Bueno, gente hermosa, sé que a la mayoría no les gustó el cambio que hice, pero juzguen más adelante, cuando la historia esté más avanzada, en fin.
Aquí les dejo otra entrega, después de no sé que tanto tiempo XD, pero la Uni me mata :s…
¡Bonn appétit! (?)
Una figura se paseaba de un lado a otro por un amplio jardín, el único sonido audible era el de sus pasos al caminar, el sol no hacía acto de presencia al parecer estaba escondido tras una gris nube, negándose a brindarle los últimos rayos del día.
-¿Señor?-una aguda voz detuvo sus cavilaciones y andar.
-Dime-volteó a ver al intruso.
-Su esposa llamó y dijo que llegaría un poco más tarde para cenar.
Una expresión de preocupación se dibujó en su nívea tez.
-Gracias, señora Rose.
La amable señora se retiró con una leve reverencia y lo dejó solo.
Dos semanas más y el plazo que me dio Yue se cumplirá-pensó mientras reanudaba su caminar sin rumbo fijo-. Esto era motivo tanto de alegría -puesto que Kaho se recuperaría y sus vidas volverían a la normalidad- como de miedo, aunque también se corría el riesgo de que algo saliera mal… ¡Dios!, ni siquiera considerar esa posibilidad, aunque según los pronósticos de los doctores que vio, y Yue, había muchas posibilidades de que todo saliera bien. Se recargó en uno de los tantos árboles que constituían el jardín, miró al cielo que ya mostraba una mezcla de los colores propios de un ocaso, aunque difusos ya que el cielo estaba parcialmente nublado.
En su mente giraban millones pensamientos acerca de la operación- ya había pensado en lo bueno, en las cosas que harían, que disfrutarían- pero se negaba a pensar en algún mal resultado, eso simplemente lo aterraba ¿qué haría sin ella? Ni él mismo lo sabía, no podía imaginarse algo así la vida sin ella simplemente no era vida. Tan absorto estaba que no se dio cuenta de la recién llegada persona que llevaba cinco minutos tratando de captar su atención.
-¿Eriol?-intentó una vez más, está vez casi gritando.
-Casi me matas del susto- se sobresaltó al escuchar una voz a su lado. Al girarse se encontró con unos imponentes ojos negros, una sonrisa pequeña, y aun así sincera.
-¿Qué le ha pasado a mi primo?-le miró fijamente-. Solías ser más perceptivo.
-Spinel-sonrió-, me alegra verte¿cómo has estado?
-Bien, primo, trabajando pero bien ¿y tú?
Eriol suspiró antes de contestar.
-Estoy terriblemente asustado-confesó son voz consternada.
-Lo sé, tienes que ser fuerte, por ti y por ella.
-Eso intento-lo miró angustiado-pero se me hace cada día más difícil disimular.
-Toda va a salir bien, ya verás.
Eriol no contestó, eso quería pensar…que todo estaría bien.
Nerviosa, eso era poco, estaba asustada; las dos últimas semanas fueron de lo más estresantes y cansadas; sabía que había hecho su trabajo bien, pero le intrigaba (por no decir aterraba) el recién llamado de Yue. Se lo había topado al salir de su turno y la había citado a primera hora; y ahora se encontraba ahí en esa oficina esperando la llegada de su jefe. Se sentó por milésima vez; la última media hora había caminado en círculos luego se sentaba y empezaba de nuevo, para distraerse en algo empezó a leer los diversos diplomas que adornaban la pared. Se detuvo casi a la mitad de la pared, en donde estaba una fotografía, era Yue y un joven¿por qué se detuvo en ella? Porque era muy llamativa, para empezar por el hecho de que Yue ¡estaba sonriendo! Y eso no era de todos los días y para rematar el joven que lo acompañaba, empezó a observarlo pero sólo pudo fijarse en sus ojos ya que la puerta se abrió en el instante en que recorría toda su figura.
-Lamento hacerla esperar-se disculpó.
-No se preocupe.
Yue tomó asiento en su respectivo lugar.
-Bueno, creo que se preguntará el por qué está hoy aquí.
