Calma Después De La Tormenta

"¿Qué pasó? ¿Por qué estoy en un cuarto de hospital? ¿Por qué me duele la cabeza?" pensó Mio tras despertar de su inconsciencia. Aún no tenía idea de lo que había sucedido en su casa, de cómo Reina y Ritsu se enfrentaron a Ryotaru por ella. En ese momento, una enfermera entró en la habitación para revisarla.

—Me alegra ver que despertó, Kousaka-san. ¿Puede recordar algo de lo que sucedió antes de que perdiera el conocimiento?» preguntó para comprobar si la pelinegra tenía o no amnesia.

—Veamos... —dijo Mio, tratando de recordar.

«Estaba preparando la cena para mi hija. Escuché el timbre y fui a ver quién era. Resultó ser mi exesposo.—¿Qué haces aquí, Ryotaru? —pregunté.—Vine a ver a mi hija.—Sabes perfectamente que ni ella ni yo queremos verte, así que, amablemente, te pido que te vayas.—¡Es mi hija! ¡Quiero protegerla de ti y tu mozuela!—¡Lárgate! No eres bienvenido a... No pude terminar de hablar. Sentí un fuerte dolor en la parte trasera de mi cabeza».

—... Y eso es todo lo que recuerdo, señorita —dijo Mio, terminando su relato.

—Otro caso de violencia intrafamiliar —susurró la enfermera. Luego, sonrió cálidamente—. Bien, avisaré a sus familiares que ya despertó —avisó mientras salía de la habitación.

Al mismo tiempo, en la sala de espera, Ritsu, Reina, Kumiko y Hazuki (que presenció los hechos desde el auto de su madre) esperaban que les dieran noticias sobre la salud de Mio. La trompetista tenía sus ojos rojos; había llorado de camino al hospital, no quería perder a su madre, aquella mujer que, a pesar de todo, había dado todo de sí por ella y lo seguía haciendo.

—¿Familiares de Mio Kousaka? —preguntó una enfermera.

—Yo, soy su hija —respondió de inmediato Reina.

—Y yo su mejor amiga —intervino Ritsu.

—Les tengo buenas noticias: ella despertó y no tiene signos de amnesia. Pueden entrar a visitarla si gustan.

Antes de que la enfermera terminara de hablar, la joven pelinegra estaba corriendo en busca de la habitación de su madre. Al llegar a ella, abrió la puerta y se abalanzó sobre Mio, con lágrimas en sus ojos, abrazándola con fuerza.

—Mamá, me alegra verte consciente de nuevo. Tuve miedo de perderte, casi cometo el peor error de mi vida —dijo Reina, rompiendo en llanto mientras su madre le respondía el abrazo.

Ritsu las observaba desde la puerta. Sonreía al ver a las dos pelinegras juntas, pero no podía dejar de pensar en lo sucedido aquel día. Era un hecho que ambas se relajaron mucho y bajaron su guardia, no esperaban que Ryotaru atacara de esa forma. Tomó su teléfono, marcándole a Nodoka. Tras contarle lo sucedido, le dio la orden de denunciar a Kousaka por intento de homicidio.

—Mamá, ¿podemos hablar un momento? —preguntó Hazuki, llegando detrás de Ritsu.

—Por supuesto, Hazuki. Sabes que siempre podemos hablar de lo que sea —respondió la mujer con una sonrisa.

—Bien, seré directa. ¿Qué habría pasado si no te hubieran separado de Mio-san?

La pregunta de la joven tomó por sorpresa a la señora Katou. Nunca pensó en eso, ni siquiera en sus momentos de más profunda depresión.

—Supongo que tú y Reina serían hermanas. La verdad, no me he detenido a pensar en "si hubiera". Pienso que todo lo que ha pasado tenía que pasar. Claro que me habría gustado compartir toda mi vida con Mio, pero estoy agradecida con el destino por haber conocido a Koyomi y haber pasado cinco maravillosos años a su lado.

—¡Eso es demasiado egoísta, mamá! ¿Estás insinuando que Mio-san tenía que sufrir todo lo que ha sufrido en estos años porque estaba destinada a eso? Porque eso es lo que me diste a entender y es algo que no puedo aceptar.

Ritsu guardó silencio. Debía admitir que su hija tenía razón en ese punto.

—Creo que nunca he sido buena a la hora de elegir las palabras correctas ante preguntas de ese tipo. Aunque... Me sorprende que protestes por el pasado de Mio y no por la muerte de tu padre.

—Porque eso fue una imprudencia de papá. Él iba sobre el límite de velocidad, un accidente era previsible. A diferencia de lo que pasa con Mio-san.

—Tienes razón. Aun así, su muerte me dolió.

—Mamá, si papá estuviera vivo, ¿lo dejarías por Mio-san, ahora que está libre?

Nuevamente Ritsu guardó silencio. Plantearse esa pregunta equivaldría a preguntarse a quién amaba más, y ella no se sentía en la capacidad de hacerlo.

—¡No tengo que contestar a eso! ¡Esa situación jamás sucederá! —exclamó con lágrimas en sus ojos.

—Comprendo. Mamá, para no ser tan fanática de lo romántico, te enamoras muy en serio —señaló Hazuki.

—¿A qué te refieres con eso, Hazuki?

—A que, tanto con Mio-san como con papá, entregaste todo de ti. Creo que tendrás que hablar con papá cuando todo esto termine.

