GIRASOLES Y 18 CARTAS

CAPÍTULO VII

"FREDERICK"

Estaban en el auto, Alfred iba de copiloto mirando por la ventana la arquitectuta de aquella ciudad antigua, vagando brevemente en el pensamiento que, si Iván le hubiera pedido vivir ahí, el si hubiese aceptado. Cada vez iban alejandose de la ciudad e iban internandose a lo que era la zona de los suburbios, no deseaba ir a la casa de Braginski, por la sencilla razón de que ahí estaría su esposa y el niño que tenian, era demasiado humillante, pero había aceptado por la promesa que pactaron. El movil iba deteniendose, hasta que se estacionó en las afueras de una casa con muy refinada fachada, clásico de cualquier ruso. Descendió del vehículo con una cara fúnebre, y como no estarlo si estaba en la casa de la "señora esposa" de Iván, que había usurpado su lugar, sin contar al menor que era hijo de ambos. Se dirigieron a la puerta principal, donde, al tocar el timbre, la mujer fue quien salió a recibirlos, la dama, acostumbrada a ser cariñosa con su esposo, le recibió con un dulce beso en los labios, algo que irritó al ya enojado americano. Ella les hizo pasar y comentó que tenia que irse a trabajar, habló a solas en voz baja con su marido y no le quedo de otra a Jones de callarse, hacerse al tonto y aguantar su coraje, ese odio inmenso hacia esa mujer.

Al poco rato la dama se despidió cortésmente y procedió a retirarse, tanto él como Iván suspiraron al estar solos, era muy incómodo tenerla cerca, pues parecia que tarde o temprano ella descubriría lo que habian hecho.

Por ahora ya no estaba Amelia, así podría ser más fácil que le mostrara lo que tanto había insistido el ruso.

-¿Quieres bebe algo?-

Alfred asintió la cabeza -Algo caliente deseo tomar-

-Ese "algo caliente" es Vodka o chocolate-

-Vodka...- dijo enseguida.

-Buena elección- se fue a la cocina a preparar las bebidas.

En ese momento aprovechó para pasear por la sala, miraba a detalle cada artículo que habia en el, desde lo más vistoso hasta lo más insignificante, cada que se percataba de algun objeto que le agradara, odiaba más estar ahí y aun amarlo. Sumido en su pensamiento de rencor hacía Braginski, dió un brinco en su lugar al oír como se caía un objeto en el techo, había olvidado por completo al niño, apretó los puños y en ese instante Iván ya habia cruzado toda la sala para ir donde el sonido habia acontecido, detestaba todo, odiaba todo de él, no entendía el porque aun le amaba.

Al ver que el eslavo no bajaba, decidió ir él mismo por su bebida, queria entrar un poco en calor por el frío y de paso desestresarse de aquel ambiente familiar perfecto. Al llegar a la cocina miró la botella de Vodka enseguida y el vaso vacío en un costado, pronto lleno aquel recipiente de esa bebida que le calmaria. Bebió como agua ese liquido, se limpió la boca con la manga de su ropa, sentia como corría por su gargante el calor y se estacionaba en su panza, la calides llegó en instantes pero aun su mente seguía estresada.

-Maldito, no sé que hago aquí, soy un imbécil-

Iván ya había bajado de las escaleras y estaba ya debajo del marco de la puerta de la cocina, escuchando la queja de su amado, se acercó al rubio y le tomó del hombro desprevenido, Alfred le respondió con un empujón y caminó al otro lado de la mesa serio y muy molesto.

-Te dije que no me tocaras, no quiero que tus manos vuelvan a tocarme nunca más, ¿te quedo claro?-

-No, me niego a hacerte caso- replicó el albino -¿Por qué eres tan obstinado?-

-No soy obstinado, tú eres el imbécil que quiere que le crea que ama después de haberse casado y hasta haber tenido un hijo, no me jodas, tengo cara de idiota pero no lo soy-

El otro hombre bajó la mirada y se cubrió un poco la cara con su bufanda azul, se mordió los labios sin saber que decir, cada palabra estaba llena de verdad, desvió la mirada y luego furtivo le hizo frente, caminó lento hasta aproximarse donde el americano, habían cosas ciertas visibles, pero no se imaginaba las cosas ciertas invisibles. -Tu tienes idea de como es vivir tanto tiempo sin la persona que te complementa, sabes bien como es vivir sin él, sin esa bella sonrisa genuina de felicidad, eso besos tan efusivos, que, aunque fueron muy pocos, son los mejores besos que he recibido-