Tomoyo asintió, incapaz de decir algo. Ese hombre le infundía un gran respeto.
-No voy a ahondar mucho en el tema. Mi amigo, su nombre no es relevante (por el momento), necesita de mi ayuda, yo se la ofrecí; el caso es que necesito un equipo de los mejores cirujanos para que me asistan-Yue hizo un silencio, dejando que Tomoyo procesara la información.
-Está bien, entiendo lo de su amigo, pero ¿esto qué tiene que ver conmigo? –preguntó confundida.
-La cuestión es que faltaba una persona para completar mi equipo, y quiero que sea usted¿qué me dice, acepta?
Tomoyo se quedó boquiabierta¿no se suponía que no se llevaban bien?
-¿Yo?-se señaló con un dedo y preguntó con genuina incertidumbre.
-Sí, usted, no sé por qué no lo cree. Para mí usted es una de las grandes promesas de este país. Es buena en lo que hace.
Guardaron silencio.
-Gracias, doctor, pero yo pensé que me consideraba inexperta o algo así, sus continuas intervenciones en mi trabajo, o sus…
-Recuerda que le pregunté si sería capaz de seguir mi ritmo-intervino antes de que continuara.
-Sí, pero…
-Mi objetivo era probarla, ver que tanta resistencia tenía.
Tomoyo se hundió en el sillón, meditando los nuevos sucesos.
-¿Y qué es lo qué tendría que hacer¿Cómo es que está dispuesto todo?
-Eso es un sí.
-Es un dígame cómo están las cosas y veremos.
-De acuerdo.
Yue le contó los detalles más relevantes como: el caso clínico, la paga. Cuidando no revelar el nombre de Eriol Hirawizaga, ya que no quería que saliera a relucir.
-
-
-
¿Aceptar o no aceptar?-pensaba Tomoyo, estaba en su cama recostada- repasó las posibles respuestas, aceptar implica; marcharme a Inglaterra por una semana, dejar mi trabajo, aunque con permiso, y por otro lado alejarme de esta rutinaria vida y no aceptar; no hay nada bueno que lo refute, mejor si. Esto la ponía nerviosa ya que era la primera vez que la contrataban por afuera del hospital para dar sus servicios, la paga era buena, muy buena de hecho. Le intrigaba saber quién esta atrás de esto, claro aparte de Kaho Mitzuki, aunque sabía que a Yue no le sacaría nada, ya se enteraría después.
Un día libre, eso necesitaba, según Yue "Para pensar bien" aunque ya tenía su respuesta, pero bueno si Yue insistía ¿qué le podía hacer? Ahora disfrutaba de un hermoso día, el frío aun se sentía pero no con tanta crudeza, tomó un pequeño sorbo de su café, y miró el panorama; niños corriendo y otros más jugando en le antigua figura del pingüino, una que otra pareja caminando con mirada soñadora, suspiró, su vida ciertamente era un "sueño" tiene todo lo que deseó: una carrera y no sólo eso sino que también reconocimientos totalmente independiente de su apellido, se mantenía con su sueldo, vivía sola…sola, si, esa era una parte de su vida de ensueño que no le gustaba tanto, pero la vida amorosa al parecer estaba vetada a su existencia, aunque no le gustaba pensar mucho en ello sólo se conformaba con la esperanza de que algún día llegara a ella, lo único que la reconfortaba era la frase que su prima le decía: "El amor viene de distintas formas, en diferentes situaciones y sobre todo cuando menos lo esperas".
Tras terminar su café se dispuso a caminar, antes de anochecer fue a cenar a su restaurant preferido: "La casita", un lugar tranquilo en donde la música en vivo la acompañaba en sus, frecuentes, visitas al lugar. La mejor manera de cerrar su día de descanso sin duda alguna era estar ahí.
-
-
-
La melodía del teléfono retumbaba por toda la habitación, uno de los dos cuerpos que se encontraban dormidos en la gran cama se empezó a mover, con gran parsimonia tomó el pequeño objeto.
-¿Diga?-contestó con voz adormilada.
