estaba llorando porque el «reparar la vieja computadora de mi padre», la hizo reír con ganas hasta casi quedarse sin aire, aunque la gracia se hallaba más en el sonrojo de su pelirrojo amigo que en su oasis de paz.

Cuando se le hizo costumbre aquello se dio cuenta que tenía muchos paraísos donde huir; muchos lugares donde podía encontrar aquel consuelo cuando el momento apremiaba y el miedo la perseguía. Siempre se caracterizó por ser una persona muy alegre, vivaz, curiosa; pero el miedo era algo que no se podía evitar muchas veces y cuando uno sale de su zona de confort, es fácil que la desesperación lo ataque y para esas ocasiones, sus pequeños lugares existían, sólo donde ella supiese.

Un recuerdo feliz con sus padres, sus paseos por algún jardín, la primera vez que probó una comida deliciosa… Había muchos escenarios donde le gustaba congregar su mente cuando no se sentía segura, cuando tenía miedo a algo, cuando se sentía sola.

En esos momentos, no era miedo lo que sentía; no. Ansiedad, puede ser. Nervios, incluso. Pero miedo no era lo que se congregaba en su pecho conforme las luces tomaban partido delante de sus ojos.

A pesar de ello, un recuerdo rápido invadió en lleno su mente y una sonrisa se posó en su rostro.

Era Navidad, lo recordaba por la nieve que se acumulaba entre las esquinas del vidrio de su ventana y el blanco que tenía su jardín. Quizá fuese la Navidad de 1996, ya que aún era pequeña y porque fue el año en el que su abuelo vino a pasar las fiestas con sus padres y ella. Nunca podría olvidarlo entrar por la puerta con su largo saco marrón impregnado de escarcha blanca y tanto los hombros como su gorro de lana bañados por la nieve. Se veía gracioso con el bigote, blanquecino por los años, blanquearse aún más por algunos rastros de nieve.

Pero lo que causó verdadero interés en ella fue ver que las manos enguantadas de su abuelo cargaban una caja que parecía pesada. Él, con emoción, le pidió que lo ayudase a armar "el regalo" que traía dentro del cubo de cartón.

La emoción duró hasta calificar lo que fuese "el regalo" de su abuelo como antiguo, polvoriento y con el mismo aroma a tabaco que el mayor traía encima. Un artefacto nunca antes visto por ella en sus tres años de vida, pero la curiosidad crecía a cada rato. Su abuelo lo llamó "tocadiscos" al tiempo en el que sacaba de una fina carpeta de papel un disco gigante y negro que lo colocó sobre el plato del aparato, y la aguja, posándose delicadamente sobre una parte del fino plástico negro, comenzó a hacer sonar una melodía alegre, entusiasta, divertida.

Con apenas tres años de vida, Mimi era consciente que algo había cambiado y que ya no era la misma después de haber sido conocedora de lo que su abuelo le enseñó. Y no necesitó de nada tangible ―porque por más que mirara el aparato antiguo, no era precisamente él lo que le llamaba tanto la atención―, sino aquel conjunto de sonidos tan armónicos que la envolvieron y le permitió amar en esa fracción de segundo.

Conocer algo nuevo sin siquiera tocarlo o verlo; no era necesario cuando sentía bombear algo dentro suyo que la envolvía y la hacía olvidarse de todo cuanto se encontraba a su alrededor, de sus padres, de su abuelo, de su casa, de la nieve, del frío… Todo salvo aquella melodía. Su melodía.

No se había dado cuenta que se quedó embelesada observando el tocadiscos, sino hasta que su abuelo se quitó los guantes y le tendió su gran mano para que ella lo tomara con la diminuta de las suya. Ella lo observó con una sonrisa, correspondiendo a la cálida que él le ofrecía para oírle decir:

«¿Me concedes ésta pieza, my Little Dancing Queen?»

Sonrió ante el recuerdo y su imagen fue capturada por la cámara que precisaba de sus gráciles movimientos en el set. Sus ojos volvieron al interior de estudio fotográfico donde ella era el centro de atención de todas las vistas y de las lentillas. Las luces la envolvían y hacían resaltar su presencia con aquel bellísimo vestido blanco de novia.

Giró sobre sus tacones aguja sin esfuerzo alguno, disfrutando del momento y con las energías renovadas tras aquel pequeño recuerdo que lo había iniciado todo. Que le había forjado un camino sobre el cual estaba caminando en esos momentos.

―¡Preciosa, Mimi-san! ―Escuchaba las voces a su alrededor mientras el flash acaparaba su visión sin llegar a aturdirla. Era algo a lo que fue acostumbrándose con rapidez.

Hasta hace dos años, nada de lo que ahora tenía frente a ella podría haberle parecido más que algo lejano, un proyecto que debía madurar más para volverse real. Y el pensar que ya transcurrieron dos años, era lo que hacía bombear su corazón con celeridad y teñir sus mejillas de un rojo carmín, sentándole aún más adorable.

―¡Excelente, Mimi-san! ―Elogió su fotógrafo. ―Ahora, toma el ramo de flores y acércalo un poco a los labios… Sí, ahora mira a la cámara como si… ¡Perfecto! ¡Eso es, Mimi-san! ―Vociferaba con emoción el hombre mientras correteaba de un lado para otro, apretando la captura de cámara.

El sueño de volverse una cantante famosa, cuyo nombre estuviese en los labios de todos y su imagen conquistando todas las pantallas, era algo que desde pequeña había concebido. Era una meta platónica que siempre había aspirado a tocar y a pesar del tiempo, ella lo había conseguido.

