Eh, bueno, hola, aquí estoy otra vez. Un par de cosas antes de empezar:
1. Los capítulos no van a ser demasiado largos (de momento), ¡lo siento! unu
2. Actualizaré la historia e intentaré poner un capítulo nuevo los fines de semana (he empezado las clases y entre semana apenas tengo tiempo libre).
Dicho esto, ¡aquí os dejo el capítulo 2!
Esto no era lo que se esperaba. Había supuesto que la invitación sería a una cafetería o algún restaurante, no a su casa. Un nudo se formó en la garganta de Will. Esperó a que el otro hombre abriera la puerta principal y entrara. El moreno se quedó un momento en la puerta, dudando si finalmente entrar o irse. El hambre y la idea de comida casera y calentita le hicieron moverse hacia el interior del domicilio. Cerró la puerta y andó por el pasillo hasta donde escuchó ruido, descubriendo una pequeña sala de estar. Hannibal estaba dejando sus materiales en una mesa y le hizo un gesto con la cabeza a Will para que él hiciese lo mismo. El de ojos azules caminó perezosamente y dejó su mochila en el suelo junto a la mesa. Examinó la sala con la mirada. Una habitación no demasiado grande, con varias butacas, una mesa de café y una chimenea. Las paredes estaban forradas de estanterías llenas de libros y cuadros antiguos. Se quedó mirándolos fijamente un segundo, para luego seguir paseando su mirada por el lugar y encontrar un portafolios abierto. El universitario miró al dueño de la casa y Hannibal asintió, dando su consentimiento para poder curiosear en aquella carpeta. Will la cogió con cuidado y empezó a pasar las páginas. Dibujos de obras de arte, prácticas anatómicas y finalmente descubrió que en uno de ellos estaba él. Era el primer dibujo en el que había posado para él, con su ropa normal, las gafas puestas encima de su cabeza a modo de diadema y la mirada perdida en el infinito. Sonrió levemente al recordarlo. Habían pasado casi seis meses desde aquello.
Todo había comenzado con Alana, una amiga suya, diciéndole que había encontrado a un artista nuevo que pagaba bien por cada sesión. Le dio la dirección de su estudio, ya que no recordaba el número de teléfono. El moreno había decidido pasarse por allí a mirar, con nerviosismo y curiosidad a partes iguales. El estudio estaba abierto, pero no parecía haber nadie dentro. Recordó haberse adentrado en él y esperado un rato hasta que un hombre algo mayor que él salió de una pequeña salita adjunta a la principal con las manos pringadas de rojo y que al verle, abrió mucho los ojos.
- Pe-perdón, la puerta estaba abierta. Eh... Soy amigo de Alana Bloom,- la expresión del otro se relajó- me dijo que estabas buscando un nuevo modelo pero se le olvidó darme tu número de teléfono. Me llamo William Graham...
- Will.- sonrió- Alana me habló de ti ayer. Yo soy Hannibal Lecter, encantado.- le tendió la mano educadamente, pero el americano le dedicó una mirada extraña y no se la estrechó- Ah, perdona. Se ha roto uno de los botes de pintura y he acabado un poco perdido. Voy a lavarme las manos y hablamos del trabajo, ¿de acuerdo?
El universitario asintió varias veces y esperó un poco más. El pintor volvió con las manos limpias, un cuaderno, un lápiz y un taburete. Le dijo que se sentase y que adoptase la pose que él quisiera. Will estaba confuso. ¿No se supone que te pagan porque adoptes la pose que el artista quiere? pensó. Se encogió de hombros y lo hizo. Se puso las gafas en la cabeza, para que su vista descansase un poco. Pasó un rato inmóvil, hasta que Hannibal dijo:
- Ya está. Aquí tienes mi número de teléfono y este es el pago de hoy.- le dio el dinero y un pequeño trozo de papel.
- Eh... ¿vale?
¿Así, sin más?
- Yo estaré de aquí todos los días de cuatro de la tarde hasta las ocho y media. Pásate cuando quieras.
- De acuerdo, gracias. ¿Lecter?
- Llámame Hannibal.
La voz del rubio desde algún lugar de la casa le hizo volver a la realidad. Dejó el portafolios donde lo había encontrado y se dispuso a buscar al otro.
