GIRASOLES Y 18 CARTAS
CAPÍTULO VIII
"RECUERDOS 5"
Un repentino ruido le desperto de aquel bello sueño que tenia, de nuevo en aquella cabaña perdida en el bosque, ese sueño era rutinario ultimamente, demasiado grato y distante a la realidad, ahora empezaba a tomar en cuenta aquellas palabras, que de esa boca amarga por el rencor, se habia atrevido a decir, olvidarlo. Simplemente no las aceptaba, no podia razonar la simple idea de olvidar lo que paso, tantos años que lo recordaba, tanto tiempo amandolo, era inconsebible tan descabellada idea, pero, por mas tonta que pareciera, estaba llena de verdad, por un instante se puso en los zapatos de su amado, el solo hecho de imaginar que Alfred se casara con una dama y que tuviera un hijo le parecia lo mas doloroso, por fin entendió a lo que se refería el joven de los ojos colo cielo. Trataba de darse autoconsuelo, no habia más que hacer, debia ya de una vez por todas , dejar ir a ese hombre emocionalmente. Apretó los puños fuerte, se mordió los labios para ahogar un grito de desespero, hoy perderia definitivamente a quien amo durante 18 largos años, ya no era un joven, era un hombre maduro el cual ya debia lidiar con las desiciones que tomó en toda su vida, eso era el hecho de no luchar por quien amaba.
Se levantó con desgano, se metió al baño y se miró al espejo, sonrió a su reflejo dándose ánimo, aun no podia creer que despues de tantos años, de tener miles de ilusiones con él, hoy iba a dejarle en paz.
Sin apetencia alguna se vistió, la cita la habia pedido él mismo y debia ir aunque fuera la ultima vez que lo veria, se imaginó el dolor y el llanto que debio padecer el rubio, todo por su culpa, aquel amor nunca debio ser suyo,empezaba a idearse ¿qué hubiera pasado si nada de aquello hubiese ocurrido?, Alfred estaria muerto, pues el iba a matarlo, se habia detenido por aquel rostro asustado joven, esa cara de facciones finas, esos ojos que suplicante le habian pedido no disparar, ¿por que la vida le habia jugado tan mal?, ¿por que estaba sufriendo en silencio tantos años?, muchas preguntas y pocas respuestas, no habia nada que pudiera hacer, solo seguir haciendo lo de siempre, seguir el curso.
Se dirigió a la cocina, saludo a su señora y a su hijo que estaban ya sentados en la mesa, Amelia estaba con esa misma bella sonrisa que todas las mañanas, le servia la comida como siempre, al mirar su plato, de nuevo se cuestionaba el ¿como hubiera sido su vida con Alfred?, apenas y quizo probar la comida, el desgano y la depresión que tocaban a su puerta era evidente, Braginski estaba mal. Claramente la mujer se dió cuenta, mandó al pequeño Frederick al jardín y se quedó con su esposo en la mesa a conversar, era la primera vez que le veia de esa forma, tan devastado sin razón aparente.
-Iván, ¿sucede algo?, te noto mal, ¿esta todo bien?- le puso una mano en el hombro.
Con tan dulce voz llena de gentileza no podia mentirle más, a ella jamás le había ocultado cosas, desde que se conocieron él le había contado de que estaba enamorado de una persona y que nunca iba a olvidar, ahora creia que era correcto contarle las cosas que habia ocultado en el pasado sobre aquel primer amor que tuvo en su jueventud. Se aclaró la garganta y la observó de una manera melancólica, no era fácil decirle lo que estaba apunto de declarar.
-Amelia, recuerdas que cuando nos conocimos, te conté sobre una persona que yo amé antes de conocerte-
La rubia asintió despacio, estaba pasmada por el hecho de que su esposo hubiera recordado a ese amor después de mucho, no reflejaba aquella impresión, pero si le causaba gran conmoción y ansiedad -¿Qué sucede con es eso?-
-Ese amor volvió...después de 18 años regresó- se levantó del asiento de la mesa y encaró a la otra, la tomó de los hombros y bajó su mirada -Perdóname...-
-No...no..-negaba con fuerza la fémina, era devastador el saber que Iván la había traicionado de esa manera- ¡¿Cómo pudiste?!, ¡desde cuando Iván!- su voz se quebraba y perdía las fuerzas para sostenerse de pie, se arrebató del agarre y cubró su cara- ¿Desde cuando?, dime...¿dónde fue?, ¡¿quién es ella?!- las lágrimas brotaban ya de aquel pulcro rostro nivea.
