Y este es el final (que por no estar acostumbrada a tener todos escritos antes de publicar se me olvidó que no lo había publicado)


A los 10 años, el crítico

Mitsuki no comprendía el trabajo de su papá. Se la pasaba enfrente de un computador escribiendo cosas sin sentido que luego eran vendidas. Duraba horas haciéndolo incluso muy tarde en la noche y no podía evitar relacionar que tenía migrañas con más frecuencia cuando estaba en medio de ese trabajo.

Había leído por petición de Yumiko un fragmento de sus libros esperando emocionarse como ella lo hacía cuando le narraba lo que estaba escrito en las páginas. Sin embargo lo único que pudo pensar fue en la cantidad de papel que se desperdició con las tonterías que acaba de leer y se vendían por todo el mundo.

Mirara por donde lo mirara no encontraba un punto positivo en lo que hacía, lo cual le incomodaba cada vez que entraba en esa habitación donde el computador se encontraba. Una sensación que al principio ignoró pero cuando a su papá le dio una migraña más fuerte y duradera de lo habitual por su culpa simplemente lo empujó del escritorio.

Quizás fue debido a que era la primera vez que se comportaba de esa manera desde que era pequeño o a la migraña que tenía que no le regañó por lo que hizo. Simplemente le prohibió volver a entrar en esa habitación. Tokomon por otro lado no se mostró contento con lo que había hecho y esa misma noche mientras intentaban dormir se lo dijo.

– Tu papá estaba muy triste por lo que hiciste.

Mitsuki se quedó en silencio al escucharlo. No era la primera vez que terminaba actuando o diciendo algo que lo entristeciera y su papá fingía no estarlo para que no se diera cuenta. Era algo que hacía incluso desde antes de que la doctora le dijo que podía tener alexitimia pero desde entonces Tokomon le informó que parecía suceder con más frecuencia. No le gustaba ponerlo triste, tampoco como saber que la mitad de la información disponible sobre su alexitimia parecía echarle la culpa a su papá por tenerla.

– No lo entiendo – Dijo Mitsuki cruzándose de brazos. – ¿Por qué tiene que hacer eso?

– Podríamos ir a la biblioteca a leer otros libros y así quizás lo entiendas.

La propuesta de Tokomon sonaba lógica por lo que desde ese día iba después de la escuela a la biblioteca marchándose únicamente cuando llegaba la hora de cerrar. Fueron casi tres meses las que le tomó leer todos los libros que podía entender de la pequeña biblioteca en los cuales concluyó que lo que su papá escribía era más inútil de lo que pensó originalmente.

– ¿Quizás no te gustan? – Sugirió Tokomon el último día de su pequeña aventura de pie sobre la mesa de la biblioteca – Poromon dice que los libros van dirigidos a ciertos públicos...

– No, este va para el mismo público, – Dijo Mitsuki tomando el último libro que debía devolver al estante y mostrándoselo a su digimon – y cuenta cuanto menos con una representación fiel al contexto histórico de este país.

– ¡Al menos aprendimos nuevas palabras y como usarlas!

Mientras Tokomon reía, Mitsuki frunció el ceño sin saber qué hacer. Le molestaba tener que regresar a su casa con una peor visión de lo que su papá hacía que la que tenía cuando empezó. Lo menos que podía hacer era evitar volver a destruir el computador.

Fueron tres días después que se sorprendió cuando su papá le invitó a que entrara en la habitación prohibida, como sus primos la bautizaron cuando se enteraron de que no podía entrar en ella. Sin saber que esperar lo obedeció llevándose la segunda sorpresa del día cuando le pidió que criticara lo que había escrito.

– Tokomon me contó que eres muy buen haciéndolo – Explicó su papá cediéndole el asiento con un documento de casi doscientas páginas escritas – Este libro es muy importante por lo que quiero que salga lo mejor posible. El problema es que empecé a escribirlo por partes desde los doce años y me está costando mejorar la redacción.

La petición no le emocionaba. La idea de pasar horas, probablemente días, leyendo algo que no le interesaba le resultaba aburrido. Y aunque estos eran sus pensamientos no pudo evitar notar en el reflejo de la pantalla la pequeña sonrisa que se formó en su rostro.

– Tokomon también dice que soy cruel cuando critico un libro – Comentó recordando el motivo por el que en primer lugar fue a la biblioteca. No quería volver a hacer que su papá se pusiera triste por su culpa cuando estaba feliz, o eso le parecía.

– No veo problema. Entre más dura la critica, mayores oportunidades para mejorar.

Finalmente sintiendo la felicidad que su sonrisa mostraba Mitsuki comenzó a leer mientras que su papá se quedó de pie a su lado con un cuaderno para tomar notas a lo que decía. Le confundía cuando afirmaba que había partes que era imposible cambiar pero cuando vio reflejado en el resultado final la mayoría de los comentarios que hizo sonrió ampliamente.

– Sigue pareciéndome un libro tonto – Le dijo a Tokomon – ¿Por qué sonrió al verlo si pienso eso?

– Porque lo que te gustó fue pasar tiempo con tu papá.

Una explicación sencilla de la cual no estuvo del todo convencido. Sin embargo cuanto tiempo después llegó la hora de empezar la secuela del primer libro no dudo en volver a dar sus criticas.