Al decir esto, Hazuki sonrió. Era habitual que Ritsu visitara la tumba de Koyomi y le hablara de lo que le sucediera en esos momentos.

Tras unos rutinarios exámenes, Mio fue dada de alta, ya que el golpe que Ryotaru le dio no tuvo secuelas en su sistema nervioso. Aun así, debía asistir a algunos controles médicos solo para confirmar lo dicho previamente. De camino a su casa, agradeció a Ritsu, Hazuki y Kumiko por la ayuda brindada ese día. Aunque Hazuki insistía en no haber hecho nada, si ella no hubiese dado aviso a Ritsu de que algo sospechoso estaba pasando en la casa de las Kousaka, la historia habría sido diferente.

Los días pasaron con calma; con Ryotaru en detención preventiva, la amenaza que él representaba había bajado. Por tal motivo, Kumiko y Reina hicieron pública su relación, sorprendiendo a varios de sus compañeros, especialmente aquellos que creían que la trompetista y Taki-sensei sostenían un romance a escondidas.

Un día, Hazuki caminaba por los pasillos de Kitauji. Aún tenía en su mente la conversación que había tenido con su madre en el hospital. En ese momento se preguntaba si era posible amar a dos personas a la vez en un sentido romántico. Por más que lo pensaba, incluso si esa situación fuese posible, tarde o temprano habría que tomar una decisión. Las circunstancias de la vida, de cierta forma, tomaron la decisión por Ritsu, pero plantear esa realidad alterna en la que su padre continuara con vida y Mio reapareciera divorciada de su esposo la hacía pensar demasiado en ese asunto. La tubista estaba tan metida en sus pensamientos que, sin quererlo, chocó con Shuuishi.

—Discúlpame, Tsukamoto-kun. Estaba divagando y no me di cuenta de que venías —confesó apenada la joven Katou.

—No te preocupes, Katou-chan, yo también estaba distraído —replicó el trombonista con una sonrisa.

—Supongo que la sección de trombones te está exigiendo un poco.

—Sí, pero no es lo que me preocupa, sino Kumiko.

—Ya ríndete, Tsukamoto-kun. Ella y Reina-san no van a separarse.

—No es eso, Katou-chan. Estoy al tanto de lo sucedido con Ryotaru Kousaka, eso es lo que me preocupa.

—¿Cómo lo sabes?

—Él es uno de los trompetistas más importantes del país. Es obvio que la noticia de su captura por violencia intrafamiliar, sumado a que él ha declarado públicamente su apatía con los homosexuales, sea suficiente motivo para preocuparme por Kumiko.

Al escuchar esto, Hazuki recordó una conversación de Kumiko y Reina que ella había presenciado días atrás.

"—Kumiko, gracias por evitar que cometiera una locura —dijo Reina-san mientras ella y Kumiko-chan caminaban tomadas de la mano con rumbo a la azotea.—No me agradezcas, Reina, no hice gran cosa —respondió Kumiko-chan con un cierto aire de tristeza.—Hiciste mucho, Kumiko. Me hiciste cambiar de idea en el momento preciso. Por salvar a mi madre... Casi me entrego a él.—Pero, si la policía no hubiese llegado, tal vez no estaríamos hablando aquí y ahora. Solo recuerda como se puso el monstruo cuando le dijiste al oficial que yo soy tu novia.—En ese momento, vi que mantuviste la calma.—Pero por dentro estaba muerta de los nervios.Por algún motivo que desconozco, Reina-san sonrió al escuchar esto.—Definitivamente eres terrible, y eso me gusta de ti.—Ya deja de decir eso. Quiero mantener mi imagen de niña buena. —Ambas rieron luego de que Kumiko-chan dijera eso.—Kumiko, ¿serías capaz de enfrentarte a mi progenitor por mí? —Reina-san detuvo su marcha al preguntar eso.—Por ti me enfrentaré al mundo entero de ser necesario. No me importa lo peligroso que sea ese monstruo, lucharé hasta el final por ti y nuestro amor".

—Créeme, Tsukamoto-kun, ella sabe a lo que se enfrenta y no dudará en hacerlo —aseguró la tubista.

—Eso lo sé, por eso me preocupa. No quiero que le pase nada a la chica que me gusta —replicó el trombonista.

—En serio ríndete. Kumiko no es la única chica en Kitauji para que estés todo el tiempo tras de ella. Te lo digo como amiga, deja de hacerte ilusiones con ella.

—Créeme que lo he intentado, pero es imposible viéndola casi a diario.

—Sé lo difícil que es, pero no es imposible.

—¿Cómo lo sabes, Katou-chan?

—Por ti, Tsukamoto-kun. Me costó mucho superar tu rechazo en el festival Agata. Pero, aunque aún me gustes, ya no siento dolor al estar cerca de ti.

—Lo sie...

—No te disculpes, no tienes ninguna culpa. Cosas así pasan todo el tiempo. Encontrar alguien que corresponda tus sentimientos es difícil, pero posible —afirmó Hazuki con una sonrisa. Sonrisa que, por algún motivo, hizo sonreír también a Shuuishi.

Continuará...

Chobits3: lo siento, he tratado de hacer capítulos más largos, pero esta semana se me cruzó "Un nuevo comienzo" . Prometo mejorar en ese aspecto.

LeptumsajiDdraig: muchas gracias por tus comentarios.

Gracias por leer, see you.