Ataque sorpresa

Había pasado cerca de un mes desde la presentación de la banda sinfónica de la preparatoria Kitauji en aquel evento de caridad. Tras él, los jóvenes, liderados por Noboru Taki, también se presentaron en el festival escolar de su colegio, con un auditorio completamente lleno. La popularidad de la banda iba en aumento, así como la exigencia de Noboru y Michie con los alumnos. Ellos no iban a permitir que esa popularidad se les subiera a la cabeza. Varios integrantes, entre ellos Shuuishi, estaban en desacuerdo con la exigencia de los profesores, viéndolos como unos opresores que no les permitían disfrutar de su juventud. Aún así, seguían cada indicación al pie de la letra, con tal de no perder una posible nueva audición de cara a las competencias nacionales.

Con la cercanía de las vacaciones de invierno, y como preparación a las nacionales, ambos profesores, en conjunto con las directivas de Kitauji, decidieron organizar un concierto especial de navidad, donde la banda tocaría todas las piezas que habían tocado ese año. El concierto sería abierto al público con un pequeño costo. Ciertamente, la idea de ensayar tan cerca de las fiestas decembrinas no era del agrado de todos, pero tocar una vez más, demostrar en público sus habilidades y su mejoría, eso sí les agradaba.

Dado el nivel de exigencia durante los ensayos, los chicos tenían poco tiempo para sus actividades personales o familiares, lo que, en el caso de Kumiko, no tenía muy contentos a sus padres. Cada día, la joven Oumae llegaba tarde y siempre con ese, para ellos, ruidoso instrumento infernal. Ella no practicaba en casa, lo hacía en un parque cercano para no molestarlos. Usualmente lo hacía sola, aunque no era extraño que Reina, Hazuki y Shuuishi la acompañaran ocasionalmente. En una de esas prácticas grupales, el trombonista tocó un tema delicado para la eufonista y la trompetista.

—«Kumiko, Kousaka-san, ¿por qué aún no lo hacen público?» preguntó el joven, a pesar de las señales que Hazuki hizo para intentar detenerlo.

—«¿A qué te refieres, Tsukamoto?» contrapreguntó Reina.

—«Ya sabes, a su... relación».

—«Por personas como tú, que no ve a parejas como nosotras con buenos ojos» dijo la pelinegra, dejando salir un poco su lado agresivo.

—«¡Cálmate, Kousaka-san! Creo que tienes la imagen equivocada de mí» intentó defenderse el trombonista.

—«"Ustedes están locas", escuchar eso de ti nos dolió mucho» intervino Kumiko, recordando la reacción de Shuuishi cuando ella y Reina revelaron sus sentimientos. El joven Tsukamoto solo guardó silencio.

—«Al menos no eres como mi progenitor, o eso espero, por el bien de Hazuki». Este comentario confundió al trombonista, al tiempo que hizo sonrojar a la tubista.

—«No confundas las cosas, Reina-san» dijo Hazuki. En ese momento, un teléfono sonó. Era el de la trompetista. Al ver el identificador de llamadas, supo que la llamada provenía del número de Mio.

—«¿Sucede algo, mamá» preguntó la pelinegra.

—«Sucede que no soy Mio, Reina» dijo una voz masculina que la trompetista identificó de inmediato.

—«¿¡Qué le hiciste a mi madre, Kousaka!?». Estas palabras sorprendieron a los que acompañaban a Reina. Hazuki, retirándose del grupo, llamó a Ritsu para alertarla de lo que podría estar sucediendo en la casa de Mio.

—«Te recuerdo que aun soy tu padre y su esposo, así que puedo visitarlas cuando me plazca. Mio está dormida, espero que estés aquí cuando ella despierte». Tras decir esto, Ryotaru cortó la comunicación. Reina sintió hervir su sangre. Quiso correr de inmediato a su casa, ya que por su cabeza pasaban todo tipo de cosas horribles que su padre pudo o podría hacerle a su madre. Pero Kumiko la detuvo.