-Cálmate...-
-¡No!, ¿como puedes pedirme que ma calme?, me engañaste...a mí, a la madre de tú hijo...-
-Amelia, yo te lo dije, ese amor jamás iba a olvidarlo, mira cunato tiempo ya paso, diesiocho años, y le sigo amando como la primera vez...-
-Cállate, esas palabras solo me llenan de molestia y dolor, ¿por qué?, eras el esposo perfecto, ¿no me quieres?, ¡¿qué tiene ella que no tenga yo?!-
-De perfecto no tengo nada, tú...yo te quiero, te adoro, por eso tuvimos un hijo pero, no pude amarte como a esa persona...-
Se hizo un silencio inquietante, aun no sabía como responderia Amelia, ella se caracterizaba por tener un carácter tranquilo y felíz, jamás la había visto así, pero tenia que decir la verdad. No sabía como tranquilizarla.
-¿Desde cuándo me engañas?-
-Desde un día antes de la boda de tu hermana-
-Ella es americana, ¡ella estaba ahí!, por eso te ibas solo a pasear...oh my god!-
-Si, le vi de nuevo en el zoologíco, Amelia...-
-No...Iván...- el llanto se hacía cada vez más fuerte.
-Amelia...estoy enamorado de un hombre- al fin pudo exclamar lo que tanto tiempo habia callado, amaba un hombre y lo amaba con toda su alma.
La blonda abrió los ojos de par en par y frunció el ceño, una cosa era una infidelidad con otra mujer, y otra el que haya sido infiel con un hombre, puso una cara de asco, se cubrió la boca anónadada por lo que recien escuchaba, su esposo había amado durante años a una misma persona, y era un hombre.
-No me digas que ...es ...que es él- se referia a Alfred, el amigo aquel que un día anterior había llevado a casa.
-Es él-
-No quiero verte, vete ya, te enviaré tus cosas y el acta de divorcio firmada-
Guardó silencio ante el dolor de su aun esposa, sabia que sentia, pues el estuvo viviendo lejos de su amado mas de una década, esperó un poco para poder marcharse y luchar con sus ultimas cartas por Alfred.
-Que no te ame, no significa que no ame a nuestro hijo, amo a Frederick y de él no intentes alejarme que enojaré, no le digas nada, yo seré quien hable con él-
No respondió nada ante aquello, ni si quiera ella podia procesar que es lo que pasaba, se limpió el rostro, pues el menor regresaba del jardíncon pequeños caracoles para mostrarselo a su padre, mismo que se inclinó a besarle la frente y ver lo que traia, le abrazó fuerte y le sonrió, amaba a su hijo y era un amor que Alfred debia aprender a compartir.
-Amelia, el segundo nombre de él...es Frederick, por eso te insistí que le llamaramos así-
Cuando las cosas no podian ser peor para ella Iván le salía con más confesiones, molesta le miró, ya ahora todo tenia sentido, solo movió la cabeza de manera negativa y le dio la espalda, ella no lo merecia, pero no podia seguir mintiendole.
-Me ayudaste mucho...спаси́бо (spaciba)-
Besó la coronilla del pequeño que no entendia mucho lo que pasaba, abrazó a su padre fuerte diciendole que le queria, luego Iván procedió a retirarse, se subió a su auto y emprendió viaje, lo último que le quedaba era que Alfred le aceptara y tenia que demostrarle que jamás le olvido.
