Nuevo hogar
Un nuevo día empezaba. Kumiko despertó antes de que su despertador sonara. Esa llamada que su madre había recibido la noche anterior la mantuvo pensativa por varias horas. Tratar de hablar con Akiko sería inútil, ya que ella volvería a evadirlo, y Mamiko no sabía nada. La eufonista pensaba en hablar con su padre, pero no sabía cómo abordar el tema con él. Por lo pronto, la castaña decidió guardar en secreto ese problema y concentrarse en tratar de mejorar en la interpretación de su bombardino.
Luego de desayunar, la joven Oumae se dirigió a la estación y abordó el tren con rumbo a Kitauji. Trataba de no pensar en nada y visualizar la interpretación que quería darle a la Obertura, cuando presenció un hecho inesperado para ella: ver a Reina y a Hazuki subir juntas al tren. Aunque la actitud de la trompetista parecía indiferente, prestaba atención a lo que le decía la tubista. Ambas se sentaron al lado de Kumiko, que no pudo evitar preguntarles por qué andaban juntas. La pelinegra le explicó lo que había pasado entre sus padres la noche anterior y cómo la señora Katou les ofreció su hospitalidad.
—No puedo creer lo que me dices, Reina. Tal vez debería disculparme con tu madre por pensar mal de ella —dijo la eufonista.
—Y con la mía también, Kumiko-chan. Por más que haya amado a Mio-san en su juventud, ella es incapaz de destruir un matrimonio ajeno —afirmó Hazuki.
—Bueno. Pero, ¿por qué tu madre buscó a Ritsu para hospedarse, Reina? —preguntó Kumiko.
—Salimos de prisa y prácticamente sin dinero. Además, salvo Ritsu-san, todos los "amigos" de la familia Kousaka los conocemos por... Él —respondió Reina.
—Ya veo. Si necesitas ayuda, no dudes en pedirla.
—Gracias, Kumiko —Reina cerró sus ojos. Trataba de ser fuerte y no llorar. Pero un presentimiento cruzó por su mente—. Hazuki-san, lo más probable es que no duremos mucho en tu casa.
—Mamá lo sabe, y ya está moviendo sus contactos para reubicarlas sin que haya ninguna sospecha —aseguró la tubista.
—¡¿Contactos?! ¿A qué te refieres? —preguntó la trompetista.
—Digamos que conocer a Tsumugi Kawashima tiene sus ventajas.
—¡¿Kawashima?! No estás hablando de la madre de Midori-chan, ¿o sí? —intervino Kumiko.
—Creo que sí —dijo Hazuki, encogiéndose de hombros.
Mientras tanto, Ritsu se reunía con su ahora jefa, Mugi. La rubia no tenía idea del porqué de esa reunión, pero, al tratarse de su vieja amiga, no podía negarse. La castaña le explicó a grandes rasgos lo que sucedía con Mio y su familia, y cómo ella terminó acogiendo a la pelinegra y su hija.
—Me siento mal por Mio-chan y su hija, Ricchan. Pero, si ellas viven contigo, no veo el problema —dijo Mugi tras escuchar a su amiga.
—Pues el problema es que Kousaka es un machista homofóbico. Si él se entera que Mio vive conmigo, podría argumentar que ella le fue infiel y que estaría "pervirtiendo" a Reina, lo que podría usar para separarlas y arreglar un matrimonio para Reina —respondió Ritsu.
—Ya veo. Entonces lo que quieres es que uno de los abogados de la familia Kawashima la defienda, ¿verdad?
—No... Bueno, sí, pero no aún. Lo primero es reubicarlas en otra casa, de preferencia que vivan solo ellas dos, y ayudar económicamente a Mio. Ella y Reina literalmente solo tienen lo que traen puesto.
—Claro, pero no sé si Mio acepte de buenas a primeras.
—Ella no tiene otra opción, Mugi. Además, la ayuda viene de ti, alguien que, a pesar de no haber visto desde hace 20 años, es de su entera confianza.
