Defensa
Hazuki, con la ayuda de Ritsu, practicaba sus partes de tuba. La joven Katou notaba con agrado que los movimientos de sus dedos eran cada vez más ágiles y su respiración era más efectiva. La tubista se había propuesto alcanzar el nivel de Sapphire y Kumiko antes de pasar al segundo año. Pero su práctica se vio interrumpida por su teléfono, que había empezado a sonar. Al ver el identificador de llamadas, se dio cuenta de que era importante.
—¿Sucede algo, Reina-san? —preguntó inmediatamente después de contestar.
—Hazuki-san, pásame a tu mamá. Necesito hablar con ella. —Al escuchar esto, Hazuki le pasó el teléfono a su madre.
—Habla Ritsu, ¿en qué puedo ayudarte?
—¡Kousaka quiere encarcelar a mi madre si no me voy a vivir con él esta misma noche! —exclamó Reina.
—Entiendo. Mugi y yo estaremos ahí pronto —afirmó la baterista antes de colgar. De inmediato sacó su teléfono, marcándole a la rubia. Cuando esta contestó, le comentó lo que la trompetista le había dicho.
—Llamaré a mi mejor abogado y pasaré a recogerte. No volverán a pasar por encima de los derechos de Mio-chan —dijo Mugi con seriedad.
Unos veinte minutos después, una limusina estaba estacionada frente a la casa de Mio. De ella se bajaron Mugi, Ritsu, Hazuki y una mujer de corto cabello castaño oscuro y lentes. La rubia tocó a la puerta y Reina les abrió. Al entrar, encontraron a Mio dormida en el sofá. Ritsu la observó y notó lágrimas secas en su rostro. La mujer de ojos dorados maldijo en su interior a Ryotaru por haber hecho llorar otra vez a la pelinegra.
—Gracias a todas por venir. Mi madre y yo recibimos hoy esta pésima noticia. Nunca pensé que Ryotaru fuese capaz de algo así dijo Reina mostrando la orden judicial que Mio había recibido.
—¡Ese tipo pagará caro lo que está haciendo! No puedo creer que existan personas así —exclamó Mugi. En ese momento volvió a sonar el timbre. La rubia se puso en alerta, al igual que Ritsu, mientras la trompetista abría la puerta, revelando a Kentaro y Kumiko.
—¿Estás bien, Reina? —preguntó la eufonista.
—Por ahora, pero temo que Kousaka venga aquí a llevarme a la fuerza —respondió la trompetista.
—Él no puede hacer eso. No puedo permitir que esta arbitraria decisión sea avalada por el sistema judicial —dijo la mujer de lentes tras leer detenidamente la orden judicial.
—Disculpe... ¿Quién es usted? —preguntó la joven Kousaka.
—Mi nombre es Nodoka Manabe y soy la jefa de abogados de la familia Kawashima.
—También fue la presidenta del club de fans de tu madre en la preparatoria, Reina-chan —intervino Ritsu.
—¿Club de... fans? —preguntó Reina. Ninguno de los presentes se dio cuenta de que Mio se había despertado.
—Ritsu... ¡NO TENÍAS QUE CONTARLE ESA VERGONZOSA PARTE DE MI VIDA A MI HIJA! —exclamó la exbajista, golpeando a la mujer de ojos dorados en la cabeza. Hazuki, Reina, Kumiko y Kentaro quedaron sorprendidos por esa escena, mientras que Mugi solo sonreía, ya que extrañaba ver eso.
—Algunas cosas nunca cambian —susurró Nodoka.
—Oigan, nos estamos desviando del tema. Manabe-san, ¿podemos evitar que esa orden se cumpla? —preguntó la trompetista.
—Es algo complicado, pero, conmigo aquí, es posible. Ellos están pasando por encima de tú derecho a la defensa, Mio. Además, quieren acusarte de un crimen que no has cometido, ya que Reina está viviendo contigo voluntariamente —respondió la abogada.
—Bien, lo mejor será que pasemos la noche aquí. No sabemos a qué hora llegan las autoridades, así que es mejor estar preparados —afirmó Ritsu.
Todos los presentes, de alguna forma, se acomodaron en la pequeña vivienda: Kentaro en la sala, Mio, Ritsu, Nodoka y Mugi en habitación de la exbajista, y Reina, Kumiko y Hazuki en la de la trompetista. Antes de irse a su habitación, la mujer de ojos grisáceos agradeció al señor Oumae por su presencia. Ambos se conocían de las reuniones de padres en la secundaria y preparatoria de sus hijas. En ese momento el hombre, de cabello castaño oscuro con algunas canas, le comentó de la relación que la eufonista y la trompetista habían iniciado, lo que sorprendió a la pelinegra.
—Creí que lo sabía, Mio-san, por eso lo comenté. De verdad, discúlpeme —dijo Kentaro avergonzado.
—No se preocupe, Kentaro-san. Reina y yo no hemos podido hablar de eso. Además, me alegro por ellas —respondió Mio.
