Perdón por la tardanza, allá abajo (?) las aclaraciones ahora a disfrutar


Una intensa semana–eso pensaba Tomoyo, que ahora, descansaba en su cama–, se la había vivido en el hospital, entre pruebas, de rutina, hechas a Kaho, acostumbrarse al horario, preparar todo para la operación, lo bueno de trabajar con alguien como Yue (o sea precavido y meticulosos) es que para estas alturas todo estaba en orden–dio una vuelta en la cama y quedó de frente con su reflejo en la ventana, un suspiro cansino salió de sus rosados labios.

–Eriol Hiirawizaga y Kaho Mitzuki–dijo al aire, desde que los conoció le parecieron un matrimonio maravilloso: entregados, enamorados, amables–suspiró de nuevo–, si ella pudiera tener algo como eso, sin duda alguna lo daría todo…

El sonido de un teléfono la sacó de sus cavilaciones, lo que le alegró, el rumbo sombrío que tomaban la empezaban a deprimir.

– ¿Diga?–contestó con calma.

–¡Hola, Tomoyo!–le saludó una jovial voz–, espero no molestarte, pero Yue quiere hablar con nosotros.

– ¿Pasa algo?–preguntó extrañada.

–Pues–la voz una pausa–, no lo sé, pero será mejor que te des prisa se ve algo…estresado.

–De acuerdo, Nakuru nos vemos en cinco minutos en la recepción.

Confundida se apresuró a vestirse, para después bajar al extraño llamado de media noche de su jefe. Cuando llegó al lugar, vio lo que nunca pensó; a un Yue preocupado, y ansioso.

– ¿Qué es lo que sucede?–sonó más nerviosa de lo que quería.

El doctor paró en seco al escucharla (estaba dando vueltas de un lado a otro), y la miró.

–Ha surgido un problema–empezó una vez que todos estaban cerca de él–, es algo verdaderamente inesperado, da un giro inesperado a mis planes.

Todos se miraron entre sí, aun sin entender nada.

–Lo que sucede, es que mi hermano tuvo un accidente, está grave en Japón, necesito ir de inmediato–dijo sin entrar mucho en detalles.

–Pues si es necesario podemos decirle al señor Hiirawizaga que atrase la…

–¡No!–detuvo el comentario de Yamazaki–, saben tan bien como yo que este tipo de enfermedades no da mucho tiempo, además ya tenemos todo planeado–se sentó en el sillón de la recepción–, no podemos cancelar así nada más.

– ¿Qué sugiere?–cuestionó Tomoyo después de, lo que a su parecer, fue un incómodo silencio.

Yue la miró seriamente.

–Que me sustituya en la operación.

– ¿Qué?–estaba pasmada, jamás pensó en algo como eso, no es que no estuviera preparada pero…

–Akizuki y Yamazaki la asistirán, confío en sus capacidades…

–Sí, pero, no lo sé–miró a la pelirroja–, qué tal si Nakuru, lo hace ella tiene más experiencia.

–No Tomoyo, si lo ponemos en jerarquías tú están antes que yo, lo que te hace la segunda mejor después de Yue–dijo, sorprendentemente, seria.

–Pero…

–No tenga miedo Daudoji, sé que usted hará que todo salga bien¿qué es lo que en verdad le preocupa?

–Pues–se movió incómoda–, el matrimonio Hirawizaga confía en que usted será quien opere, puede que no se sientan con la misma confianza.

–Yo sé que ellos confían en mí–se puso de pie de nuevo–, pero es algo fuera de mi alcance, estoy seguro de que si les explico entenderán, sobre todo porque cuenta con mi aprobación.

Suspiró resignada.

–Está bien, lo haré.

–Sabía que contaba con usted, mañana antes de irme pasaré a hablar con ellos y les explicaré lo que sucede.

Se despidió de ellos, argumentando tener que preparar todo para su viaje.

–No te preocupes todo saldrá bien–le consoló Nakuru camino a sus habitaciones.

Le sonrió en agradecimiento, pero, algo después de que aceptó se manifestó en ella; haciéndola sentir extraña.

–Podemos esperar–repetía inseguro.

–No, Eriol, sabes que no se puede, es arriesgarse mucho–recalcaba Yue.

–Eriol–intervino Kaho–, Yue tiene razón, yo también quiero que sea él, pero también quiero que todo acabe. Además–tomó su mano–, si él confía en la doctora Daudoji creo que lo podemos hacer nosotros.