"Poco después de que Alfred fuera aprendido, Iván habia sido detenido por estar conspirando contra la nación al tener a un enemigo como aliado, iban a matarlo, aun recuerda bien como fue aquel proceso estresante, no le temia a la muerte si no al hecho de que cuando Alfred se enterara de su fallecimiento, el dolor que sufriría era lo que le mantenia preocupado, al menos sabia que él llegaría con bien a su casa, pues ya no estaba permitido que mataran a algun americano, al menos por ese tiempo, tuvo suerte. Braginski no se quedó atrás, por azares del destino un teniente abogó por él, explicando razones del porque tenia un lazo con el americano extraditado, dicha explicación, evitó que le asesinaran.
Al salir de la carcél no sabía por donde empezar a buscarle, Iván no había preguntado si quiera en que parte de Estados Unidos vivía, ni donde hallarle, fue frustante. Al paso de los dias la frustación le nublaba la mente, esas ganas inmensas de desaparecer le carcomia, Alfred estaba en algún lugar de Estados Unidos, se empezaba a preguntar si le recordaba.
Un día, mientras estaba sentado en un parque lamentandose el haber perdido a aquel hombre una pequeña se le acercó mirandolo a los ojos, esta parecia leerle bien el alma. -Señor, ¿usted también esta triste?-
Pasmado ante tal comentario acertivo de la menor asintió -Así es, estoy triste, extraño a una persona que no puedo tener conmigo ahora mismo-
La niña le tocó el hombro y le sonrió, tenia semblante de una experta en el tema -Yo perdí a mi mamá hace ya un año, sabes, la extraño mucho, quisiera decirle tantas cosas pero no puedo, ¿sabes que hago para no extrañarla tanto?-
-¿Qué haces?-
-Escribo cartas, le escribo cartas cada día especial, con la esperanza que algún día se las daré, asi sabra que nunca la olvide. Escribele cartas a la persona que extrañas, ten la esperanza que algun día se las daras, como extra, le agrego una rosa, a ella le gustaban esas flores-
-Lo haré, gracias...-
-De nada-
El tiempo transcurria y aun no sabia a donde ir, entre su angustia y soledad , las cartas empezaron a surgir tal y como la niña del parque le dijo, había escogido el dia en que lo conoció como el dia especial, en donde se dedicaba a escribirle lo que sentia y plantó un girasol en la cabaña donde le había hecho el amor, el girasol era la flor con la que más lo relacioanaba a él, pensaba que tenia el mismo tonó amarillo de su cabello, desde entonces, siempre iba ahí a cuidar de la flor.
Sus conocidos le habían recomendado estudiar la universidad, aun era joven; así fue como a los 25 años entró a la universidad a estudiar el arte de la abogacia, ahí fue donde conoció a Amelia, una mujer 4 años menor, rubia, con una sonrisa parecida a la de su amor, desde entonces se mantuvo unido a ella porque le recordaba a aquel jovenzuelo que conoció años atrás.
Todos le recomendaban que se casara, pero Iván aun no renunciaba a su primer amor, hasta esa fecha, las cartas eran ya eran ocho, ochos años habían pasado y no dejaba de quererle.
Ya terminada la universidad, después de cumplir 29 años, le propuso matrimonio a la mujer, aceptando darse por vencido con Alfred pero no dejaba de escribirle las cartas mientras los girasoles seguian en aumento.
Al poco tiempo a Amelia se le ocurrió tener un bebé para unirlos más, al principio Iván no queria pero el deseo de esa mujer por tal hijo le hizo desear darle un regalo por no haberlo dejado solo.
Nació el pequeño al cual llamó Frederick, en honor a ese blondo, así se mantenia más cerca de él, al menos eso creia, el menor fue ganando su corazón hasta enamorarse de él, pero nunca dejó de escribir las cartas cada año y cuidando de los girasoles con la esperanza de darselos algun dia a su amor.
Incluso...ahora"
Llegó a su destino, descendió del vehículo y fue donde Jones estaba, pues ya había llegado.
-Vamos...-
-Okey...-
Se subieron al móvil, Alfred iba en silencio, un silencio que emanaba tristeza, pues aquel rostro americano tenia un aspecto de desolación.
-Daremos un largo viaje, iremos donde vimos por primera vez-
