—Mejor suerte para un próxima.

—Asumo que para esa próxima volverás a acompañarme, right?

Raaaaaiiiiit… o como sea que se pronuncie.

—Vas bien, vas bien.

—Cállate…

Hombro a hombro, caminaron en silencio por una de las angostas calles con dirección a casa. Ichimatsu y Karamatsu habían pasado un par de horas en el pachinko, pero desafortunadamente ninguno de los dos había ganado nada. Al menos desde el punto de vista de Ichimatsu, porque para Karamatsu no había nada más valioso que el tiempo que ambos podían compartir, ya sintiéndose todo un ganador con solo haber estado sentado al lado de su hermano menor en aquellas cortas tres horas. Estaba siendo sentimental, bien. A las mujeres les gustan los hombres sentimentales, al menos a ellas. A Ichimatsu no le gustaba para nada esa faceta suya –o al menos eso había dejado en claro más de una ocasión en que él había intentado seducirle– ¿Y cuál sería la mejor manera de llegar a Ichimatsu? Eso Karamatsu desconocía, pero estaba trabajando en descubrirlo.

—…

Ichimatsu se mantuvo quieto, mirando directo a una maquina expendedora de gaseosas. ¡Bingo! La oportunidad estaba frente a él y todo apuntaba que sería una manera perfecta de ganarse la aprobación de Ichimatsu. Karamatsu era, lejos, del tipo que buscaba complacer a todo el mundo. Aprobación, sin duda. Pero con Ichimatsu era todo más difícil –y como buen tipo que era, de aquellos que solo escuchan lo que quieren escuchar, no asimilaba que Ichimatsu no era el único difícil de encantar entre el montón–, no imposible, trabajaría arduamente por recibir un mejor trato por parte de su querido buraza. Solo tenían que darle un chance y este era el que había estado esperando desde hacía tanto.

Luego de que Karamatsu gastara los últimos mil yenes en dos refrescos de quinietos, tomaron asiento en una de las tantas bancas correspondientes a una de las tantas paradas de buses cercanas a casa. No estaban ni muy lejos, ni muy cerca.

—Momento perfecto para tomar un refresco junto a my dear little brother Ichimatsu, right? —Karamatsu sonrió con candidez, mirando directamente a Ichimatsu. Brazo izquierdo sobre el respaldo y la pierna izquierda sobre la derecha. Ichimatsu se encogió de hombros, sin mirarle, y ambos continuaron bebiendo a pequeños sorbos las latas de Coca-Cola Zero y Dr Pepper en silencio.

Rápido, Karamatsu necesitaba decir algo o simplemente hacer algo. Estaba perdiendo la oportunidad por mera torpeza, pero ¿qué…

…No es de esa forma. Estaba bastante cerca.

¿Eh? ¿Lo estaba?

¡Si, si lo estaba!

Inmediatamente su radar de Karamatsu Girls se encendió y emitió luces y ruiditos en su cabeza. ¡Qué perfecta oportunidad para impresionar, no solo a aquellas hot babes sino a Ichimatsu de paso! ¡Dos pájaros de un tiro!

Las risas de ambas chicas, frente a la máquina expendedora –a unos cuantos pasos, cruzando la calle, de donde ambos se encontraban sentados–, también lograron llamar la atención de Ichimatsu. Sus ojos pasaron de ambas féminas hasta dar con el rostro de Karamatsu. Tenía ese molesto brillo en su mirada. Olfateó el espeso y hediondo aroma a masculinidad que Karamatsu emanaba de cada poro. Ichimatsu curvó los labios, en una mueca de hastío, y alejó la textura metálica de estos.

—¿Por qué no vas allí y me muestras que es lo que puedes hacer, Karamatsu nii-san?

—¿Eh?

Karamatsu volteó por completo hacia Ichimatsu y, como por arte de magia, el aroma desapareció. Ichimatsu parpadeó un par de veces intentando asimilar que era lo que sucedía. Este sujeto, frente a él, había no solo cambiado de expresión y postura en un abrir y cerrar de ojos, sino que también lo había hecho con su aroma. ¿Qué era eso? Ichimatsu frunció el ceño, desconfiando completamente de la tonta sonrisita que Karamatsu le dedicaba. No podía confiar en él… Ni quería tampoco.

—Sabía que este día llegaría, dear buraza. Es el momento en que tu joven y solitario corazón sea cautivado y encaminado por las habilidades indiscutidas of your big brother, The great Karamatsu. Don worry baby brother, solo observa, estás a punto de aprender de un maestro del amor.