-Prepara todo, nos veremos dentro de dos días-habló la gélida voz del otro lado del auricular.
Tardó en contestar, estaba sorprendido, sentimientos de miedo y alegría se revolvían en su interior.
-De acuerdo, nos vemos Yue.
La figura que estaba con él en la cama se empezó a mover.
-¿Pasó algo, Eriol?-preguntó media dormida.
Él le sonrió, se acomodó de nuevo en la cama junto a ella y en un susurro le habló.
-Nada querida, sólo buenas noticias.
-
-
-
Su respuesta ya estaba dada, y ciertamente no se arrepentía aunque el tan sólo decirle a su madre era algo que verdaderamente no quería hacer, era increíble que, a pesar, de tener 28 años su madre ejerciera semejante control en su vida, aunque considerando quien era ella…tras dar un gran suspiro con determinación tomó el teléfono y empezó a marcar los números que tan bien sabía pero nunca usaba. Sonó una, dos, tres, cuatro, raro-pensó-su madre no tardaba tanto en contestar y menos si ella le hablaba, cuando estaba a punto de colgar se escuchó la autoritaria voz de Sonomi.
-¡Espero que sea una buena razón, me sacaste de una junta!-Tomoyo suspiró, sí, no había duda su madre era muy tierna.
-Sí, madre es algo importante…
-Bueno, entonces dime de qué se trata.
-Me voy a Inglaterra-dijo tranquilamente, y esperando la reacción de su madre.
-Y se puede saber ¿a qué?
-Trabajo, el doctor Tsukishiro requiere de mis servicios.
-Tsukishiro-Sonomi arrastró las palabras, una sonrisa se dibujó en sus labios-por cuánto tiempo será.
Tomoyo conocía tanto a su madre que se imagina los pensamientos de que se cruzaban por su mente, pero no tenía ganas de enfrascarse en una discusión por lo que no aclaró nada más.
-Dos semanas, me voy mañana.
-De acuerdo, espero que no hagas nada tonto por allá.
Tomoyo rodó los ojos, su madre seguía pensando que tenía cinco, reunió fuerzas y con calma respondió.
-No te preocupes madre, el honor de la familia está salvo conmigo.
-Nos veremos en dos semanas.
-Sí madre.
Tomoyo colgó y se hundió en el sillón. Le gustaría que su madre confiara más en ella-se dijo. Siguió pensando en su peculiar familia durante un buen rato, hasta que el insistente timbre le hizo despertar de letargo.
-¡Voy!-gritó, al instante el timbre cesó de hacer ruido.
-¡Vaya, hasta que abres!-recibió como saludo al abrir la puerta.
-Lo siento, Sakura-se disculpó-pero estaba pensando.
-Ves, te dije que estaba ocupada-una tercera voz intervino.
-No, para nada Syaoran, de todas formas no me podría ir sin verlos antes-se encogió de hombros.
Una vez que estuvieron adentro, platicaron hasta que de nuevo sonó el timbre.
-¡Tommy!-el grito que se escuchó cuando abrió la puerta casi ensordeció a todos.
-Kero, no grites tanto me vas a dejar sorda-sonrió para después corresponder el abrazo.
-Lo siento, pero ya te extrañaba bueno a ambas-dijo mirando a Sakura-claro que no todos pueden gozar de mi aprecio-miró despectivamente a Syaoran.
-Lo mismo digo-dijo Syaoran.
-Bueno, bueno venimos a que Tommy se la pase bien no a que peleen-intervino Sakura, visiblemente nerviosa al ver las miradas que se lanzaban los dos varones.
Tras discutir (aunque, en realidad, los que pelearon fueron Kero y Syaoran) el lugar al cual irían se encaminaron al restaurant Italiano que estaba cerca del edificio en donde Tomoyo vivía. No tardaron mucho en recibir mesa, después de todo Syaoran era un reconocido abogado en Japón. Ciertamente era un lugar agradable, aunque algo extravagante, su decoración moderna con pinturas abstractas, las extrañas lámparas que colgaban del techo dándole un toque exótico, las mesas empotradas en la pared; sin duda alguna era el mejor lugar de la zona.