—Bien, cuenta con ello, Ricchan. Mio-chan y su hija vivirán en uno de los departamentos para los empleados de las empresas Kawashima/Kotobuki. Mio-chan también tendrá un empleo y le regalaré dos meses de su sueldo. —Tras esta reunión, Ritsu regresó a sus labores mientras Mugi fue a ultimar detalles de su ayuda a Mio.
Esa tarde, Taki-sensei daba algunas indicaciones sobre lo que él esperaba de la interpretación de la Obertura. Aparentemente todo iba bien, pero Kaori notó un cambio en la actitud de Reina hacia Noboru. Normalmente la joven Kousaka veía fijamente al profesor, prestando atención a cada palabra que este decía. Pero ese día la pelinegra estaba revisando su partitura, aparentemente ignorando todo lo demás. La líder de la sección de trompetas imaginó que, dado que ambos se conocían desde antes de entrar a Kitauji, la chica de ojos violeta trataría de actuar distante con el pelinegro para evitar nuevos rumores de favoritismos, nada más alejado de una realidad que ella desconocía. Luego de la reunión, nuevamente se separaron por secciones para continuar sus ensayos.
En la sección de bajos, todos, especialmente Hazuki y Sapphire, practicaban sus partes fuertemente. La apuesta de Asuka era que, si había de nuevo una audición, todos los integrantes de su sección la pasaran. La señorita Tanaka estaba gratamente sorprendida al ver lo mucho que la joven Katou había mejorado con su tuba, especialmente en el manejo de tiempos.
—Veo que has mejorado bastante en estas semanas, Katou-chan —expresó la chica de lentes con una sonrisa.
—Sí. Mamá me ha ayudado a practicar desde que reprobé la audición para las regionales, Asuka-senpai —respondió Hazuki.
—Vaya, ¿acaso tu mamá también toca la tuba, Hazuki-chan? —preguntó Sapphire.
—Lo dudo. Katou-san ni siquiera sabía que la boquilla que había comprado era de una tuba —replicó Natsuki.
—Pues no, mamá no toca la tuba. Ella es baterista —aseguró la tubista.
—Eso explica tu gran manejo de tiempos. Sigue así Katou-chan —dijo Asuka antes de retomar el ensayo.
Al finalizar el ensayo, Reina buscó a Noboru para hablar de sus futuras acciones. Ese acuerdo nupcial hecho por Thoru Taki y Ryotaru Kousaka era un tema que les preocupaba. En otra época, la trompetista no habría puesto problema por ello. Pero, tras saber la verdad de su madre, sumado a los sentimientos que Kumiko había despertado en ella, ahora se oponía a tal decisión.
—¿Qué planeas hacer ahora, Taki-sensei? —preguntó Reina.
—Tan directa como siempre, Reina. Por lo pronto, mis esfuerzos serán para la banda y su presentación de octubre —respondió el profesor.
—No hablo de eso, sino de nuestro compromiso.
—Aún tenemos tiempo para eso, apenas tienes 15 años. Además, me gusta alguien más y planeo formar una familia con ella, así mi padre se oponga.
Al escuchar esto, sentimientos encontrados surgieron en Reina. Por una parte, se alegraba de ello, era una forma fácil de librarse de ese matrimonio arreglado. Pero, al tener algunos sentimientos por él, sintió un ligero dolor en su pecho.
—Me alegra saber eso, Taki-sensei. Espero que esa chica sepa hacerte feliz —dijo la pelinegra con una media sonrisa en su rostro, luego se retiró del lugar.
Una extraña melancolía la invadía mientras caminaba por los pasillos de la escuela, dirigiéndose a la salida, melancolía que desapareció cuando vio a Kumiko, quien, junto a Hazuki, la esperaba para irse juntas en el metro. En el trayecto, la tubista y la eufonista hablaban de cosas triviales, mientras la trompetista iba sumida en sus pensamientos. Repentinamente, Reina se puso de pie.