–Está bien–concedió–, todo seguirá en pie.

–Es lo mejor–le aseguró su amigo.

Eriol los miró a ambos, y se tomo especial tiempo en mirar a Kaho, sin duda alguna prefería que Yue la operara, pero tampoco pondría en riesgo la salud de su esposa; no confiaba mucho en Daudoji, sobre todo porque no parecía tener mucha experiencia, pero al parecer era la mejor de su país, contaba con la aprobación de Yue y con eso bastaba, por el momento, para él.

–Los dejo, mi avión saldrá en dos horas, apenas lo suficiente para llegar sin retrasos.

Se despidieron con la promesa de un futuro encuentro; cuando todo estuviera bien.

–Hay, Sakurita, ya sé que yo puedo, pero me da un poco de nervios.

–Sigo sin entender tu preocupación–repetía por enésima vez la castaña, tras el teléfono–, eres buena, de hecho de las mejores de por aquí, tienes todo en tu favor.

–Lo sé, lo sé, pareciera que soy nueva en esto–suspiró–, creo que estoy algo desubicada siempre he hecho mi trabajo en Japón–se argumentó–, si creo que es eso, el cambio de lugar.

–Ves, no hay nada de qué preocuparte, mejor tranquilízate, dentro de dos días será la operación y tienes que estar despejada.

–Tienes razón, te dejo porque debe de ser de madrugada allá y tienes que trabajar.

–Sí, hemos estado un poco ajetreados–sonrió–, pero nada que no se solucione.

–Está bien, nos vemos prima, me saludas a todos.

–Yo les mando tus saludos–hizo una pausa–, cierto ahora que recuerdo, me dijo Kero que te envió algo a tu correo.

–Ahora mismo lo reviso, nos vemos–colgó el teléfono, se estiró en la cama y tras desesperarse fue a su portátil.

Abrió su correo, desechó la propaganda, leyó algunos mails de sus amigos y por fin llegó a uno que tenía como título: "¡Hola, hermosa!", una sonrisa se dibujó en su tez, después de todo Kero era siempre tan lindo, dio clic al link, empezó a leer y una expresión de incredulidad apareció; Kero le habló a su hermano (algo, en verdad, impensable), para decirle que una amiga estaba en la ciudad y que si podía facilitarle las cosas, al parecer se comunicaría con ella mañana, contestó el mail y se fue a dormir, con la promesa de una posible llamada.

Ocho de la mañana, si esa es la hora, diez minutos antes recibió la–aun no sabía cómo describirla–llamada de Spinel, así se había presentado, para concertar una ¿cita? Con ella, todo era muy formal, parecía una entrevista para el trabajo; no había duda de que eran muy diferentes.

Mejor se apuraba sino quería llegar tarde y los ingleses odiaban la impuntualidad.

Caminó por el suelo londinense, pasaba edificios llenos de historia, calles empedradas que, posiblemente, databan de principios de siglo, todo era hermoso pero también una fría elegancia preponderaba.

Se detuvo en un pub, uno de los más elegantes pudo constatar al ingresar, el clásico estilo inglés predominaba, aunque también tenía cierto toque cálido. Dio su nombre al jefe de meseros, el cual la guió por el lujoso recinto, se dirigieron a la parte más "tranquila", que se resumía en la VIP.

EL mesero le indicó la mesa, la cual era ocupada por un joven que desde lejos se parecía mucho a Kero, pero que al acercarse se podían ver las diferencias; desde el color de pelo hasta la expresión adusta.

– ¿Spinel?–saludó, interrumpiendo la meditación del sujeto.

– ¿Daudoji?

–Sí–le sonrió–, mucho gusto, pero me gustaría que no me llamaras por mi nombre…dejemos las formalidades.

–Bueno–concedió inseguro.

–Sabes–empezó Tomoyo después de pedir un café–cuando Kero me dijo que conocería su hermano me puse nerviosa.

– ¿Por qué?–preguntó con suma educación.

–Pues digamos que Kero siempre decía que eras un gruñón–dijo sonriente–, y me parece que no lo eres.

Spinel se sonrojó bajo ese imperturbable caparazón.

–Gracias, pero sólo hemos intercambiado dos o tres palabras y no se puede hacer un juicio con tan poca información.

Soltó una sincera sonrisa.

–Puede ser, pero no suelo equivocarme en mis juicios–le miró conciliadora–, dejemos eso, mejor cuéntame de ti.

