Hola amigas y amigos lectores. El capítulo de hoy tiene banda sonora: la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini, en interpretación del la Banda Sinfónica Juvenil de Cundinamarca: youtu. be/hWHfUwfiGoc

Presentación

Habían pasado varios días desde el fallido intento de Ryotaru por separar a Reina de su madre, días en los que ninguna de las pelinegras había tenido noticias de él. Por esos días, la joven Kousaka y sus compañeros de banda estaban completamente metidas en los ensayos para su presentación en el evento de caridad y para las nacionales. Día a día, dichos ensayos eran más arduos y ocupaban prácticamente todo el tiempo libre de los integrantes de la banda.

Kumiko, a pesar de los regaños de su madre y hermana, practicaba a diario con su bombardino en su casa. El argumento de Akiko era que el sonido del instrumento molestaba a los vecinos, a pesar de que su hija menor usaba una sordina para bajar el volumen del eufonio. Por su parte, Reina corría con mejor suerte, ya que su madre la apoyaba e incluso le ayudaba en lo que podía. La joven Kousaka pensaba que lo único bueno que Ryotaru le dejó fue su pasión por la trompeta, y no planeaba dejar de tocar.

El día del evento había llegado. Esta vez, gracias a que no había límite de integrantes, todos los miembros de la banda de Kitauji actuarían, lo que significaba el debut de Hazuki en público. La joven Katou estaba nerviosa, al punto de afirmar que había olvidado todo lo relacionado con la obra. Kumiko y Sapphire trataban de calmarla, ya que no querían que su amiga perdiera toda su confianza, aunque la joven Oumae tampoco estaba tan tranquila.

El trayecto al lugar del evento, el auditorio de la Universidad de Kyoto, fue tranquilo pero tenso. Shuuishi miraba de una forma extraña a Reina y Kumiko, que iban sentadas juntas conversando cosas triviales para ayudar a la eufonista a relajarse.

—¿Celos, Tsukamoto-kun? —preguntó Hazuki, que estaba sentada al lado del trombonista.

—Sí, Katou-san. Sigo sin creer que ellas dos sean pareja. Gran parte de mi autoestima se fue al piso cuando me enteré. ¿Qué tiene Kousaka-san que no tenga yo? —preguntó retóricamente Shuuishi.

—A Kumiko-chan —respondió la tubista con sarcasmo antes de soltar una pequeña risilla.

—¡No te burles, Katou-san! —exclamó el trombonista, haciendo que sus compañeros voltearan a verlo. En ese momento, él y Kumiko intercambiaron miradas. En los ojos de la joven Oumae había una expresión de complicidad, como si apoyara que él y Hazuki fuesen amigos... O algo más. Él suspiró para tratar de olvidar ese pequeño momento bochornoso—. Solo espero que Kousaka-san no la engañe.

—¿A qué te refieres, Tsukamoto-kun? —preguntó Hazuki.

—A los rumores que dicen que entre Taki-sensei y Kousaka-san hay algo raro. —Al escuchar esto, la tubista recordó el arreglo matrimonial que habían hecho los padres de Reina y Noboru, así como lo que la trompetista había dicho respecto a los planes del profesor para evadir esa situación.

—Dudo que eso pase. Pero creo que tú, en el fondo, quieres que sí suceda —dijo Hazuki.

—¿¡Por qué crees que yo quiera eso, Katou-san!?

—Primero, para quitar a Reina-san del camino. Y segundo, para acercarte a Kumiko-chan como un príncipe capaz de hacerla olvidar esa pena de amor. De ese modo, ella se enamoraría de ti y pasarían a formar una linda pareja.

—¿De dónde sacas que eso pueda suceder?

—Algo parecido pasó entre mis padres.

Hazuki y Shuuishi continuaron hablando el resto del trayecto.

Una vez llegados al lugar del evento, los chicos del grupo comenzaron a bajar del camión de transporte los instrumentos más grandes, mientras que las chicas exploraron un poco el lugar. "A Aoi-chan le habría encantado venir aquí. Si mal no estoy, ella quiere estudiar en esta universidad" pensó Kumiko mientras observaba el campus de la Universidad de Kyoto. Mientras, Hazuki y Sapphire observaban la entrada principal del auditorio, viendo con agrado que sus familiares estaban formados para entrar al recinto. De repente, la joven Kawashima notó algo que no podía creer.

—¡Hazuki-chan, mira esa señora! —dijo la contrabajista, señalando a una mujer de cabello castaño.

—¿Qué tiene? —preguntó la tubista.

—Se parece mucho a Kumiko-chan —respondió Sapphire. Hazuki entrecerró sus ojos para tratar de ver con más detalle a aquella mujer. De pronto, los abrió sorprendida—. ¿Sucede algo, Hazuki-chan?