Se sentaron en una de las mesas cerca de la ventana que daba a la fuente del lugar. Un mesero se presentó con las cartas y los aperitivos, tras examinar la carta los pedidos empezaron a ser anotados en la pequeña libreta blanca que portaba el joven; quince minutos después la comida estaba en la mesa.
-Tommy, te voy a extrañas-confesó con un puchero Sakura.
-¡Vamos, Saku! Son dos semanas-dijo Kero.
-Ya lo sé-susurró exasperada.
-Sakurita yo también te voy a extrañar, además te hablaré todos los días-contestó con una sonrisa la amatista.
Siguieron platicando entre bocado y bocado, cuando llegó el postre se hizo un silencio el cual se vio interrumpido por Kero.
-Oye, Syaoran¿has sabido algo de Eriol?-preguntó Kero, y es que a pesar de no llevarse bien había algo que los unía.
-No, al parecer ha andado muy ocupado, pero que me preguntas si tu hermano está con él-se burló el ambarino.
-Ya lo sé-rodó los ojos-pero bien sabes que ese y yo no nos llevamos bien.
-Pero Eriol es tu primo también-obvio Syaoran.
-Sí y también es tu amigo-contraatacó él.
Las dos chicas presentes se miraron con cara de "Aquí vamos de nuevo" pero para evitar cualquier posible evento Tomoyo se adelantó.
-Bueno, chicos, dejemos eso y mejor dime-se volteó a Kero-¿cuándo conoceremos a tu hermano?
-Sí Kero, Tommy tiene razón-apoyó Sakura.
-Pues, no sé, ya saben que él trabaja en la sede de Inglaterra, por lo que no nos vemos muy seguido, aunque-se tocó con un dedo la barbilla y miró al techo-,ahora que vas por aquellos lares puede que lo conozcas, Tommy.
-Puede ser Kero, aunque no sé si tenga mucho tiempo, recuerda que es un viaje de trabajo no de placer.
-Eso sí, de todos modos te daré su teléfono y le mandaré un mail diciéndolo que vas.
-Si crees que es lo mejor, de acuerdo.
-
-
Se despidieron antes de media noche, por insistencia de Sakura, ya que Tomoyo viajaba a primera hora del día.
Tomoyo llegó a su departamento y lo contempló en la penumbra, se sentía excitada, alegre, eufórica, pero también temerosa, tenía el extraño presentimiento de que algo se avecinaba y la incertidumbre de saber qué, la atormentaba.
Quince menos siete, esa hora marcaba en reloj, estaba lista para partir al aeropuerto, tras revisar varias veces que todo estuviera en orden partió. El tráfico matinal era insoportable, gente yendo y viniendo, coches pitando…miró una vez más por la ventana del taxi, el cielo aun estaba oscuro; pequeños rayos anaranjados salían de las nubes, y chocaban con los imponentes rascacielos, dándoles un poco de vida.
Pagó el servicio del transporte, con maletas en mano se adentró a la pequeña jungla del Aeropuerto Internacional de la ciudad de Japón, chocaba con varias personas al pasar, algunas se disculpaban, otras simplemente seguían en su, autómata, caminar. Buscaba entre la multitud una gran figura, esperó a que la multitud se calmara para proseguir con su búsqueda, no caminó mucho, unos metros adelante estaba el siempre imperturbable Yue.
-Buenos días doctor-saludó al llegar a su lado.
-Buenos días, pensé que se retractaría.
-Sabe que soy profesional, no lo dejaría con el trabajo a medias.
El doctor hizo lo parecido a una sonrisa.
"Pasajeros con destina a Inglaterra favor de pasar…"
-Ese es nuestro vuelo, vamos-como buen inglés Yue tomó las cosas de Tomoyo después de mucho, en serio MUCHO, insistir.
Entregaron sus boletos a la azafata, tras una pequeña revisión subieron al avión.
