¡Hola! Aunque avisé, perdón por no haber podido poner el capítulo la semana pasada u.u. Cuando termine los exámenes, las actualizaciones volverán a la normalidad. Dicho esto, ¡espero que os guste el capítulo!
La taza se cayó al suelo y se rompió en pedazos. Will masculló algo y se agachó para recoger los trozos, teniendo cuidado de no cortarse.
Menos mal que aún no había echado el café... pensó.
Miró los restos de la taza rota en su mano, suspiró y los tiró a la basura. Sacó otra taza, y, esta vez sí pudo hacerse el café. Necesitaba la cafeína más de lo que le gustaría admitir. Todo por culpa de los sueños. Sueños con manos, con labios, con cuernos y tactos fugaces. Y, de vez en cuando, flores. Las malditas flores de color lavanda que parecían seguirle a todos lados. Beverly había comprado una planta que también las contenía. Alana llevaba una chaqueta en la que aparecían bordadas. Los crímenes cometidos por un asesino en serie en las últimas semanas estaban plagados de ellas. Se pasó la mano por la cara y pegó un sorbo a la bebida. Ah, placer de dioses. Uno de los perros se le acercó y le restregó su cabeza contra la pierna. El moreno le acarició y se terminó el café.
Se puso el abrigo y salió del apartamento en dirección al estudio de Hannibal. Habían quedado para que Will hiciese un trabajo conjunto con Alana, ya que al ser fin de semana, ambos tenían libre todo el día. La idea del trabajo había sido, sorprendentemente, del artista, que, según le había explicado, era para evitar futuras discusiones entre la estudiante de psicología y él sobre ese tema.
Al de ojos azules le parecía bien, ya que habían hecho las paces y no le importaba posar junto a otra persona. Unos minutos después, estaba llamando al timbre de la puerta principal del estudio. Cuando la puerta se abrió, entró en el edificio y subió las escaleras. Cuando llegó al piso correspondiente, la puerta del estudio estaba abierta y Alana le esperaba apoyada en el marco de esta. Él habría hecho un saludo con la mano o la cabeza, pero ella ya se había puesto de puntillas para darle un beso en cada mejilla. Inmediatamente después, la castaña entró en el piso y Will la siguió, cerrando la puerta tras de sí.
El estudio estaba más despejado que de costumbre, habiendo más espacio en el lugar donde el moreno solía posar. Tenía sentido, ya que ahora no estaba solo él. Dejó sus cosas en su lugar habitual, comportándose como si estuviese en su ambiente natural, hecho que sorprendió a Alana.
- ¿Y esas confianzas?- preguntó ella, con un tono curioso.
- Digamos que trabajar bastante te hace acostumbrarte al entorno.- sonrió él. Y, para su sorpresa, ella soltó una risita. El propietario del lugar salió de la pequeña salita continua a la principal y lo saludó. Se sentó en su taburete, detrás del cuaderno y sonrió.
- Bien, ahora, acercaos el uno al otro. Alana, pon tu mano en el hombro de Will. Un poco más abajo. Así. Will, tu mano izquierda en tu codo y la derecha en la de Alana. La de tu hombro, sí.
Con el perfume penetrante de la castaña embriagándole, cerró los ojos un momento. Al abrirlos, ella tenía flores en lugar de ojos y Hannibal, cuernos parecidos a los de un venado. Parpadeó varias veces y, al fijar la mirada otra vez, las cosas habían vuelto a la normalidad. Respiró pesadamente. Joder pensó. Tengo que dormir más.
El rubio dio algunas indicaciones más y Alana le obedeció. Lo mismo hizo Will, intentando olvidar esa alucinación. Un momento más de pausa, manteniendo la postura. La chica movió un poco el cuello y le dedicó una mirada que él no sabía interpretar. No podía centrarse en sus ojos. No podía hacerlo, no ahora, cuando acababa de verlos con flores.
Perdiéndose de nuevo en sus pensamientos y mirando al infinito, se dio cuenta de una cosa. Una única flor de color lavanda estaba en el fondo blanco de un lienzo, apoyado en una de las paredes.
Ahí fue cuando Will descubrió dónde había visto por primera vez las flores. En uno de los cuadros de Hannibal.