Spinel miró confuso a Tomoyo, no era como las chicas que solía conocer en su círculo, irradiaba una candidez poco común; que extrañamente hizo que se sintiera a gusto.

Sin siquiera pensarlo dos veces empezó a hablar con ella, hablaron largo y tendido durante horas. El timbre de su celular hizo que la atmosfera se rompiera.

– ¿Qué pasa?–contestó autómata–, ya veo, en veinte minutos estaré ahí.

–Es una lástima que se tenga que terminar, espero que podamos repetirlo en otra ocasión.

–Claro que sí–se despidió de ella con un beso en la mano–, cualquier cosa tienes mi teléfono, no dudes en llamar.

Tomoyo agradeció con una sonrisa, vio la alta figura de Spinel partir y tras cinco minutos también ella emprendió camino al hotel.

–Tomoyito–le saludó alegremente Nakuru–te esperaba para comer.

–Espero no haberte hecho esperar mucho–le regló una sincera sonrisa.

–No, para nada–hizo una silla a un lado–, empecemos que me muero de hambre.

Comieron a gusto, y siguieron la plática en el cuarto de Nakuru.

–Sí, yo también estoy algo nerviosa–tomó un sorbo de té–, pero es algo normal.

–No sé como haces para mantener la compostura. Creo que es la experiencia–susurró con nostalgia.

–¡Oh, vamos! No es enserio, la experiencia cuenta y mucho, puede que tenga más que tú (aunque no tanta, eh), pero tú eres la mejor en este ámbito y sobre todo Yue confía en ti. Y eso créeme que ya es mucho.

–Eso ya lo sé, sólo que…olvídalo mejor me voy a descansar, mañana será un día muy ajetreado.

–Bueno, descansa, y una vez más no te preocupes por nada, todo saldrá bien–le guiñó un ojo, antes de que cerrara la puerta.

Bien, bien, bien, esa palabra resonaba por su cabecita desde las cinco de la mañana, hora en la que se había despertado, afortunadamente pudo dormir bien aunque después de tomarse un relajante baño de casi tres horas.

Se tomó su tiempo para cambiarse, desayunar en paz, no se topó ni con Yamazaki ni con Nakuru; aunque sabía que tenía que verlos para irse juntos al hospital.

Cuando estaba en la recepción esperándolos, una de las recepcionistas le informó que tenía una llamada.

– ¿Diga?–habló al aparato cuando llegó al teléfono.

–Bueno días doctora–se sobresaltó al escuchar e, tan peculiar, acento.

–Doctor Tsukishiro–saludó sorprendida.

–No pretendo quitarle micho tiempo, sólo le quiero desearle buena suerte y que confíe en sus habilidades…como yo lo hago.

–Gracias–apenas musitó.

–Espero su llamada cuando termine la operación.

–Claro, nos vemos.

Cuando colgó aun estaba confundida, ciertamente no era algo que se esperara, menos de Yue, aunque le agradecía profundamente su confianza. Un leve roce en su hombro le trajo de nuevo a la realidad.

–Tomoyo¿nos vamos?–preguntó una, no muy común, seria Nakuru.

–Sí.

El camino al hospital fue algo raro, el silencio predominaba todos (sin excepción), estaban con un semblante profesional, absortos en sus pensamientos; preparándose.

–Llegamos–les anunció el chofer.

–Gracias–dijo solemnemente Nakuru.

Entraron al hospital, recibieron varias miradas curiosas.

–Buenos días–les saludó un ansioso Eriol.

–Buenos días señor Hiirawizaga–correspondieron.

–Kaho ya está siendo preparada–informó nervioso.

–Sí, lo sabemos, ahora si me disculpa, tengo que ir a supervisar algunas cosas–se disculpó un profesional Yamazaki.

Asintieron con un leve movimiento de cabeza dejando solos: a la nerviosa Tomoyo, una silenciosa Nakuru y un expectante Eriol.

–Lo dejamos, no se preocupe–confortó Tomoyo.

–Gracias, a ambas–las miró.

Pasaron de largo, sólo que cuando Tomoyo caminó junto a Eriol esté le tomó por el codo.

–Se la encargo–la miró profundamente–tiene lo más preciado para mí en sus manos.

Entró, y no textualmente, en shock, eso sólo le ponía más peso a sus hombros. Práctico las respiraciones que solía hacer en yoga y cuando se tranquilizó habló.

–No se preocupe–tomó su mano.

Eriol le sonrió y la dejó ir, la siguió con la vista hasta que se perdió al final del corredor.