Levantó la mirada del fotógrafo y lo encaminó hacia los distintos puntos del lugar, hallando su propia imagen impresa en banners que adornaban las esquinas. Ya no era un mero sueño, uno de esos que cuando niña dices. No. Tachikawa Mimi nació como una nueva estrella en el mundo de la música, como la nueva diva que vino para quedarse y encabezar las listas de los discos más vendidos, con canciones que no dejaban de oírse en las emisoras más sintonizadas y no sólo las nacionales, sino que ya tenía una gran audiencia en América, Asia y Europa, con una fama que iba haciéndose cada vez más notoria y expansiva, como la explosión de una supernova.

Mimi enseñó un semblante cargado de ternura, inocencia y una ligera esencia de los nervios que toda novia siente minutos antes de subir al altar, al fotógrafo que capturaba su imagen con devoción. El modesto tocado de red negra caía con disimulo sobre el lado derecho de su rostro y ayudaba a acentuar aquella timidez pueril que tan bien combinada estaba con el vestido de novia que llevaba puesto.

Tachikawa Mimi seguía las instrucciones de su fotógrafo, pero siempre otorgándole su propio toque. Giró sobre sus tacones aguja blancos y dándole la espalda al fotógrafo, dirigió su mirada a la cámara por sobre el hombro con una esencia pura e inocente, en contraste con el sensual vestido que dejaba a la vista su delicada espalda hasta casi donde ésta pierde nombre. La falda no era muy ostentosa, se abría paso casi al final del tramo, para congregar su curvilínea figura de una manera delicada, fina, con deleite.

Aunque lejos de que el vestido, los zapatos o el peinado hicieran obra en Mimi, lo que verdaderamente hacía lucir, era ella misma. Ella y la naturalidad con la que se dejaba mostrar a la cámara.

Con el nuevo año iniciándose, ella estaba a punto de dar a luz a su tercer disco como diva musical bajo el nombre de I do. La sesión de fotos llevada a cabo era lo que se conocía como "dar los últimos detalles", pues los videos musicales correspondientes ya estaban en edición, la gira programada y tan sólo faltaban las fotos para el álbum nuevo como para mandar al mercado su nueva producción.

Pero allí no se acababa todo el asunto.

―¡Oh, si! ¡Ha quedado perfecto, Mimi-san! Muchas gracias por su arduo trabajo. ―Felicitó el fotógrafo haciendo una inclinación de cabeza con efusividad, la misma que expresaba en cada acción.

Mimi se encogió de hombros con pena, riendo divertida del hombre con lentes de marco grueso y cabello rubio. La excentricidad era una de las características de éste, como también el talento que poseía para tomar las mejores fotografías.

Desde que empezó su carrera como cantante, Fujimoto Kei en conjunto con su estudio fotográfico, se habían hecho cargo de sus fotos, de sus videos musicales y todo lo relacionado a la publicidad que éstas representaban. Le estaba más que agradecida, porque era una de las personas cuyo asesoramiento le había servido enormemente. Confiaba plenamente en el hombre.

―No diga eso, Kei-san. ―Pidió Mimi con diversión al ganarse la atención del rubio y de sus grandes lentes con mucho aumento. ―Me alegré al saber que ustedes se encargarían de la sesión de fotos para la portada de mi nuevo álbum. La que debe de agradecer soy yo. ―Ella también correspondió al cabeceo, despidiéndose de sus asesores, estilistas y equipo fotográfico.

Se volteó hacia donde se hallaba el equipo técnico y encontró entre la multitud a una cabellera pelirroja y corta aguardándola con un saco ligero en sus manos que sabía, era para ella. Sonrió al reconocer a su mejor amiga, asesora y abogada. Otros la llamaban "La voz de la Sensatez", conociendo el carácter menos serio de la cantante de pop, Tachikawa Mimi.

Apuró el paso a pesar de los tacones altos hasta llegar a su amiga para lanzarse a sus brazos como siempre hacía desde que tenía memoria. Takenouchi Sora, la Señora Sensatez, la recibió como siempre, empleando toda su fuerza para soportar el peso muerto que Mimi jugaba a ser siempre que ella la sostenía. Rieron como dos colegialas, como cuando aún estaban en la preparatoria y Mimi volvió a reincorporarse.

―¿Qué te pareció la sesión? ―Inquirió Mimi cuando Sora le tendió el saco que se colocó sobre los hombros.

―Si permites mi comentario, en realidad no sé qué envidio más de ti ―inició Sora divertida. ―, el que luego de cada sesión de fotos acabas llevándote todos los vestidos a tu inmenso placar o que ahora se ha confirmado que serás la nueva modelo de Gucci.

―Sin duda, la ropa. ―Acotó Mimi levantando ambas cejas y acabando ambas riendo.

El sonido del celular de Sora se hizo notar con una de las canciones de Mimi que participó en su anterior álbum. Mimi la miró con una ceja enarcada que sólo aumentó el sonrojo en su amiga.

―¿Qué? Something in the way you move fue mi favorita. ―Se excusó ella sacando en Mimi una sonora carcajada. Sora rodó los ojos y tomó la llamada.

Mimi volvió a observar el set con tantas personas dentro, trabajando arduamente en cada labor que se requería. Era increíble verlos. El movimiento del personal era constante y fluido, como si cada quien conociese el trayecto de sus pasos como el de sus compañeros para evitar chocarse unos contra otros. Sonrió con diversión al imaginarlos a todos con antenas rojas simulando ser un hormiguero.