La noche transcurrió con normalidad, todos dormían plácidamente, excepto Kumiko. La eufonista aún no asimilaba del todo la información que sus padres le habían revelado, especialmente el hecho de que su madre haya perdido una hija por un error médico y que ella, de una u otra forma, sea el reemplazo de la bebé fallecida. Pero había una duda que la tenía pensativa, una que solo las Hirasawa podrían resolverle: "Si Azusa fue la que me dio a luz, ¿por qué me parezco a Yui?". Esa pregunta cruzó una y otra vez por su cabeza. Para tratar de poner su mente en blanco, miró a Reina. Observando la belleza de la pelinegra, el cansancio físico venció a la castaña, que cayó en los brazos de Morfeo.
Apenas al despuntar el alba, el constante repicar del timbre y los fuertes golpes en la puerta pusieron en alerta a los que estaban dentro de la casa. Nodoka, tras un rápido duchazo y con la elegancia que su cargo y posición ameritaba, fue quien abrió la puerta, recibiendo a Ryotaru y un par de agentes de policía. Kousaka comenzó a exigir, a todo pulmón, la entrega de su exesposa y la devolución de su hija.
—Me temo que no puedo permitir eso, Kousaka-san, ya que va en contra de los derechos de mi defendida —dijo la abogada con firmeza en su voz.
—¿Y quién es usted para impedirlo, señora? —preguntó Ryotaru altivamente.
—Soy Nodoka Manabe, jefe de abogados de la familia Kawashima y, desde ahora, defensora de Mio y Reina Kousaka.
—¡Bah! No importa si usted es la abogada privada de la familia imperial, tengo todos los documentos en regla. Mio secuestró a mi hija hace casi un mes...
—Me temo que eso no es verdad, Kousaka-san —interrumpió Nodoka—. Su hija ha permanecido viviendo aquí de forma voluntaria. Además, ella ha continuado asistiendo a sus clases en la preparatoria Kitauji y tomando sus clases privadas de trompeta. Así que no podemos hablar de un secuestro en este caso.
—Pero sigue siendo ilegal. Yo soy quien tiene la custodia de Reina, así que ella debe vivir conmigo —protestó Ryotaru.
—Dígame una cosa, Kousaka-san; ¿quién le dio la custodia de su hija?
—Un juez.
—¿Sin un juicio? No le creo.
—Pues tendrá que hacerlo. El honorable juez Seihiro Ogasawara fue quien decidió que Reina esté bajo mi custodia. —Tras escuchar estas palabras, la abogada sacó su teléfono y realizó una llamada.
—Ogasawara-san, habla Manabe... Disculpe usted por molestarlo tan temprano, pero tengo una consulta que hacerle... Se trata de un caso de custodia de una menor de edad... Mire, ella tiene 15 años y se llama Reina Kousaka... ¿Es verdad lo que me dice?... Lo que sucede es que el padre de la joven Kousaka argumenta que usted le concedió la custodia... Ah, ok. Una última pregunta: ¿ella puede vivir con su madre mientras sale el veredicto?... Bien, muchas gracias y nuevamente disculpe las molestias —Nodoka colgó y miró al señor Kousaka con una sonrisa desafiante. Ryotaru, tras escuchar esto, sintió una mezcla de miedo y furia—. Como acaba de escuchar, hablé con el honorable juez Seihiro Ogasawara y él me acaba de decir que, como el proceso de custodia de Reina no ha comenzado, no la ha dado a ninguno de los dos y que no le ve problema en que ella viva con su madre; así que puede retirarse por donde vino y nos veremos en la corte, Kousaka-san.
—Esto no se va a quedar así, Manabe-san. Nadie puede pasar por encima de mí. ¡Nadie! —exclamó el padre de Reina, retirándose junto con los dos agentes. Nodoka cerró la puerta y suspiró aliviada.
—Nodoka, muchas gracias. No sé cómo voy a pagarte —dijo Mio, sujetando las manos de la abogada.
—Descuida, Mio. Es un placer ayudar a una de mis amigas —respondió la mujer de lentes.
—¡Me sigues sorprendiendo, Nodoka! Es increíble que conozcas a ese juez —intervino Ritsu.
—Bueno, trabajar para la familia Kawashima y conocer en persona a los Kotobuki tiene sus ventajas. Ogasawara-san, antes de ser juez, fue el jefe de abogados de la familia de Mugi —afirmó Nodoka.
—Supongo que Kousaka no las molestará por un tiempo, así que voy por Kumiko para irnos a casa. Mio-san, cuentas con todo el apoyo de la familia Oumae —afirmó Kentaro, disponiéndose a ir al cuarto de Reina en busca de su hija.
—Muchas gracias, Kentaro-san —dijo Mio con una sonrisa.
—Oumae-san. Si gusta, puedo llevarlo con su hija a su casa —intervino Mugi.
—No quisiera ser una molestia —dijo el señor Oumae con timidez.
—No es ninguna molestia. Los amigos de mis amigas son mis amigos. Además, mi pequeña Sapphire me ha hablado mucho de su hija, así que es un buen momento para conocernos mejor —aseguró la rubia.
Kentaro, apenado, aceptó la propuesta de la señora Kawashima. Después, él y Ritsu fueron en busca de sus respectivas hijas para llevarlas a sus casas y prepararlas para sus clases, que iniciarían un par de horas después.
Continuará...
IetsajiDdraig: muchas gracias por tus halagos a mi escritura. Y opino igual respecto a Ryotaru, a pesar de que yo lo creé.
Gracias por leer. See you.