Dos horas de operación y todo iba bien, Nakuru la asistía con eficacia, Yamazaki estaba siempre al pendiente de Kaho. Cuando empezó la operación sintió de nuevo ese escalofrío que le hacía estremecerse, lo bueno fue que se quitó al transcurrir la intervención.

No se adentró más en aquello y se concentró de lleno en el cuerpo que estaba abierto a la altura del pecho, dejando ver un latente, pero cansado, corazón.

Se sumaron otras dos horas al reloj, trabajando arduamente, y realizando todo cuidadosamente; que era poner un marcapasos, todo con una inigualable templanza, cuando procedían a cerrarla; los aparatos que tenía Kaho monitoreando sus signos empezaron a sonar: algo no andaba bien.

Lo siguiente que pasó fue en cámara lenta, las enfermeras corriendo tras el desfibrilador, el cuerpo elevándose cruelmente de la plancha buscando regresar, un corazón sin reaccionar, la desesperación en los actos de los presentes. El panorama ciertamente era abrumador o eso pensaría cualquiera que pasará por ahí y por error viera hacía adentro:una muy desesperada Tomoyo, dando masajes al corazón del inerte cuerpo, una imagen un tanto turbadora ella con su bata llena de sangre, sus guantes ni se diga, lo más inquietante es ese rostro lleno de incertidumbre y desesperación; Nakuru y Yamazaki aun estaban con ella, el chillante sonido del monitor irrumpía en dolorosos ecos por la habitación.

–Doctoraintentó el chico.

Tomoyo lo miró una fracción de segundo, y siguió con su presión en el músculo, tratando de encontrar una remota señal de vida.

–Daudojitrató de nuevo.

Esta vez no lo miró siguió haciendo con su infructuosa labor…

–Tomoyogrito levente esta vez Nakuru atrayendo la mirada de la joven.

La cual dio una señal para que Yamazaki se acercara a ella, se aproximó por detrás, pasando sus brazos por sus hombros y extendiéndolos por todos sus brazos, que visiblemente eran más largos que los de ella, una vez que llegó a sus manos las tomó suavemente, con la firme intención de que dejara el corazón ahí, obtuvo una resistencia de su parte…

–Ya no hay nada que hacersusurró en su oído, ella cedió y dejó que guiara sus manos lejos del cuerpo.

–Todavía…

–Nodijo firmemente sosteniendo un poco más fuerte sus brazos al ver la clara intención de regresar las manos–no, ya no.

–Lo intentésu voz sonaba ausente.

–Lo sabemosafirmó.

Eriol daba vueltas como loco, se sentaba, se paraba, miraba el reloj y su mirada se ponía de nuevo en las frías puertas del quirófano, así transcurrió para él, el tiempo.

Todo, hasta cierto punto, estaba bien, lo que ya no encajaba fue cuando al cabo de varias horas de operación dos de las enfermeras salieron corriendo, su corazón se detuvo en ese instante, algo le decía que eso no era normal, pero cuando intentó acercarse uno de los enfermeros se lo impidió.

–No lo entiende–gritaba fúrico–, tengo que saber qué pasa.

–No puede entrar–repetía con imperiosa calma, de nuevo, el guardián de la puerta.

Cuando estaba a punto de lanzarse sobre él, una mano lo detuvo por el hombro.

–Cálmate, no ganas nada poniéndote así.

–Spinel–miró al interlocutor, respiró con tranquilidad–, tienes razón.

–Vamos a sentarnos– más que petición era una orden.

Logró calmarlo, pero no por mucho tiempo. El rechinido de las puertas abriéndose hicieron que voltearan al unísono, Spinel contuvo una expresión de asombro y sobre todo de frustración; asombro al ver avanzar a Tomoyo, cosa que no se esperaba, pero después de hilar los puntos entendió y de frustración ya que estaba llena de sangre y su mirada turbada, confundida, fuera de sí; no dejaba mucho que desear.

Eriol no esperó mucho, y se abalanzó sobre ella.

– ¿Cómo está?–le pidió.

Agachó la mirada, tratando de encontrar las fuerzas para decir lo que tenía que decir.

– ¿Qué pasa?–le tomó por los hombros y la empezó a zarandear.

Spinel corrió hacia ellos.

–Tranquilo, deja que hable–lo separó de la callada figura femenina.

–Lo siento–dijo casi inaudiblemente, eso fue suficiente para que Eriol volteará rápidamente.

– ¿Qué?–su respiración estaba empezando a volverse irregular.