-Alejate, no te acerques e intentes tocarme-

Sonrió el mayor extendiendo los labios al oírlo -Sabes, ya no somos esos jovenes, no estamos en guerra, ya somos adultos y sabemos dialogar, pero tú pareces seguir en tu necedad de no permitirme decir que te he amado todo este tiempo, darte cuenta que solo tienes que decirme sí y aceptarme lo que soy ahora como yo acepto quien eres ahora, he cometido errores, quizas mi error fué creer que ya no me querias, creer que ya habias podido rehacer tu vida, mi error fue no luchar por ti, no ser fuerte como para ir por ti, desesperarme y casarme con quien crei que tenia parentezco a ti y fingir una familia feliz, actuar feliz cuando no lo estaba, porque tú siempre estabas en mi mente, siempre, es difícil borrar tus gestos de mi cabeza, el olor de tu cuerpo, el color de tú cabello, tú voz, tus ojos y tú nombre-

Jones tenia la cabeza inclinada, escuchando cada palabra, pero se negaba a decirle sí, se negaba a quitarle su esposo a una mujer y un padre a un niño, aunque Iván le pertenció desde hace mucho, ahora, ese Iván era de ellos -No, no aceptare, no te aceptaré, así pasen otros diesciocho años más no voy a querer estar contigo, te casaste, te casaste...te casaste Iván-

-Me sacas de quicio ahora, antes no lo hacias, eres necio, un bruto, a ti solo a golpes y forzado entiendes- forcejeó con el rubiohasta poder someterlo, le hizo una llave para inmovilizarlo en la mesa de la cocina, solo de esa forma quizas entendiera - Eres demasiado idiota, no te callas y te cierras a creer solo una cosa- pegó su cadera a los glúteos de Alfred, era demasiada la cercania que el sometido soltó un suspiro.

-Mmm...aléjate, hazlo ya antes de que arrepientas-

-No me amences, estoy hartandome de tu actitud, escuchame, parece que solo así puedo domar a la fiera en la que has convertido- se acercó tanto hasta quedar sobre él y hablarle en detrás de la oreja -Alfred, te amo...-hizo una pausa -Fué mi error, lo sé, no quiero que me dejes, no podré resistir una segunda vez, no quiero, me rehuso, vivir sin ti no es vida, creeme, ese amor que sientes, también lo siento por ti, si piensas que no voy a dejar a Amelia estas equivocado, así no quieras estar conmigo, voy a decirle la verdad a esa mujer que solo a sido buena conmigo no merece que siga creyendo que la amo cuando no es cierto, la quiero y le agradezco pero no la amo, tenemos un hijo al que amo como padre, tener un hijo no significa que ames a la mujer, un hijo es agradeciemiento, de él no me arrepiento, te amo, amo esos ojos azules que podian hacerme alucinar durante horas en un cabaña en medio de tormenta de nieve, esa voz que efusiva repetia mi nombre tan preocupado o alegre por mi, esa maravillosa sonrisa que podia hacer latir mi corazón y llenarme de vitalidad-

El americano sintió un crujir en su pecho, cada palabra agrietaba su duro corazón, cuartiando esa piedra que había hecho en el para que no cayera en él.

-I-ván...- se oyó su voz cortada, lo amaba, y aunque queria ponerse duro con él, no podia, había algo que él lograba hacerle caer. Iván al oirle de esa manera le soltó lentamente y se alejaba un poco, a lo que Jones se volteaba a verlo, con la cara llena de sentimientos, no pudo evitarlo más, Braginski terminó por abrazarlo y buscaba esos labios desesperado para unirse en un beso que ya necesitaban, Alfred había iniciado la invasión de bocas, eso le llenó de alegria, lo sujetó de la cintura con su brazo derecho y con la izquierda limpiaba las lágrimas de Jones que se derramaban por esas mejilllas, ya no queria verlo llorar jámas, menos sabiendo que la razón era por las cosas que había hecho.

Encantados con esos besos y caricias, poco a poco, el calor iba subiendo, el ruso soltó un jadeo, su miembro ya andaba ovacionando al americano, poniendose un poco más altivo. Por su parte Alfred sentia lo mismo, esas inmesas ganas de estar con ese hombre, pero en su mente aun se rehusaba, internamente era una lucha entre los deseos de su cuerpo y su conciencia. Iván habia observado con detenimiento el titubeo de su amante, siempre habia sido así, nunca iniciaba nada, por lo que optó a tocarle las piernas e ir subiendo hasta esa cadera y llegar a su destino donde ese par de montañas músculares empezaban, como amaba ese gesto lleno de erótismo que el rubio ponia, le mordió el labio inferior mientras sus ojos miraban los azules de este, una bella imagen, tan cerca de él.

Todo iba de maravilla, el blondo ya habia puesto una mano sobre el pecho del albino, con eso concedía lo que seguía a esas muestras de afecto, pero fueron interrumpidos por una vocecita somnolienta proviniente de las escaleras de la casa.

-Papi...quiero agua..-

Jones enseguida reaccionó frunciendo el ceño, empujándolo, estuvo a punto de caer en algo que no debia otra vez.

Braginski al oír a su hijo soltó al rubio-Frederick...- murmuró.