—«Espera, Reina. No cometas una locura» dijo la eufonista.

—«¡La vida de mi madre corre peligro!».

—«La tuya también, Reina. No sabemos de qué sea capaz ese monstruo de tu padre...».

—«¡No me recuerdes que ese tipo es mi padre! Mamá me necesita, ¡déjame ir, Kumiko!».

—«Sola no, yo te acompaño» dijo Kumiko con seguridad en su voz.

—«Pero...». La eufonista puso un dedo en los labios de Reina, impidiéndole protestar.

—«Te lo dije antes, ¿no? Siempre te apoyaré, nunca te abandonaré. No solo hablaba de tu audición, sino de cada momento de nuestras vidas». La seguridad de las palabras de la castaña hizo sonreír a la pelinegra.

—«¿De qué me perdí?» preguntó Hazuki, regresando junto a la pareja.

—«No lo sé, pensé que Kousaka-san estaba por irse a ayudar a su madre en no sé qué asunto...» dijo Shuuishi, igual de confundido que la tubista. Reina y Kumiko, sin decir nada más, salieron corriendo a la estación del metro.

—«Y ahí van. Creo que su secreto pronto saldrá a la luz» suspiró la joven Katou.

—«¿Podrías explicarme qué pasa con ellas dos, Katou?» preguntó el trombonista. En ese momento, un vehículo blanco se parqueó junto al parque, cerca de donde estaban los dos jóvenes.

—«Larga historia que no estoy autorizada a contar. Solo puedo decirte que Ryotaru Kousaka, el padre de Reina-san, es la peor persona del mundo» respondió Hazuki, guardando su tuba en su estuche. Ritsu, bajándose de su auto, ayudó a los jóvenes a guardar también el bombardino y la trompeta que Kumiko y Reina habían olvidado por su prisa.

Minutos después, las jóvenes Kousaka y Oumae se habían detenido en un semáforo. Respiraban agitadas tras correr desde el parque hasta allí, pero tenían prisa. La integridad física de Mio las tenía demasiado preocupadas como para pensar en el cansancio que pudieran sentir; solo esperaban el cambio de luces para poder continuar su camino. De repente, un automóvil blanco se ubicó frente a ellas. Cuando se disponían a rodearlo para cruzar la calle, unas voces femeninas las llamaron por sus nombres.

Mientras, en la casa de Mio, la zurda yacía inconsciente en el sofá. Ryotaru estaba a su lado, mirando su reloj. Esperaba a su hija, a aquella adolescente rebelde que prefirió quedarse con la enferma de su madre antes que con él, según pensaba. Al ver que el proceso judicial por la custodia de Reina no iba como él quería, decidió actuar por su cuenta. La trompetista se iría con él y tendría el futuro que decidió para ella y haría todo para lograrlo. "Reina, quieras o no, esta noche volverás a vivir conmigo" pensaba.

Después de un rato, notó las luces de un vehículo frente a la casa. Segundos después, Reina irrumpió en el lugar, corriendo a abrazar a su inconsciente madre. Las lágrimas se agolparon en sus ojos al ver a Mio de esa forma y un mal presentimiento cruzó su mente.

—«¡¿Qué le hiciste, maldito?!» preguntó furiosa.

—«¿Así tratas a tu padre, Reina?» reclamó Ryotaru.

—«Tú no mereces ese título. Un sujeto como tú solo merece ser odiado».

—«¿Por qué? ¿Por querer protegerte de las perversiones de tu madre y la enferma de su mozuela?».

—«Sí, por eso. Por esa forma ruin y déspota con la que tratas a las personas que no siguen las mismas normas que tú. Mi madre, como cualquier persona, es muy valiosa. Y no me importa si tiene o tuvo amorios con otra mujer, eso no la hace menos persona y tampoco la hace una enferma o pervertida».