Karamatsu peinó su flequillo y, colocándose sus anteojos negros de sol, caminó a paso seguro en dirección hacia las muchachas.
Ichimatsu suspiró, jugando con lo poco y nada que quedaba de líquido en su lata. A decir verdad no le interesaba en lo absoluto la vergüenza que Karamatsu estaba a punto de pasar por su maliciosa petición. De hecho, totalmente normal que toda su existencia fuera una vergüenza. Patético y no solo eso, Karamatsu no quería darse cuenta.
Analítico, Ichimatsu no se permitió correr la vista a lo que fuera que fuera a pasar, ¿por qué? Porque…

Karamatsu puso su mano sobre la máquina –sonriendo coquetamente– antes de que una de ellas se agachara a recoger la bebida que había escogido. Vaya susto que la pobre chica se llevo cuando vio a Karamatsu frente a ella tan cerca. Ambas chillaron y no conformes con golpear a Karamatsu con sus bolsos, lo persiguieron unos cuantos pasos, mientras este se cubría con sus brazos el rostro y torpemente intentaba –al parecer por sus desesperados gestos faciales– de disculparse por el mal entendido.

"No soy un pervertido, solo un pobre, doloroso y patético virgen que desea un poco de contacto humano", Ichimatsu sonrió de medio lado, murmurando e imitando el tono de voz de Karamatsu, bastante divertido.

Ambas muchachas chillaron un poco más y se largaron de allí a paso rápido. Karamatsu quedó en pie, con la espalda encorvada y sobándose el brazo derecho. Sus lentes de sol había caído cerca de la máquina expendedora y al parecer se habían torcido bastante, puesto que una vez recuperados, se los colocó nuevamente, pero una de las varillas ni con suerte logró tocarle la oreja.

Caminando con una sonrisa avergonzada, derrotada y adolorida, tomó asiento al lado de Ichimatsu, en silencio.

Ichimatsu le observaba sin ninguna clase de vergüenza. Directo a su persona. ¿Qué acababa de pasar? No sabía si mearse de risa, sentir asco y pena de lo patético que podía llegar a ser o simplemente mearse de risa y todo en su cara. Una gran meada, junto a una gran risotada. Pero, pese a toda emoción vil junta, sintió –muy dentro de él– algo de incomodidad.

— Me…

—Lo siento.

—¿Eh?

—No sé que pasó, estaba seguro de que seguí cada paso al pie de la letra. No te preocupes buraza, este solo fue un ensayo. Solo uno, también te tocarán malos días como este, pero…

—¿AH? ¡Fuiste humillado por dos chicas veinte kilos menos que tú! ¿De qué estás hablando, Kusomatsu? HU-MI-LLA-DO. ¡Un chiste! ¡Mírate! ¡Eres un gran chiste! Y eso no es lo peor, lo peor es que no quieres darte cuenta que-

—¿Sabes hacerlo mejor? ¿Podrías enseñarme?—Ichimatsu abrió la boca, incrédulo. Karamatsu le miraba pensativo, pidiéndole en silencio el cooperar con lo que fuera que se lo hubiera cruzado por la mente.

—¿Estás escuchándome?

—Tal vez puedas mostrarme en que fue que fallé. ¡Por favor, Ichimatsu-sama! —El segundo hijo mayor de la familia Matsuno juntó ambas palmas al nivel de su frente y suplicó por ayuda. Ichimatsu sonrojó. Ni en broma volvería a actuar de manera tan lamentable, no esta vez frente a él, aunque sería una muy buena oportunidad para mostrarle lo doloroso y fuera de contexto que podía llegar a ser la mayor parte del tiempo. Lo estaba considerando, aunque su expresión de disguste dijera lo contrario.

—¡¿Ah?! N-no pienso hacer algo tan estúpido, además…

—Claro, faltan algunas hot babes para eso. ¡Ya sé! Puedes practicar conmigo.

Karamatsu se ofreció con seguridad. Ichimatsu se puso de pie y de no ser porque Karamatsu fue rápido y tironeó de su manga, Ichimatsu ya se hubiera encontrado en otra ciudad, muy lejos de allí, pero especialmente muy lejos de él.

—No. Nuestro tiempo de caridad terminó. Me voy a casa.

—¡Ichimatsuuuu! ¡Por favor, realmente necesito tu ayuda! ¡Es importante, Buraza!

—¡¿Cuantas veces tendré que decirte que voy a matarte como para que me dejes en paz?!

—¡Somos hermanos, no puedes huir de esta conexión tan poderosa que nos une, Buraza!