―Mi-chan, Oikawa nos espera en el hotel para movilizarnos hacia el aeropuerto. ―Dijo Sora, sacándole de sus pensamientos para nada serios. ―Tenemos que tomar el vuelo a la hora acordada porque tienes una última entrevista con Marco Bizarri en París.

―¡Lo sé, lo sé! ―Comentó con una gran sonrisa de oreja a oreja. No era para menos. El director de Gucci quería hablar con ella a modo ultimar detalles para el Paris Fashion Week, que se llevaría a cabo en una semana. Y no era por alardear ni nada, pero ha hecho esperar al mismísimo director de Gucci porque ella debía terminar los asuntos pendientes de su nuevo álbum. Rio para sí misma, logrando que Sora enarcara una ceja con duda. ―Lo lamento. Sólo recordé algo.

―¿El que has pospuesto tu entrevista con Marco Bizarri? ―Inquirió Sora, como si no la conociese ya. Mimi asintió dando saltitos en su lugar a pesar de los tacones altos. Sora negó con la cabeza mientras una sonrisa se asentó en su rostro.

―Estoy a punto de convertirme en una estrella fanfarrona y creída. ¿No es genial? ―Preguntó Mimi riendo mientras tomaba del brazo a Sora para caminar hacia el vestuario que le correspondía a la Tachikawa.

―No si puedo evitarlo. Soy tu consciencia. ―Apremió Sora, asentándole un empujoncito con su cadera y recibiendo otro por parte de Mimi en respuesta.

―Abusiva. ―Y ésta vez, fue Sora quien rió.


La ciudad pasaba delante de sus ojos con presura. Desde pequeña le gustaba congregar la vista al mundo que le enseñaba su ventana y ver pasar las cosas a su alrededor. La melodiosa voz de Adele, con Skyfall llenaba la cabina de la limosina y calmaba su alma. Cerró los ojos un momento y la escuchó con atención.

La difícil despedida de la que habla la canción en compañía de la caída del cielo, sólo podía saberle a una metáfora, profunda y dolorosa de la muerte de ambos amantes. Un final de la que no se arrepienten, frente al cual se mantendrían de pie hasta su último aliento mientras recuerdan los sucesos pasados, aquellas donde su historia tenía inicio. Y así como inició, acabaría.

No disimuló la sonrisa en sus labios al pensar en esas palabras, en hacerse a la canción y compenetrarse en ella. Dejar que la invadiera y le relatara todo su ser, mientras entrevía el suyo propio.

Las notas fueron elevándose hasta que la voz de la británica llegó a la cima, un diminuto instante en el cual tocó el cielo para volver a caer: de la misma manera en la que relata el final de los amantes. Aspiró profundamente y volvió a encontrarse con la vista de la ciudad de Tokyo despidiéndose de ella.

Dirigió sus ojos hacia el interior de la cabina hallando la figura de Sora sentada junto a ella, hablando por teléfono, coordinando con los organizadores del desfile de modas al cual se estaba dirigiendo en esos momentos. Parecía muy entretenida asintiendo y respondiendo en tono serio y algo autoritario, sin dejar de lado su característica amabilidad.

Sora pareció sentir su mirada por lo que sus orbes cobrizos viajaron hasta ella y la sonrió mientras hablaba por el móvil. Mimi le devolvió la sonrisa y sus ojos fueron hasta las otras tres personas sentadas frente a ellas: una mujer de cabello platino y largo cayendo a dos cascadas por encima de sus pechos, luciendo un sobrio conjunto ejecutivo, se encontraba paralela a ella repasando con notorio interés la tableta digital con el cronograma de sus actividades. Su nombre era Archeny, o al menos su nick. Era la secretaria personal del dueño de la Disquera que la representaba.

Del otro lado del asiento se situaba un hombre bastante alto y que debido a ésta característica, tenía un jorobado caminar. Era dueño de una cabellera platina y cuyo flequillo caía por encima del lado derecho de su rostro, casi ocultando la mitad de éste; su vestimenta era tan sobria como el de la mujer y su atención sólo recaía en la ventana hallada a su derecha. Su nombre era Mummy y su función era ser el guardaespaldas del hombre más importante dentro de aquella limosina y que se encontraba en medio de ambos empleados.

Un hombre de mediana edad, tez pálida y cabello largo negro que le llegaba hasta los hombros, su presencia era la más imponente entre los tres presentes, principalmente por la fuerza arrolladora que reflejaban sus orbes oscuros y su sombrío rostro; el sujeto manejaba su teléfono celular mientras escribía un mensaje, sumido en un sepulcral silencio que muchas veces la incomodaba. Era aquel sujeto, Oikawa Yukio, el dueño y director de la Disquera Adventure Records y la razón por la que ella se encontrara dónde estaba en esos momentos.

Los orbes oscuros y penetrantes de Yukio percibieron su mirada y enseguida se dirigieron hasta encontrarse con los castaños de su nueva Idol. Mimi esbozó una sonrisa algo tímida, no pudiéndose encoger en su asiento ante la taladrante mirada del hombre. Oikawa sonrió a la cantante al tiempo en el que guardaba su móvil en el bolsillo de su perfecto saco de vestir.

―¿Emocionada, Mimi-san? ―Inquirió el hombre de pálida tez, recibiendo como respuesta un asentimiento por parte de Mimi. ―Eso es bueno. He de decir que comparto tu emoción: muy pocos cantantes arrasan tanto terreno publicitario en tan poco tiempo.

―No puedo esperar a llegar a París. ―Confesó con una gran sonrisa. ―Será la primera vez que participe como modelo en un Fashon Week. Aún no puedo creer que Gucci me haya contratado.