—«Aún no es tarde, aún puedo corregirte. A mi lado volverás a ser la niña buena que eras».

—«Estás loco. Nunca regresaré a tu lado, Kousaka».

—«Sí lo haras, Reina, o ella pagará las consecuencias» dijo Ryotaru, apuntando a Mio con un revólver. Reina quedó paralizada.

—«¡Qué poco hombre eres, Kousaka! Los Akiyama debieron elegir mejor al esposo de su hija. Pero claro, ¡con el afán de separarnos para que superara "esa etapa"! Nunca se dieron cuenta del error que cometieron» dijo Ritsu, que filmaba lo que sucedía con su teléfono.

—«¡Qué estás haciendo aquí, Ritsu!» exclamó el pelinegro.

—«Katou-sama para usted, Kousaka. Y estoy haciendo lo que debí seguir haciendo hace 20 años: proteger a Mio» dijo la castaña con total seguridad.

—«¿Y qué puede hacer una enferma como tú? Mio es y seguirá siendo mi esposa, ya que no le daré el divorcio».

—«Dices eso apuntándole a Mio estando inconsciente, además de negarle un derecho constitucional. ¡Y yo soy la enferma!». En ese momento, Ryotaru dejó de apuntarle a Mio y dirigió la mira de su arma hacia Ritsu.

—«¡A ver si eres tan valiente ahora!» exclamó.

—«¡Anda, hazlo! Así demuestras tu cobardía, Kousaka. Si he de sacrificar mi vida por la libertad de Mio y Reina, con gusto lo haré. ¡¿Qué esperas?!» exclamó Ritsu, acercándose sin temor al portador del revolver. Reina aún no salia del shock en el que estaba. Solo quería sacar a su madre ilesa de ese lugar, pero la única alternativa que veía era rendirse e irse con su padre.

—«¡Deténganse! —exclamó la trompetista, decidida a hacer lo que consideraba correcto—. No quiero muertos o heridos por mi culpa. No quiero que le hagas nada a mi madre. Por eso...».

—«¡NO LO HAGAS, REINA! —interrumpió Kumiko desde la puerta—. ¡No te rindas! Sé que parece que no hay más alternativa, ¡pero ese monstruo no puede salir triunfante!». Mientras la eufonista hablaba, el ruido de unas sirenas invadió el lugar. Instantes después, varios oficiales de policía ingresaron a la casa.

—«¿Qué sucede aquí?» preguntó uno de ellos.

—«N-no es n-nada, oficial» respondió Ryotaru, completamente nervioso.

—«¿Nada? Este hombre vino aquí, dejó inconsciente a su exesposa e intenta raptar a su hija, de quien no tiene custodia legal» intervino Ritsu, señalando a Mio.

—«¡Necesitamos una ambulancia, rápido!» solicitó el oficial a través de su radio.

—«¿Y ustedes son?» preguntó otro oficial, refiriéndose a Ritsu y Kumiko.

—«La señora es la mejor amiga de mi madre, y la joven es mi novia» respondió Reina. Estas palabras sorprendieron a Ryotaru, quien, en su impotencia, apuntó su arma a la joven Oumae. Por suerte, dos de los oficiales lo inmovilizaron, le arrebataron el revolver y lo esposaron. Minutos después, Mio fue llevada a un hospital. Allí, ella despertó. Tras los análisis, los médicos informaron que el motivo de la inconsciencia de la zurda fue un fuerte golpe en su cabeza. Reina y Ritsu, al enterarse de esto, desearon que la posible condena que Ryotaru recibiría por maltrato fuese muy larga.

Continuará...


Chobits3, me alegra que el especial haya aclarado tus dudas. Y espero el final de tus historias.

NozoEliHonoMaki: me alegra que te gustara el especial, aunque falta mucho para que Ritsu y Mio sean felices.

Gracias por leer, see you.