Will se pasó una mano por el pelo, intentando chafar un mechón indomable que se negaba a quedarse pegado a su cabeza mientras que en la otra sostenía una bolsa con la botella del vino más barato que pudo encontrar. Dejó su pelo y empezó a juguetear con las asas de la bolsa, extrañamente nervioso.

Solo es una cena en casa de Hannibal. pensó Ya has cenado aquí mil veces, no hay nada raro ni malo. Solo es Hannibal... la puerta se abrió y el artista le invitó a pasar con amabilidad Solo es Hannibal. sonrió. Algo más tranquilo, entró en la casa.

- He traído esto.- le tendió la botella al anfitrión- Lamento que no sea un vino demasiado bueno pero, bah, qué más da, sabes bien que no tengo mucho dinero.- rió.

La sonrisa que tenía Hannibal en los labios se hizo aún más grande y aún más sincera. Este cogió la bolsa con la botella con una mano y con la que tenía libre tocó el hombro del otro. Fue un roce rápido y, a pesar de que el moreno no se dio cuenta, con una pequeña porción de timidez. La primera idea de Will fue ir a la cocina, sin embargo, el dueño de la casa le señaló con la cabeza el comedor.

- ¿Ya está todo preparado?- preguntó, sorprendido.

- Has tardado un poco en venir, así que me ha dado tiempo.

El de ojos azules guardó silencio y se acercó a la mesa. Sabía bien que a Hannibal le encantaba decorar la mesa de maneras distintas para cada ocasión. Esta vez, ésta estaba decorada con pétalos de distintas flores y en el centro, las flores lavanda. Will tragó saliva y recordó el sueño. Su respiración se volvió entrecortada. Se llevó la mano al cuello y e intentó respirar hondo.

- ¿Will?

Giró la cabeza tan bruscamente que se mareó durante unos segundos. El rubio le tendió el brazo para que se apoyase, cosa que el universitario hizo.

- Ne-necesito aire...- apretó el brazo del otro, quizá con demasiada fuerza. Ambos se acercaron a la ventana y Hannibal la abrió. El moreno sacó la cabeza por ella y una ráfaga de aire fresco le golpeó de lleno en la cara. Un momento después, volvió a meter la cabeza y cerró la ventana.

- Lo siento.

- ¿Qué ta ha pasado?

- Me he acordado de una pesadilla. Y las flores... joder, las putas flores están en todas partes.

Un pequeño tic apareció en la ceja de Hannibal cada vez que una palabra malsonante salía de la boca de Graham, sin embargo, no dijo nada. Acompañó a Will hasta su asiento y luego procedió a servir la comida, explicando qué era cada plato, aun a sabiendas de que el de ojos azules no le estaba prestando mucha atención. Cuando el otro se sentó, empezó a comer. Un gesto mecánico, sin pensar. Su mente estaba creando un jardín de flores lavanda. Hannibal comía también en silencio, mirando de vez en cuando a su invitado. La oferta había sido impulsiva, algo que no era propio de él. El moreno levantó la cabeza y, por primera vez desde que se habían sentado, sus miradas se cruzaron, aunque el contacto visual no duró demasiado. Will apartó la mirada rápidamente, mascullando algo y metiéndose un trozo de carne en la boca, arrepintiéndose, sin saber exactamente por qué, de haber dejado de mirar. De repente, el teléfono sonó. Hannibal se levantó de la mesa con una disculpa y lo cogió.

- Ahora mismo no puedo atenderle, llame dentro de una hora.- colgó y volvió a la mesa.

El resto de la cena transcurrió con normalidad.

- ¿Por qué sigues apartando la mirada, Will?- dijo el rubio, mientras empezaba a recoger.

- Sabes que no me gusta mirar a los ojos. Te distraen, dicen demasiado, no dicen lo suficiente.- masculló.

- Normalmente a mí si que me miras a los ojos. ¿A qué a venido este cambio?

Will no contestó porque no sabía cuál era la respuesta.