-¿Qué?..- respondió Alfred algo serio, esperaba respuesta a ese murmuro pero vaya sorpresa se llevo, pues Iván habia volteado a ver a su hijo que ya habia llegado a la cocina, aquel murmullo no había sido para él, si no, para ese pequeño. Se quedo viendo al niño con los ojos abiertos, le daba vueltas ese nombre suyo que compartía con el menor, no sabía si sentir coraje o celos, ya nada lograba definir en sus sentimientos.

-Me das agua por favor-

-Si, espera...-respondió el ruso y tomó un vaso para servirle agua a su hijo.

Momentáneamente, el americano miró al niño y viceversa, el infante le sonrió, Alfred no sabia que hacer, estaba tan lleno de sentimientos que lo que hizo fue salir corriendo de la cocina y salir por la puerta principal de la casa. Esta vez Iván no pudo seguirlo, ganas no le faltaban pero tenia que llevar a su hijo a acostar.

-Ten...- le extendió el vaso de agua -Bébelo...-

Asintia obediente el chiquillo, bebió el agua y tomó la mano de su papá - ¿Ese señor es tú amigo papá?-

-Así es Frederick...tú y él tienen el mismo nombre- recordó vagamente cuanto batalló con su mujer para que su hijo se llamara así.

-Pero yo soy tú unico Frederick jijiji...-

Iván negó y le ayudo a subir las escaleras -Ambos son mis Fredericks, pero shhh-

El niño negó serio receloso, pero no dió vueltas más al asunto, al llegar a su habitación se acostó en su cama y se durmió minutos después. Bragisnki suspiró, se alejó pronto de la habitación y bajó, tenia que buscar a Alfred, cada que había algo que podia unirlos siempre sucedia algo que les separaba, salió a la calle y miró a todos lados, ¿dónde se habria metido?, ¿dónde estaba?, una luz de esperanza fue al recordar un pequeño parque en la esquina de su casa, quizas ahí se encontraba su amor. No dudo en emprender camino hacia él, así que corrió hasta poder visulizarlo parado debajo de un árbol con la cabeza inclinada, corrió hasta él, Alfred se rehusaba a levantar la vista incluso cuando se plantó frente a él, ¿que iba a decirle?, no sabia ni por donde empezar a explicarle.

-Poder de la paz...es lo que significa ese nombre- hizo una pausa -Y...tenias que ponerle mi nombre...- esa melena rubia se movió en negativa, la voz se le entrecortaba más y más -Mi nombre...¡le pusiste mi nombre a tú hijo!-

-¡Si!, le puse tú nombre, insistí en ponerle ese nombre porque tenias que estar presente de una forma en mi vida, ¡cada que pronunciaba el nombre de mi hijo estabas presente en mi mente!, queria que estuvieras conmigo de alguna forma-

-Estas mal...- replicó Alfred - Ya no aguanto todo esto, me enfermas, cada día aparece algo para aborrecerte más, mañana me ire, quiero estar ya lejos de ti, no quiero saber ya nada de ti y de tu asquerosa familia, te odio, los odio, odio tu maldita vida feliz, odio a tú hijo y su nombre como el mio...-

-Estas celoso...estas celoso, me amas y estas celoso-

-¡No es cierto!-

-Si lo estas, estas celoso de que el se llame como tu, tus palabras sonaron como celos que a odio real-

-Cree lo que quieras, te odio...ya dejame en paz-

-Te dejare en paz mañana, quiero que veas un lugar conmigo, si después de eso ya no deseas estar conmigo, prometo que me encargare de no volver a fastidiarte nunca-

-No prometas nada que no cumpliras, jamas cumples tus promesas- mordió sus labios y se cruzó de brazos.

-Lo haré...- vió como se mordia sus labios, esos gestos de ansiedad le gustaban mucho viniendo de él, vagamente penso en que no habia nada que no le gustara de él, sin decirle nada se acercó rápido a robarle un beso fugaz de esa boca, estaba desprevenido que ni tiempo tuvo Alfred de evadir ese beso -Te amo...-

-No es cierto...ya no mientas-

-No he mentido nunca, te amo...-

-Basta, ire al hotel, mañana muestrame lo que tanto quieres que vea, te veo en el mismo lugar que hoy- se aclaró la garganta y frotó sus manos para darse calor, la temperatura era baja.

-Si te digo quedate conmigo, ¿lo harias?-

-Jamas me denigrare a estar en tu casa con tú familia-

-Entendido...- no habló más, siempre hacia hincapié en esa desicion loca que tuvo que ya empezaba a molestarle el insistirle - Descanza-

- Mmm...-

Esta vez le dejaria irse solo, sin detenerlo, asi que se regreso a casa, empezaba a entender que quizas Alfred tenia razón, negaba el creerlo, pero si él reclamaba aquel acto suyo y a su hijo, en un futuro, si llegaban a estar juntos, seguiria haciendo lo mismo y no seria bueno para ninguno. Olvidarlo...es una opción.