—¿Pasa algo, Reina? —preguntó Kumiko.
—Kumiko, Hazuki-san: hay algo que no les he dicho. Ryotaru Kousaka hizo un arreglo para que Taki-sensei se case conmigo cuando yo cumpla la mayoría de edad —dijo la trompetista, sorprendiendo a sus compañeras.
—¿Mio-san sabe eso? ¿Y va a permitirlo? —preguntó Hazuki.
—Lo sabe. Y dice que va a impedirlo.
—¿Y qué opina Taki-sensei, Reina? —preguntó Kumiko. Reina volvió a tomar asiento y suspiró antes de responder.
—Que le gusta alguien más y que quiere formar una familia con esa persona antes de que yo cumpla la mayoría de edad.
En ese momento, la eufonista abrazó a la trompetista, pensando en consolarla. Las tres chicas permanecieron en silencio hasta que llegaron al destino de las jóvenes Katou y Kousaka.
Al llegar al hogar Katou, Reina encontró a Mio en la puerta, esperándola. Junto a ella estaban Ritsu y una mujer de cabello rubio y cejas pobladas, al igual que una limusina parqueada junto a la residencia. Al ver a las tres mujeres, la joven trompetista supo que su estancia con los Katou había terminado.
—Hola, mamá. Parece que no puedo decir que llegué a casa —dijo la joven pelinegra.
—Aún no, Reina. Pero pronto estaremos en nuestro nuevo hogar —replicó Mio.
—Supongo que esta es la despedida. Muchas gracias por acogernos, Ritsu-san.
—No tienes que agradecer, Reina. Es mi deber, como amiga de tu madre, el ayudarlas en estos momentos de necesidad —respondió Ritsu.
—Reina-san, espero que podamos ser más cercanas de aquí en adelante —dijo Hazuki.
—Claro, Hazuki-san —respondió la joven pelinegra con una sonrisa.
—Mio-chan, Reina-chan, es hora de irnos —intervino la rubia, tras mirar su reloj.
—Perdón, pero, ¿quién es usted, señora? —preguntó la trompetista.
—Oh, disculpa mis modales. Me llamo Tsumugi Kawashima, pero puedes decirme Mugi. Soy una vieja amiga de tu madre.
—Es un gusto conocerla, Mugi-san —dijo Reina haciendo una reverencia. Luego de esto, las dos pelinegras y la rubia abordaron la limusina.
—Mio, bienvenida de nuevo a la libertad —dijo Ritsu antes de que el vehículo arrancara.
Antes de llegar a su nueva vivienda, Mugi llevó a Mio y a Reina a un centro comercial, para que pudieran comprarse ropa, alimentos y todo lo que necesitarían en la nueva etapa de sus vidas. Aunque Mio insistía en no poder hacerlo, dada su falta de dinero, la rubia afirmó que eso no era ningún problema, ya que ella pagaría por todos sus gastos. Ante la necesidad, la pelinegra aceptó, prometiéndose pagarle a su amiga que hasta el último centavo.
Al final del día, las dos pelinegras llegaron a su nuevo hogar. Era un apartamento modesto, pero con todas las comodidades básicas para ellas dos. Mugi le entregó a Mio las llaves de su nueva vivienda, junto a una tarjeta de crédito para que pudieran cubrir futuros gastos.
—De verdad que no sé cómo voy a pagarte todo lo que has hecho por nosotras, Mugi —dijo la exbajista con vergüenza.
—Solo sonríe, Mio-chan; sonríe como no lo has hecho en estos 20 años. Ricchan y yo nos encargaremos de que puedas vivir feliz y en paz con tu hija —respondió Mugi.
—Gracias, Mugi.
"Y gracias a ti también, Ritsu" pensó Mio con una sonrisa. Esta era la primera vez que Reina veía esa sonrisa de auténtica felicidad en el rostro de su madre, lo que hizo que la joven trompetista también sonriera.
Continuará...