―Oh, no comas ansias, pequeña. ―Respondió ahora Archeny sin apartar los ojos de su tableta. ―Tendrás unas cuantas horas a bordo del avión, así que mantén frescas esas emociones.

―Por supuesto. ―Respondió Mimi sonriéndole a la platina.

Sora terminó su llamada y suspiró para mirar a Yukio.

―Ya me han confirmado nuestros lugares para el desfile. Estaremos en primera fila en el sector A. El Señor Bizarri nos aguarda para entregarnos las credenciales correspondientes y las invitaciones. Insiste en hacerlo en persona. ―Sonríe al mirar a Mimi.

―Eso suena increíble. ―Elogió Mimi a su amiga, quien tenía muy buena mano para todo lo que implica relacionamiento.

―Me alegra que hayas podido comunicarte con los organizadores del evento, Sora-san. ―Comentó Yukio indicándole a Mummy con un gesto para que sirva en las copas el Moë & Chandon, que se ubicaba junto al guardaespaldas en una champanera dorada. ―¿Qué hay de nuestro hotel, Archeny?

―Nuestras reservaciones fueron hechas para las ocho de la noche, tiempo en el que se estima lleguemos al aeropuerto de París. Unos funcionarios del Hotel Four Season nos aguardarán en el aeropuerto para llevarnos hasta nuestra parada. ―Respondió la mujer acomodándose sus gafas de sol.

Mummy les tendió a cada uno de los presentes una copa con el líquido sutilmente dorado en su interior. El guardaespaldas iba a beber con los presentes pero Archeny lo detuvo.

―¿Qué demonios haces? Se supone que tu trabajo es cuidarnos.

―Creí que la invitación era para todos. ―Se quejó el otro encogiéndose de hombros.

―Tch. Mira si no puedes cumplir tu labor por estar ebrio. ―Acusó la platina a su acompañante.

Mimi y Sora trataron de reprimir una carcajada a causa de la escena montada por ambos empleados. Y es que no es noticia que aquellos dos siempre estén armando un jaleo, Archeny regañando a Mummy y éste no poder hacer más que obedecerla.

Yukio suspiró y con un gesto en la mano, que desmeritaba lo sucedido, hizo que ambos empleados se recompusiesen.

―Una copa no matará a nadie. ―Apoyó Mimi recibiendo una mirada recriminatoria por parte de Archeny que no duró ni un segundo para redirigirla a un Oikawa con una sutil sonrisa.

Los ojos de Mummy centellaron con emoción y tras la aprobación de Yukio, tomó el cuello de la larga copa. Todos elevaron ligeramente sus finos vasos para hacerlos sonar vidrio con vidrio entre ellos.

―Por el éxito de Mimi-san. ―Había dicho Oikawa y todos apoyaron la moción, bebiendo el contenido.

Mimi iba terminando su champagne cuando el timbre de su teléfono indicó la llegada de un mensaje de texto. Tomó el fino y amplio iphone para ver de quien se trataba y una sonrisa surcó sus labios. Depositó la copa en el apartado dedicado a vasos que contaba el respaldo de la puerta, tomando su teléfono con ambas manos, tecleando emocionada una respuesta para quien sea que le haya enviado aquel mensaje.

Sora notó la emoción flamante en su mejor amiga, intuyendo de inmediato de quién podría tratarse.

―Si Michael estuviera aquí y viera la emoción que tienes al recibir un mensaje de Koushiro, se pondría muy celoso. ―Dijo Sora con diversión a lo que Mimi le sacó la lengua, jugando.

―La que está celosa eres tú porque Kou-chan no te escribe. ―Alegó divertida para así tomar a Sora con su brazo y rodear su hombro. ―Ven, le enviaremos una foto para que sufra por no estar aquí.

―Tenía trabajo, Mi-chan. ―Respondió Sora con pena de su amigo. ―Ya se disculpó muchas veces por no poder estar aquí.

―Oh, sólo estoy bromeando. Entiendo que no puede dejar el trabajo. Sólo quiero molestarlo un poco más. Adoro cuando entra en pánico por disculparse. ―Rio la diva y tras un segundo, presionó el botón de su cámara frontal, capturando una selfie de ambas.

Sora se reacomodó en el asiento, mirando a su amiga enviar la foto.

―Eres cruel. Lo sabes, ¿no? ―Mimi rio divertida y continuó con su labor de poner muchos emoticones entre caritas tristes y enojadas.

―A poco no te causa ternura ver a Koushiro nervioso. ―Mimi entrevió la sonrisa en su amiga y echó a reír con ganas. ―¿Lo ves? Eres tan cruel como yo. Por algo somos amigas. ―Hizo una pausa para enviar, aguardando por la respuesta de su amigo.

Unos segundos transcurrieron para recibir una contestación, tan bien redactada que la hizo sonreír. A diferencia de ella, que le gustaba escribir una mezcla entre japonés e inglés o poner muchos emoticones y caritas con símbolos, Izumi Koushiro escribía tan correctamente sus textos que a Mimi le causaba tanta gracia.

"Es increíble ver tu nivel de rencor, Mimi-san".

Sora y Mimi compartieron una mirada, entre diversión y complicidad. No cabía duda, uno de los mejores placeres en ésta vida era poner en apuros a Koushiro Izumi.

"Pero debo de decir lo halagado que me siento al saber que mi presencia es de vital importancia para ambas".

Continuó escribiendo su amigo pelirrojo, quién se encontraba en Kyoto. Tanto Sora como Mimi rodaron los ojos. Era un mecanismo de defensa que Mimi le enseñó cuando aún eran compañeros en la secundaria y para molestarla, él lo usaba en su contra.