Doce horas de viaje, estaba exhausta cuando arribaron al aeropuerto de Londres, tenía ganas de dormir lo que restaba del día (eran las seis de la mañana), pero no sabía que tenía planeado, Yue, puede que ir directo con la pacientes, ver las instalaciones, esperaba que fuera lo que fuera, estuviera relacionado con descansar.
-Se ha dispuesto un chofer para llevarnos al hotel-le anunció una vez estuvieron afuera del aeropuerto.
-Está bien.
Esperaron por espacio de cinco minutos, las miradas se centraron en ellos al subir a la Hummer (por no decir, la incrédula contemplación de Tomoyo para con las atenciones). Llegaron a uno de los más exclusivos hoteles del lugar, el chofer, ayudó a bajar las cosas, y contrario a lo que pensó la amatista, Yue se retiró con el conductor, dejándola en la recepción.
-Buenos días-habló en su perfecto inglés-, tengo una reservación a nombre de…
Una hora después Yue llegaba a la propiedad de su amigo. Al bajar del coche de encontró con una afable sonrisa, acompañada de un gran abrazo.
-Yue, me alegra que estés aquí.
-A mí también, aunque no en estas circunstancias.
-Lo sé, lo sé-se hizo a un lado-, vamos que nos espera una taza de té recién hecha.
-¿Y Kaho?-preguntó al ver que no salía recibirlo, como era costumbre.
-Pues ha estado trabajando en un evento de beneficencia, que es esta noche por lo que salió desde temprano para tener todo en orden-suspiró resignado-, ya sabes como es.
Pasaron toda la mañana hablando de cosas triviales, esperando la llegada de Kaho.
-
-
-
Durmió, casi ocho horas, tras darse una ducha, llamó a Sakura, y a su madre. Después bajó a comer algo, en donde se encontró a Yue y a otras dos personas.
-Buenas tardes-saludó.
Los dos caballeros se pusieron de pie.
-Me alegra encontrarla, doctora-le indicó un lugar vacio, para que se sentara.
-Y para qué me requiere-su tono formal, se hizo presente al sentarse.
-Primero; para presentarle a los demás doctores que me asistirán y segundo; para informarle cuando es que nos reuniremos con la paciente.
-Ya veo-recibió el menú-, la pechuga asada y la ensalada está bien para mí-el mesero asintió y los dejó solos-, perdón, me decía.
-No se preocupe, entiendo que el viaje puede ser agotador-tomó un poco de su té-, bueno creo que haré las respectivas presentaciones; él-señaló a un joven que parecía tener los ojos cerrados, es Yamazaki, y ella-señaló a una excéntrica mujer-, es Nakuru Akizuki.
Se hizo un silencio en el que se examinaron unos a otros, el doctor de nombre Yamazaki, es un joven de sonrisa afable, tenía un particular atractivo; por su parte Akizuki, una mujer un tanto extraña, tenía una jovialidad que contagiaba a todos, siempre estaba sonriendo, parecía una niña encerrada en un cuerpo de una mujer.
-Bueno y doctores ella es Tomoyo Daudoji-presentó después del silencio.
-Hola, mucho gusto en conocerte, sabes que eres muy linda-fue el agradable saludo de la mujer.
-Gracias-sonrió.
-Mucho gusto-saludó el segundo hombre presente.
-Bueno, una vez hechas las presentaciones les aviso que mañana por la mañana conocerán a la paciente, nos veremos en el lobby del hotel a las nueve.
Los tres asintieron.
-Bueno, me retiro, quiero descansar un rato-se paró e hizo una reverencia.
-Dime, Tomoyo, puedo llamarte así, verdad, después de comer te parece si vamos a recorrer el lugar-preguntó entusiasta Nakuru.
-Claro que sí-concedió-, y ya que me llamarás por mi nombre de pila espero poder hacer lo mismo.
-Claro hermosa, y ojalá podamos ser amigas.
-Bueno chicas-reapareció Yamazaki-, creo que las dejaré, yo prefiero ir a descansar.
-¿Descansar? O llamar a tu novia-comentó pícara Nakuru.
El susodicho mostró un leve sonrojo, antes de despedirse y retirarse.
-Ya lo conocías-inquirió Tomoyo.
