Pasado tormentoso
Kumiko y Reina habían iniciado una relación sentimental luego de que la pelinegra recalcara que su confesión de amor en el monte Daikichi había sido en serio. Esto hizo feliz a la castaña, cuyos sentimientos por la trompetista finalmente eran completamente correspondidos. Pero había un problema: sus padres. Las reacciones de Mio y Ryotaru eran obvias: ella las apoyaría mientras él haría todo con tal de separarlas. Pero saber cómo reaccionarían Kentaro y Akiko Oumae era más difícil, especialmente por parte de él; suponiendo que la eufonista fuese hija biológica de Yui Hirasawa y que la hayan apartado de ella por homofobia, era muy probable que Kentaro las rechazara.
Ahora que ambas estaban saliendo, decidieron que primero hablarían con los esposos Oumae. Si bien tratarían de evitar el tema de Hirasawa, no descartaban tocarlo en algún momento. Las dos chicas se dirigieron a la casa de Kumiko con la pequeña esperanza de que su relación sea aceptada. Al llegar ahí, oyeron a Akiko discutiendo de nuevo por teléfono. Kentaro trataba de tranquilizarla, pero sus esfuerzos eran en vano.
—Creo que llegamos en un mal momento —dijo Reina al ver la escena.
—¡Oh! Bienvenidas, disculpen nuestra falta de cortesía —expresó Akiko, regresando a su usual amabilidad.
—No se preocupe, señora Oumae. De hecho, venimos a hablar con ustedes de algo muy serio. —Estas palabras de la trompetista pusieron nerviosos a los padres de Kumiko.
—Papá, mamá; ¿ustedes son homofóbicos? —preguntó la eufonista.
—¡Juro que lo sucedido con Hirasawa no fue por eso! —exclamó Kentaro sorprendiendo a las jóvenes.
—¡Cállate, Kentaro! ¡Legalmente Kumiko es nuestra hija y punto final! —exclamó Akiko.
—Ninguno ha respondido mi pregunta, no se vayan por las ramas y respondan. ¿Son o no son homofóbicos? —intervino Kumiko.
—¿Por qué lo preguntas, Kumiko? —preguntó la señora Oumae.
—Respondan y les diré el porqué —afirmó la castaña.
—Kumiko, ni tu madre ni yo somos homofóbicos y respetamos los gustos de los demás —respondió el padre de la eufonista, quien sonrió al escuchar esta respuesta.
—Bien, la razón por la que hice esa pregunta es que Reina y yo somos novias —dijo Kumiko, tomando a Reina de la mano. Kentaro suspiró, pero Akiko comenzó a reír.
—¿Qué es lo gracioso, señora Oumae? —preguntó Reina.
—Lo irónica que es la vida. Ryotaru Kousaka es abiertamente homofóbico y su hija resulta ser lesbiana —respondió la madre de Kumiko.
—¿Conoce a... mi padre? —volvió a preguntar la trompetista, lo último con vergüenza.
—Mis hijas han estado desde pequeñas interesadas en la música, así que es normal que haya oído hablar de uno de los más famosos trompetistas del país —replicó la señora Oumae.
—Parece que te avergonzara ser su hija, Reina-chan. ¿Por qué? —preguntó Kentaro.
—Larga y dolorosa historia, señor Oumae —respondió la pelinegra.
—Comprendo. Reina-chan, cuida mucho a Kumiko, sé fiel a ella y hazla feliz —dijo el señor Oumae abrazando a su nuera.
—Lo haré. Muchas gracias por apoyarnos, señores Oumae —afirmó la trompetista. Luego de esto, los Oumae le pidieron que se quedara a cenar. La joven Kousaka aceptó con gusto. Poco antes de la cena, Mamiko llegó de estudiar con unos compañeros de su universidad. La mayor de las hermanas Oumae se sorprendió al enterarse de la relación de Kumiko y Reina, pero lo aceptó advirtiendo que no permitiría que las jóvenes hicieran sus asuntos de pareja en la casa, lo que provocó que la pareja se sonrojara.
Luego de que Reina partiera a su casa, Kumiko decidió encarar a sus padres por el asunto de Hirasawa. Esta vez no iba a aceptar la excusa de que esa persona estaba mal de la cabeza; quería la verdad y la quería saber esa misma noche. Fue al cuarto de sus padres y comenzó a interrogarlos. Akiko opuso resistencia al interrogatorio, llegando a amenazar a su hija de castigarla si continuaba preguntando. Kentaro solo callaba; no quería admitir que su esposa le asustaba y que por esa razón había mantenido el asunto de Hirasawa en secreto por tanto tiempo.
—Todo esto es tu culpa, Kentaro. Si no hubieras mencionado a Hirasawa esta tarde, Kumiko no estaría haciéndonos estas preguntas —exclamó la señora Oumae ante el silencio de su esposo.
—Te equivocas, Akiko —dijo Kentaro, finalmente encarando a su esposa—. Esto no es culpa de nadie. Era cuestión de tiempo para que ella descubriera que algo andaba mal, especialmente con las constantes llamadas de Hirasawa que ya habían despertado su curiosidad.
—Pero es mejor que no se entere de eso. Legalmente es nuestra hija, la hemos cuidado con amor y devoción al igual que a Mamiko, le hemos dado todo lo que ha necesitado...
—Y todo eso lo agradezco, mamá —interrumpió Kumiko—, pero quiero que sean sinceros conmigo y me digan esa parte de mi pasado.
