¡Hola! Aquí estoy otra vez. Pensé que no me daría tiempo por culpa de estudiar para los exámenes, ¡pero he conseguido terminar el capítulo! Y ahora, os dejo leerlo.
Y, en efecto, aquella noche hubo un asesinato.
La víctima fue hallada en el suelo, con claras muestras de haber sido pisoteada. Todas las pruebas apuntaban a Beverly Katz. La identidad de la víctima era... la dignidad de Will Graham.
Will no recordaba haber visto a Beverly tan enfadada en su vida. Todo por culpa del dichoso alcohol. El hecho de que a ella no le gustase de que él bebiese más de la cuenta se remontaba a varios años atrás, cuando por culpa de una discusión, Will había bebido tanto que casi había acabado en coma etílico. El moreno le había prometido entonces que no volvería a beber. Sin embargo, lo había hecho. Por los malditos celos de Alana. Se dio la vuelta, quedando de cara al respaldo del sofá y suspiró. Se sentía algo mal por ella a pesar de todo, ya que sabía que en esos momentos su compañera de piso la estaría regañando. O le devolvería la bofetada. Con esos temas, Beverly era algo imprevisible. Cerró los ojos un momento y pudo notar como uno de sus perros (uno de los grandes, probablemente Winston) se subía al sofá y se pegaba a su espalda. La televisión estaba encendida, aunque apenas era un murmullo. Volvió a girarse, siendo incapaz de encontrar una postura cómoda en un sofá diminuto con un perro grande al lado. Cuando dirigió una mirada perezosa a la pantalla, descubrió que su dignidad no había sido la única herida mortalmente aquella noche. Un vecino había encontrado un cadáver en un descampado muy cerca de allí. Aparecieron varias imágenes de la escena del crimen, pero no dieron demasiados datos, solo que no había ni sospechoso ni huellas. Aunque Will consideró que había una gran pista en todo ello: el propio cadáver. Lo encontraron tumbado boca arriba entre las malas hierbas, con las manos pegadas a la cara y flores cosidas por todo el cuerpo. En el cuello, en el pecho, en los muslos. Flores. Flores por todas partes. Simplemente, flores.
- No pude poner un remedio a tu asquerosa cara, así que tuve que taparla. Pero algo puede hacer con tu cuerpo.- murmuró, casi sin querer.
Un dolor punzante en su cabeza. Nunca más. hizo un ruido parecido a un gruñido y volvió a girarse. Supongo que el profesor Crawford no vendrá hoy a clase... Winston se puso en pie encima del sofá y le lamió la cara.
- ¿Qué?- se giró por tercera vez consecutiva. El perro dejó de lamerle y le dedicó una mirada, a la que el moreno no pudo resistirse el y acarició la cabeza con cariño. Por fin, el animal bajó del sofá y fue a reunirse con los demás y poco después, su dueño hizo lo mismo. Se puso una chaqueta y los zapatos y abrió la puerta. En cuanto los perros se dieron cuenta, salieron correteando del piso y Will los siguió. Estuvieron paseando durante varias horas, hasta que, por casualidad o destino, acabaron en el escenario del crimen. La zona estaba acordonada con las típicas tiras amarillas. Policías y agentes del FBI invadían el lugar, luces rojas y luces azules alternando. Una silueta familiar entre toda la gente. El hombre estaba hablando con otra persona, a la que no podía verle la cara ya que estaba de espaldas. Jack se dio cuenta de que le estaba mirando y dejó de hablar con el otro. Caminó hasta Will y le estrechó la mano.
- Hola, Graham. ¿Se puede saber qué haces por aquí?
- Estaba paseando a los perros.- los señaló con la mirada- Y me pareció reconocerle, así que decidí pasar a saludar. Supongo que hoy no vendrá a las clases de la tarde, ¿verdad?
El profesor y ex- agente del FBI soltó una risa. La persona con la que había estado hablando anteriormente se acercó a ellos, y esta vez, el de ojos azules sí pudo verle la cara.
- Will, qué sorpresa.
- ¿Hannibal?
Uno de mis headcanons es que Will tiene muy poco aguante con el alcohol, así que eso saldrá de vez en cuando, como aquí.
