¡He vuelto! Aquí os dejo el siguiente capítulo.
Lamento que sean tan cortos, pero no tengo casi tiempo para escribir ;u;.
Bueno, mejor me callo ya y os dejo leer :D.
La cocina, al igual que el resto de la casa, era grande y estaba decorada de una manera elegante, tal y como Will había supuesto. El pintor estaba sacando una bandeja llena de carne cruda del frigorífico y la dejó en la encimera, seguida de otros ingredientes. El moreno se quedó parado, observándole.
- Em... ¿puedo ayudar en algo?
- No hace falta, gracias. Siéntate allí, si quieres.- dijo Hannibal mientras señalaba un taburete con un gesto de la mano.
- Insisto. Pensé que me ibas a invitar a una cafetería, no que ibas a cocinar para mí. Me gustaría ayudar...
- Bueno, si ese es el caso, puedes cortar la verdura.
Will asintió y se lavó las manos. El otro le tendió un cuchillo y le indicó que se pusiese a su lado. El de ojos azules lo hizo y empezó a cortar lentamente. No hablaron. No les hacía falta. En un momento dado, los brazos de ambos se rozaron. Hannibal pareció no darse cuenta de ello, sin embargo, el estudiante se paró un momento a observarlo. Se fijó en sus manos, en cómo trataban la carne que estaban cortando, con mimo y delicadeza. Eran grandes y, a pesar de tener algunos callos, debido a su pasión por la pintura, parecían ser suaves.
Will dejó de mirar, pensando si el dibujante se habría dado cuenta y si estaría molesto por ello. Retomó su tarea de cortar las verduras y en un despiste, pasó su dedo demasiado cerca de la hoja, haciéndose un corte. La sangre no tardó en brotar. El más joven soltó un taco.
- Joder, me he cortado. ¿Dónde puedo lavarme las manos?
El otro levantó la mirada y dejó de hacer lo que estaba haciendo. Cogió la mano del moreno con suavidad y la examinó.
- No es demasiado profundo, pero deberíamos curarlo cuanto antes.- comenzó a andar sin soltar la mano de Will, que le siguió sin decir nada, ligeramente sorprendido por la reacción del otro. Hannibal sacó un pequeño botiquín de uno de los armarios. Le puso desinfectante en la herida, a pesar de las quejas del otro y finalmente, le puso una tirita. El americano murmuró un pequeño "gracias" y movió los dedos lentamente, viendo como la tirita se arrugaba y contraía con cada movimiento que hacía. Suspiró pesadamente.
- Lo siento. Quería ayudar.
- Lo has hecho.
El de ojos azules soltó una risa sarcástica.
- Claro que sí.- dijo.
Hannibal decidió no responder.
Tras el incidente, el universitario decidió sentarse en el taburete y dedicarse a observar al otro cocinar. La cena estuvo lista poco después, con una presentación en los platos digna de un restaurante. Comieron y hablaron de temas banales.
- No sé cómo lo has hecho, pero eso estaba demasiado rico.- dijo Will cuando terminó, con una sonrisa de oreja a oreja. Hacía bastante que no comía tanto ni de tanta calidad.- Si me vuelves a invitar algún día, no me negaré.
- Me halagas.
- Lo digo en serio.
- No lo dudo.