―Debí de pensar mejor en enseñarle éste tipo de respuestas.

―Oh, no te creas. Es Koushiro después de todo. El alabarse a sí mismo genera un cargo de conscienc…

"No quise sonar de ese modo. Lo lamento"

Tanto Sora como Mimi rieron sonoramente, llamando la atención de los otros tres presentes, sonrojándose al percatarse de ello.

―Dios… Kou-chan es tan predecible. ―Y Mimi escribió una respuesta a continuación, que Sora, al leer, la hizo sonreír con ternura.

"Sabes que estoy jugando, Kou-chan. De todas maneras, da lo mejor de ti. No te perdonaré si no lo haces. Te queremos~"


Koushiro no pudo resguardarse la sutil sonrisa en sus labios al ver la fotografía de sus dos amigas. Sus sonrientes rostros capturados en su pantalla y la nostalgia de su tiempo junto a ellas, lo hicieron encogerse de hombros con ligereza. Él también las extrañaba. Y es que cómo no hacerlo, sabiendo que hasta hace unos años atrás, ninguno de los tres podía estar sin el resto.

«La vida continua, Koushiro» se dijo y él lo sabía. Siempre lo supo pero no por eso podía evitar sentir su ausencia. Levantó la vista al ordenador que tenía frente a él y recordó donde estaba. Era sencillo transportarse a los recuerdos del colegio cuando veía a ese par de chicas que podían quitarle de quicio. Sonrió nuevamente.

―Se ve que Sora-chan está disfrutando de su nueva vida, ¿no?

―Si… ―Respondió observando la fotografía en su teléfono, pero sólo bastó un segundo para percatarse que aquella voz era de su jefe, quien cómodamente contemplaba la fotografía de sus amigas, recostado por el respaldo de la silla donde Koushiro se ubicaba. ―¡Ta-Takenouchi-san! Lo lamento, yo sólo…

Su jefe lo miró con curiosidad por el sobresalto del empleado, aunque una sonrisa divertida afloró en su rostro, haciéndole un gesto con la mano para que se tranquilizara.

―No tienes por qué ser tan estricto, Izumi-kun. ―Respondió su jefe con ese tono cálido y paternal. ―No tiene nada de malo recibir mensajes de tus amigas y menos si una de ellas es mi hija.

Koushiro se encogió de hombros y pareció volver a respirar con normalidad. Una sonrisa nerviosa se formó en él y volvió la vista a la pantalla.

―A todo esto, ¿por qué no has ido con ellas? ―Inquirió el mayor recostándose contra el escritorio de su empleado, cruzado de brazos, observándolo con curiosidad. ―Sora-chan mencionó algo de un desfile de modas al que participará Mimi-chan, ¿me equivoco?

―No lo hace, es correcto. ―Afirmó el joven pelirrojo mirando a su jefe con cierta inquietud de estar tocando esos temas durante horas laborales. ―No puedo dejar el trabajo, es muy importante que termine de analizar los archivos de la compañía, Takenouchi-san. Los registros afirmaron una actividad inusual en los datos base y temo por la seguridad de la información.

―Es por eso que eres uno de mis mejores analistas, Izumi-chan. Agradezco la dedicación que empleas, pero desde que empezaste a trabajar para mí, no has pedido vacaciones, sin mencionar que tus horarios laborales son los más extensos entre todos los demás obreros. ―Se reincorporó para posar una mano sobre el hombro del chico mientras lo miraba con comprensión. ―Es bueno que priorices el trabajo, pero lamentaría que te enfermaras por el exceso del mismo.

―¿Señor? ―Inquirió Koshiro sin comprender, recibiendo como respuesta un suspiro cansado por parte de su jefe.

―Todo empleado debe sacar por lo menos quince días de vacaciones en algún momento del año. Entra dentro de la política de mi compañía, así que quieras o no, deberás de hacerlo. ―Comenzó a caminar en dirección a la puerta de la oficina de Koushiro, con intenciones de salir por ella. ―Si yo fuera tú, emplearía unos días para ir a ver a Mimi-chan. ¿No crees que ella estará feliz de verte?

Koushiro vio marcharse a su jefe y una sensación de calidez llenó su pecho, volviéndose a enfocar en la fotografía de sus dos amigas en su pantalla móvil. Se llevó el pulgar a los labios y mordió levemente su corta uña a modo de tranquilizar sus nervios. Era una maldita costumbre que tenía desde pequeño. Muchas veces ser un "chico genio" acarreaba ciertas desventajas. La suya, se llamaba ansiedad.

Esa y su sentido de responsabilidad laboral demasiado alto.


Algo a lo que estaba acostumbrada era a ser el centro de atención. Lidiar con las miradas de todos encima de ella. No pasar desapercibida en ninguna circunstancias y dejar constancia de que Tachikawa Mimi estaba presente.

Pero a pesar de ello, había algo que aún podía sorprenderla, asombrarla y emocionarla. Llevar sus latidos hasta el tope y sentir que moriría de felicidad y el miedo a la excitante sensación de que no era sólo ella… Eran sus fans.

Gritos, silbidos, manos levantándose de todos lados rogando por ser vistos. La anhelante desesperación de llegar a ella y que los pudiera ver. No los conocía como para saber sus nombres, pero sabía cuánto significaba ella para todas esas personas y eso era suficiente para sentir que los amaba.