-No, pero-se encogió de hombro-, es fácil sacar información, es una de mis habilidades-le guiñó un ojo.
Le corrió una gotita por su frente, sin duda alguna acababa de conocer a una mujer muy interesante.
Regresaron al hotel alrededor de las diez de la noche, con varias bolsas de comprar y kilos de cansancio tras recorrer varias tiendas de suvenires. Se despidieron a la entrada de sus respectivas habitaciones (las cuales estaban frente a frente).
-
-
-
Ocho de la mañana y ya estaba bañada, preparándose para ir a desayunar algo y después encontrarse con Yue y los demás en el lobby, ese día (como de costumbre) amaneció lloviendo, por lo que unas botas y gabardina fue la mejor opción para salir, tomó su bolsa y bajó.
No había mucho movimiento en el lugar, sólo algunos miembros del hotel, recepcionistas, botones. Entró al restaurant, en donde se encontró con la café melena de Nakuru, estaba desayunando sola.
-¿Te molesta si me siento?-la cortesía ante todo.
-Claro, guapa-despegó la silla de la mesa, y se la ofreció.
A mitad de la comida se les unió Yamazaki, y unos minutos más tarde Yue.
-¿Ya desayunó?-preguntó curiosa Tomoyo.
-Sí, pedí servicio a la habitación-contestó serio como siempre.
-Vaya jefe, siempre tan sociable-se burló la castaña, y recibió una no-agradable mirada.
-Los esperaré en el lobby, mientras tanto iré por a hacer algunas llamadas-se despidió.
-No creo que provocar a Yue sea algo bueno-comentó nerviosa Daudoji.
-Puede, pero-miró hacía donde había desaparecido-, creo que lo soportará.
-
-
-
Partieron a las nueve en punto, el mismo coche y chofer del aeropuerto estaba esperándolos en la entrada. Los tres (Nakuru, Tomoyo y Yamazaki) se acomodaron en la parte de atrás, Yue por su parte adelante.
Sentí algo de nervios, algo así como la sensación de que algo grande se avecinaba. Salieron de la cosmopolitan ciudad de Londres, para adentrarse al pacífico campo. Grandes mosaicos verdosos y amarillos se vislumbraban.
-Llegamos-anunció el chofer, tras dar la vuelta y adentrarse en un camino de terracería.
Una imponente casa se levantó ante sus ojos, lo colores discretos, la atmosfera hogareña. El coche se posó delante de la pequeña escalinata que conducía a la casa; en donde estaban dos figuras pardas esperándolos, un joven alto acompañado de una hermosa mujer.
Yue fue el primero en bajar, saludó con (lo que Tomoyo supuso era una sonrisa) a la pareja, ellos bajaron cuando el chofer abrió la puerta.
-Eriol, Kaho-los miró y luego regresó su mirada a ellos-les presento a mi equipo de trabajo. Ellos son Yamazaki (anestesiólogo)-les dio la mano a cada uno-, Akizuki Nakuru (segunda asistente)-los saludó con un efusivo abrazo a cada uno, dejándolos sonrientes-y aquí, a mi principal asistente Daudoji Tomoyo-esta sólo sonrió y les dio la mano.
-Mucho gusto-le dijo Eriol al tomarle la mano.
Sus miradas se encontraron, y no se separaron hasta que la voz de Kaho intervino.
-Me alegra conocerles, sé que si Yue los escogió son los mejores. Y ante todo les quiero agradecer el hecho de que estén aquí.
Los presentes le regalaron una sonrisa, y les invitaron al interior en donde platicaron los detalles de la próxima operación.
Notas de una Cerecita loca XD: como verán ahora las cosas se ponen más interesantes, se puede decir que se ha agregado un factor que...no mejor no lo adelanto, ya lo verán más adelante, ; ).
Con respecto a lo de redición, creánme que no es fácil, y por lo que he recibido a la mayoría no les cayó muy bien esto, pero como dije allá arriba (?), dénle chance...ya saben si quieren hacer algún comentario bueno, malo o lo que me quieran dar...será bien recibido.