Ichimatsu se detuvo, relajó los hombros y volteó a observar a Karamatsu.
Karamatsu tenía una expresión estúpida, como si intentara tragarse una sandía.
«Bien», espetó para nuevamente sentarse a su lado. Karamatsu festejó en silencio su triunfo y, cruzando ambos brazos y las piernas, cerró ambos ojos –con aquellas chuecas gafas negras aún puestas–, esperando paciente por su hermano.

—¿Qué se supone que esperas que haga? ¿Ah?

Ichimatsu sonrojó, incómodo. Su vista lo más lejos posible de Karamatsu. Sentía el rostro arder, puesto que toda la situación era estúpida y por no empezar a nombrar que en primer lugar tendría que seducir a Karamatsu. Seducir quedaba bastante grande para lo que intentaría que hacer. Sí; encantar bestias, mucho mejor.
Oh, pero si solo fuera más honesto consigo mismo. Si tuviera el valor como para sentirse completamente contento de que Karamatsu estaba prestándole el cien porciento de su atención. ¡Qué diablos! ¿Por qué no podía simplemente admitir abiertamente que él, Matsuno Ichimatsu, estaba completamente, por no decir locamente, enganchado de aquella dolorosa, pero atractiva, manera de ser de su hermano mayor. La admiración estaba a un pelo de gato por sobre aquel sentimiento enfermizo que mantenía muy bien guardado en lo más profundo de su caótico y complicado ser.
Karamatsu esperaba, y vaya que tenía paciencia. Tomando aire, Ichimatsu desvistió a Karamatsu de las gafas oscuras y se las colocó. Karamatsu abrió uno de sus ojos y enfocó la imagen de Ichimatsu con las gafas puestas. Le estaba mirando de una manera que normalmente le haría chillar como nena, pero todo lo que podía sentir era ternura por lo patoso que lucía Ichi con aquel maltrecho par puesto.

—Estás haciendo todo mal, como siempre. Bien, primero… Tiendes a sonreír mucho y eso espanta. A mi me espanta, no me gusta, es sospechoso. Además, tienes una cara que produciría arcadas, pero yo tengo la misma, por lo que está bien, puedo lidiar con ella. Oh, claro, claro. Esto. Esto es bastante, ¿cómo diría Totty? Ah, si. Pasado en el tiempo, o algo así… Aunque por mi están bien. Están algo dobladas, pero si lo doblas un poco, es- —Ichimatsu detuvo su monólogo cuando observó los ojos de Karamatsu fijos en los propios. Su rostro tomó el color de un durazno maduro.

—No se siente tan mal, ¿verdad?

Karamatsu sonreía de una manera honesta, casi con melancolía. Ichimatsu simplemente desvistió las gafas y las mantuvo en sus manos. Karamatsu suspiró y dio una mirada rápida a ambas latas bajo sus pies.

—Toma.

Ichimatsu ocultó su rostro. Estiró su mano derecha y le entregó las gafas.

—Gracias.

Karamatsu las recibió. Las observó fijamente, pero sus ojos no duraron mucho tiempo lejos de la figura de su hermano menor.

—Yo…

—Esta bien. Simplemente quería algo de atención.

El rostro de Karamatsu se tiñó en rojo. Sonrió torpemente jugando con las gafas entre sus manos. Realmente estaban desechas. Rió entre dientes, encogiéndose de hombros y sintiéndose tonto. No las desecharía, mal que mal, Ichimatsu las había vestido y eso, aquello era un recuerdo que se debía atesorar más que nada. Conocía a Ichimatsu y su dificultad por demostrar sus verdaderos sentimientos. Ichimatsu no era de palabras, pero sin duda sus acciones trascendían por sobre las confusas letras.

Aunque Ichimatsu dijese que no queria, él sabía que sí quería. Aunque Ichimatsu dijese que no le quería, él sabía que sí le quería. Asique... Más claro que el agua no podía ser para él.

—Ya es tarde.

—Si, es algo tarde.

—Regresemos a casa.

—Hm.

Karamatsu rompió finalmente el hielo. Tomó ambas latas a medio vaciar y se levantó del asiento. Ichimatsu le observó caminar lejos de él.
Cuando Karamatsu regresó de botar ambas latas al basurero, observó como Ichimatsu le esperaba en silencio, con una expresión graciosa en el rostro, como si temiera que él abriera la boca y dijera algo vergonzoso. «Calma, my Little buraza, no hay nada con lo que pueda molestarte», pensó Karamatsu sonriendo en un suspiro.

Dieron unos cuantos pasos antes de que, tímidamente, Karamatsu tomara la mano de Ichimatsu.

—Me lo debes, buraza.

—Haz lo que quieras, Kusomatsu.

—Bien.

—Bien.

Ninguno deshizo la unión de ambas manos y en silencio, caminaron a casa.