El salir del estudio fotográfico no fue ningún problema, pues se mantenía al desconocimiento de las personas para trabajar con la mejor disposición. Pero cuando Mimi y Sora se reunieron con el director de su agencia, Adventure Records, ya había una multitudinaria audiencia rogando por ver a la estrella de pop descender de la limosina en el que venía y eso sólo fue en aumento cuando se vio en el aeropuerto de Tokio.

Aunque la verdadera aglomeración de personas fue hallada frente al Four Season Hotel, lugar donde la cantante y sus acompañantes debían residir durante su estadía en París.

Mimi caminaba con la fascinación plasmada en su rostro, mirando a todas las personas que habían acudido a verla llegar al hotel. No esperó a levantar las manos para saludarlos a todos y sonreír emocionada a todos aquellos que la veía pasar.

Los guardias de seguridad lograban que la muchedumbre no se abalanzara sobre los que iban camino al hotel, aunque eso a Mimi no le interesaba, pues lo que más deseaba en esos momentos era poder alargar la mano y tomar la de las personas que le rogaban porque lo hiciese. ¿Y dónde estaba el problema? Se preguntó. Ella podía hacerlo si lo quería.

No pidió permisos ni autorización para hacer lo que sentía correcto. Todas aquellas personas dejaron un espacio de tiempo para ir a esperarla al hotel, vaya a saber por cuánto tiempo. No pensaba hacer pasar por alto aquel detalle, así que respondió a los pedidos de sus fans donde rogaban por una foto o por su autógrafo o porque simplemente los mirase.

Sora detuvo sus pasos cuando ya no vio a su amiga caminando junto a ella, sino accionando para cumplir los deseos de sus fans y sonrió tiernamente. La castaña nunca había sido una persona fría. Lo que caracterizaba a Mimi era su facilidad para sentir empatía con el resto de las personas, de su preocupación genuina y la naturalidad que emanaba de por sí.

Por otra parte, Archeny frunció el ceño con molestia al darse cuenta que estaban perdiendo el tiempo gracias a la cantante. Sus pasos fueron dirigidos hasta Oikawa y con disimulo, habló.

―Oikawa-sama, el Señor Bizarri ya se encuentra aguardándonos en el Hotel. ―Fue todo lo que dijo con clara intención de hacerle consciente que Mimi estaba entorpeciendo el tiempo cronometrado que tenían.

Yukio no dijo nada y sólo miró a la cantante, como si quisiera comprender algo que no cuadraba para él. Asintió entonces a su secretaria y con un gesto de la mano Mummy se dirigió hasta Mimi para hablarle al oído, hacerle saber lo que era obvio.

Mimi hizo un puchero en desacuerdo, pero Sora intervino. Decirle no a las palabras de la Takenouchi era algo que aún muchos no han podido experimentar, teniendo aquella facilidad de convencimiento.

Archeny sonrió cuando todos volvieron a retomar los pasos para el interior del Hotel. Marco Bizarri no se caracterizaba por ser fan de que lo hiciesen esperar tanto tiempo. Mientras más rápido la entrevista terminara, todo estaría más tranquilo. Mimi lo sabía.


Mimi miraba emocionada la carta que tenía entre las manos en compañía con la credencial de acceso como miembro del set de modelos de Gucci. Lo apretó contra su pecho mientras zapateaba emocionada contra el suelo. Sora rió ante la reacción de su amiga una vez que Marco Bizarri se retiró.

Aún tenía grabada en la mente las palabras del italiano: «…Me complace tanto que Mimi forme parte de mis modelos. En verdad valoro mucho tu presencia y sé que no estuve equivocado cuando decidí invitarte a la gala Primavera-Otoño del Paris Fashion Week». Momento antes de que le hiciese entrega de la carta de invitación y la credencial que la hacía una invitada y participante estrella de la fascinante semana de la moda.

―Sora, ¿dime si no es el mejor día de tu vida? ―Preguntó Mimi.

―Créeme que no podré dormir en toda la noche. ―Ambas rieron con ganas camino al lobby junto con sus acompañantes, con toda intención de ir a sus respectivas habitaciones. ―¿Te ha llamado Michael, Mi-rin?

Mimi negó, un poco desanimada. Sacó su teléfono celular del bolsillo de su vestido tubo rosa, y corroboró que no había ninguna llamada de su novio.

Sora notó aquel abatimiento en su amiga, por lo que posó su mano sobre el hombro de ésta, consiguiendo que la mirase.

―De seguro aún está en pleno rodaje. Él sería incapaz de faltar a tu desfile, Mi-rin.

La castaña agradeció a Sora, porque sus palabras lograban tranquilizarla siempre. Continuaron caminando hasta llegar al imponente lobby, donde los detalles románticos y victorianos se desprendían desde el techo al suelo. Los colores eran tranquilos, pero la elegancia estaba clara en aquel lugar. Las personas iban y venían, los equipajes eran cargados por los botones y los ascensores abrían y cerraban sus puertas.

Casi nadie se giró a mirarla, pues las celebridades abundaban en aquel lugar, así que nada de emocionantes reacciones por nadie. Mimi admiró aquella frivolidad y suspiró. Era como perderse entre incontenible luminosidad, dejarse cegar por ello y no percatarse del resto. Era una de las cosas que sabía sobre aquel mundo del cual era partícipe.

―Mira, Mi-chan. ―Llamó Sora a su amiga para señalizar con su mirada la recepción del hotel.

Mimi siguió la indicación de su amiga para ver a una pareja de adultos hablando con el gerente, parecían estar reclamando algo. Mimi no tardó en reconocerlos y sonrió al darse cuenta que sus padres seguirían siendo sus padres hasta el fin de la historia.