–Lo siento la operación se complicó y…–no pudo terminar porque los apresurados pasos de Eriol corriendo hacía la sala de operaciones le interrumpió.

Cuando Eriol entró al lugar su corazón se encogió y las lágrimas llenas de dolor, amargura, desesperanza surcaron su nívea tez.

Ahí, en la fría plancha se encontraba el inerte cuerpo de Kaho, su Kaho, se acercó a ella, sin prestar atención a nada más, la sangre que pisaba, algunos instrumentos quirúrgicos tirados se olvidaron a su paso, eso no tenía importancia para él.

Con mano temblorosa acarició tiernamente su pálida cara, aun estaba tibia. Cayó de rodillas en el suelo, apretando su mano con la de ella, susurrando, implorando, una señal de que todo fuera un sueño. Lloró pero parecía no ser suficiente para callar a la angustiante súplica de su corazón; nadie lo quitó, dejaron que su alma se liberara, después de todo había perdido una parte de sí.

Spinel entró media hora después, su rostro estaba desencajado, y, aunque no solía demostrar sus emociones, ahora sencillamente era imposible. Se acercó lentamente a él, tratando de encontrar las palabras precisas para consolarlo.

–Eriol–llamó con un doloroso susurro.

–No puedo Spinel–balbuceó después de un rato–, me supera.

¿Qué decir?–pensaba su primo–, todo lo que digas será en vano, ninguna palabra puede curar un dolor tan grande.

– ¿Cómo viviré de ahora en adelante? Ella era mi razón de vivir–miró una vez más el cuerpo y un bisturí que estaba ahí.

Spinel como adivinando sus pensamientos de apresuró.

–¡Demonios Eriol, reacciona!–le gritó–no hagas ninguna estupidez. Lo mejor será que nos vayamos, las enfermeras tienen que hacer su trabajo.

–¡No!–su voz era firme, fría, y vacía.

–Vamos Eriol, necesitas un respiro–trató de conciliar–, ella no quería que sufrieras.

Lo tomó de los hombros y lo llevó a la puerta.

Sonó varias veces nadie contestaba, cuando estaba a punto de darse por vencida se escuchó que levantaban el auricular.

– ¿Bueno?

–Yue–empezó.

– ¿Nakuru?–inquirió extrañado.

–Sí–hizo una pausa–, Tomoyo no puede hablar, pero…

– ¿Cómo que no puede hablar?–interrumpió– ¿qué pasó?

Tardó en contestar–La operación no fue lo que se planeó.

El silencio se hizo presente.

–Llego en dos días–anunció antes de colgar.

Nakuru suspiró cansada y miró a Tomoyo que dormía en su cama, después de hablar mucho y convencerla de que tomara unos sedantes. Esto no sería fácil para ella, no es sencillo perder a tu primer paciente y mucho menos si todos confían en ti.

Tomoyo se despertó entrada la madrugada, los sedantes no fueron lo suficientemente fuertes para salvarla de sus angustiantes pesadillas, aun recordaba la cara de dolor, angustia, desolación y odio que le dirigió Eriol Hiirawizaga cuando se lo encontró en la salida del hospital; no había dicho nada, sólo se limitó a pasar de largo, con Spinel acompañándolo.

Se sentía mal, muy mal de hecho, en su carrera nunca había perdido un paciente, era un sensación de que todo lo que haces está mal, todo lo que pasaba, a su consideración, era su culpa.

Pensó y hasta llegó a derramar lágrimas de frustración, durante lo que quedaba de la madrugada; cuando salió el sol, se levantó y tomó una larga ducha.


Notas de una Cerecita loca: antes que nada una enorme disculpa por no actualizar antes, pero la Uni apenas me deja respirar, por lo que aprovecho para decir que el tercer cap. tardará un poco más- paciencia gente, paciencia-además de que mi Beta se desapareció y necesito encontrar una que la reemplace hasta que regrese ;;.

Una vez aclarado eso (?) pasemos al capitulo, como verán lo bueno apenas comienza XD, ya que de aquí en adelante las-¿cómo decirlo?-disputas, empezarán. No saben lo difícil que fue para mi, no matar a Kaho, sino hacer sufrir al pobre de Eriol pero esperemos que en el futuro las cosas mejores (?). Yuecito tendrá un papel muy importante, no adelanto más mejor nos leemos pronto P

Los dejo ya saben cualquier tipo de comentario será bienvenido no importa que sean amenazas (?) XD.

Un saludo,

Cerecita.