La barandilla de la escalera era estable. No era de esas que se movían cuando las tocabas. No. Era de esas que estaban bien pegadas a la pared y a cualquier persona a la que le importara Will Graham debía dar gracias porque eso fuese así.

El universitario estaba subiendo (o mejor dicho, intentanto subir) las escaleras que llevaban al estudio. A pesar de que se agarraba a la baranda como si su vida dependiese de ello, dio un traspiés con uno de los escalones. No controlaba su cuerpo y sus movimientos eran torpes, sin ser capaz de hacer un gesto sin tambalearse. Ah, el alcohol. Si Beverly le viera, probablemente le echaría una bronca. Estaría preocupada. El moreno decidió que la llamaría después. Si se acordaba, claro.

Los escalones no parecían terminarse nunca. Otro pensamiento apareció en su mente. Alana. Sí.

La discusión le había afectado más de lo que le gustaría. Por eso se había ido a un bar. Por eso se había acabado emborrachando. Por eso y por su poco aguante con el alcohol. Joder. pensó.

No quería ni imaginarse la resaca que tendría al día siguiente.

Llegó por fin al primer piso y apoyó la mano en la puerta. No había llamado, pero la puerta se abrió de todos modos, haciendo que se estrellase contra el pecho de un hombre alto. Levantó la cabeza, sin estar seguro si era aquella la puerta en la que debería estar apoyado o no. Al ver cómo unos ojos oscuros le miraban, se dijo que sí. Es aquí. Este es Hannibal. De pronto, se echó a reír. El otro levantó una ceja.

- Will. ¿Qué haces aquí?

La risa se extinguió.

Por primera vez se preguntó por qué estaba allí. Había pensado que necesitaba hablar con él, pero... ¿por qué? ¿Qué era lo que le había llevado a querer hablar con el artista? ¿A querer verle?

Decidió no calentarse la cabeza con eso. Era una visita a un amigo. Una disculpa por no haber estado aquella tarde con él, supuso.

Sin embargo, lo que dijo fue distinto:

- ...lana.- dijo- He discutido con Alana.- las palabras salieron de su boca rápidas y aplastadas.

El rubio cambió de expresión pero no dijo nada y le acarició el cabello con dulzura. El de ojos azules sonrió ante el contacto y cuando el otro apartó la mano, la atrapó entre las suyas y jugueteó con ella. Joder, que suave. El otro no se movió. Will apenas podía pensar por culpa del alcohol. Hannibal seguía quieto, mirándole con algo que no sabía si era curiosidad, asco o hambre. Estará pensando que estoy borracho. Y tiene razón. Soltó la mano ajena y escondió las suyas en los bolsillos de su chaqueta.

- Vamos, te llevaré a casa.- dijo y le agarró del brazo suavemente para ayudarle a bajar las escaleras. El moreno hizo un puchero.

- He tardado mucho en subirlas...- protestó.

El rubio casi no pudo disimular una sonrisa y atrajo la cabeza del otro a su hombro. El universitario cerró los ojos. Estable. Como la barandilla. pensó. Una comparación tonta de un borracho, a quien, sin embargo, le pareció un gran descubrimiento.


Los perros habían empezado a ladrar, haciendo que Will se despertase. Estaba en un coche y alguien le estaba ayudando a salir de él. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz de las farolas, pudo ver que la persona que estaba cargando con él era Hannibal. Recordó que había ido a su estudio pero... ¿qué había pasado después? Le dolía la cabeza. Agh... No voy a volver a beber en la vida...

- Puedo... puedo andar... Gracias.- dijo. Tenía la boca pastosa. El dibujante le soltó, pero le ofreció un brazo para que se apoyara. La puerta principal se abrió y pudo ver cómo una silueta en bata bajaba por las escaleras. Tragó saliva varias veces y apretó el brazo del otro más de lo que pretendía. Beverly me va a matar.