—Está bien, Kumiko. Kentaro, tú conoces mejor la historia que yo, así que cuéntasela —suspiró Akiko resignada.
—Bien, te contaré... —inició Kentaro.
Hace 15 años yo era donante de esperma. Lo hice para colaborar con el incremento del índice de natalidad del país. Por ese entonces Akiko quedó de nuevo en embarazo de nuestra segunda hija. Estábamos emocionados, al igual que Mamiko, con la llegada de esa bebé, que también era una niña. Pero, un par de días antes del parto, Akiko contrajo una fuerte infección y debimos hospitalizarla. Los síntomas de esa infección afectaron la salud de nuestra bebé sin que nosotros lo supiéramos. La bebé nació viva y en aparente buen estado. Al mismo tiempo, una mujer, llamada Azusa Hirasawa, daba también a luz a su hija. Más o menos una hora después, Yui, la esposa de Azusa, exigía a grito herido que le devolvieran a su hija. Las enfermeras se veían nerviosas.
—Disculpe, señorita. ¿Qué le pasa a esa mujer? —pregunté a una de ellas.
—La hija recién nacida de su pareja falleció por una meningitis neonatal —me respondió. Podía entender el dolor de perder un hijo, pero la forma en que ella gritaba daba la impresión de que era más un secuestro que un fallecimiento. En ese momento fui al cuarto de Akiko. Cuando entré, la encontré sujetándote con fuerza y con rabia en sus ojos.
—Señor Oumae, me temo que hemos cometido un terrible error. Cambiamos a su hija por otra, y me temo que su hija falleció. Le decía esto mismo a su esposa, pero ella no quiere aceptarlo.
Quedé en shock al escuchar esas palabras. Atando cabos, supe que la niña que estaba en los brazos de Akiko era de las Hirasawa, pero ella no quería creer eso.
Al cabo de unas horas, los exámenes confirmaban los hechos: la causa de la muerte de la supuesta bebé Hirasawa fue una meningitis provocada por el mismo microorganismo que había infectado a Akiko; y Azusa no tenía rastro alguno de dicho microorganismo. Logré convencer a mi esposa de devolver a la niña a su verdadera madre, pero ella no se quedaría de brazos cruzados.
Un par de semanas después, Akiko emprendió acciones legales contra el hospital, por aquel descuido, y contra las Hirasawa, por rapto de menor de edad. Durante el proceso judicial descubrimos que tú tienes mi ADN, lo que significa que una de las muestras que doné resultó casualmente con ellas. Y eso fue uno de los detalles que determinó que te quedaras con nosotros. El juez del caso resolvió que lo mejor era que nosotros tuviésemos tu custodia, según él, porque las lesbianas no son aptas para ser madres. Yui y Azusa intentaron apelar, pero ese juez movió sus influencias para impedirlo.
Kumiko se sorprendió al escuchar este relato, no imaginaba todo lo que había pasado cuando ella apenas había nacido. Su curiosidad por conocer a las Hirasawa había aumentado, pero no quería que sus padres pensaran que quisiera cambiarlos por ellas; especialmente al escuchar las palabras que Akiko le dijo en ese momento.
—Ahora conoces la verdad, Kumiko. Una verdad que oculté porque sigo sin creer que no seas sangre de mi sangre. Las llamadas de Hirasawa no son algo nuevo; ella siempre nos ha llamado pidiéndonos que le permitamos verte, aunque sea un momento. Pero no lo he permitido por miedo a perderte... No quiero perder a ninguna de mis hijas. —Tras decir esto, la señora Oumae rompió en llanto, siendo rodeada por los brazos de su esposo y su hija.
Mientras tanto, Reina llegaba a su casa; estaba feliz por haber iniciado una relación con Kumiko y quería contárselo a su madre lo antes posible. Pero, al entrar a la vivienda, vio a Mio paralizada con un papel en sus manos. La trompetista intentó hacerla reaccionar sin éxito, por lo que leyó el papel que la exbajista tenía en sus manos. La joven pelinegra no daba crédito a lo que veían sus ojos. Ese papel era una orden judicial con la que la custodia de la menor era dada a Ryotaru; y, si no llegaba esa misma noche donde él vivía, a primera hora del día siguiente las autoridades irían a la casa, llevarían a Reina con su padre y arrestarían a Mio por secuestro.
Continuará...
VagaParaLoggear: lo siento, no pude ignorarlo XD. Sé lo que se siente escribir reviews en móvil, te comprendo. Desde que finalizó Hibike! me habían sugerido hacer un fanfic sobre el, pero en ese entonces ya había comenzado a escribir otro fanfic (Love War) y no tengo tanto tiempo libre como para escribir dos historias simultáneamente, además que quería leer la novela. Lo del Crossover fue porque no quiero abandonar a K-ON, y lo de hacer a las HTT madres de las chicas de Hibike fue por los parecidos en los diseños de personajes de ambas series. Bien, pues aquí di más detalles de lo sucedido con Yui, Azusa y los padres de Kumiko, y ese cerdo va a seguir intentando hacer de las suyas. Supuse que la recepción de esta historia sería baja, aunque publico el enlace en Facebook, así que estaba preparado. De todas formas, gracias por tu apoyo y seguiré cada domingo actualizando hasta que finalice la historia.IedtneusajiDdraig: gracias por tus halagos. Este es mi granito de arena para no olvidar a esta serie, ya que ni Kakifly quiere continuar el manga ni KyoAni quiere sacar la tercera temporada. Prepárate para enojarte más con Ryotaru.Gracias por leer, see you.