—Hirasawa... ¡Las Hirasawa! ¡Hace bastante tiempo que no las veía! —exclamó la tubista emocionada al ver que junto a la castaña estaba otra mujer, de menor estatura y con el cabello negro azulado.

—¿¡Conoces a esa mujer, Hazuki-chan?!

—Sí, Midori-chan. Ella y su compañera nos visitaban a mi mamá y a mí cuando era más pequeña. Supe que se mudaron a su pueblo natal hace unos dos años y por eso no las había vuelto a ver. Me sorprende tanto verlas aquí hoy. —Tras decir esto, la joven Katou corrió a saludar a las dos mujeres.

Varios minutos después, el grupo estaba reunido en un salón aledaño al auditorio, ya con la ropa que iban a usar en su presentación. Kumiko notó un cambio de actitud en Hazuki. La tubista ahora estaba emocionada y optimista, lo que hizo sonreír a la eufonista. Y no solo a ella, también a Shuuishi le alegró ver a la joven Katou menos nerviosa. En ese momento, Michie Matsumoto tomó la palabra.

—Escuchen bien. Este es un evento de caridad, pero eso no significa que no los van a juzgar por sus habilidades. Los demás integrantes de las otras bandas tendrán sus ojos y oídos fijos en ustedes. Así que demuestren que están a su nivel, si no más alto, y que todos estos meses de arduos ensayos no han sido en vano —dijo la profesora.

—Sí —respondieron todos a coro.

—Estoy orgulloso de todos ustedes y de los progresos que han mostrado —intervino Noboru—. Cada vez estoy más seguro de haber elegido correctamente al venir aquí. Sé que aún no soy del agrado de todos, pero me alegra ver que todos se esfuercen por mejorar cada vez más. —Tras escuchar estas palabras, los 63 jóvenes, encabezados por Asuka, Kumiko y Reina, aplaudieron a su profesor.

El gran momento había llegado. La banda estaba lista sobre el escenario, los instrumentos perfectamente afinados, en espera de que Taki-sensei diera la señal de inicio. Cuando el profesor lo indicó, Raina Kitamura inició el Preludio con su fagot. Poco a poco los clarinetes, saxofones y la sección de bajos la acompañaron. Luego, las flautas y clarinetes dieron inicio a La Tormenta, donde la dinámica permitió la participación de todos los instrumentos, con un especial protagonismo de los trombones. Shuuishi se sintió satisfecho con su desempeño. Después, Mizore Yoroizuka en el oboe y Kotoko Himegami en la flauta intercambiaban el protagonismo en el Ranz des Vaches, movimiento que daba la ilusión de terminar la pieza, desvaneciendo poco a poco el volumen de los instrumentos, hasta que Reina irrumpió con su tormenta, dando inicio al movimiento final, y más reconocido, de la obertura. Cuando la interpretación finalizó, el auditorio estalló en aplausos.

Tras las presentaciones de las restantes bandas, que interpretaron obras de Johan de Meij, Franco Cesarini y Johan Strauss, entre otros, la organización del evento agradeció a los presentes por su asistencia y el apoyo a la causa por la que se habían reunido, apoyar a una fundación que acoge a niños con discapacidad. El público comenzó a salir del recinto, al igual que los integrantes de las diferentes bandas que se habían presentado esa tarde.

Algunos integrantes de la banda sinfónica de la preparatoria Kitauji se reunieron en grupos para ir a festejar la buena aceptación que tuvieron; otros, como en el caso de Kumiko, Reina, Hazuki y Sapphire, buscaron a sus familiares y amigos que habían asistido al evento. Para las cuatro chicas fue una grata sorpresa ver a Mio, Ritsu, Mugi, con su esposo Shigeo y su hija menor Kohaku, Akiko, Kentaro y Mamiko reunidos conversando amenamente. Las jóvenes Katou y Kawashima corrieron a abrazar a sus familiares, mientras que las jóvenes Oumae y Kousaka solo se acercaron sonriendo. De repente, Ritsu vio a dos mujeres que reconoció al instante y les hizo una seña para que se acercaran.

—Señores Oumae e hijas, señor Kawashima e hijas, Reina-chan y Mio, que tal vez ya ni las recuerde —comenzó a decir la señora Katou, lo último entre risas—, les presento a dos grandes amigas de Mugi y mías: Yui y Azusa Hirasawa.

Mientras que Shigeo sonreía amablemente, al igual que su esposa, y Mio se emocionó por volver a verlas después de tanto tiempo; Reina y la familia Oumae quedaron pasmados. Este era un encuentro que Kentaro y Akiko querían evitar a toda costa, pero no podían quedar como unos maleducados al irse sin decir nada, así que no sabían qué hacer.

Continuará...

Sí, un capítulo algo cortito, pero mi trabajo me tiene algo ocupado por estos días.

IeptneusajiDdraig: ten por seguro que Nodoka no dejará que Ryotaru se salga con la suya.

Gracias por leer, See you.