―…Ya le expliqué, Señor y Señora Tachikawa. Las suites presidenciales se encuentran agotadas. No puedo hacer nada… ―Trataba de hacer entrar en razón el hombre a cargo del registro con toda la poca paciencia que le quedaba.

Satoe Tachikawa era la menos convencida al respecto, inflando sus cachetes de manera infantil, mientras su esposo trataba de explicarle su situación. Había muy pocas cosas que le quitase el buen humor a la madre de Mimi y una de ellas era negarle una suite presidencial.

―Entiendo lo que trata de decir, Señor… ―Respondía Keisuke abrazando por los hombros a su esposa; más bien para contener su ira que por otra razón. ―Pero tenemos una reservación en una suite presidencial…

―Ya he revisado y sus nombres no…

―Ya he tenido suficiente. ―Interrumpió Satoe deshaciéndose del abrazo de su esposo para acercarse lo más que podía al gerente, casi amenazándolo con sus gentiles ojos cafés. ―¿Cómo puede tratar a un par de adultos como si no supieran de lo que están hablando? Mi esposo hizo una reservación a nombre de…

―¿Mamá? ―La voz de Mimi acercándose a ellos frenó toda acción por parte de sus padres para girarse a verla, y la reacción por parte de ambos fue inmediata.

―¡Oh, Mimi-chan! ¡Preciosa, qué gusto verte! ―Dijo Satoe casi abalanzándose a su hija junto con su esposo, ambos abrazándola y pegando sus mejillas a los de ella, fregándosela como cuando era aún una niña.

―¡Papá te ha extrañado mucho! ¡Es tan difícil no tenerte en casa, cariño! ―Lloriqueó su padre sacando en Mimi una risa divertida. En verdad, el tiempo no cambiaba a sus padres.

Mimi los abrazó con fuerza y la nostalgia afloró en ella. ¿Hace cuánto que no veía a sus padres? Pues hace bastante tiempo. Aquel abrazo parecía revitalizarla, como si todo ese tiempo hubo estado perdida. Sonrió con cierta tristeza.

―Me alegro del reencuentro padres-hija ―Al oír la voz de Yukio Oikawa, los tres se hubieron separado para mirar al alto y trajeado hombre de tez pálida. ―. Pueden estar seguros que cuidamos de Mimi-san como si de nuestra hija se tratara. ―Continuó con una sonrisa algo fría en sus labios. No podía expresar mucho, era pedirle demasiado. Yukio hizo una pequeña reverencia a modo de saludo a la pareja, que respondieron al mismo modo. ―Creí haber presenciado un pequeño altercado con la recepción. ¿Puedo serles de ayuda?

―Oh, por favor, sí. ―Respondió de inmediato Satoe, recordando el porqué de su enojo. Se volvió para mirar al gerente con el ceño fruncido, casi como la de una niña a punto de acusar al que le robó su muñeca. ―Hemos hecho la reserva como habíamos hablado, Oikawa-san; pero resulta que no estamos registrados.

El de cabello negro y largo asintió a las palabras de Satoe.

―Comprendo. Déjeme aclarar el malentendido. ―Y con otro cabeceo pasó junto a ellos para dirigirse hasta el gerente, teniendo como sombra a su secretaria y al guardaespaldas sonriente.

Satoe y Keisuke retornaron su atención hasta su hija. Sora se unió a ellos y saludó a los padres de su amiga, que eran como su segunda familia.

―Ha pasado tanto tiempo desde que no las veía, niñas. ―Habló Satoe con emoción.

―Éstos ocho meses han sido eternos, Tachikawa-san. ―Respondió Sora. ―Mi madre no ha podido venir por cuestiones de salud, pero me alegra verlos aquí.

Keisuke y Satoe compartieron una mirada comprensiva. Ellos sentían un cariño inmenso por Sora, siendo ésta la amiga de infancia de Mimi. La sentían como una hija más.

―Por supuesto, Sora-chan. ―Habló Keisuke con cariño. ―Tu madre nos ha pedido que te acerquemos sus saludos. Está dolida porque no pudo venir, pero estoy seguro que en el siguiente evento no faltará.

Sora sonrió a la pareja, sintiendo la mano de Mimi tomando la suya. Era cálido estar con ellos. Desde pequeña lo sentía.

Yukio Oikawa, junto con sus dos sombras, se hizo presente entre Mimi, sus padres y Sora, llamando su atención.

―Ya está todo solucionado, Señor y Señora Tachikawa. ―Hizo un gesto con la mano para señalizar a uno de los botones que se acercaba a ellos para transportar sus pertenencias. ―Los caballeros les guiarán a su habitación. Cualquier inconveniente o necesidad, no duden en recurrir a mí.

―Es usted muy amable, Oikawa-san. ―Agradeció Keisuke haciendo una reverencia, al igual que su esposa.

―Iremos a echar un vistazo a la habitación, cariño. ―Informó su madre con entusiasmo, llevándose al mundo por delante mientras Keisuke era jalado por ella.

Mimi y Sora los vieron marcharse y enseguida su atención fue depositada en el productor de la disquera.

―Hagan lo mismo. Por hoy, Mimi-san, tienes exonerada toda actividad referente a tu carrera. ―Una amplia sonrisa se formó en Mimi, ya pudiéndose imaginar a sí misma recorriendo las calles parisinas hasta que el sol vuelva a ponerse en lo alto del cielo. Ella seguía fantaseando internamente cuando Oikawa continuó hablando. ―Por supuesto, no deben de abandonar la zona hotelera. No me gustaría que les sucediera nada.

―Pero París es muy seguro, Oikawa-san. ―Se quejó Mimi, casi como su madre lo había hecho minutos atrás. ―Somos adultas, podemos cuidarnos solas.

―Sora es la adulta. ―Acotó Archeny con gracia. ―Ella es la voz de tu consciencia. ¿Lo olvidas?

Sora sonrió apenada por el comentario, más bien por el semblante berrinchudo que acabó portando Mimi ante tal acotación. Y es que no habría que ser demasiado inteligente para saber que Sora era la que llevaba el título de "adulta responsable" tatuado en la frente.

―Oh, por favor, Oikawa-san. ―Rogó Mimi juntando las manos y agachando levemente la cabeza. Los presentes se encogieron de hombros ante la escena y es que negarle a Mimi una salida nocturna ―o al menos una salida bajo sus propios términos―, implicaba todo un arsenal de estrategias para conseguir sus objetivos. ―Imagínese que mañana en la entrevista con Alizeé en NRJ me pregunten "¿y qué piensas de París?", no puedo decir "Oh, lo lamento, mi productor no me dejó salir así que no tengo idea de cómo es".

Archeny y Mummy no pudieron evitar acallar una risita divertida ante las "jugadas" que solía implementar Mimi para conseguir que Oikawa Yukio le concediese sus deseos. No estaba de más el denominarla "La Princesa de Adventure Records".

Yukio se encogió de hombros con aparente rendición. Miró con severidad a la muchacha castaña que le sonreía de oreja a oreja, claramente consciente de que ganó otra vez.

―Bien. ―Fue suficiente esa simple palabra para que Mimi aplaudiese con emoción y se girase sobre sus pies para dirigirse a su habitación, jalando a Sora con ella, con toda la intención de iniciar los preparativos que conllevaban su salida nocturna. ―Pero me encargaré de que no les suceda nada. ―Añadió, aunque Mimi sólo asintió sin la menor idea de lo que implicaba aquella declaración.


―Tienes que estar bromeando… ―Sentenció Mimi con el ceño fruncido, observando al joven muchacho azabache de coleta baja y traje negro que se encontraba en el pasillo frente a la habitación que compartía con Sora.

El hombre hizo una reverencia demasiado formal a modo de saludo a las dos muchachas que se hallaban bajo el umbral de la puerta.

―Buenas noches. Mi nombre es Koji Minamoto. Oikawa-sama me dio la tarea de escoltarlas en su paseo nocturno. ―Saludó el muchacho que parecía ser unos años menor a ellas, pero su forma de hablar daba la impresión que les llevaba varias décadas.

Mimi gruñó molesta, pudiéndose imaginar muchas formas de recriminar tal atropello a su "adultez" por parte de Oikawa Yukio. Sora le dio palmaditas en su hombro, tratando de animarla.

―Al menos es lindo y joven. ―Alentó, aunque Mimi la fulminó con la mirada. Sora se rascó la mejilla con nerviosismo y pasó olímpicamente del mal humor de Mimi a la presencia del guardaespaldas que les consiguió Oikawa. ―Está bien, Minamoto-san. ¿Por qué no nos esperas en el lobby? Bajaremos enseguida.

―Lo lamento, Takenouchi-san. Oikawa-sama me dio la orden de acompañarlas durante toda su velada, y eso incluye el escoltarlas desde su habitación.

Para nervios de ambas, no dudaban en que aquellas hubiesen sido las órdenes del productor de Adventure Records, pues sólo había que irse de gira con Mimi para saber que era muy fácil predecir sus victoriosas escapadas.

Sora miró a Mimi encogida de hombros y con un semblante apenado, aunque la castaña sabía que no había de otra. Suspiró con enfado y miró a Koji.

―Bien. Será mejor que nos vayamos. No quiero que el hada madrina Oikawa convierta en cartón mis zapatillas de cristal llegadas las doce. ―Sora sonrió ante sus palabras y cerró la puerta detrás de ellas cuando se vieron en el pasillo junto al serio guardaespaldas.

Las dos mujeres caminaban delante de Minamoto y una mirada cómplice entre ambas, una comunicación silenciosa y familiar, fue la que compartieron.

Aquella iba a ser una noche larga… Para Minamoto.


Notas:

*La canción que Mimi escucha desde el tocadiscos es Dancing Queen del grupo sueco, ABBA.

*Something in the way you move, originalmente es una canción de Ellie Goulding.

*Marco Bizarri es el actual director de la casa de moda italiana, Gucci.

*Alizeé es un nombre inventado, pero NJR es una de las emisoras de radio más escuchadas en Francia.


Hago un apartado para los usuarios que son anónimos o no puedo devolver los reviews por mp:

*Guest: Muchísimas gracias por dejar un comentario; has sido el primero y me has hecho muuuy feliz. Espero que te guste el nuevo capítulo. Espero con ansias tu comentario. Byeee!~

*Lady Mimato: Adoro tu nick, lo sabes xD Oh, nada de dudar, Lady! Sube tu fic que será bien recibido. Necesitamos proliferar el Mimato ;) Ánimos, de verdad! Sii, puede que quede medio extraño que Taichi se halle por zona parisina, pero prometo explicarlo de la mejor manera xD Jun necesitaba que le hagan justicia; no sé si eso es lo que logré, pero me alegra que a tí te haya gustado, Lady :3 Muchísimas gracias por tu comentario, querida! :D Y pues las preguntas se irán respondiendo conforme avancen los capítulos, pero te invito a que lances tus opiniones al respecto! Espero que te guste el nuevo capítulo! Nos estaremos leyendo y un beso desde Paraguay, vecina! 3 3